¿Un aperitivo? ¿Cuál es ese aperitivo del cual no puedes desprenderte un sólo día?
¿Un estimulante? ¿Qué estímulo puede dar aquello que agobia, enferma y mata el organismo?
¿Un porte? ¿Se imaginan a Cristo o algún santo prendiendo un pucho con la colilla anterior que se consume?
Evidentemente, el vicio del cigarrillo (como cualquier otro vicio) es un terrible pecado, que atenta contra el templo del Espíritu Santo; y el cigarrillo en sí, sabido es de sus sustancias adictivas y mortíferas. Cada residuo que deja un solo cigarrillo, tarde siete horas en eliminarse del cuerpo. Es por eso que no se juzgue a la ligera a quien se ve fumar, porque tal vez la pureza de quien fuma uno o dos por día, no haga impuro su "solaz" echar humo. Siempre y cuando, tampoco perjudique a su prójimo. No obstante, hay muy pocas probabilidades de que el cigarrillo, y el ambiente que el mismo implica, no arraste a vicios y pecados graves. Y cuando el cigarrillo se vuelve un vicio; se convierte en una "borrachera" del tabaco, una "glotonería" mortal.
Job 12, 25: "Andan a tientas en tinieblas, sin luz, Y los hace tambalearse como borrachos".
Proverbios 23, 21: "Porque el borracho y el glotón se empobrecerán, y la somnolencia se vestirá de harapos".
Gálatas 5, 21: "Envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales os advierto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios".
San Agustín: "Cada vicio trae consigo una pena que le es propia (...). Todo espíritu desarreglado es el castigo de sí mismo".
San Jerónimo: "No confiar en nuestras fuerzas. Muchas personas eminentes en virtud, han caído en el abominable vicio, y han perdido la más hermosa de las virtudes por su seguridad".
¿Qué se necesita para dejar el vicio del cigarrillo? Querer dejarlo. Luego, Dios hará el resto:
San Ambrosio: "Un hombre estaba sumergido en el fango hasta el cuello, y viendo pasar a un viajero, extendió sus manos y exclamó: "¡Tened lástima de mí, y sacadme de este fango!". El viajero le alargó la mano; pero el que estaba en la cloaca, en vez de querer salir, sumergió en el cieno el brazo que se prestaba a auxiliarle, tratando de atraerle al cenagoso abismo donde se hallaba. Aquel hombre, trocando su caridad en furor, le dijo: Miserable hipócrita, ¿por qué me pides auxilio, si quieres quedarte en el fango, y aún tratas de sumergirme en él? Puesto que quieres tu corrupción y tu muerte, tenla solo, y guarda lo que has elegido. Así obran los que ruegan a Dios que les saque de la impura cloaca de los vicios y abrazan constantemente el vicio, del que se obstinan en no querer salir". (In c. IV. Apoc.).
"Ya que quieres reventar con tantos cigarrillos, al menos aleja tu vicio de mi cara" podría decir alguien que cuide la salud de su cuerpo; pero sabe bien todo buen cristiano; que urge en todo, y en primer lugar, la salud del alma a la del cuerpo. He de allí que si ofendemos, contristamos y alejamos al Dios que vive en nosotros, de nada servirá librarnos del humo de los pulmones. Mas ese humo, sometiendo al adicto, es ofrenda a dioses falsos y muerte eterna para el pecador.