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9/12/11

Los demonios familiares


Si fue pura casualidad toparnos allí con la exposición de los Desastres de la guerra de Goya, nada menos casual que haber llegado a Ciudad Rodrigo. Teníamos buenas razones; más que buenas, razones bestiales.



Esther nos había hablado de la iconografía del claustro de la catedral y nos puso los dientes largos. Cabe añadir que la curiosidad era proporcional a la sorpresa; la de Ciudad Rodrigo no es precisamente de las catedrales imprescindibles, pero su claustro deberíamos incluirlo entre los secretos golosos del arte medieval.



En realidad, todo hay que decirlo, sólo tuvimos ojos para el claustro y aquel soberbio bestiario, un maravilloso catálogo de zoología fantástica. Y tanto o más que los capiteles nos cautivaron las figuras de las basas.

     

La escala de las imágenes pueden engañar sobre su tamaño real: miden veinte centímetros, como máximo; la mayoría son aún más pequeñas.



A través de la viva expresión de estos seres nos mira, siglos mediante, el artista anónimo que los esculpió; compartimos la misma gramática de la fantasía, aunque vivamos de forma diversa el imaginario que destilan.



En algunos mapas medievales, los cartógrafos pintaban al borde de lo desconocido, más allá de Mar Océana, sierpes o dragones, con el aquel de más allá hay monstruos.


O en portugués, como cuenta Xuan Bello en Los cuarteles de la memoria de un mapa del siglo XIV que vio en el Museo Marítimo de Belem en Lisboa con el mensaje daquí em diante só há dragôes.


En la colección de la Biblioteca Pública de Nueva York se conserva el conocido como Globo Lenox, que data de principios del siglo XVI, donde más allá de la costa oriental de Asia una leyenda reza en latín hic sunt dracones. Aquí hay dragones.


Aquellos cartógrafos precolombinos conjuraban los temores a propósito de la terra incognita con los monstruos de los bestiarios románicos y góticos (al fin y al cabo, si más allá había dragones, podían encomendarse a San Jorge), exorcizaban lo nunca visto con las visiones que enhebraban el mundo doméstico con el trasmundo, y se cobijaban de lo extraño (y radicalmente Otro)-los nuevos mundos por ver- con los demonios familiares.

25/11/11

Miguitas en el bosque




El origen no está detrás, sino delante de nosotros.
(Heidegger)


La belleza nunca se cansa de acompañarnos, de salvarnos.
(Vladimir Makanin)


Lo inmortal nace todos los días.
(Félix de Azúa)


Cuando te mueves en los lugares adecuados, en el tiempo adecuado, en la luz adecuada, el mundo, todavía, se convierte en cuento.
(Peter Handke)


La completa oscuridad de la noche oscura es el único amanecer que puede conocer el alma.
(Juan de Yepes)


La infancia, ya se sabe, es sobre todo trabajo de ficción.
(Xuan Bello)


Cae o cayó. La lluvia es una cosa / que sin duda sucede en el pasado.
(Borges)


Con una voz muy fuerte en la garganta está uno casi incapacitado para pensar cosas delicadas.
(Nietzsche)


Lo que amo del cine es la saturación de signos magníficos que se bañan en la luz de su ausencia de explicación.
(Manoel de Oliveira)


Todos los escritores y artistas, por mucho que vivan, dicen únicamente una y la misma cosa.
(Dino Buzzati)


Cuando veo en la plaza a mi amor / y no me hace caso / me parece que soy un extranjero / que llegara del lejano país de Punt.
(Versos egipcios traducidos por Ezra Pound)


Cuando te quieren, siempre es primavera.
(Jean Gabin)


(La fotografía es obra de Ansel Adams.)