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martes, 4 de septiembre de 2012

Transfiguración Diabólica


Transfiguración Diabólica

San Cipriano: "De la manera que Satanás se transfigura como en un ángel de luz, así soborna a sus ministros a modo de ministros de justicia, tomando la noche por el día, la muerte por la salud, la desesperación so color de esperanza, la perfidia bajo el pretexto de la Fe, al Anticristo bajo la voz de Cristo; para que aparentando cosas verosímiles, frustren con sutileza a la verdad."

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El Mundo Testifica su Fin



El Mundo Testifica su Fin

San Cipriano: "El mundo mismo testifica su fin con el ejemplo de la decadencia de las cosas. No tiene el invierno tan copiosas lluvias para criar las semillas. No tiene el estío el acostumbrado calor para madurar las mieses. Ni en lo templado del verano están los sembrados alegres. Ni los otoños son tan abundantes de frutos".



EL PECADO VENIAL


EL PECADO VENIAL



Estudio Bíblico de Cornelio A Lapide



EL PECADO VENIAL

EL PECADO VENIAL ES EL CAMINO QUE CONDUCE A LAS GRANDES CAÍDAS

"El que desprecia las faltas pequeñas se perderá insensiblemente" (Eclesiástico 19, 1). Sí, dice San Gregorio, "si miramos con descuido las faltas pequeñas, seducidos poco a poco, acabaremos por caer audazmente en faltas mayores. Porque el que no cuida de llorar lso pecados veniales que ha cometido y de evitarlos, decae del estado de justicia, no de repente, sino por grados e insensiblemente. Es menester advertir a los que están habituados al pecado venial que consideren mucho que a veces una caída ligera perjudica en cierto modo más que una falta grave; porque una falta grave se nota más pronto, y más pronto se llora; pero no se tiene en cuenta una falta ligera, y es tanto más peligrosa, cuanto se comete sin escrúpulo. Sucede muchas veces que el alma acostumbrada a las faltas ligeras acaba por no horrorizarse de las faltas graves: corrompida por sus muchas infracciones, llega a tal punto de atrevimiento, desprecio y malicia, que no teme ya los pecados mortales, porque ha aprendido a cometer sin temor los pecados veniales. (Lib. X. Moral. c. XIX).

"Había en Bethania cierto Lázaro que se hallaba en un estado de languidez. Sus hermanas enviaron a decir a Jesús: Señor, ved que aquel a quien amáis está enfermo. A aquella noticia, Jesús respondió: La tal enfermedad no es para llevar a la muerte. Y permaneció dos días en el mismo lugar. Luego dijo a sus discípulos: Vamos de nuevo a Judea. Jesús llegó pues, y encontró que Lázaro estaba en la tumba hacía ya cuatro días. Y dijo: ¿Dónde le habéis puesto? Los que allí se encontraban respondieron: Venid y ved. Jesús fue al sepulcro: era una cueva cuya entrada la cerraba una piedra. Y Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, hermana de Lázaro, replicó: Señor, despide ya mal olor". (Cf. Jn. 11, 1-39)

Este relato es el cuadro de la vida y de la caída definitiva del hombre que no evita cuidadosamente el pecado venial.

1.º No experimenta desde luego más que una languidez del alma.
2.º Aquella languidez se agrava y se convierte en enfermedad.
3.º Cae en un sueño letárgico, es decir, en la indiferencia por su estado.
4.º La muerte, o el pecado mortal llega.
5.º Luego viene la putrefacción, o sea la corrupción del corazón.

"Una falta os parece a primera vista insufrible, luego la juzgáis menos grave, después no la sentís ya, y al fin llega a ser para vosotros un objeto de deleite", dice San Bernardo (Serm. in Cant.)

Basta una chispa para producir un incendio...

Es menester, dice San Cipriano, "es menester cerrar, no digo las puertas, sino hasta las más pequeñas aberturas, no sea que el enemigo penetre en el campo por una rendija. Todo el perímetro de una ciudad debe fortificarse para que no sucumba enteramente por un lugar débil; pues dice Salomón que el que desprecia las cosas pequeñas se perderá poco a poco". (Serm. in Eccles.)

