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jueves, 10 de enero de 2019

Programa de Isabel Guerras en Ávila

Programa de un recital de Isabel Guerras en Ávila, que tuvo lugar el 10 de enero de 1989, hoy hace treinta años. 



Al día siguiente, El Diario de Ávila publicó esta nota:


jueves, 20 de diciembre de 2018

Una fotografía dedicada por José Cubiles a Isabel Guerras

El 20 de mayo de 1955, José Cubiles dedicó esta fotografía a Isabel Guerras, alumna suya en el Real Conservatorio de Madrid. 
Isabel Guerras tocó en la prueba de acceso las 32 variaciones en do menor, de Ludwig van Beethoven, y Evocación, de Isaac Albéniz.  



domingo, 15 de abril de 2018

Una postal de Isabel

Vivimos tan rodeados de mala educación y falta de sensibilidad, que me he emocionado al encontrar estas palabras de Isabel Guerras. Su amabilidad, su dulzura, su amor por el piano son parte de ese conservatorio que ya sólo alienta en nuestra memoria. 


miércoles, 28 de junio de 2017

Carmen Morín

La directora del Conservatorio de Valladolid, Laura de la Hoz, nos recordaba al finalizar el claustro que una de nuestras compañeras, Carmen Morín, se jubila...
Carmen se emocionó mientras recibía un hermoso recuerdo y nuestro aplauso. Yo también me emocioné. Para los profesores de mi generación, Carmen Morín no es una compañera más: es un símbolo del conservatorio porque enlaza este momento con esos años en los que era una joven docente a la que veíamos sentada con Isabel Guerras, Miguel Frechilla o Pedro Zuloaga, mientras esperábamos el turno para examinarnos. 
Por tanto, aunque Carmen se jubila, yo siempre esperaré encontrar esa sonrisa que le enciende los ojos, ese brillo en el que se reflejan, inseparables, la alegría y el dolor, el temperamento y la ternura.
Gracias por todo, Carmen. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Valladolid


El domingo pasado tuve el honor de hacer el concierto inaugural de Premio Internacional de Piano Frechilla y Zuloaga. Fue en el Teatro Zorrilla de Valladolid.

Con parte de la familia Frechilla


Con Teresa Catalán, Carme Fernández-Vidal, Francisco García Álvarez y Pedro Zuloaga

Crítica de José María Morate en El Norte de Castilla 


Obras de Albert Sardà, Francisco García Álvarez, Roger Redgate, Carlos Cruz de Castro, Pedro Aizpurua, Tomás Marco, Jonathan Harvey, Carme Fernández-Vidal, Bengt Hambreus, Teresa Catalán, Alejandro Guarello, Edward Ivory, Josep Soler y Günter Bialas. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Decir adiós a María Luisa

Hace unos meses murió Isabel Guerras y ahora, con la llegada del otoño, el fallecimiento de María Luisa Velasco crea un nuevo vacío que la memoria insiste en rellenar: la memoria busca palabras para sostener un silencio que lo invade todo; palabras, en definitiva, que no dicen nunca adiós, sino que desean mantener la vida en el propio nombrar. Por eso, cuando intentamos decir adiós a María Luisa, esa lluvia de palabras nos trae colores, rostros y lugares unidos a ella y de los que siempre formará parte. Me resulta imposible imaginar el conservatorio de aquellos años sin el inconfundible timbre de su voz resonando en el aula con una vitalidad extraordinaria y ese espíritu pleno de amor por la música, reconocible en sus constantes recomendaciones de libros, grabaciones y, por encima de todo, de la insustituible experiencia del concierto. Varios amigos se han referido a la constante presencia de María Luisa en recitales y representaciones operísticas, que la llevaban a multitud de viajes, desde los principales teatros europeos hasta la más escondida ermita en la que fuese a sonar un instrumento. Sabía que la belleza aparece, convocada por la música, en instantes y espacios siempre imprevisibles. 
En el conservatorio nos transmitía su pasión por el órgano y esas maravillosas músicas compuestas por Aguilera de Heredia, Correa, Bruna y muchos otros que nos acompañan junto a ella, al lado de quienes fuimos amigos, compañeros, alumnos… 
La muerte de María Luisa me ha hecho sentir de nuevo lo perfecto que era el mundo en mis años de estudiante, cuando entraba en su aula con los apuntes, el libro de transporte y una partitura de Schubert, al que adoraba tanto como a Wagner. Todo estaba en su sitio. El presente, hoy, está poblado de ausencias, de manos y de voces que nos faltan. Pero a veces las sentimos en nosotros, como esos años en los que la música de Schubert nos llenaba de una luz que vuelve con la intensidad de lo perdido. 

Artículo publicado hoy en El Norte de Castilla

jueves, 11 de junio de 2015

León


Toqué el domingo el programa-homenaje a Jordi Savall en León, para la Fundación Eutherpe. Estuvo dedicado a la memoria de mi querida Isabel Guerras


Con Margarita Morais


Obras de Albert Sardà, Dolores Serrano, Tomás Marco, Carme Fernández-Vidal, Benet Casablancas, Carles Guinovart, Teresa Catalán, Carlos Cruz de Castro, Josep Soler, Armand Grèbol, Francisco García Álvarez, José María García Laborda, Claudio Prieto, Jesús Legido. 

jueves, 28 de mayo de 2015

En memoria de Isabel Guerras

Cada muerte trae palabras nuevas para nombrar el vacío. Palabras que ocupan el silencio y buscan el recuerdo de la pérdida. Ha muerto Isabel Guerras y las palabras me llevan al edificio del conservatorio donde iba a examinarme, siendo un niño. Allí estaba Isabel junto a otros profesores a quienes también admiraba y que formaban un claustro excepcional. No podía saber entonces que, desde ese momento, Isabel Guerras iba a ser una presencia constante, como referencia, compañera y amiga. Era una suerte disfrutar de su alegría ante la experiencia de la música, de su curiosidad insaciable y su desbordante ilusión. Una actitud profundamente inspiradora que ha mantenido siempre. Esta misma semana hablamos sobre un concierto que iba a dar ella en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid. “¿Estás seguro, Diego?”, respondió. Pronto me leyó el programa y tras decir algo solamente comprensible para un intérprete -“qué nervios, qué bien”-, sonrió de esa forma tan maravillosa, tan inolvidable… Una sonrisa que escucho al cerrar los ojos y que siento con la tristeza de lo irrepetible. 
El amor hace que nadie pueda sustituirnos, pero a partir de ahora veré a Isabel en cada uno de mis compañeros, de quienes eran alumnos o profesores y trabajaron con generosidad para que el conservatorio fuera el corazón de la música en Valladolid, el lugar donde se daba vida a los sueños de tantos y tantos que estábamos juntos entonces y ahora.


Por aquellos años me fascinaba la idea de poder observar la luz de estrellas que ya habían desaparecido. Así, de ese modo, seguiremos aprendiendo de Isabel, al sentir una luz que es parte esencial de nosotros mismos.