Yo era el dueño del Iberllota de Zafra (establecimiento donde se venden jamones, embutidos... como su nombre indica). Y allí estaba con mi mandil, conversando amigablemente con una punta de jamón mientras en la calle se amontonaban sobre los adoquines unos hermosos copos de lomo ibérico (que tenían un aspecto brutal). Cuando de repente, Kim Jong Il desde los mandos de un caza me pedía un kilo de chuletillas de lechazo. Se las di y despegó sin pagar, pero quién le hubiera dicho (después de haber visto Team América): oye Kim vete soltando la gallina.
Lo cierto es que salvo por el escándalo del avión y el disgusto de perder un kilo de chuletillas se respiraba una calma maravillosa entre las paredes húmedas de ese mundo ibérico paralelo hasta que mi madre (que oportuna) me despertó para que fuese a colocar los platos.
Quizá aún no sea tarde para llamar a Fernando Colina.
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