"¿No sabéis que un pedacito de levadura ha de fermentar toda la masa?", dice San Pablo (I Cor. 5, 6)

Dice San Isidoro: "El que no evita los pecados veniales se expone a caer en los mayores crímenes; porque el pecado venial engendra, por decirlo así, el pecado mortal. Los vicios crecen pronto y sin que lo notemos: si no se hace caso del pecado venial, pronto llegará el pecado mortal. Evitad, pues, cuidadosamente el uno preservaros por completo del otro" (De Norma bene vivendi).

Dice San Jerónimo: "El alma consagrada a Jesucristo fija su atención lo mismo en las faltas pequeñas que en las graves; porque sabe que se habrá de dar cuenta hasta de una palabra inútil" (Ad Heliodorum.)

Y San Agustín: "No podéis dejar de hacer caso de vuestras culpas, so pretexto de que sean leves; porque las gotas de agua acaban por llenar ríos, y por arrastrar las rocas y los árboles con sus raíces" (Serm. LXIV. de Temp.)

San Bernardo: "El alma consagrada a Dios debe evitar con tanto cuidado los pecados más leves como los más graves; porque los que caen en los mayores excesos comienzan por pequeñas infracciones" (serm. in Cant.)

Nadie llega a ser un gran criminal repentinamente...

Dice San Agustín: "¿Qué más da que el empuje de una ola terrible estrelle el buque y lo eche a pique, o que, penetrando el agua insensiblemente en la cala, sin impedirlo el descuido de los marineros, llene el buque y lo sumerja! En uno y otro caso, ¿no se verifica igualmente el naufragio?" (Epist. CVIII. ad Seleuciam).

Las consecuencias del pecado venial son funestas: porque,

1.º, si este pecado no destierra a Dios del corazón, entristece al Espíritu Santo, que habita en nosotros; y dar que sentir a un amigo que viene a visitarnos, es darle a entender que puede retirarse, y que podemos pasar sin su presencia.
2.º Dificulta la abundancia de las gracias.
3.º Disminuye en el alma el fuego del amor divino.
4.º La precipita en el fatal estado de tibieza, estado peligrosísimo, puesto que el Señor dice en el Apocalipsis: "¡Ojalá estuvieses frío o caliente! Pues, ya que eres tibio, y ni frío ni caliente, te arrojaré de mi boca" (Apoc. 3, 15-16).
5.º El pecado venial priva de varios favores que Jesucristo concede ordinariamente a las almas vigilantes y fieles, como son los consuelos sensibles, la paz del corazón, etc.
6.º Debilita las fuerzas del alma, aumenta las pasiones, y las fortifica. Y de ahí resulta que si se presenta una tentación violenta o una ocasión seductora, abatido el hombre por las numerosas heridas que le ha causado el pecado venial, no tiene fuerzas para resistir, consiente y sucumbe, y como dicen los Cantares: "Las raposas devastan las viñas" (Cant. 2, 15)
7.º Ante la negligencia y el desprecio de las pequeñas faltas, el demonio llega a ser más poderoso y atrevido para solicitar a los hombres y hacerles caer en pecado mortal. Y, por el contrario, el que trata de evitar las faltas veniales, presenta dificultades al demonio, y es muy difícil que sea vencido y pierda la vida del alma con el pecado mortal.

Dice San Crisóstomo: "Me atrevo a adelantar algo admirable, algo que todavía no se ha oído decir; y es que me parece que no se deben evitar con tanto cuidado los pecados mortales como los veniales. En efecto; la naturaleza misma nos inclina a horrorizarnos de los grandes excesos; mientras que no hace caso de las faltas leves, bajo so pretexto de que no infaman. Tal descuido y negligencia quitan pronto al alma la generosidad y las fuerzas necesarias para no cometerlas, y a consecuencia de las heridas que causan al alma, viene la muerte. Por este camino veréis producirse todas las grandes iniquidades, porque ningún hombre cae de repente a las últimas profundidades del mal y al fondo del abismo. El alma tiene cierta vergüenza y cierto pudor natural de que no puede desprenderse en seguida; pero lo hace gradualmente, poco a poco". (Homil. LXXXVII. in Matth.)


