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miércoles, 29 de abril de 2026

La reina de la montaña


Por Víctor Pavic Lundberg

Novela policial

Motus. 516 páginas


El policial nórdico es, posiblemente, la subespecie literaria que más se ha adocenado en el siglo XXI. Abundan los periodistas que buscan fortuna y dejar huella con una novela. Así, proliferan en Escandinavia productos que, al resignar originalidad, discernimiento, intensidad expresiva y profundidad psicológica -cuatro elementos que conforman la potencia estética de una obra-, se degradan hasta la categoría de literatura de supermercado. La industria editorial inflige este deterioro al resto del mundo.

Un caso paradigmático de esta suerte de entropía es La reina de la montaña, de Victor Pavic Lundberg (1987), editor del diario Aftonbladet y productor televisivo. La tapa nos informa que el autor ganó en Suecia el Premio Crime Time a la mejor ópera prima en 2022.

Ha escrito Lundberg una trilogía con los periodistas Loa Bergman y Danijela Mirkovic como protagonistas. El último tomo ostenta algunas virtudes. La prosa es altamente legible, lleva al lector a variados escenarios, plantea tres misterios y una reflexión sobre la degradación del periodismo tradicional. Ya no se trata de mejorar al mundo o transmitir cultura; el éxito se mide ahora en cantidad de clics.

El núcleo incandescente es un secreto de los años ochenta que involucra a la popular ministra de Relaciones Exteriores de Suecia. Si sale a la luz, frustrará su ascenso al timón del Estado; todo indica que será la próxima primera ministra.

Loa Bergman viaja a Chicago para seguir los pasos de la funcionaria cuando era una adolescente. Danijela Mirkovic es víctima de una extorsión y debe volver a su Bosnia natal, pero -¡oh casualidad- frente a la costa de Istria vuelan en pedazos a la hermana de la ministra y su jefe en el diario le encarga investigar en Croacia. Una tercera línea narrativa explora una supuesta injusticia que se cometió contra un diplomático sueco, acusado de venderse al espionaje ruso en los noventa. Naturalmente, todo está relacionado con todo.

De esta manera, la investigación y el paciente método deductivo corren por cuenta de periodistas vulgares y corrientes. Aquí, no hay un cínico detective, con réplicas verbales como aguijones, aficionado a la ironía, el alcohol y las mujeres fatales, buscando pistas en antros que llamaríamos de perdición si los parroquianos no estuvieran ya completamente perdidos.

Hay en el Nordic Noir descafeinado, en cambio, gente normal, políticamente correcta, indagando en Internet y en una red social llamada Flashback, tratando de desenterrar el pasado en colecciones de diarios; y practicando el insustituible y agresivo trabajo callejero. Más bien, Lundberg retrata a los policías como torpes o corrompidos, en general.

En conclusión, esta obra podría recomendarse a ese tipo de lector que gusta del armado de rompecabezas y no desea que lo pongan a prueba con densidades temáticas y estilísticas.

Guillermo Belcore

Calificación: Regular

viernes, 5 de mayo de 2023

La secta

 


Hace setenta años, Jorge Luis Borges reflexionaba en las páginas de Sur sobre una rareza de la historia universal. “Destino escandinavo” era el título de aquél texto sublime (1) que expresa su perplejidad por el hecho de que las dilatadas empresas y los libros pioneros que produjeron los pueblos del norte de Europa son "como si no hubieran sido, todo queda aislado y sin rastro, como si pasara en un sueño o en esas bolas de cristal que miran los videntes. En el siglo XII, los islandeses descubren la novela, el arte del normando Flaubert, y ese descubrimiento es tan secreto y tan estéril, para la economía del mundo, como el descubrimiento de América", bajo Leif Eriksson. ¡Ah!, y un sueco, Rurik, fundó el reino de Rusia; la capital antes de llamarse Novgórod, se llamó Holmgard.


Es probable que el boom de la novela policial nórdica sufra el mismo destino de irrelevancia histórica. ¿Alguien recordará a Hennig Mankell o a Assa Larsson en 2073? ¿Las próximas generaciones seguirán leyendo al matrimonio Sjöwall-Wahlöö?


