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jueves, 25 de marzo de 2010

NOTICIA EN CYBERDARK

Equipo Sirius > Colección Transversal


Lado Extraño,
de Joe Álamo ATENCIÓN: AVANCE. FECHA PREVISTA DE PUBLICACIÓN 2010. PINCHE EN SOLICITAR Y LE INFORMAREMOS EN CUANTO LO RECIBAMOS

Madre Gansa tiene la costumbre de dejar a los charlatanes desparejados en la cuerda de tender que tiene al lado del arroyo Fuentefría. Afirma que es la única manera de que vuelvan a emparejarse. Claro que si no lo consiguen, los deja tendidos a la intemperie hasta que se pudren y caen entre gemidos y convulsiones de sus irisados cuerpos, al suelo. Cuando ocurre esto, los echa sin mayor ceremonia al agua del arroyo para que los peces acaben con sus restos.

martes, 21 de julio de 2009

Lado Extraño en Stardust


En Stardust le han hecho un hueco a Lado Extraño, detalle que les agradezco ya que esta aventura electrónica está repleta de incertidumbre y riesgos. Y cuando digo riesgos me refiero a que la novela no tenga una buena venta por motivos ajenos a su mayor o menor calidad (a fin de cuentas los lectores electrónicos son todavía cosa de minorías) y ello incida en su lanzamiento en papel. Cierto que la crítica favorable de Francisco José Suñer en el Sitio de Ciencia Ficción es un buen aval y no lo es menos las buenas palabras que he recibido de amigos y compañeros que han leído Lado Extraño. De hecho ando con la planificación de lo que será una continuación de Lado Extraño y que conste que me he resistido cuánto he podido ya que pensaba que era un capítulo que debía zanjar, pero cuanto más me empeñaba en desterrar la idea, más imágenes me venían a la cabeza de Germán, Leocadia, Azrael, Rottenmeier y Moira (sí, este personaje cada vez me gusta más) emprendiendo nuevas aventuras.

Así que en eso estoy, lidiando con las dudas de cómo acabará todo esto y los nervios de estar a punto de emprender otra aventura en las tierras de Lado Extraño... Y creo que estoy encantado de hacerlo.

lunes, 18 de mayo de 2009

Lado Extraño y Sitio de Ciencia Ficción

Francisco José Súñer Iglesias ha tenido la amabilidad de leer Lado Extraño y hacer una reseña en su página Sitio de Ciencia Ficción. Os la dejo aquí reproducida con la recomendación de que no dejéis de pasaros por su página que ya tenéis incluida en "mis sitios" de este blog.
PD.- Un recuerdo y un saludo para Mario Benedetti uno de los grandes que se acaba de marchar.
LADO EXTRAÑO
J. E. Álamo Título original: ---
Año de publicación: 2009
Editorial: Equipo Sirius
Colección: Transversal - Fantasía
Traducción: ---
Edición: 2009
ISBN: 978-84-96554-72-6
Precio: 4 EUR

Comentarios de: Francisco José Súñer Iglesias

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Las premisas de las que parte LADO EXTRAÑO están lo bastante alejadas de mis propios gustos como para que me hubiera planteado su lectura motu propio: en un mundo de fantasía el Lobo Feroz, acompañado de un ogro y un dragón, forman un equipo que pasa de cuando en cuando a este lado de la realidad para ejecutar arriesgadas misiones, encomendadas por unas misteriosas Madres, que van desde enderezar situaciones comprometidas, sin más, a enfrentarse con innombrables enemigos, pasando por rescatar a pobres niñas de destinos inciertos, recuperar objetos exóticos, castigar renegados o cuestiones totalmente absurdas que escapan al entendimiento de lobo, ogro y dragón, pero que llevan a cabo meticulosamente pues las Madres así lo han dispuesto. Luego vuelven a casa a descansar, entre elfos, enanos, príncipes encantadores, y toda una larga lista de seres fabulosos que conviven en disciplinada armonía.

