Y con esta entrada termino la serie dedicada a la Comarca de las Cinco Villas, cuya importancia artística e histórica está fuera de toda duda, pese a lo que sigue siendo una gran desconocida. Quizás poner en valor, que se dice ahora, nuestro patrimonio cultural sea una de las asignaturas pendientes que tenemos por delante.
Seguimos en Sádaba para admirar la Iglesia de Santa María, de estilo gótico. Destaca la imagen del Cristo Marinero, que recibe su nombre de la leyenda que dice que fue traído por un sadabés desde el océano Atlántico a principio del XVI. También destaca y mucho la portada principal, organizada mediante arquivoltas apuntadas bajo relieves de tipo flamígero, así como su esbelta torre adornada con arbotantes y pináculos.
Pasamos a Ejea de los Caballeros y nos detenemos, cómo no, en la Iglesia de San Salvador, cuya bóveda de cañón apuntado y ábside poligonal demuestran su carácter de templo románico de transición al gótico.
Imprescindible "perder" un buen rato contemplando su extraordinario retablo mayor del siglo XV, un auténtico tesoro oculto durante 300 años bajo una capa de pintura barroca. Se trata de una joya gótica de las más admirables que se pueden contemplar.
Detalle de la Iglesia de la Virgen de la Oliva, también en Ejea.
Y terminamos nuestro recorrido dando una vuelta por la localidad de Tauste, donde destaca la Iglesia, también llamada de Santa María, y sobre todo su imponente Torre Mudéjar, algo inusual en toda la comarca debido, como ya expliqué, al repliegue de los musulmanes hacia el Valle del Ebro a consecuencia de la frontera defensiva que se desplegó por estas tierras para frenar sus posibles contraataques.