De hecho, hay indicios de que el globo se está desinflando. Aquél loable propósito de refrescar el género con textos de calidad y color local parece haber degenerado en mero pasatiempo, con todos los vicios de la literatura pochoclera.


Ejemplo cabal de esa pendiente es la segunda entrega del dúo sueco Camilla Läckberg (48 años) y Henrik Fexeus (51 años). Una economista metida a escritora de tramas policiales (con un espectacular éxito de ventas) se asoció con un mediático "maestro mentalista".


Fruto del joint venture es la ambiciosa novela La secta (Planeta, 746 páginas), recién publicada en español, que cumple sobradamente con la noble función de entretener, tan demandada en la sociedad de masas. Debe advertirse, no obstante, que se encuentra a la misma distancia de la Alta Literatura de la que separa las canciones de cancha de la música culta.


Los protagonistas de la saga (en principio se trataría de una trilogía) son la detective Mina Dabiri y el mentalista y experto en ciencias del comportamiento Vicent Walder. La agente integra el Departamento de Homicidios de la Policía de Estocolmo, grupo de élite supuestamente, aunque transmiten la idea de ser un hato de incompetentes, al punto que necesitan con desesperación la ayuda de un consultor externo para esclarecer crímenes horribles.


DOS AÑOS DESPUES


Pasaron casi dos años de la anterior aventura de la pareja Dabiri-Walder (2). La investigadora es germanófoba, al estilo caricaturesco de Adrian Monk. El galán es una suerte de enciclopedia parlante; abruma a sus oyentes con un torrente de datos, lo que permite a los autores del libro cumplir con un férreo mandato de la industria del best-seller: siempre le enseñarás algo a tu público. Aquí, estimada lectora, podrá descubrir, por ejemplo, si su cita tiene interés en usted según su lenguaje gestual. O los beneficios para el cuerpo y para el espíritu de una ducha con agua fría.


La historia se despliega en dos direcciones. Por un lado, se investiga una serie de secuestros y asesinatos de niños que han conmocionado a Suecia y son explotados con toda mala fe por un partido de ultraderecha (vaya sociedad, allá los policías son de izquierda). Al mismo tiempo, una secta opera entre las sombras para captar inocentes. El libro pretende ser didáctico, mostrarle al vulgo los mecanismos del lavado de cerebros, pero como la corrupción política y el progresismo chirle bañan todo el conjunto, se llega a la enormidad de comparar a los votantes de Donald Trump con los acólitos de Jim Jones. Naturalmente, los malos de la película tienen cabello rubio y ojos celestes.


Una tercera línea temática es la cuestión de la paternidad en la sociedad postmoderna. De hecho, las cuestiones familiares -tratadas no sin cursilería- engordan el mamotreto y nos distraen de su principal activo: la paciente investigación policial. A pesar de la prosa plana, los personajes de cartón pintado, los diálogos insípidos, uno quiere seguir leyendo para descubrir quién es el responsable del tormento a los párvulos. Menudean los crímenes rituales, cargados de simbolismo oculto, lo que justifica la entrada en escena del bueno de Vicent. ¿Si Dan Brown (qué será de su vida) ganó millones de dólares con sus pastiches místicos, pseudorreligiosos, por qué nosotros no?, puede que se hayan preguntado Läckberg y Fexeus, a quien debemos reconocerles que se toman su tiempo para narrar, como corresponde al arte de la novela.


El problema básico con esta clase de libros -al menos para quienes buscamos una mínima densidad estilística- es que dan una sensación de manufactura en serie, un artificio diseñado para agradar, instruir, generar interés, pero al que se le ven siempre las costuras. Para peor, la pintura del fuselaje es burda y los detalles son de plástico.


Días atrás, el sello editorial organizó una videoconferencia de los autores con periodistas de la hispanósfera. Por la Argentina, estuvo presente la agencia estatal Télam. En su crónica, Carlos Aletto refiere que un colega le preguntó a Camilla Läckberg si piensa en el Premio Nobel. No se ría. De los mandarines de la Academia Sueca puede esperarse cualquier cosa. Esa chusma ignoró a Borges.

Guillermo Belcore


Calificación: regular


(1) Borges en Sur. Emecé. Edición 1999.