Por aquello de la curiosidad le eché el ojo a las primeras páginas... y no paré hasta el final. No se trata, pese a la naturaleza de sus protagonistas, de un cuento para niños, o mejor dicho, reivindica el origen de los cuentos para niños, elimina la capa edulcorada con la que Disney y émulos les han embarrado durante los últimos cien años y devuelve a la imaginería popular la esencia cruel y despiadada que hacía de ellos un formidable transmisor de enseñanzas morales.

En su forma original, despojados de toda ñoñería, los cuentos populares son auténticos festivales de violencia y brutalidad. Su misión era tanto entretener como transmitir una serie de valores morales, enseñanzas y pautas de comportamiento claras y precisas. El cuento de Caperucita Roja advertía claramente a las niñas que se anduvieran con mucho cuidado en lo que respecta al trato con desconocidos y, en general, con cualquiera con el que se encontraran en lugares solitarios, Pulgarcito venía a decir lo mismo y además enseñaba como mantener un sistema de señalización en lugares agrestes, por lo general no eran historias amables, aunque el final fuera feliz, el protagonista había pasado antes por grandes peligros y sufrimientos, y no era extraño que los detalles morbosos estuvieran a la orden del día.

El mundo que imagina J. E. Álamo es precisamente así: brutal y despiadado. Los entes llamados Madres (que ya hicieron su aparición en la antología EL ENVIADO) han impuesto a sus fantásticos habitantes un periodo de formación marcado por una disciplina férrea de la que no se permite ninguna desviación. Una vez superado ese terrible periodo los seres de cuento pasan un proceso de selección más duro aún, y los que lo consiguen forman las triadas, equipos de especialistas que pasan al Lado Extraño para ejecutar las insondables y palmarias ordenes de las Madres.

Lo que deja un poso inquietante es que el Lado Extraño es este, el de nuestra realidad cartesiana.

La forma en la que J. E. Álamo ha escrito el libro acrecienta esa sensación anómala. Frases cortas, directas, claras y contundentes. Los personajes son apenas presentados, para su descripción se apoya en el estereotipo, el lobo, el ogro, el hada, el enano, no se necesita más para situarlos en escena, que por otro lado apenas está dibujada, apoyándose también en su denominación para decir lo necesario al respecto: el Círculo de Piedra, el Bosque, la Casa Hansel, son lo suficientemente evocadores como para necesitar más. Además, J. E. Álamo consigue con esto algo que se olvida con frecuencia: cultivar el puro arte de narrar.

Por otro lado, la experiencia con este libro ha transitado entre la tradición y la modernidad. El Equipo Sirius, se ha lanzado a la piscina electrónica y reedita, cuando no lanza directamente, buena parte de su fondo en formatos adecuados para su lectura en dispositivos electrónicos móviles. La iniciativa se adelanta un par de pasos a los tiempos que corren y procura no quedarse fuera de juego. No obstante, hay un par de cuestiones que se deberían tener muy en cuenta. Por un lado cuidar la maquetación. Por muy libro electrónico que sea la presentación es algo siempre importante, y el archivo PDF que he tenido oportunidad de leer, aunque cómodo por el tamaño de letra utilizado, da una sensación pobrísima, como de producto descuidado y residual. Otro detalle es el precio. Se piden cuatro euros por LADO EXTRAÑO. No parece mucho, pero teniendo en cuenta el descuido de la edición del PDF y que los costes de impresión, almacenaje y distribución son irrisorios, se hace un tanto excesivo.

© Francisco José Súñer Iglesias, 15 de mayo de 2009

jueves, 23 de abril de 2009

Lado Extraño






Hace un par de semanas me llamó Jorge Ruíz, alma mater de equipo Sirius y con quien tengo suscrito en contrato para la la publicación de Lado Extraño para el 2010, con una propuesta de publicación para el mes de abril de este mismo año. Naturalmente pensé que era una oferta que no podía rechazar. La cuestión es que Jorge, viendo lo que va a ser el futuro del libro, se ha lanzado al ruedo con una edición de libros en formato electrónico y entre los títulos seleccionados, está Lado Extraño. Todo ello sin menoscabo de su posterior publicación en papel para el año que viene. Así que ahí está Lado Extraño para todo aquel que se lo quiera descargar a un precio muy asequible (4 euros) con un regalo además en forma de antología de relatos, 7/8, con autores más que interesantes (casualmente hay uno mío y digo casualmente porque cuando me lo solicitaron no sabía aun de la posible publicación de Lado Extraño) y además la descarga viene en distintos formatos para que cada uno opte por el que más le interese.

