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domingo, 14 de abril de 2013

Caminar juntos


Llega la carta de un gran amigo que suma a su talento como escritor una sutil capacidad para el análisis político. En el texto detalla sus últimas lecturas y, como es muy amable, se extiende sólo en las que supone interesantes también para mí: en primer lugar, y con mayor extensión, El refugio de la memoria, de Tony Judt; después, Hitch-22, las memorias de Christopher Hitchens,  y por último, La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre, un poeta que mi amigo y yo no hemos dejado de leer desde su conmovedora Antífona del otoño en el valle del Bierzo. Pero no son Judt, ni Hitchens, ni Mestre el motivo central de su texto, sino lo que señala como “esa corriente tan extendida de buscar lo peor de todo y de todos, que hace insoportable el hecho mismo de abrir el periódico o escuchar la radio en un mundo del que no se reconoce virtud alguna”. Coincidimos en la idea de que un cierto espíritu centrado en lo mejor de las personas ayuda a su avance. Al menos de un modo parecido al que Fernando Birri mostraba en su intento de explicar la utopía: consciente de que ésta iba alejándose en la misma medida que él iba avanzando, concluyó que la utopía servía para eso: para caminar.
Nos recuerda George Steiner que “los hombres son cómplices de aquello que les deja indiferentes”. Por eso el optimismo tiene que estar sustentado en el amor a los demás, no en una actitud vacía, basada tantas veces en la ignorancia, la omisión o el desprecio de los problemas que no sufrimos en primera persona y que, vistos desde la distancia, parecen menos importantes que las nimiedades agrandadas sin límite por puro narcisismo. Y nunca, en ninguna circunstancia, debemos hacer invisibles a quienes sufren.  

miércoles, 21 de mayo de 2008

El oyente infinito

Ramón Andrés ha reunido en El oyente infinito fragmentos y aforismos con la música como centro. Transcribo algunos:


La música tiende, conscientemente o no, a replegarse en su propia totalidad. George Steiner.


El tiempo musical significa tiempo metafísico. Gisèle Brelet.


Si la música habla, no nos habla a nosotros. La perfecta obra de arte tiene sólo que ver con nosotros en tanto que nos sobrepasa. Rainer M. Rilke.


La historia de la música también es siempre un indicador para los vaivenes de la conciencia desdichada. Peter Sloterdijk.


Interpretar el lenguaje significa entenderlo, mientras que interpretar música es hacerla. Theodor W. Adorno.


El músico toca con todo el cuerpo, no sólo con el instrumento. Un indicio decisivo es que da más de lo que puede oírse. Ernst Jünger.


La música es el arte, de entre todas las artes, que antes ha llegado a un compromiso mayor entre el cerebro abstracto y su materialización sensible. Iannis Xenakis.


lunes, 30 de julio de 2007

La barbarie de la ignorancia

Esta pregunta, que tanto me obsesiona y a la que se ha intentado siempre dar respuesta, surge también en el diálogo de George Steiner con Antoine Spire, publicado en La barbarie de la ignorancia: “¿por qué las humanidades, en el sentido más amplio de la palabra, por qué la razón de las ciencias no nos han dado protección alguna contra lo inhumano? ¿Por qué, efectivamente, como usted acaba de decir, es posible tocar Schubert por la noche y marchar por la mañana a cumplir con sus obligaciones en el campo de concentración? Ni la gran lectura, ni la música, ni el arte han podido impedir la barbarie total. Han llegado a ser el ornamento de esa barbarie, si hay que decirlo todo. A menudo han proporcionado un decorado, una fioritura, un hermoso marco para el horror. El señor Gieseking tocó Debussy –y de manera incomparable, parece- mientras se oían los gritos de quienes pasaban por las estaciones de Munich rumbo a Dachau. Era en medio del campo de Buchenwald y allí, la famosa Buche: el árbol preferido de Goethe. Deliberado simbolismo nazi. Y los ejemplos se multiplican y se multiplican…”.