"Aristóxeno dijo, y lo repite Plutarco, que por esto se introdujo la música en los convites, para que fuese antídoto contra los daños que el vino y destemplanza podían hacer en los cuerpos y en los ánimos".
Oculta filosofía, de Juan Eusebio Nieremberg, fue publicado en la Imprenta del Reino de los Austrias el año 1634. Para el lector actual, sus páginas discurren entre la ciencia y la literatura, ya que la música se presenta como remedio de todos los males del cuerpo y del alma, hasta el punto de "hacer llorar a las yeguas". En el texto se afirma que "es cosa constante y averiguada que la mordedura mortal de la tarántula -o araña de Apulia- sólo con música se sana".
En mi cuaderno de notas, una curiosidad: Aristófanes: “Educar a los hombres no es como llenar un vaso, es como encender un fuego”. Plutarco: “El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender”. Montaigne: “Un niño no es una botella que hay que llenar, sino un fuego que es preciso encender”. Yeats: “La educación no es llenar el cubo, sino encender el fuego”. (El tiempo incinerado)