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lunes, 30 de mayo de 2016

San Fernando, rey de Castilla y de León (30 de mayo)



San Fernando, rey de Castilla y de León.

(† 1252)

El gloriosísimo rey san Fernando fue hijo de don Alfonso IX rey de León y de doña Berenguela, la cual lo crió a sus pechos, y así con la leche parece que mamó sus santas virtudes. Jamás dejó de obedecerla como a madre; y como algunos de los ricos hombres murmurasen de que después de ser rey estuviese tan rendido a su madre, dijo el santo: "Dejando de ser hijo, dejaré de serle obediente". Poseía en altísimo grado todas las prendas reales, y con sus virtudes tenía tan ganados a sus vasallos, que era más rey de sus corazones que de las ciudades de su reino. Tomó en sus manos la espada para hacer guerra a los moros que tiranizaban gran parte de España; pacificó los reinos de Castilla y de León, hizo tributarios a los reinos de Valencia y de Granada, conquistó los de Murcia, Córdoba, Jaén y Sevilla, y varios, príncipes de África solicitaron su amistad con decentes partidos. En treinta y cinco años que peleó se contaron siempre sus batallas por sus victorias y sus empresas por sus triunfos. Nunca desnudé la espada (decía él) ni cerqué ciudad ni castillo, ni salí a empresa, que no fuese mi único motivo el dilatar la fe de Cristo; y por la mayor gloria y servicio de Dios no rehusaba ningún trabajo de la guerra, como si fuera soldado particular, hasta dormir en el duro suelo, y hacer las centinelas por su turno con los demás soldados en el sitio de Sevilla. Cuidaba mucho del alivio de sus vasallos, y no quería imponer nuevos tributos; y cuando se lo aconsejaban sus ministros con el buen pretexto de hacer guerra a los moros, respondía: "Más temo las maldiciones de una viejecilla pobre de mi reino, que a todos los moros del África". Ganada la ciudad de Sevilla, dispuso una solemnísima procesión de toda la gente lucida del ejército, de la nobleza, del clero y de los obispos, viniendo al fin la venerable efigie de nuestro Señora de los Reyes en un carro triunfal de plata. Los templos y oratorios que edificó a la Virgen santísima pasaron de dos mil. Finalmente después de un gloriosísimo reinado, conociendo el santo Monarca que se llegaba su fin, antes de que lo mandasen los médicos, se confesó para morir y pidió la
sagrada Eucaristía, la cual recibió arrojándose de la cama y postrándose sobre la tierra con una soga al cuello. Se despidió después de la reina Juana y de sus hijos, pidió humildemente a los circunstantes que si tenían alguna queja de él, le perdonasen; y respondiendo que no tenían ninguna que perdonar, alzó ambas manos al cielo diciendo: "Desnudo nací del vientre de mi madre a la tierra y desnudo vuelvo a ella". Mandó luego que cantasen el Te Deum, y en el segundo verso que dice, "a ti Eterno Padre venera toda la tierra", inclinó la cabeza y entregó su espíritu a Dios. 

Reflexión: 

Dicen los historiadores: "Cuando murió el rey don Fernando todo el reino hizo un gran sentimiento: los hombres se mesaban las barbas y las mujeres principales se arrancaban los cabellos, y sin atender al decoro de sus personas, salían por las calles llorando y poblando de clamores el aire. Todos lloraban y decían: Ojalá no hubiese nacido, o no hubiese muerto el príncipe. Y hasta el mismo Alhamar mandó cien moros con achas encendidas a sus exequias". No nos olvidemos pues de rogar incesantemente en nuestras oraciones al Señor que nos de reyes o gobernadores como san Fernando, que merezcan las bendiciones y no las maldiciones de sus pueblos. 

Oración: 

Oh Dios, que concediste al bienaventurado Fernando, tu confesor, que pelease tus batallas y que venciese a los enemigos de tu fe, concédenos por su intercesión la victoria de nuestros enemigos corporales y espirituales. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890


jueves, 31 de marzo de 2016

El beato Amadeo, duque de Saboya (31 de marzo)



El beato Amadeo, duque de Saboya 

(† 1472.) 


