Nada salió ayer conforme a los planes previstos: pensábamos ir a la finca que Carlos Galán tiene en Salamanca y diversos inconvenientes lo impidieron. Pasé el día con Elena Martín, hablando, por supuesto, de Ramón Barce, junto al que pasó toda su vida. Una plenitud que ahora se ha convertido en inabarcable tristeza por su falta.
Escribiendo, ayer, en la casa de Luis García Vegas.