Todo este tema de la edición electrónica está todavía bastante en pañales pero no hay que ser un genio para darse cuenta que en poco tiempo ser popularizará al igual que otros "gadgets" que han llegado casi de puntillas y han acabado por hacerse imprescindibles. No dejo de sentirme orgulloso al ver que figuro en la vanguardia de este tipo de publicación por parte de Sirius y confío que sea todo un éxito.
En la siguiente entrada tenéis un avance de Lado Extraño: Madre Gansa

sábado, 6 de septiembre de 2008

Lado Extraño


¡Uf! Ya le veo el final al libro. Cuando mi editor me planteó la posibilidad de publicar Lado Extraño pero con la condición de que lo hiciera más extenso, pensé que sería coser y cantar. Pues cosiendo me he pinchado hasta decir basta y en lo que a cantar se refiere, baste decir que mi propia hija me pide que me calle para no darle dolor de cabeza.
En fin, que creo que ya la tengo en el bote, faltará una semana de escribir y luego la revisión. A decir verdad, la revisión se me hace tremendamente estresante, siempre con el temor de que se escape algún detalle, error o lo que es más grave, un fallo argumental. De todos modos confío que todo salga bien.

Para aquellos que me comentaron esperaban ver pronto el resultado, ofrezco un extracto del comienzo de esta segunda parte de Lado Extraño. No mucho, pero espero que os guste.


Germán interrogó con el gesto a Leocadia, la arpía asintiendo con la cabeza, le mostró la luminosa esfera. La había encontrado y sin interferencia alguna. Una misión tranquila, pensó el buscador mientras alzaba la vista buscando a Smaug. Distinguió al dragón que planeaba majestuoso en el cielo nocturno, aunque invisible a los ojos de cualquier extraño. Germán le indicó que descendiera para reunirse con él y la arpía. La misión había concluido y era hora de volver. Leocadia ya le había tomado de la mano y tendía la otra hacia el dragón, cuando fueron atacados. Germán recibió un brutal golpe en el pecho que le arrojó sin resuello al suelo. Intentando recuperar el aliento, oyó el aullido de cólera de la aniquiladora al que se sumó el silbante de Smaug.
¿Qué había sido eso? ¿Cómo habían podido sorprenderles de esa manera?
La misión que les había encargado el escuchador Rumpel no había parecido especialmente complicada:
-Las Madres ordenan que recuperéis un objeto de poder en Lado Extraño. Una esfera Nibelunga largo tiempo perdida. Ha sido localizada en un paraje desierto con escasa población extraña. Hallad la esfera y traedla de vuelta. No hay excusa para el fracaso- añadió el enano con su acostumbrada gravedad.
El paraje estaba en efecto desierto a excepción de unas sombras que dormitaban aquí y allá y a las que Germán identificó como vacas. Una de las razas de las que se servían los extraños como alimento. Aun no se había podido acostumbrar a la idea de que los extraños devoraran otros seres vivos que compartían su mundo, ni creía que llegara a hacerlo nunca.
Sabía que las vacas eran pacíficas, huían siempre que algo las sobresaltaba y nada había alertado a la triada sobre la presencia de algún peligro.
El buscador se incorporó con la cabeza dándole vueltas cuando sintió como alguien le tomaba de los brazos y le elevaban por los aires.
-¡Smaug!- exclamó. -¿Qué ha ocurrido? ¿Y Leocadia?
-Estoy aquí, no temas Germán. ¿Cómo te encuentras?
La arpía volaba a su lado y de pronto el buscador fue consciente de que tanto ella como Smaug no parecían demasiado preocupados. De hecho sonreían abiertamente.
-¿Qué es lo que os hace tanta gracia?- inquirió irritado. –Nos acaban de atacar. Nos han visto y…
-Sí- le interrumpió Leocadia, acariciándole el lomo mientras reía abiertamente. –Pero no creo que haya nada que temer- y señaló hacia abajo.
Germán distinguió una inmensa sombra que agitaba una cabeza desafiante, mientras expulsaba bufidos de furia.
-¡Una vaca macho!- exclamó, reconociendo al ser que le había embestido.
-Creo que les llaman toros- comentó Leocadia. –Estábamos tan pendientes de la posible interferencia de extraños que ni lo vemos venir- se disculpó Smaug.
Germán encogió los hombros soltando una risita que detuvo en seco. El pecho le dolía.
-¿Estás bien?- se alarmó Leocadia.
-Sí, sí- repuso el lobo. –Algo dolorido, nada más. Creo que va siendo hora de volver.
Aterrizaron y tanto el dragón como la arpía tomaron de la mano al buscador.
–Creo que este pequeño incidente lo guardaremos para nosotros-. Smaug y Leocadia asintieron entre risitas. Luego Germán se concentró y se sumergieron en la oscuridad.
El escuchador Rumpel, atendió al informe de la misión que le presentó Germán, tomó la esfera Nibelunga que habían recuperado en Lado Extraño y les felicitó por ello.
-¿Te encuentras bien, buscador lobo Germán?- añadió, mirándole fijamente.
-Perfectamente, bueno quizás algo cansado- replicó, procurando ignorar las risitas contenidas de sus compañeros de triada.
-Pues mi consejo es que descanses. Tú y también tus compañeros- sentenció girándose hacia Smaug y Leocadia que de pronto estaban muy serios. –Una triada cansada puede cometer errores.
Los tres asintieron con gesto grave, abandonaron el Salón de Transferencias e irrumpieron en grandes risotadas nada más hacerlo.