(2) https://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2022/06/el-mentalista.html

domingo, 26 de junio de 2022

El mentalista


Con un éxito rotundo, la industria editorial ha desarrollado una manufactura ligera que comúnmente se denomina best-seller, pues son los libros que más se venden. Apunta a satisfacer las demandas de esa gran porción del público que abomina de las densidades temáticas y estilísticas, cuyo gusto se ve saciado, por lo general, con una intriga más o menos bien narrada, y si se adereza con melodramas, mejor. El crítico Sergio Crivelli la llama "literatura de supermercado", pues se trataba de su principal canal de venta en el Primer Mundo hasta la llegada del comercio electrónico. Esta columna propone el símil del cinematógrafo: literatura pochoclera.


Desde 2003, cuando entregó a la imprenta La princesa del hielo, la economista Camilla Läckberg (Fjällbacka,, Suecia, 1974) ha prosperado en las estériles mesetas de la literatura pochoclera. Algún ingenioso del marketing, amante de las hiérboles, la ha bautizado como "la reina del policial nórdico", esa cuerda que se ha estirado demasiado desde que Henning Mankell parió al inspector Wallander. 


La señora Läckberg, no obstante, merece respeto. Vendió más de treinta millones de copias en setenta países, y hasta tiene su propia marca de vino. Ahora se ha asociado con el mentalista Henrik Fexeus (Orebro, 1971) para forjar una nueva saga de novela negra: Vincent y Mina. Literatura en colaboración; que Jorge Luis Borges y Bioy Casares los absuelvan en el Parnaso. La primera entrega ha llegado a la Argentina: El mentalista (Planeta, 715 páginas). ¡Cien mil ejemplares la primera edición para la hispanósfera!


EL ESCUADRON SUECO


Mina Dabiri integra en Estocolmo un grupo de elite que se dedica a lidiar con los peores criminales, dirigido por la hija del jefe de Policía. En el escuadrón, por desgracia, no se encuentra el detective Robert Goren sino el erotómano Ruben, el amargado Christer, y el pobre Peder que se muere de sueño porque su esposa tuvo trillizas. Trasmiten, por lo general, la idea de mediocridad.


La unidad se encuentra sumida en el desconcierto. En una caja de madera abandonada en un parque público apareció el cadáver de una joven mujer atravesada por espadas. No hay pistas. La oficial Dabiri -germanófoba a lo Adrian Monk- sugiere contratar, en calidad de asesor externo, al famoso mentalista Vincent Walder para indagar en el mundillo del ilusionismo. Pronto descubrirán que se trata de un asesino en serie con un solo modus operandi: las víctimas mueren -con gran sufrimiento- como consecuencia de trucos de ilusionista fallidos.


La investigación del caso policial -obstaculizada por los estrictos protocolos suecos- es lo mejor del libro. Hay algunos giros interesantes y uno avanza hasta el final ansioso por saber quién (y por qué) perpetra tan espantosos homicidios. Todo lo demás es relleno insulso: la vida privada de Vincent; los defectos y los secretos de los policías; un flashback a Kivibille, 1982. Abundan las sensiblerías, las redundancias y la corrección política (los malos son un grupúsculo ultranacionalista y los periodistas). La sonda psicológica que lanzan Läckberg y Fexeus entre sus caracteres explora tan solo en las profundidades de un dedal.


Ambición no le falta a la obra, pero ojo. La literatura pochoclera tiene sus reglas de acero. La trama debe trozarse en capitulitos, no sea que algún otario se pierda. Otro mandamiento industrial: a cada paso el autor deberá enseñarle algo al lector. Si la Wikipedia hablara, lo haría como los personajes de este libro. En la página 164, por ejemplo, nos enteramos que los seres humanos tienen más dificultad para asimilar la información externa cuando se cruzan de brazos. "Los gestos están tan indisolublemente ligados al pensamiento que de forma automática el cerebro se encierra en sí mismo si tenemos los brazos cruzados", escribió probablemente Fexeus, que se presenta como experto en comportamiento gestual.


En la pagina 513, uno de los investigadores, fastidiado por el embrollo increíble del caso, masculla: "Vivimos en el mundo real y no en una novela policíaca barata, en el mundo real las cosas no son tan complicadas".  Los autores aplican aquí el viejo truco de los anillos de Al Koran (Página 590). Censuran el mismo truco que ofrecen. 


