Las mujeres son las reinas del drama en el cine. Extrovertidas, emocionales e impulsivas, son mucho más agradecidas en pantalla que los hombres, siempre forzados por genética y convicción a ocultar más sus sentimientos. De ahí que orientar una carrera cinematográfica hacia las relaciones de afecto masculinas, siempre más cohibidas, más introvertidas, menos visuales, sea toda una hazaña, la que inició Cesc Gay con Una pistola en cada mano y se afianza ahora con Truman . En esta ocasión, es la actitud frente a la enfermedad y la muerte la que sirve como punto de partida para adentrarnos en esa mentalidad del hombre tan poco explorada cinematográficamente , como si el hombre sólo existiera en pantalla para reforzar su rasgo más superficial, el de la impetuosidad. De ahí que la presencia de dos hombres tan poco susceptibles de desprender poca hombría como Ricardo Darín y Javier Cámara sea tan importante. Demuestra que ellos, nosotros, a nuestra manera, también somos capaces de querern...
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