El glorioso y caritativo príncipe beato Amadeo fue hijo de Luis II y de Ana, hija del rey de Chipre. En medio del fausto de la corte conservó siempre su corazón sin mancilla, y era de condición tan apacible, que se hacía dueño de todos los corazones. A los diecisiete años se casó con Violante, hija de Carlos VII de Francia, y habiendo sucedido a su padre en el trono, las virtudes que como a príncipe le adornaban, tomaron nuevo brillo con la diadema. Derrotó a los turcos, y no se mostró menos valeroso en las batallas, que generoso en las victorias y piadoso con los vencidos. Tuvo gran cuidado de que los príncipes sus hijos se criasen en toda virtud y como convenía a su nobilísima sangre; y no había a la sazón en Europa corte más brillante ni mejor ordenada que la suya, ni reino en que más floreciese la paz, la justicia, la virtud y la prosperidad; de manera que su reinado se llamaba el siglo de oro. No pasó el santo rey un solo día en que no hiciese algún particular beneficio, y mereciese las bendiciones del cielo y el reconocimiento y amor de sus vasallos. Empleó todo su tesoro en fundar asilos de beneficencia, y en aliviar por su mano las miserias de los que padecían. Le llamaban el padre de los menesterosos, y a su palacio, el jardín de los pobres. Habiéndole dicho un día que las excesivas limosnas que repartía agotaban todas sus rentas, respondió muy alegre el magnífico príncipe: "Me huelgo mucho de lo que me decís: aquí tenéis el precioso collar de mi orden, vendedlo y socorred también con el precio de él a mis queridos pobres". Cuando el santo rey se vio vecino a la muerte, llamó a sus hijos y a los principales señores de la corte, y les declaró su última voluntad en estos términos: "Mucho os recomiendo la misericordia y caridad con los pobres: derramad generosamente en su alivio vuestras limosnas, y el Señor derramará copiosamente sobre vosotros sus bendiciones. Haced justicia sin acepción de personas, y poned todo vuestro estudio en hacer que florezca la religión católica y sea Dios servido en todo el reino". Finalmente, habiendo recibido con singular edificación y lágrimas de todos, los santos Sacramentos, trocó la diadema terrenal por la corona eterna de los cielos, y el Señor acreditó su santidad con tantos prodigios, que el obispo de Vercelli, donde murió el santo, refiere ciento treinta y ocho, todos muy ilustres, especialmente en los que adolecían de accidentes epilépticos; y san Francisco de Sales aseguró al papa Paulo V que todos los días obraba Dios nuevos milagros en el sepulcro del santo duque.  


Reflexión: 

Como es tan poderoso y eficaz el ejemplo de los príncipes, el del beato Amadeo imprimía en su corte y en sus vasallos un sello tal de virtud, que por mucho tiempo se vio el vicio desterrado de sus estados, y la piedad cristiana, siguió floreciendo en todas partes con religioso esplendor. Apenas hallaba la justicia crímenes que castigar en ninguna de sus provincias; y en las poblaciones de aquel estado se veían los más admirables ejemplos de todas las virtudes. ¡Oh! ¡Qué fácilmente se lleva a cabo la dificultosa empresa de reformar las costumbres, cuando resplandece por toda la nación la virtud y cristiana vida de sus gobernantes! Pero si éstos son la piedra de público y universal escándalo, ¡qué ha de ser todo el reino, sino un lago de vicios y maldades! 

Oración: 

Señor Dios, que trasladaste a tu confesor, el bienaventurado Amadeo, del principado de la tierra al celestial reino de la gloria, te suplicamos nos concedas, que por sus merecimientos y su ejemplo, usemos de los bienes temporales, de suerte que no perdamos los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.



Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

lunes, 28 de marzo de 2016

San Guntrano, rey y confesor (28 de marzo)



San Guntrano, rey y confesor

(† 593.)