domingo, 10 de febrero de 2008

Lado Extraño. Un avance



LADO EXTRAÑO
Madre Gansa





Madre Gansa tiene la costumbre de dejar a los charlatanes desparejados en la cuerda de tender que tiene al lado del arroyo Fuentefría. Afirma que es la única manera de que vuelvan a emparejarse. Claro que si no lo consiguen, los deja tendidos a la intemperie hasta que se pudren y caen entre gemidos y convulsiones de sus irisados cuerpos, al suelo. Cuando ocurre esto, los echa sin mayor ceremonia al agua del arroyo para que los peces acaben con sus restos.
De todas formas, hay que andar con tiento por si la pareja del desechado vuelve; en ocasiones no se toman a bien no encontrar a su compañero. Uno estuvo a punto de acabar con padre Galante embutiéndose en su garganta mientras dormía y, de no ser por la determinación de madre Gansa que le metió la mano en la boca hasta la muñeca, hoy Galante tendría el dudoso honor de estar tendido en algún campo de maíz alimentando a los grajos y salvando la cosecha de un granjero.

PRIMERA PARTE
CAPÍTULO I
Lobito Germán


Lobo Germán, conocido como Lobito a su pesar, no había pasado buena noche, soñó que le atrapaba un extravagante ente rodador de Lado Extraño y eso le había dejado el hocico encogido y la mirada temerosa. Aún le parecía percibir los olores y las deslumbrantes luces que tanto pánico le infundieron. Sabía que todas esas pesadillas eran fruto de la proximidad de la Prueba Final. Si fracasaba, muy posiblemente algo peor que sus pesadillas se haría realidad.
Esa mañana, Madre le observaba de reojo, aunque en su rostro afilado no había expresión alguna. Sin embargo, Lobito tuvo doble ración de gachas con miel para desayunar y eso le levantó un poco el ánimo.
Sirena Ariel, hermana pequeña de Lobito y a quien le encantaba que llamaran Sirenita, dedicó a su hermano una amplia y maliciosa sonrisa desde el otro lado de la mesa que ocupaba el centro de la cocina. Ariel devoraba un tremendo bol de cereal con zumo de bayas, triturándolo todo con sus afilados dientes de leche. Ella era prometedora: siempre había sido una alumna destacada y todos sus maestros le auguraban un prometedor futuro. Por el contrario, con Germán se conformaban con augurarle que tendría futuro y, a veces, a él le parecía que vacilaban al decirlo.
Madre les advirtió que se dieran prisa, iba a subirle el desayuno a Padre y cuando bajara, no quería verlos ya en casa.
Lobito observó como bailaba el líquido verdoso en los goteros que Madre conectaría a los esqueléticos brazos de Padre. Lobito quería a Galante, aunque deseaba que no fuera un caballero hechizado. Según Madre, sólo que era una cuestión de tiempo, algún día darían con el remedio y Padre volvería a sentarse a la mesa con ellos como antes. Lobito la había oído decir eso tantas veces, que ya dudaba que fuera a ocurrir nunca.
—¿Tuviste pesadillas anoche?— le susurró con retintín Ariel, mientras cruzaban el puente sobre el Fuentefría de camino a bosque Lilith.
—¿Qué dices?— respondió Lobito sin mucha convicción. –Yo nunca tengo pesadillas, eso son cosas de cachorritos.
