En el año 2005, Piero Rattalino escribió Vladimir Horowitz, una biografía que no oculta su pasión por el legendario pianista. Aparece ahora editada en castellano por Nortesur y Musikeon, y supone el inicio de una interesante serie de libros sobre música.
Horowitz desarrolló una carrera llena de largos retiros, contratos millonarios, cancelaciones inesperadas y recitales multitudinarios.
Rattalino resume su situación en 1974, cuando volvió a las salas de conciertos:
Sólo tocaba el domingo por la tarde, viajaba con
su mujer, su agente, un relaciones públicas, un afinador, cocinero, criado, conductor de camión, ingeniero de sonido, productor de discos (había vuelto a la RCA) y amigos de su mujer que sabían jugar a la canasta; pretendía reproducir en cualquier lugar las condiciones de vida de su casa; quiso siempre tener sobre la mesa su lenguado gris y su pollito, que era lo único que podía deslizarse sin dificultad por su tubo digestivo; anuló conci
ertos por los más variados motivos: de salud física, por no tener buena disposición de ánimo, o porque no se habían vendido todas las entradas y su 80% no era lo suficientemente alto. Gran dominador como de constumbre en el escenario y divo en la vida. Pero artista inigualable y, a diferencia de la mayoría de sus colegas, capaz todavía de encontrar nuevas piezas para su repertorio.