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lunes, 13 de abril de 2009

Doctor Explosion, 'Aquellos Maravillosos 90 (Tributo A Dr. Explosion)' (1996)




Éste fue el primer disco que me compré de Dr. Explosion. Como bien explica el riguroso libreto interior, por aquél entonces los asturianos ya se habían convertido en transexuales pedófilos retirados en un asilo de la Costa del Sol. Atrás quedaban los tiempos de gloria en que se convirtieron en un referente musical, social, sexual y monacal, además de modelos generacionales calificados como 'más grandes que Dios' y versionados por Paul McCartney, Cher o Luís Aguilé.


Y no sólo por todos éstos, sino también por jóvenes bandas de melenudos drogadictos que quisieron rendir una bien merecida pleitesía a Doctor Explosion. Entre los elegidos, Las Monjitas Del Surf ('Nº Fourteen'), Green Gay ('Let's Go In 69'), Smelie Vanilli ('El Calcetín'), El Pene De Trip ('Complicated'), New Model Arny ('A Travesty Of 60's Girl') o mis favoritas: esa sentida y simpática 'Mata A La Tuna' que ejecutan con acierto Doctor Exploited, y el impagable 'Drácula Ye-ye' de Andrés Pajares (aquí interpretada por Los Zerotes).



Y si te has creído la mitad de lo que cuento, deberías navegar menos horas por internet, amiguito...








viernes, 10 de abril de 2009

Clásicos de los 90: Marilyn Manson, 'Antichrist Superstar' (1996)



Continúo con el especial Semana Santa. Entré en contacto con Marilyn Manson en tiempos de la facultad, por culpa de mr. Brown Blind Leppard, un buen amigo común y algún que otro lector leopardo que nos sigue desde escandinavia. No recuerdo si primero ví alguna portada suya, o alguna camiseta, o algún video, pero mis primeros sentimientos fueron de miedo. ¿Quién cojones era ese tipo con cara de asesino en serie, nombre de asesino en serie y música infernal para asesinos en serie? Así pues, mi primera emoción respecto a aquella especie de monstruo fue de total rechazo.


Los 3 leopardos antes mencionados estaban obsesionados con aquél personaje, y así pasó a formar parte de mi entorno cotidiano. Escuchaba sus canciones repetidamente en un programa de radio que perpetrábamos desde unas catacumbas propias de una snuff movie; oía las historias que me explicaban casi enajenados, y la brutalidad y la lluvia de lapos en el mítico concierto en la sala Bikini (que yo no ví) se convirtieron en una especie de leyenda del nuevo antimesías.


Y en esto que, un buen día, en el examen de una asignatura optativa, dejé copiar a una chica que llevaba años intentando sacarse ese maldito temario. Y aprobé. Y aprobó. Y pocos días después, me quedé de piedra cuando la chica, eufórica, me regaló una bolsa de una tienda de la calle Tallers, con un disco dentro: 'Antichrist Superstar'. Le dije que no hacía falta, que por qué había hecho eso, pero ella estaba tan ilusionada y contenta por haberse sacado de encima aquella asignatura, que no pude rechazar su regalo. Y, viéndola así, también me sabía mal decirle que a mí no me gustaba ese freaky monstruoso, que eso era cosa de mis amigos, y que yo en esa época era muy feliz disfrutando con mis discos de Blur, Oasis, Suede o Pulp. 


Pero claro, si cae en mis manos un disco, mi curiosidad innata me hace incapaz de no escucharlo. Así que lo puse en el CD de casa, le dí al 'play'... y pasó lo que tenía que pasar. Acabé abrumado por la brutalidad sonora del anticristo. Atrapado por la lucidez y la rabia de sus letras. Fascinado por la oscuridad de su estética. Y obsesionado e igual de enajenado que mis amigos por el lúcido y perverso universo de mister Manson. Y, durante meses, no hubo ni un solo día de mi vida que no escuchara al menos una vez la canción final del disco, 'Man That You Fear', que me tenía absolutamente enganchado. O, en los días de incomprensión y frustración hacia la mierda de mundo que me rodeaba, nada mejor que '1996' para sacar toda la bilis que pudiera tener acumulada.


Y le fuimos a ver en concierto con la cara pintada. Y justo antes, a una entrevista en la radio en la que por poco pensé que uno de los gorilas de mr. Manson acabaría apalizando a mr. Brown, y con solo un vidrio de por medio separándonos de aquél ser, me dí cuenta de que, realmente, mi primeros sentimientos estaban plenamente justificados: aquél tipo daba realmente miedo. Por su aspecto, pero casi aún más por la lucidez que transmitía en cada una de las entrevistas que le leí o ví por aquél entonces. Y, curiosamente, recuerdo también que me encantaba escuchar su música con los auriculares desde la cama, con la habitación a oscuras en plena noche, en una especie de ritual sadomasoquista de terror emocional para exorcizar miedos y traumas de la postadolescencia.


