Tarde o temprano tenía que ocurrir. Stephen Daldry llevaba encadenando desde su debut tras las cámaras una obra maestra detrás de otra, desde la inolvidable Billy Elliot hasta su película menos conocida pero más redonda ( El lector ), pasando por ese cruce de caminos brillante entre Nicole Kidman, Meryl Streep y Julianne Moore en Las horas . Tres películas que han convertido al inglés en todo un experto maniobrando material sensible . Parecía un aval suficiente para abordar un tema tan delicado y espinoso como el 11S, pero al parecer su arriesgada apuesta le ha terminado explotando en las manos y la buena racha del director, tras esta Tan fuerte, tan cerca , está ahora en entredicho. Que levante la mano el crítico que no haya calificado el último filme de Daldry como lacrimógeno. Ya sabemos cómo funciona el efecto arrastre en el colectivo intelectual. Parece imposible escabullirse de la corriente sin ver mermada la reputación de uno. Si a veces conviene seguir la senda de las alaba...
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