UN SITIO PARA AMANTES DE LOS COMICS

Mostrando entradas con la etiqueta Daredevil born again. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Daredevil born again. Mostrar todas las entradas

sábado, 7 de julio de 2012

La ascensión y caída de Frank Miller. Born Again


A raiz de comprar el libro David Mazzucchelli's Daredevil, Born Again. Artist's Edition he estado repasando sus páginas comparándolas con la edición Daredevil, Born Again de Forum de 1991 bastante fiel al comic book original. Es un ejercicio estético, artístico, de disfrute del arte de David Mazzucchelli pero inevitablemente acabo leyendo algunas secuencias de la historia atrapado por la profundidad del guión.


La última vez que me ha pasado ha sido con el brevísimo pasaje en que Melvin Potter - antiguo criminal rehabilitado gracias a Matt Murdock y propietario de una tienda de vestuario profesional - se debate entre confeccionar un traje de Daredevil a unos mafiosos que le han amenazado con quemarle su negocio si no se lo entrega o negarse a hacerlo porque sabe que este traje se utilizará con fines criminales. Su duda es angustiosa porque siente que ha de traicionar no sólo a la persona que admira sino también a la esencia de un mito que ha contribuido a mejorar su ciudad, su barrio, su vida. Pero la tienda también es su vida...


A contraluz el vigilante le saca de dudas.
- Haz el traje Melvin, nadie resultará herido.
Reconfortado Potter le responde:
- Un placer oir su voz, Daredevil.
Y es que todo el mundo creía que Matt Murdock había desaparecido.


Ésta es la esencia de Daredevil; su caracter solidario y al mismo tiempo mesiánico, espiritual y rabiosamente pegado a la realidad, religioso y laico a la vez. Nadie lo entendió mejor que Frank Miller con todos sus matices, con todas sus ambigüedades, con una gran humanidad sin maniqueismos ni dogmatismos con todos los grises de la vida. Por eso emociona, por eso uno no puede dejar de leerlo, por eso cuando Kingpin se lamenta de que su plan tan majestuosamente trazado ha fallado y:
- No hay cadaver, no hay cadaver. No hay cadaver. 
Uno no puede evitar sentir un escalofrío.


Al leerlo el lector no comparte la maldad del poderoso criminal pero entiende de forma diáfana sus motivaciones, asiste como espectador privilegiado a sus pensamientos que son humanos, malvados pero reales, de una forma que no se identifica con ellos pero los capta. Lejos del maniqueismo pero lejos también de la simpatía en este punto medio tan sutil que el propio Alan Moore se lamentaba que no lo había encontrado en el caso de Rorschach que  había acabado erigiendose en el auténtico "héroe" de Watchmen.



Por todo esto uno o puede más que lamentar el terrible momento artístico que está atravesando este gran autor norteamericano. Desde hace más de diez años no da pie con bola encadenando proyectos fallidos como los últimos álbumes de Sin City o 300, con tramposas revisiones como The Dark Knight strikes again a auténticas bazofias como Holy Terror.
Como Melvin Potter uno no puede sino desear volver a oir la voz del Miller auténtico, del escritor contudente pero humano, del guionista seco y lleno de matices, del autor polémico pero genial. Desgraciadamente esto es la vida real y para que esto suceda Miller tendría que volver a nacer. Mientras tanto nos consolaremos revisando una vez más obras como Born Again y descubriendo en ella nuevos motivos para la emoción.


Por cierto, a la vista de los originales escaneados es sorprendente la calidad del arte tan rabiosamente clásico y experimental de David Mazzucchelli. Personalmente me recuerda al mejor Alberto Breccia de Mort Cinder o Sherlock Time y uno también no puede dejar de lamentarse de que el genio de Providence no se prodigue más en el medio.


Son algunas reflexiones que se me ocurren hojeando el Artist's Edition de Born Again.
Salut!

sábado, 30 de junio de 2012

lunes, 22 de agosto de 2011

Comics de culto (7) Big man.

Big man, obra de David Mazzucchelli, apareció en la revista independiente Rubber blanket #3 el año 1993. Es una historia de 40 páginas en bitono de corte filosófico que narra el breve encontronazo entre los habitantes de un pueblo pequeño situado en un lugar indeterminado y un gigante extranjero al que llamarán Big man.



David Mazzucchelli se había retirado prematuramente del mainstream tebeístico norteamericano después de firmar dos obras maestras con guión de Frank Miller - Daredevil, born again y Batman, año uno - y varias obras interesantes como Claroscuro en Marvel Fanfare #40 esta vez con guión de Ann Nocenti.

En su revista autoeditada, Rubber blanket, Mazzucchelli experimentó con el medio buscando nuevos horizontes temáticos y narrativos encontrando con Big man su piedra filosofal.

La relación entre el gigante y los habitantes del pueblo pasa del temor inicial a la curiosidad, colaboración y respeto hasta que la intervención de la autoridad rompe con este acercamiento entre el visitante y los nativos. Un esquema argumental que recuerda a las películas de extraterrestres de los 70, ahora muy de moda. Sin embargo el verdadero interés de Big man radica en el espectáculo narrativo que el autor despliega en su relato.


A su historia no le sobra nada ni tampoco le falta ningún detalle. Los silencios, las pausas, las páginas mudas explican tanto como los discursos existenciales del final. Un hombre mirando un árbol, símbolo de la colaboración entre iguales es tan conmovedor como el gesto final de Rebecca, la niña amiga del gigante, gesto que es imposible ver sin que afloren las lágrimas.


Más tarde vendrán obras más ambiciosas y también más pretenciosas como La ciudad de cristal con guión de Paul Karasik sobre un texto de Paul Auster y sobre todo Asterios Polyp tan hermosa de forma como fría de corazón. Big man en cambio es cálida, emocionante y sencilla, es una obra de culto que desgraciadamente sólo está editada de forma casi artesanal por la editorial El Wendigo. No estaría mal una reedición para un público más amplio; esto sí en un tamaño adecuado - la francesa que es la que tengo junto al #3 de Rubber Blanket es de un diseño parecido a lo que hizo Astiberri con Lupus, para entendernos - no vaya a ser que Big man se nos quede demasiado pequeño.