MALICIA DEL PECADO VENIAL

Las siguientes consideraciones ayudarán a comprender cuánta es la malicia del venial.

1.º El pecado venial, lo mismo que el mortal, es una desobediencia a Dios... Encierra igualmente cierto desprecio de Dios y de su santa ley.
2.º Después del pecado mortal, es el mayor de los males; y, según los santos Padres y los teólogos, todos los méritos de los apóstoles, de los mártires, de los Santos y de los ángeles, y hasta de la augusta Madre de Dios, no bastarían para borrar un solo pecado venial y reparar la injuria que hace a Dios: son necesarios los medios de Jesucristo...
3.º El pecado venial es el mal de Dios. Y de ahí se deduce que, siendo la gloria y el honor a Dios debidos infinitamente superiores a cuanto atañe a las criaturas, hasta a las más nobles y perfectas, no sería permitido cometer un pecado venial ni aún para evitarles los mayores males o proporcionarles los mayores bienes.

Muy bien dice Salvio: "Nada hay leve en las cosas que hieren a Dios". (Lib. VI)

Todos los pecados atacan y ofenden a Dios; y es la falta más ligera contra aquel soberano dueño de un mal mayor que todos los males que podrían abatir a las criaturas. El pecado venial es una mancha para el alma, al paso que los otros males, cualesquiera que sean, no son más que la pena o el castigo del pecado.

San Agustín declara que "no sería permitido decir una ligera mentira para salvar a todos los réprobos, porque la mentira es el mal de Dios, mientras que el suplicio de los réprobos no es más que el mal del hombre. Y, no siendo los mayores males del hombre más que el mal de la criatura, pura nada, no son tan grandes como la mayor ofensa a Dios, ofensa que ataca a una majestad infinita". (Lib. Confess.)

Los mismos paganos comprendieron que no es cosa indiferente en sí preservarse de las faltas ligeras. No es, dice Plutarco, "no es una prueba mediana de que progresemos en virtud, si tratamos de evitar las más pequeñas faltas. Obrar así es probar que hemos adquirido ya méritos que queremos conservar intactos". (De Profectu virtutum).


CUÁNTOS PECADOS VENIALES SE COMETEN

"Ni aun el hombre justo está libre de caídas leves; pero las deplora y repara", dicen los Proverbios (24, 16). "Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros", dice el apóstol San Juan (1 Jn. 1, 18). "Todos faltamos en muchas cosas", dice el apóstol Santiago (3, 2). "Sólo es propio de Dios el no cometer falta alguna", dice San Clemente de Alejandría (Lib. I. Paedag., c. II).

Hemos de procurar cuidadosamente no caer, y volvernos a levantar después de nuestras caídas.

Nada puede darnos mejor a conocer cuán grave mal es el pecado venial, que los castigos impuestos por Dios en esta vida y después de la muerte. Los sagrados libros nos ofrecen numerosos ejemplos. Moisés fue excluido de la tierra prometida en castigo de una ligera duda sobre la omnipotencia de Dios... David vio perecer a setenta mil de sus súbditos en castigo de una falta de vanidad... Los bethsamitas, por haber mirado con curiosidad el arca, y Osa, por haberla tocado, quedaron heridos de muerte. Por una mentira, Ananías y su esposa tuvieron la misma suerte. Dios castiga muchas veces con enfermedades y otra aflicciones interiores mucho más rigurosas, tales como la sequedad de la oración, el disgusto por los ejercicios de piedad, las tentaciones contra la fe y la pureza, la falta de ánimo, y hasta la desesperación, y otras penas interiores, tan difíciles de sufrir muchas veces, que los que las experimentan se ven expuestos a abandonar el servicio de Dios, y por consiguiente a perderse.