Con el tiempo fui perdiendo interés por la posterior carrera artística de Manson. Probablemente su propio personaje se le acabó comiendo. Pero por mucho que uno vaya cambiando de gustos y perspectivas, nunca nadie me podrá hacer cambiar de opinión respecto a este disco: una verdadera obra maestra.












viernes, 24 de octubre de 2008

Dirty Three, 'Dirty Three' (1995) y 'Horse Stories' (1996)



El sueño y el hambre me pueden. Me desespero ante la incapacidad para comerme una tortilla de patatas, y me tengo que conformar con sopitas, zumitos y yogures. Necesito inyectarme más droga sonora para ambientar estos horribles días de sentirse casi minusválido. Olvidarme de todo, pensar que pasará pronto, y regocijarme de placer recuperando discos y reseñas que hice en su día de esa maravilla monstruosa (si les has visto en directo, sabrás de qué hablo) llamada Dirty Three...

Sí, los leopardos creemos que la bestia parda de Warren Ellis esconde una rata en su barba que le contagió la rabia...

La emoción no necesita de palabras, sino de sentimientos, y cuando alguien consigue fundir los suyos con algo tan banal como un instrumento de música puede conseguir resultados realmente sublimes. Warren Ellis (violinista, y miembro de Nick Cave & The Bad Seeds o Grinderman), Mick Turner (guitarra y artista que pinta las portadas de sus discos), y Jim White (batería) son los 3 animales sucios que fundaron Dirty Three en 1993 en Melbourne, y se inventaron el post rock antes de que éste existiera. Tras el inicial ‘Sad And Dangerous’, publicaron dos discos que deberían ser de escucha obligada para cualquiera que presuma de tener algo vivo e inquieto por ahí adentro: ‘Dirty Three’ (1995) y ‘Horse Stories’ (1996, considerado por muchos como la obra maestra del trío), ahora reeditados porqué a veces los milagros existen y te pillan justo en el sitio adecuado en el momento preciso. Ambos corresponden al momento más crudo y visceral de la carrera del trío, que en los últimos años se ha decantado más por su vertiente folk y lánguida. Pero en estos dos trabajos, las composiciones instrumentales (sólo rotas aquí por ‘Horse’) son desgarradoras y tormentosas por un lado, y melancólicas y cinemáticas por otro. En cualquiera de los casos, el denominador común es una intensidad emotiva brutal, y presidida por ese violín que a veces parece llorar notas imposibles, como cuando John Cale le dio estatus de instrumento válido para el rock en los tiempos de la Velvet. La anti-rutina de grabar los temas en directo y en una sola toma les da una frescura extra, y que se ve acentuada por mil en sus tempestuosos conciertos (si puedes, hazte el favor de no perdértelos en el Primavera Sound '07). Y por muchas páginas y páginas que escribiera cantando sus excelencias, no conseguiría ni por asomo plasmar un 1% de los movimientos sísmicos internos que le remueven a uno cuando escucha los discos de Dirty Three.




DIGA SUCIO-TRES...



SÚBETE A ESTE CABALLO DESBOCADO... SI TIENES LO QUE HAY QUE TENER




www.anchorandhope.com/

www.myspace.com/dirtythree


jueves, 4 de septiembre de 2008

Jon Spencer Blues Explosion, 'Now I Got Worry' (1996)



Este jueves empieza uno de los festivales del que más cariño guardamos los leopardos: el Azkena Rock de Vitoria. En 2003 vivimos una antológica experiencia viendo a The Cramps, Stooges, Jayhawks, Dictators, Ray Davies... junto a Mr. Brown Blind Leppard y otros seres encantadores (sandalias sin amo, cabezas sin amo...), así que he decidido hacerle un pequeño homenaje al festival con la excusa del cartelón que (como casi siempre) presenta en este 2008, y colgar unos cuantos discos de los artistas presentes este año en Vitoria.




Todo el mundo de pie, porqué empiezo hablando del Rey. No, Elvis murió hace años, aunque muchos le hayan visto haciendo cola en el súper de la esquina. Yo me refiero a otro Rey. Al "nº 1 in Philadelphia, nº 1 in Los Angeles, nº 1 in Chicago... the fabulous... most groovy..." THE JON SPENCER BLUES EXPLOSION!!! Russel Simmins (batería), Judah Bauer (guitarra) y, claro, Jon Spencer (guitarra, theremin, voz...). Podía haber subido 'Orange' (1994) o incluso 'Acme Plus' (1998), pero le tengo especial aprecio a este disco, porqué fue con el que les conocí, y con el que me turbaron y removieron mis entrañas hasta hacerlas puré. El grito inicial de 'Skunk' ya es una advertencia del torbellino que está a punto de atropellarte. El Gustav a su lado es una suave brisa marina. Este disco es blues, pero es garaje, pero es rock, pero es funk. Este disco es visceral, crudo, salvaje, sucio. Este disco es sexo, es clase, es chulería bien entendida. Este disco puede salvar vidas, y te va a hacer sentir vivo, muy vivo, y con ganas de plantarle cara a ese mundo inmundo de ahí afuera. Porqué, y esto no lo olvides nunca, "the blues is number one"...




Y en directo, no fallan NUNCA, así que si vas a Vitoria, ni se te ocurra perdértelos, o te saltaremos al cuello con salvajismo felino...