Partiendo de Gormaz y atravesando Berlanga, tomamos dirección a Sigüenza y a unos ocho kilómetros encontramos un breve desvío que conduce a la ermita de San Baudelio, situada en medio de un paisaje estepario desolador. Al contemplar sus escuetas dimensiones y su elemental aspecto exterior, cualquiera puede pensar que no ha valido la pena el esfuerzo para llegar a este lugar, a no ser que haya sido advertido de la maravilla que encontrará en su interior y sobre todo de la que adivinará que acogió en otro tiempo.
Según la tradición, una primitiva gruta habría servido de morada a algún eremita, para dar paso tiempo más tarde a un pequeño monasterio en memoria de San Baudelio, mártir galorromano del siglo IV.
Situada entre las dos Castillas, desde el momento de su construcción en el siglo XI, la ermita fue punto de encuentro y mestizaje de las dos culturas que compartieron entonces estas tierras
Extraordinaria la presencia del dromedario, y sobre todo de la palmera protectora, que según la leyenda unió a los jóvenes Ismael y Omar, cristiano uno y musulmán el otro, en un encuentro solidario en este lugar tan alejado de sus orígenes
Impresiona y sorprende la extraordinaria iconografía que se observa, y sobre todo la que se adivina estuvo plasmada en sus muros, que sirvieron de soporte para expresar las diferentes sensibilidades plásticas de la espiritualidad intercultural de aquélla época.

Con todo, lo que más me impresiona es el escandoloso expolio de los frescos de San Baudelio. La crónica de los hechos comienza en el año 1922 cuando el comerciante de antigüedades León Leví, en colaboración con el coleccionista norteamericano Gabriel Dereppe, compraron por sesenta y cinco mil pesetas los frescos a sus propietarios, ¡¡unos vecinos de Casillas de Berlanga!! Después de un largo litigio, finalmente una sentencia del Tribunal Supremo de 1925 autorizaba a los compradores a disponer de los frescos al no haber tenido titularidad pública. Las pinturas salieron hacia América en 1926, y se distribuyeron entre los Museos de Bellas Artes de Boston, de los Claustros de Nueva York, Cincinnati e Indianápolis, en que permanecen la mayor parte. Solo unas pocas muestras pueden contemplarse actualmente en el Museo del Prado de Madrid por intercambio con la iglesia románica de San Martín de Fuentidueña (Segovia).

Fuente: San Baudelio de Berlanga, Guía y Complementarios. Necodisne Ediciones. Autor: Agustín Escolano Benito, catedrático de la Universidad de Valladolid.