En el otro mundo, Dios castiga el pecado venial con el purgatorio.




domingo, 20 de noviembre de 2011

El Trato con las Mujeres


El Trato con las Mujeres

ECLASIÁSTICO IX, 1-13:

(Traducción y comentarios bíblicos de Monseñor Straubinger)

1 "No seas celoso de tu querida esposa; para que no se valga de las malas ideas que tú le sugieres.
2 No dejes que la mujer tenga dominación sobre tu espíritu; para que no se levante contra tu autoridad, y quedes avergonzado.
3 No pongas los ojos en una mujer que quiere a muchos, no sea que caigas en su lazo.
4 No frecuentes el trato con la bailarina, ni la escuches, si no quieres perecer a la fuerza de su atractivo.
5 No pongas tus ojos en la doncella, para que su belleza no sea ocasión de tu ruina.
6 De ningún modo des entrada en tu alma a las meretrices, para que no te pierdas a ti y tu patrimonio.
7 No andes derramando tu vista por las calles de la ciudad, ni vagueando de plaza en plaza.
8 Aparta tus ojos de la mujer lujosamente ataviada, y no mires curioso una hermosura ajena.
9 Por la hermosura de una mujer muchos se han perdido; pues por ella se enciende cual fuego la concupiscencia.
10 Cualquier mujer pública es pisoteada como estiércol en el camino.
11 Muchos embelesados de la belleza ajena se hicieron réprobos; porque su conversación quema como fuego.
12 Con la mujer de otro no estés jamás de asiento; ni en la mesa te arrimes a ella recostado sobre el codo;
13 ni la desafíes en tomar vino; no sea que tu corazón se incline hacia ella, y a costa de tu vida caigas en la perdición."

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Versículo 8: "Los vestidos de lujo y los vanos adornos no convienen más que a las prostitutas y a las mujeres impúdicas", dice San Cipriano (De Habitu Virg.). San Pedro, en su primera encíclica, exhorta a las mujeres a llevar una vida casta y llena de reverencia y les dice: "Vuestro adorno no sea de afuera; no consista en rizaros los cabellos, ornaros de joyas de oro o ataviaros de vestidos, sino que sea un adorno interior del corazón, que consiste en la incorrupción de un espíritu manso y suave, precioso a los ojos de Dios" (I Pedro 3, 3 s.).

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Dice "La Imitación de Cristo" VIII, 1:

"No tengas familiaridad con ninguna mujer mas en general encomienda a Dios todas las buenas."

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La imagen muestra el óleo de Velazquez Diego "La Tentación de Santo Tomás" que representa la siguiente anécdota:

"Finalmente, (sus hermanos contrarios a su vocación) le envían a una prostituta. La mujer intenta tentarlo. Tomás toma en sus manos una rama encendida del hogar y se lanza contra la mujer, amenazándola con quemarle el rostro si se atreve a acercársele. Ella sale huyendo y Tomás, con la brasa dibuja una cruz en la puerta frente a la cual se arrodilla a rezar. Esa misma noche contempló en sueños unos ángeles que venían a felicitarlo y le traían un cíngulo, en señal de la virtud de la pureza perpetua que le concedía Nuestro Señor".

viernes, 18 de noviembre de 2011

La Importancia de la Limosna



La Importancia de la Limosna


(Traducciones y Comentarios Bíblicos de Monseñor Straubinger)

Tobías 4, 7-12: "Da limosna de tus bienes, y no apartes tu rostro de ningún pobre; así conseguirás que tampoco de ti se aparte el rostro del Señor. Usa de misericordia con todas tus fuerzas. Si tienes mucho, da con abundancia; si poco, procura dar de buena gana aun lo poco; pues con eso te atesoras una gran recompensa para el día de la angustia. Porque la limosna libra de todo pecado y de la muerte, y no dejará caer el alma en las tinieblas. La limosna será motivo de gran confianza delante del altísimo Dios para todos los que la hacen."

