Si hace una semana hubiésemos realizado una encuesta sobre cuál es su director favorito entre los miles de seguidores del Sónar que bailoteaban a plena luz del día, seguro que Wes Anderson aparecería en la mayoría de preferencias. Wes Anderson es cool , es vintage , es guay . Es lo más. Al cine de este enigmático director le ocurre lo mismo que a la música alternativa y etérea que se danza en el festival de Barcelona, unos pocos la disfrutan y unos cuantos, los que más, fingen entenderla. Wes Anderson, como el Sónar, como las tiendas de ropa de segunda mano, es parada obligatoria para todo moderno que se precie. Pero de la misma manera que muchos no perciben que las gafas de pasta o el corte de pelo retro no están hechos para todo el mundo, los fanáticos de la moda actual insisten en negarle pegas a la tendencia. Cada edición del Sónar siempre será mejor que la anterior y cada filme del tejano superará en estrellas a su predecesor. No hay objeciones. El seguidismo es incondicio...
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