Gritos de júbilo en una de las sesiones más participativas del Festival de Sitges. La euforia y los aplausos no son por un beso de tornillo en pantalla entre los dos protagonistas, no. La reacción enfervorizada y totalmente espontánea del público se debe a una de las escenas más gore de Secuestrados , cuando Manuela Vellés se desahoga bien a gusto con uno de sus raptores. Es lo que tiene un certamen de estas características, que los frikis acuden (acudimos) en busca de sangre. Y Miguel Ángel Vivas nos la sirve en bandeja y ración doble. Porque si algo tiene su última película es violencia hiperrealista a raudales . El secuestro de una familia de ricachones en su nueva mansión a cargo de una banda de albaneses se vive desde la butaca con la máxima tensión, con la incomodidad que suponen las reacciones en caliente y los gritos de histeria como telón de fondo. Secuestrados no lograría su principal objetivo, incomodar, si no fuera por la excelente tarea de casting. No es nada fácil poners...
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