Hasta donde sabemos, nadie ha destruido con más inteligencia está apuesta zonza por la inverosimilitud criminal que Raymond Chandler en El simple acto de matar. Recomendamos con toda convicción la lectura de aquel miniensayo de 1950 que postula la necesidad impostergable del realismo en el género policial.

Guillermo Belcore

Publicada hoy en el Suplemento Cultura de La Prensa.


Calificación: Regular

martes, 22 de octubre de 2019

La chica que vivió dos veces

Por David Lagercrantz

Destino. 581 páginas

Solíamos los muchachos de antaño entretenernos con Bomba, el muchacho de la selva, colección escrita por diferentes plumas y popularizada en la Argentina por el legendario sello Robin Hood. A fines de los años setenta, devoraba las peripecias de un joven Tarzán del Amazonas, luchando contra anacondas, jaguares y exploradores envilecidos. Eran libros divertidos, atrapantes, pero hoy sólo podría recomendarlo a personas de no más de dieciséis años. Bueno, lo mismo ocurre con el latido postrero de la saga Millennium, uno de los más exitosos productos de exportación de Suecia.
En este siglo, se vendieron más de cien millones de copias de las aventuras de Lisbeth Salander. La extraordinaria criatura cultiva el punk y es uno de los hackers más eficaces del planeta. Flaca como un palo, puede, además, partir en dos de una patada a un matón de dos metros de alto.
Lisbeth ha surgido de la imaginación del periodista Stieg Larsson, quien, por culpa de un infarto de miocardio en 2004, no logró ver sus tres novelas publicadas y aclamadas en todo el mundo. Sus herederos (hubo una feroz batalla judicial de por medio) consideraron pertinente continuar con el negocio y contrataron a otro periodista, David Lagercrantz (Solna, Suecia, 1952), para componer otra trilogía (1).
 Acaba de aparecer el último volumen. Jura la contratapa que aquí termina la saga Millennium, pero con la industria editorial nunca se sabe. Ya llevamos, por otra parte, cinco adaptaciones al cine (tres producciones suecas, dos de Hollywood).
En este universo de partículas elementales, el segundo gran personaje es Mikael Blomkvist, alter ego de Larsson. Periodista de investigación de la revista independiente Millennium, amigo para siempre (y con derecho a sexo) de la colérica y anarcoide Lisbeth. 
En su última correría, brega para esclarecer la muerte en Estocolmo de un mendigo con rasgos orientales, que está vinculado -de alguna forma- con el ministro de Defensa sueco, un político en ascenso hasta que osó denunciar la intromisión del Kremlin en el reino.
La segunda línea argumental de La chica que vivió dos veces despliega la batalla final entre Salander -que ahora tiene un aspecto mucho más pulcro, los piercings han desaparecido y usa el pelo corto- y su malvada hermana. Es Camilla-Kira una de esas bellezas que cortan el aliento (¿son gemelas o no?), y está vinculada con agentes de inteligencia y mafiosos rusos. Este es un punto importante de la trama.
Si hay algo que puede elogiarse en el libro, en efecto, es que indaga en uno de los submundos más revulsivos de la política internacional: las fábricas de trolls de la Federación Rusa, el brazo clandestino del GRU que con ataques de hackers y campañas de desinformación siembran el caos y potencian el odio. Se ha denunciado su influencia deletérea en elecciones occidentales, siempre de acuerdo a los intereses del zar Vladimir I. Uno de los beneficiados, al parecer, fue Donald Trump.
Como idea general, podría decirse que para un lector más o menos experimentado resulta difícil llegar hasta el final de una novela cuya potencia estética es de menos diez. He aquí otro caso. El libro carece de densidades estéticas, psicológicas y temáticas (con la excepción de los hackers rusos, como se mencionó). Entretiene, a lo sumo. ¿Ya dijimos que la prosa de Lagercrantz es para adolescentes?
Naturalmente, la historia, con su módico suspenso y su acción trepidante del final, no se mueve un milímetro de los andariveles de la corrección política, lo que siempre contribuye a multiplicar el tedio. Lisbeth, quien en su momento quemó vivo a su padre abusador, es una heroína feminista que aquí no duda en torturar con una plancha a un marido que golpea a su esposa.