—Pues tú gimoteabas como un cachorrito— se burló Sirenita. – ¡No, no! ¡Vete, vete! Y juraría que te oí correr a cuatro patas.
Lobito tuvo que admitir que su hermana le imitaba muy bien, demasiado bien. Iban encontrando a otros compañeros conforme se acercaban a la linde de Lilith y no le apetecía que oyeran lo de las pesadillas. Como seguía burlándose de él, le dio un codazo de advertencia. Ariel se revolvió dándole un golpe con la cola en el lomo que alborotó su pelaje azul grisáceo. Al encararse con ella, la irritación nublando sus ojos grises, vio como le hacía una mueca entre divertida y cómplice y él no tuvo más remedio que reírse. Eran hermanos, jamás le ridiculizaría en público.
—¡Leocadia!—, gritó Ariel, saludando a una compañera arpía.—¡Espérame! Cuídate, hermanito—, le susurró a Lobito y, con un ágil giro de su larga cola, se marchó con su amiga.
Mientras tanto, Lobito había visto la mole de ogro Azrael acercándose por detrás de ellos, así que se detuvo para esperarle. El ogro era su mejor amigo y, posiblemente, también fuera el único. Azrael le dedicó una sonrisa amplia, mientras se limpiaba la narizota con la manga de su blusón. Lobito suspiró con resignación. Llevaba algún tiempo intentando enseñarle algunos modales a Azrael, aunque era como pedirle a una percha que se dedicara a repartir besos en lugar de los habituales y mortíferos picotazos.
—¿Cómo va, Azra?— saludó Lobito, intentando ignorar el rastro verdoso que lucía su amigo en las mangas de su amplia blusón.
—Bien, bien. Va todo muy bien. Ezta mañana eztoy máz fuerte que nunca. Madre dice que es porque pronto zeré un ogro completo—. Sorbió los mocos con auténtico placer para añadir: — Eztoy un poco rezfriado, pero no ez nada, ze me pazará. Madre me da miel de eucalipto todaz laz nochez. Eztá rica, ¿zabez? Me refiero a la miel— añadió muy serio, mientras se rascaba la hirsuta mata de pelo negro que coronaba su cabezota. —A vecez me duele la barriga porque como demaziada. Je, je.
Lobito no respondió a su amigo. Para empezar, Azrael siempre estaba resfriado, era algo normal en los ogros inmaduros. Un ogro sin mocos era como un lago sin monstruos: imposible. Luego estaba lo de su madre, los ogros no tienen padres. Era una de las primeras cosas que le enseñaban a uno. No se preguntaba a un ogro por sus padres y tampoco se expresaba extrañeza si los mencionaba, como acababa de hacer Azrael. Los ogros son seres a los que no conviene irritar. Lobito siempre se había sentido confundido sobre este tema, ¿cómo era posible que no tuvieran padres? Había preguntado en más de una ocasión, pero nadie había sido capaz de explicarle el enigma que rodeaba a los ogros.
Por otra parte, quizás no les quedara mucho para despedirse para siempre. Cuando tuviera lugar la Prueba Final, el ogro maduraría como sólo un grande puede hacerlo y los grandes jamás se mezclaban con los demás al alcanzar esa etapa de su vida. El día de la Prueba Final, desaparecían sin dejar rastro. Era cierto que algunos grandes se quedaban, eran aquellos que decidían presentarse a la Prueba Final para intentar formar parte de una tríada. Si lo conseguían, se limitaban a relacionarse con los miembros de su tríada.
