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lunes, 20 de agosto de 2007

Elena y la poesía


Elena Medel es para mí una de las peores poetas que he leído nunca (y no sólo me refiero al sexo femenino). La lectura de su poemario Mi primer bikini me produjo un shock del que creo no haberme recuperado; lo que no le impide aparecer hoy en la contraportada de El País acompañada ni más ni menos que por el último premio Cervantes, Antonio Gamoneda (el mejor poeta que pisa la tierra), y recuerdo haberla visto en el mismo lugar de este periódico en otra ocasión.
El otro día nos pregúntabamos en Béjar, junto a Luis Felipe Comendador, qué es la poesía. Ahora, mientras escribo estas líneas, pienso en esa cuestión y creo que no hay poesía en sus versos, creo que hay más densidad e indicio en los blancos de sus poemas, que en lo que escribe en ellos, creo que es esa blancura la que la contiene, creo que su poesía es floja, perecedera. Sus matrículas en filología hispánica, el conocimiento a fondo del lenguaje o la lectura de los grandes no revelan el misterio de la literatura, como tampoco le ha sido revelado a Garci, el del cine, ya que a pesar de ser el mayor cinéfilo del mundo sus películas no se las come ni magú (excepto El Abuelo y Ninette por la "espectacular interpretación" de Elsa Pataky).
Menos mal que hay otros poetas como: Joaquín Pérez Azaústre, Fermín Herrero, Manuel Moya, Diego Fernández Magdaleno, Luis Felipe Comendador, Antonio Gómez, Miguel Casado, Esperanza Ortega, Belén Artuñedo... que nos hacen disfrutar de la literatura.
A pesar de todo, no tengo nada en contra de Elena, que escriba o no me importa un bledo, simplemente me sorprende verla en El País, al lado de Antonio Gamoneda.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Carpe diem


He vuelto a leer "Carpe diem", un relato que mi hermano Pablo publicó en en Los cuadernos del sornabique, revista del fantástico escritor y editor Luis Felipe Comendador en la que escriben, además de Pablo, Miguel Casado, Manuel Moya, Jorge Riechmann,Antonio Carvajal o el mismo Luis Felipe Comendador.

El relato nos traslada a la Praga de Gregorio Samsa, (el metamorfoseado personaje de Kafka) más concretamente a su entierro, al que llega el detective Elías en busca de ese delincuente que se hace quimera con el tiempo, ese que le hará alcanzar la gloria, coronarse (como dicen Los hombres de Paco) aunque ese camino le cueste demasiado.

Cuando leo "Carpe diem" de mi hermano Pablo o cualquiera de los libros o ensayos de mi hermano Diego, no escucho mi voz sino la suya en mi cabeza, como si ellos estuvieran allí en el papel, unidos a la tinta que forman sus escritos, dispuestos siempre a contarme esas historias como si fuera un cuento improvisado en la vigilia de alguna noche interminable.