Hasta la presentadora Ellen DeGeneres lo tenía asumido. O aquella era la noche de 12 años de esclavitud o sobre la Academia de Hollywood pesarían las más sanguinarias denuncias de racismo . Esa es al menos la mentalidad de los votantes de una ceremonia que en principio debería premiar al mejor del cine del año pero que siempre termina rendida ante las apariencias. Porque al igual que la alfombra roja es un escaparate de moda, joyería y complementos quirúrgicos, los galardones son casi siempre la plasmación de una conciencia colectiva plagada de remordimientos. Pero el gran riesgo de la diplomacia es que, mal gestionada, puede producir el efecto contrario, que ninguna de las partes quede plenamente satisfecha. Y eso es precisamente lo que debería haber producido la repentina victoria de 12 años de esclavitud en detrimento de la vencedora moral de la noche, una Gravity que pasa directamente a engrosar esa larga lista de filmes de ciencia ficción ignorados por los Oscars de H...
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