domingo, 28 de mayo de 2017

Crímenes duplicados

M. Hjorth y H. Rosenfeldt

Planeta. 619 páginas


Alguna vez, Jorge Luis Borges reflexionó sobre el extraño y vano destino de Escandinavia. Llegó a la conclusión de que desde las tropelías de los vikingos por media Europa o la llegada a Norteamérica de Leif Eiriksson cuatro siglos antes de Colón, hasta la invención de la novela en Islandia o la irrupción en Rusia de Carlos XII, las dilatadas empresas de las gentes nórdicas fueron individuales y surcaron como un cometa fugaz por la memoria de la Humanidad. "Para la historia universal, las guerras y los libros escandinavos son como si no hubieran sido, todo queda aislado y sin rastro, como si pasara en un sueño o en esas bolas de cristal que miran los videntes", estableció en la revista Sur nuestro mejor literato. 

Puede que con la novela negra escandinava ocurra lo mismo. Pasará, acaso, sin dejar huella ni abrir nuevos senderos en la jungla editorial y sólo los especialistas del futuro acudirán al subgénero. Es probable que esta burbuja que se infló a principios del siglo XXI -gracias a la divulgación global de notables narradores como Henning Mankell- ya haya reventado. Resulta inevitable pensar esto después de leer el segundo tomo de la Saga Bergman de Michael Hjorth & Hans Rosenfeldt, los creadores de la exitosa miniserie The bridge.

Crímenes duplicados es mejor que la primera entrega, lo cual no significa que la novela sea buena. Es casi buena, en realidad. Sus autores son guionistas televisivos, por lo que manejan bastante bien la intriga, los giros imprevistos, las conexiones entre los personajes, pero nada más. El texto carece de virtudes literarias, no hay profundidad psicológica, ni belleza en la expresión, ni recursos retóricos; la prosa es plana como el encefalograma de un muerto. Sobran capítulos o están mal cortados. La crítica social brilla por su ausencia (una traición al género). El libro termina aburriendo, con ese afán ridículo por querer explicarlo todo y sus redundancias. Como se dijo, uno termina conjeturando que la novela negra escandinava es ya una fórmula gastada.

Queda la historia. Los autores quieren enseñarnos algo sobre los imitadores de los asesinos en serie. En efecto, aparecen en Estocolmo cadáveres de mujeres con el cuello prácticamente seccionado (como cuando abrimos una lata de conservas y dejamos un pequeño trozo sin cortar para poder doblar la tapa hacia atrás) y los mismos rituales en la escena del crimen que dejaba el reo Edward Hinde, encarcelado desde la década del noventa. Investiga la Unidad de Homicidios, el equipo especial de Torkel Hölgrund, pero el héroe se llama Sebastian Bergman, un psicólogo con mañas, un canalla egoísta, bah, que usa el cuerpo de las señoras para calmar, por un rato, su angustia existencial. El desagradable doctor se convirtió en una pieza clave para atrapar a Hinde, por lo que se suma a la cacería. Es el padre de una detective de la task force de Hölgrund pero ella no lo sabe. Hay un núcleo incandescente allí. Bergman defecciona, demuestra en su segunda aparición que en el fondo es un tierno. La maldita corrección política y social, otro punto flojo del libro.
Guillermo Belcore

Calificación: Regular

sábado, 6 de agosto de 2016

Doctor House en Escandinavia

Por Guillermo Belcore

Si algo caracteriza a la industria cultural es su desapego por la innovación. Las fórmulas probadas se reproducen hasta el hartazgo. Cunde la mimesis. El clamoroso éxito de Doctor House, por ejemplo, ha fomentado la proliferación en las páginas y en las pantallas de misántropos tan geniales como cínicos y amargados con los que nadie quiere trabajar aunque sean las mentes brillantes que al fin del día resolverán todos los acertijos. En el libro que pasaremos a reseñar Gregory House se llama Sebastian Bergman, un psicólogo al servicio de la policía de Suecia, especializado en asesinos en serie, un Casanova realmente insufrible.