(Dios nos está mirando siempre con infinito amor. El que esto sabe, no querrá perder esa mirada por no mirar con bondad al pobre. El que da al pobre se parece al agricultor que no pierde al dejar caer la semilla en los surcos. Por eso dice San Ambrosio: "Sed agricultores espirituales; sembrad lo que puede seros útil. Es sembrar bien poner la limosna en manos de las viudas. Si la tierra os da más de lo que le confiáis, ¡cuánto más os devolverá la caridad! Todo lo que dais al pobre, redunda en vuestro provecho; sembráis en la tierra, y esta simiente germina en el cielo." Recordemos siempre el Sermón de la Montaña: "Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzará misericordia" (Mt. 5, 7).)

Tobías 12, 8-9: "Buena es la oración con el ayuno, y mejor la limosna que acumular tesoros de oro; porque la limosna libra de la muerte, y es ella que borra pecados y hace hallar misericordia y vida eterna".

(Por limosna ha de entenderse aquí todas las obras de misericordia. "Así como el fuego del infierno, dice San Cipriano, se apaga con el agua saludable del bautismo, así la llama del pecado se apaga con la limosna y las obras buenas". "Las limosnas, dice San Leon Magno, borran los pecados, y preservan de la muerte y del infierno".).

Tobías 14, 11: "Encomendad a vuestros hijos que practiquen la justicia y den limosnas; que tengan presente a Dios y le bendigan en todo tiempo sinceramente y con todo esfuerzo".

Eclesiástico 3, 33-34: "El agua apaga el fuego ardiente, y la limosna resiste a los pecados. Dios es el proveedor del que hace bien, se acuerda de él para lo venidero, y al tiempo de su caída hallará apoyo".

("Dios sostendrá al que hace limosna para que no caiga o le levantará de su caída" (San Juan Crisóstomo)
"Todos somos mendigos de Dios; pero para que Dios reconozca a los suyos, reconozcamos a los nuestros. ¿Con qué cara os atreveréis a pedir a Dios, si no queréis socorrer a vuestro semejante" (San Agustín). "Sin misericordia para los pobres es imposible conseguir misericordia" (San Cipriano).

Eclasiástico 4, 1: "Hijo, no defraudes al pobre de su limosna; ni apartes tus ojos del necesitado"

("No defraudes al pobre de su limosna"; en griego: "de su sustento". De aquí se ve que el pobre no ha de ser considerado como un hombre molesto, sino que tiene para ser socorrido un verdadero derecho. "Por esto cometemos una especie de robo si le negamos lo que para ellos es necesario y a nosotros nos sobra. Los Padres de la Iglesia jamás han dado otra explicación a este texto" (Vigourux, Polyglotte). Esto no es sólo consecuencia del derecho a la vida en el orden natural, sino que también es correlativo del mandamiento del amor, síntesis de toda Ley divina (Mt. 22, 36-40; Rom. 13, 8-10). Por "pobres" ha de entenderse todos los que no tienen lo necesario para sí y para su familia. La Sagrada Escritura no cesa de recomendar la limosna y la misericordia con el pobre).

Eclesiástico 4, 2-7: "No desprecies al que padece hambre; ni exasperes al pobre en su necesidad.
No aflijas el corazón del desvalido ni dilates el socorro al que se halla angustiado.
No deseches el ruego del atribulado, ni apartes tu rostro del menesteroso.
No apartes tus ojos del mendigo, irritándole; ni des ocasión a los que te piden, de que te maldigan por detrás.
Porque escuchada será la imprecación del que te maldijere en la amargura de su alma; y oírle ha su Creador.
Muéstrate afable a la turba de los pobres; humilla tu corazón ante el anciano, y baja tu cabeza delante de los grandes".

Eclesiástico 7, 10: "No descuides el hacer oración, y dar limosna".

Eclesiástico 12, 3: "No lo pasará bien el que de continuo hace mal, y no da limosnas; porque el Altísimo aborrece a los pecadores; y usa de misericordia con los que se arrepienten".