Lobito había oído historias sobre los grandes, algunas escalofriantes que prefería no creer y acariciaba la secreta esperanza de superar la Prueba Final y llegar a formar una tríada con Azrael, porque el ogro siempre le había confesado su intención de presentarse a la prueba.
—¿Haz hecho los trabajoz?— le preguntó Azrael de pronto. —Zi no, te pazará algo malo. Yo no quiero que te paze nada malo.
Lobito distinguió la preocupación reflejada en los ojos húmedos e ingenuos de su amigo y decidió que contaran lo que contasen, Azrael era un amigo, y de los mejores.
—No te preocupes Azra, los acabé todos. ¡Vaya!— exclamó, disgustado.— Mira quien está ahí: Garfio Zacarías.
Azrael entrecerró los ojos mientras giraba su enorme corpachón en la dirección que le señalaba Germán. Vio a Garfio reunido bajo las ramas de un gran roble con su grupo de compinches: Lapa Recia, Calavera Roberts y Barba Sangre. Eran todos piratas: violentos, abusones y cobardes. Tenían las cabezas muy juntas y entre sus murmullos escapaba alguna risotada mientras miraban sin disimulo a Lobito y Azrael. Lobito cogió del brazo al ogro.
—Vamos no les prestes atención, pronto llegará la Prueba Final y con suerte, o bien los perdemos de vista porque fracasan, o bien Lado Extraño acaba con ellos.
Azrael asintió, aunque le costó un esfuerzo apartar la mirada de los piratas. El ogro ya había arremetido contra ellos en una ocasión en la que se burlaban de Lobito, pinchándole con unas espadas de madera. En aquella ocasión los maestros se habían conformado con arrancarle un par de uñas al ogro, pero si hubiera una próxima falta de disciplina grave como lo era atacar a un compañero, Azrael no saldría tan bien librado.
—¿Cómo ez Lado Eztraño, Lobito?— preguntó el ogro, olvidando a los piratas.
Germán frunció el velludo ceño, con la Prueba Final tan próxima, su amigo le hacía la misma pregunta casi a diario y casi a diario él le daba la misma respuesta:
—No lo sé, Azra. Hasta la Prueba Final, no nos contarán mucho más de lo que dicen los postulados. Si llegamos a formar parte de una tríada, sabremos bastante más—. Quedó callado unos instantes tras los que añadió: —No creo que sea un lugar agradable, Padre sufrió allí un hechizo hace años y nadie ha sido capaz de despertarle.
Azrael le echó una manaza amistosa al hombro. —Zí pero no te preocupez, he oído que tu padre no valía mucho.
Lobito aguantó las ganas de reírse, no es que le hiciera gracia lo que acababa de decirle sobre su padre, es que el ogro era así. A su manera tosca, intentaba consolarle.
El camino del bosque desembocó en un amplio claro en cuyo centro se alzaba su destino: Casa Hansel.
La espigada y enjuta figura del maestro aracne Rottenmeier les aguardaba con las garras a la espalda, sus cinco ojos de fuego fijos en ellos. Una leve brisa hacía ondear la larga túnica negra del maestro dejando al descubierto las descarnadas y poderosas patas. En su rostro se dibujaba un leve gesto de impaciencia ante el que los pupilos se apresuraron hacia la entrada. Nadie quería suscitar la ira de Rottenmeier.