Fue el piadosísimo rey san Guntrano hijo de Clotario, rey de Francia, y nieto de Clodoveo I y de santa Clotilde.  Como era hijo segundo, a la muerte de su padre heredó los reinos de Orleans y de Borgoña; lo cual fue ocasión de muchas guerras con sus hermanos Cariberto y Sigeberto: Y si al principio de su reinado traspasó los límites de la humanidad, tratando con excesivo rigor a sus enemigos, cosa harto frecuente en aquellos tiempos, también es verdad que hizo rigurosa penitencia todo el tiempo de su vida, procurando de alcanzar como David la divina misericordia con muchos ayunos, grandes asperezas y limosnas. Puso debajo de su protección a los hijos de sus hermanos, colmándoles de beneficios, y jamás se sirvió de los felices sucesos de sus victorias para su propia medra y engrandecimiento, sino para el bien universal de sus vasallos. Y como era príncipe muy cristiano y santo, y sus leyes eran justas y humanas, florecía su reino con gran abundancia y prosperidad, así en tiempo de paz como en tiempo de guerra. Dio severísimas ordenanzas, encaminadas a reprimir la crueldad y bárbara fiereza que usaban los soldados con los enemigos vencidos, y puso a raya su desenfrenada licencia. Y aunque su amor a la justicia le inclinaba a castigar con el debido rigor los crímenes, no puede creerse con cuánta facilidad y suavidad perdonaba las injurias cuando se hacían a su misma persona, porque habiendo en cierta ocasión atentado contra su vida dos desaforados asesinos, mandó el rey que a uno le encerrasen en la cárcel, y perdonasen al otro por haberse refugiado en lugar sagrado. Honraba el santo príncipe a los obispos y prelados de la Iglesia de Jesucristo, con reverencia y amor filial, les consultaba sus dudas y les pedía su parecer. Edificó muchos templos y monasterios, y aunque era padre de todos sus vasallos, lo fue singularmente de los pobres, llegando en un tiempo de hambre a agotar con real magnificencia su tesoro, y procurando de aplacar con ayunos y pública penitencia la ira de Dios, que, como decía el santo, por sus pecados azotaba a sus pueblos. Finalmente, lleno de méritos y virtudes, descansó en la paz del Señor, con gran luto y sentimiento de todo su reino, y Dios ilustró el sepulcro de tan santo rey con muchos prodigios que le ganaron la universal veneración.


Reflexión: 

No existe estado o condición  en que el hombre no pueda santificarse, si quiere. La gracia vence todos los obstáculos, ayudada de la cooperación humana. No es un pobre artesano, o un pobre labriego el que hoy presenta ante tu  consideración la Iglesia: es un rey poderoso y un rey que experimentó allá cuando joven la fuerza de las pasiones. No fue tan misericordioso como debió ser; vejó a sus vasallos más de lo justo. Pero  fue fiel al llamamiento de la gracia, y los que le vieron castigar con exceso de severidad los crímenes, lo vieron también hacer espantosa penitencia, y hoy le veneramos en los altares. ¿Te ves combatido? ¿Sientes en tu interior la fuerza de la pasión? ¿Por qué no escuchas también  la voz de la gracia que te llama a la pelea, y te dice que no desmayes? ¿Encontrarás para ser bueno más obstáculos que  este santo? No vives entre la pompa cortesana. No te estorban halagos de poderosos para ver la verdad, y vista, seguirla resueltamente.  Quizás tu misma condición te facilita el ser virtuoso. Pero aunque fueras príncipe o monarca, ¿tendrías excusa ante tal dechado para no emprender una vida perfecta?


Oración: 

Oye, Señor, las súplicas que  hacemos en la solemnidad de tu bienaventurado confesor Guntrano, para que  los que no confiamos en nuestra virtud,  seamos ayudados por las oraciones de  aquel que fue de tu agrado. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


Fuente: Flos Sanctorum, P. Francisco de Paula Morell, 1890

domingo, 25 de enero de 2015

Impresionante: HECHOS 15 prueba el Papado



Impresionante; HECHOS 15 prueba el Papado


La Misericordia Infinita de Dios; la Intercesión insistente y dulcísima de Nuestra Santísima Madre; derraman nuevas luces sobre la doctrina eterna e inmutable de su Santa Iglesia. En este caso, a través del apostolado del Monasterio de la Sagrada Familia.

En este extraordinario e inédito trabajo del Hno. Pedro Dimond; pueden verificarse los paralelismos bíblicos entre Hechos 15 y 1 Crónicas 28 que prueban infaliblemente la Autoridad necesaria, divina y sucesoria de Pedro (Piedra) como Príncipe de los Apóstoles.

Ver el Video en Español:





FUENTE: vaticanocatolico.com

Texto del Video: Aquí



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