Existe el cine bélico –o antibélico-, que describe con más o menos distanciamiento el fragor de una batalla, y, por otro lado, un subgénero mucho menos imparcial, claramente partidista y adoctrinador, que es el cine propagandista. Es el que utilizaban con descaro los regímenes totalitaristas pero también es el que siguen empleando de manera más sibilina las pequeñas, medianas y grandes potencias para justificar sus intervenciones militares. Es muy fácil de identificar. En su planteamiento sólo existen dos bandos, el de los buenos frente a los malvados. Sin excepciones ni medias tintas . Clint Eastwood se ha convertido paradójicamente en el vivo ejemplo de estas dos maneras diametralmente opuestas de representar la guerra en el cine. Hace nueve años, Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima formaban un magnífico díptico en el que cada uno de los dos bandos de una batalla de la segunda contienda mundial tenía su propia voz. Un ejercicio admirable de empatía y a la vez ...
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