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domingo, 1 de marzo de 2020

Sesión en memoria de Benigno Prego

El jueves intervine en la sesión-homenaje a Benigno Prego en la Real Academia de Bellas Artes junto a Ángeles Porres y Jesús Urrea. 
Acompañados por sus familiares y amigos, recordamos a Benigno y todo lo bueno que siempre nos regaló.



Con Ángeles Porres, Javier López de Uribe y Jesús Urrea

El Norte de Castilla, 27 de febrero

viernes, 21 de diciembre de 2018

La armonía y el tiempo. En memoria de Benigno Prego

Benigno Prego tenía una fotografía en blanco y negro que temblaba en sus manos: era la imagen de dos niños músicos, tomada en una aldea de Galicia. Al principio me fijé en los detalles, en los instrumentos, en la ropa, en cierta tristeza que rodeaba la escena. Pero pronto me di cuenta de que lo importante estaba en los ojos de Benigno, en cómo se reconocía junto a su amigo Rogelio Groba y recorría ciudades y nombres a través de la memoria. Dos veces hizo intención de hablar, pero guardó silencio. Mientras tanto imaginé los territorios que cruzaba: la vida en Gulanes, el esfuerzo de sus estudios en Madrid con Francisco Calés y Cristóbal Halffter o el recuerdo de las enseñanzas de Federico Mompou y Jesús Bal y Gay; el paisaje desde el tren, en los innumerables viajes donde anhelaba la presencia de su esposa, nuestra querida Tinuca, y sus hijos. 
Benigno Prego fue exigente con todos y a nadie exigió tanto como a él mismo. Compuso música para voz y piano, cuarteto de cuerda, quinteto de viento…, pero estoy seguro de que su severa autocrítica nos ha privado de una obra mucho más amplia. 
En el Conservatorio de Valladolid y en la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción hemos perdido a un maestro generoso, a un hombre culto y discreto, a un gran amigo que nunca olvidaremos.

Artículo publicado hoy por El Norte de Castilla 

domingo, 25 de enero de 2015

Valladolid

El jueves intervine en la sesión que la Real Academia de Bellas Artes de Valladolid dedicó a la memoria de Juan Bautista Varela, junto a Benigno Prego, Joaquín Díaz y José Delfín Val. 


En una de sus inolvidables clases, Miguel Frechilla me habló de Juan Bautista Varela, un musicólogo que trabajaba ya en un gran proyecto sobre músicos vallisoletanos, además de otros temas, entre los cuales destacaba Juan Montes junto a otras figuras de la música gallega. Poco después lo conocí y comenzó una amistad que se ha transformado, como sucede tras la muerte de las personas que han significado mucho para nosotros, en una misteriosa compañía con la que convivimos para siempre. También empecé a leer sus artículos y libros, que iban desde la tonadilla escénica hasta la historia del Conservatorio de Valladolid, desde un estudio sobre el Dúo Frechilla-Zuloaga hasta un trabajo sobre la obra de Joaquín Díaz. Pero nada era sustituto de las conversación, porque a Juan Bautista le apasionaba hablar de sus investigaciones, de sus recuerdos… de cualquier asunto: hablar, compartir… Tuve la suerte de viajar con él a Galicia en varias ocasiones, y nunca olvidaré su terrible relato de Aurora Rodríguez Carballeira y su hija Hildegart, unidas a la biografía del pianista y compositor José Arriola; o las melodías de Montes, Chané, Veiga… que entonaba en cuanto nos acercábamos a esa Galicia de la que hablaba como del paraíso, de un paraíso que vinculaba a su infancia y a su paisaje, a la lengua y a la música. 
Recuerdo un largo paseo por Lugo, el día después de una conferencia concierto que hicimos juntos: bordeábamos la muralla y él hablaba de Juan Montes como si fuéramos a encontrarlo en cualquier momento, como si hubiera pasado por esos mismos lugares unos segundos antes. Un diálogo que podía comenzar por una descripción de ese Lugo romano, seguir por la construcción de la catedral, la poesía de Curros Enríquez y terminar por las diferencias gastronómicas entre Galicia y Castilla en una mesa de Casa Rivas. La suma de todo ello, gracias a un entusiasmo contagioso, era la verdadera experiencia de su amistad. Un entusiasmo que impulsaba sus incansables proyectos para recuperar y difundir las músicas de tantos compositores olvidados. Colaboramos juntos en esa tarea y llevamos a cabo artículos, conferencias, conciertos y grabaciones sobre Félix Antonio, Jacinto Ruiz Manzanares, los hermanos Villalba, o los mencionados Juan Montes y José Arriola. También, sobre compositores contemporáneos como nuestro querido amigo y compañero Pedro Aizpurua. 

Quiero añadir una característica de Juan Bautista Varela que siempre será inspiradora para nosotros: el amor por la música, la emoción por el descubrimiento de una nueva partitura, de un dato revelador, del desconocido nombre de un músico que escribía en un pequeño lugar de Valladolid, Palencia o Lugo…Todo ello revela el profundo respeto por el trabajo de los demás y su aportación a que el polvo del tiempo no sepultase tantas y tantas partituras como había visto a lo largo de su vida: montañas de papel pautado mudo, esperando décadas, incluso siglos, para ser escuchado, para existir en su auténtica voz. 

sábado, 31 de mayo de 2014

Valladolid


Me emocionó tocar en un homenaje en memoria de mi amigo Juan Bautista Varela. Fue el miércoles en el Teatro Zorrilla de Valladolid. Cada obra del programa estaba relacionada con él por muchas razones. 



(Obras de Albert Sardà, Pedro Aizpurua, Félix Antonio, Joaquín Díaz, José María García Laborda, Carles Guinovart, Jesús Legido y Juan Montes)

jueves, 8 de octubre de 2009