Eclasiástico 17, 18: "La limosna del hombre la guarda (Dios) como un sello, y tendrá cuidado de las buenas obras del hombre como de las niñas de sus ojos".

(No se puede hacer de la limosna un elogio más alto. Jesús lo ratificará en Mt. 25, 40 (...). "La limosna es la amiga de Dios, siempre está en su presencia", dice San Crisóstomo.)


Eclasiástico 29, 11-18: "Sé tú de alma más generosa con el humilde, y no le hagas esperar por la limosna. En cumplimiento del mandamiento socorre el pobre y en su necesidad no lo despidas con las manos vacías. Pierde el dinero por amor de tu hermano y de tu amigo, y no lo escondas sin provecho debajo de una losa. Emplea tu tesoro según los preceptos del Altísimo, y te rendirá más que el oro. Encierra la limosna en el seno del pobre, y ella rogará por ti para librarte de todo mal. Peleará contra tu enemigo mejor que el escudo y la lanza de un campeón".

("Encierra tu limosna en el seno del pobre"; es decir, en vez de oro y plata, pon en tu caja las bendiciones que te dan los pobres. Es una dicha poder dar. Para San Crisóstomo la gracia de la limosna es igual a la gracia de los milagros, de la curación de los enfermos, de la resurrección de los muertos, de la expulsión de los demonios, y añade: "No sólo ha ordenado Dios la limosna para auxilio de los indigentes, sino también para aumentar los bienes de los que dan".)

Deuteronomio 14, 7-11: "Cuando hubiere en medio de ti un pobre de entre tus hermanos, en una de tus ciudades, en la tierra que Yahvé, tu Dios, te dará, no endurezcas tu corazón, ni cierres tu mano contra tu hermano pobre; sino ábrele tu mano y préstale lo suficiente para satisfacer la necesidad que le oprime. Ten cuidado, no sea que se levante en tu corazón el perverso pensamiento: "Se va acercando el año séptimo, el año de la remisión"; y tu ojo sea malo para con tu hermano indigente, de modo que no le des nada; pues si él clama contra ti a Yahvé, tú te acarreas pecado. Dale sin falta, y al darle no debe dolerte el corazón; porque a raíz de esto te bendecirá Yahvé, tu Dios, en todas tus obras y en todo aquello que emprendas. Porque nunca dejará de haber pobres en el país, por lo cual yo te mando diciendo: Abre tu mano a tu hermano, es decir, a tu pobre y a tu necesitado en tu tierra".

(Trasciende aquí la economía divina que permite que siempre haya pobres, para que no nos falte la ocasión de abrir la mano y cumplir el gran mandamiento del amor al prójimo. También Jesús afirma que siempre habrá pobres (Mt. 26, 11); y para estimularnos en socorrerles se identifica Él mismo con ellos (Mt. 25, 34 s.))

Isaías 58, 10
: "Cuando abras tus entrañas al hambriento, y sacies el alma afligida, nacerá tu luz en medio de las tinieblas, y tu obscuridad será como el mediodía"


("Nacerá tu luz en medio de las tinieblas": "Son muchos los que buscan la luz y que creen poder encontrarla haciendo estudios, escudriñando obras filosóficas, penetrando en las profundidades de la ciencia. Lo hacen porque confunden conceptos, y suponen que es necesaria una inteligencia desarrollada para recibir la luz, tomándola como privilegio de los intelectuales. Se olvidan que la luz es un don gratuito que Dios da gratuitamente a los pequeños" Cf. Lc. 10, 21 y nota.)

Daniel 4, 24: "Por eso, oh rey, séate grato mi consejo, redime tus pecados con obras de justicia, y tus iniquidades con obras de misericordia para con los pobres. Tal vez así se prolongará tu prosperidad".

("Con obras de misericordia": Como vemos, desde el Antiguo Testamento, la Biblia no se cansa de destacar la importancia de la limosna para recibir el perdón de los pecados (...). Lo mismo hacen, claro está, los Santos Padres. San Cipriano y San Ambrosio comparan su eficacia a la del Bautismo y dicen que, así como el fuego del infierno se apaga con las aguas saludables del sacramento, la llama del pecado se apaga con la limosna y las buenas obras. San León dice: "Las limosnas borran los pecados y preservan de la muerte y del infierno.")

