A las mujeres, desde pequeñas, nos crían con las imágenes de los cuentos de hadas: "el príncipe azul salvó a su amada y se casaron"; "el caballero con armadura, luego de sortear mil peligros, bajó de su caballo, besó a su enamorada y ya nada pudo separarlos". La promesa de amor eterno de la famosa frase "y vivieron juntos para siempre" era una de las que más nos gustaban de los cuentos infantiles.
Con el correr del tiempo, al crecer, muchas mujeres siguieron creyendo que estas narraciones eran verídicas y que el príncipe encantado realmente aparecería para hacerlas felices, completarlas, cambiarles mágicamente la vida y amarlas para el resto de sus vidas. Pero un día se dieron cuenta que el príncipe azul destiñe. Que los caballeros de la mesa redonda de Camelot y sus brillantes armaduras y espadas quedaron en la época medieval. Que las promesas de amor y de felicidad, si no se sustentan con hechos, son sólo palabras que provocan dolor.
Pienso que muchas mujeres que aún están solas o han tenido varias relaciones fallidas en su vida siguen esperando la carroza que traerá a su príncipe amado casi ideal, para cambiarles la existencia definitivamente. Otras suponen que si sus parejas las hacen sufrir, un día se levantarán, darán vuelta la hoja de ese cuento y, en cuestión de segundos, sus besos y su amor finalmente transformarán al sapo en príncipe.
¿Quieres un cambio mágico? Pues propícialo tú, no esperes que alguien lo traiga de afuera... desde hoy, separa lo real de lo ideal. En vez de imaginar que un hombre concuerda exactamente con la descripción de tu libro preferido de cuando eras niña, conócelo, con el tiempo. Dile no a los espejismos. Hay hombres de carne y hueso, con virtudes y defectos.
Queribles, compañeros, que quieren compartir la vida en pareja y pueden hacerte feliz... si dejas las historias del príncipe encantado en el lugar que les corresponde, en tu niñez, y te abres al amor con madurez y esperanza.