Lo decía Ana Torroja. Hawai y Bombay son dos paraísos. Bien mirados, sin embargo, ni el uno ni el otro se acercan al ideal de un lugar de ensueño. Lo advierte el personaje de George Clooney al inicio de Los descendientes , un aviso para navegantes de lo que será el filme, que nos muestra una historia cruda, más bien agridulce, en un entorno tan ansiado turísticamente como Hawai. Aquí no nos esperan esbeltas mujeres con collares de flores sino una esposa postrada en la cama de un hospital con un coma profundo . A su alrededor, la familia, su marido, tratan de asimilar los peores presagios y redefinir sus relaciones en un nuevo hogar sin figura materna. Desde luego, una situación bien lejana al paraíso. Clooney y Los descendientes son otro Hawai, otra expectativa frustrada. Como si de un folleto de agencia de viajes se tratara, nos vendieron la última cinta de Alexander Payne como la película del año, como la mezcla perfecta de comedia y drama en la que George se desnuda como nunca . Un...
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