Zacarías 7, 9: "Yahvé de los ejércitos habló de esta manera: "Juzgad según la verdad y practicad la misericordia y la piedad cada uno para con su hermano".

Mateo 5, 7: "Bienaventurados los que tienen misericordia, porque para ellos habrá misericordia".

Mateo 5, 42: "Da a quien te pide, y no vuelvas la espalda a quien quiera tomar prestado de ti."

("Da a quien te pide": "No digáis, observa un maestro de vida espiritual: gasto mis bienes. Estos bienes no son vuestros, son bienes de los pobres, o más bien, son bienes comunes, como el sol, el aire y todas las cosas".)

Mateo 6, 1-4: "Cuidad de no practicar vuestra justicia a la vista de los hombres con el objeto de ser mirado por ellos; de otra manera no tendréis recompenza de vuestro Padre celestial. Cuando, pues, haces limosna, no toques la bocina delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser glorificados por los hombres; en verdad os digo, ya tienen su paga. Tú, al contrario, cuando haces limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha. Para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará".

Lucas 11, 41: "Por eso, dad de limosna el contenido, y todo para vosotros quedará puro".

("El contenido": Esto es, como observa Pirot, lo que está dentro de las copas y platos. Es una de las grandes luces que da Jesús sobre el valor de la limosna, concordando con Lucas 16, 9)

Lucas 16, 9: "Por lo cual Yo os digo, granjeaos amigos por medio de la inicua riqueza para que, cuando ella falte, os reciban en las moradas eternas".

Lucas 12, 33: "Vended aquello que poseéis y dad limosna. Haceos bolsas que no se envejecen, un tesoro inagotable en los cielos, donde el ladrón no llega, y donde la polilla no destruye".

("Vended aquello que poseéis": No se trata aquí de la pobreza total, como en el caso del joven rico (Lc. 18, 22). Ello no obstante, vemos que Jesús está hablando a la pequeña grey de sus predilectos que han de compartir su reino (Lc. 22, 28-30). No es de extrañar, pues, que, sin perjuicio de mantener la situación en que la providencia del Padre ha colocado a cada uno y a su familia, les aconseje desprenderse de lo que pueda ser un tropiezo para la vida espiritual, para no poseer con ahinco ningún bien en que hayamos puesto el corazón (v. 34) y que sea entonces como un pequeño ídolo, rival de Dios.)

Hechos de los Apóstoles 20, 35: "En todo os di ejemplo de cómo es menester, trabajando así, sostener a los débiles, acordándose de las palabras del señor Jesús, que dijo Él mismo: "Más dichoso es dar que recibir".

(La preciosa sentencia de Jesús que aquí nos comunica San Pablo no está en el Evangelio, si bien recuerda lo que el divino Maestro dijo a sus apóstoles "Recibisteis gratuitamente, dad gratuitamente. No tengáis ni oro ni plata", etc (Mt. 10, 8 ss.). "Muchas veces parece caridad lo que es carnalidad. Porque la inclinación de la carne, la propia voluntad, la esperanza de galardón, la afección del provecho pocas veces nos dejan" (Imitación de Cristo III, 5; Kempis).)

Romanos 12, 8: "El que da, hágalo con liberalidad; el qu preside, con solicitud; el que usa de misericordia, con alegría".

(Sobre la alegría en las obras de misericordia, véase II Cor. 9, 7; Fil. 14; Heb. 13, 7. "La verdadera limosna consiste en dar de modo que sintamos alegría en aquel acto y nos consideremos más bien beneficiados que protectores; porque menos favor hacemos a los pobres que a nosotros mismos, si se tiene presente que recibimos más de lo que damos" (San Crisóstomo). Véase las palabras de Jesús en hech. 20, 35.)

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