Bergman, en efecto, es el protagonista de la nueva saga policial que, cual drakkar vikingo, dejado Escandinavia para conquistar el mundo. Secretos imperfectos (Planeta, 522 páginas) se ha escrito a cuatro manos. Sus autores gozan de cierta notoriedad entre el público aficionado a la TV de calidad. Michael Hjorth compuso algunos capítulos de la serie Wallander. Hans Rosenfeldt es el factotum de la afamada The bridge. Ambos guionistas se trepan ahora a una moda de alcance global (con muy despareja factura): la novela negra sueca. ¿Otra más?, es el primer interrogante que suscitan libros como éste. El efecto sorpresa se ha esfumado. La frescura se secó. La vuelta de tuerca en la patria de los Nobel debe ser muy original o virtuosa para resultar atractiva.

DETECTIVES PROBOS


En esta ocasión, viajamos hasta Västerås -la sexta ciudad sueca en cuanto población- (142 mil habitantes), ubicada a cien kilómetros al oeste de Estocolmo, lugar natal del poeta Thomas Tranströmer. Lo mismo de siempre. La novela nórdica ha logrado persuadir al público de que en esas tediosas urbes provincianas de un país civilizado pueden ocurrir crímenes escalofriantes. Combaten contra el mal detectives incapaces de quedarse con una moneda ajena, que usan calzoncillos largos y tienen pruritos medioambientales.

Ha conmocionado a la policía de Västerås el hallazgo del cadáver de un chico de dieciséis años al que le han arrancado el corazón. Se ven forzados a convocar a las chicas y a los chicos listos (aquí existe igualdad de géneros) de la Unidad de Homicidios de la capital, pero no tan astutos como para no ser manipulados por un asesino que va arrojando pistas falsas y cadáveres a sus pies para evitar ser atrapado. Bergman, que se hallaba retirado, se suma a la pesquisa gracias a la buena voluntad de un viejo camarada, pero lo hace por razones egoístas.

Naturalmente, Secretos imperfectos no se trata de Alta Literatura. Cumple cabalmente su función de entretener, con varios giros imprevistos que mantienen magnetizados los dedos del lector. Es decir, cuesta mucho abandonar la novela. Esto no quiere decir que esté bien escrita. La prosa no sólo carece de belleza (es facilísima de leer), sino que incluye un desagradable goteo de frases, un abuso del punto y aparte que algún asesor de tres al cuarto le hizo creer a Hjorth & Rosenfeldt que resulta gracioso. Los personajes no carecen de profundidad psicológica, aunque el viraje de Bergman al final parece inconsistente en relación a sus actos previos. En síntesis, un pasatiempo mediocre y adictivo, de esos que hasta el más solemne de los lectores debe permitirse de vez en cuando.

Respecto a la crítica social -una de las potencias de la novela negra- el libro decepciona por completo. Sólo se ensañan H&R con los periodistas, esas aves de rapiña que "alimentan siempre la última histeria colectiva". Es injusto. A tenor de la retiración de contratapa, la prensa extranjera ha tratado demasiado bien a este libro.
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Regular

















martes, 13 de octubre de 2015

Kurt Wallander (1948-2015)

Lo vamos a extrañar. Es verdad que no era el mejor de su especie y que cuando apuntó demasiado alto, como en El Chino (pinche aquí) no le fue nada bien. ¡Aj!, esas peroratas moralistas que nos infligía impunemente... la mala conciencia europea, como bien sabemos, es veneno para la buena literatura. Pero Henning Mankell (Estocolmo, 1948-2015) fue pionero en su tierra y maestro de la novela policial. Abrió surcos y creó un personaje memorable, a quien Kenneth Branagh consintió ponerle el rostro en una de las dos buenas adaptaciones que hizo la televisión. Hablamos naturalmente del inspector Kurt Wallander, quijotesco y atormentado. El creador del detective perdió días atrás la última batalla contra el cáncer.
En una carta conmovedora, Mankell había revelado al Goteborgs-Posten en enero de 2014 que tenía un tumor en la nuca y otro en un pulmón, grave. Semanas después comenzó en ese diario una serie de columnas sobre su lucha contra la enfermedad, un descenso a los infiernos que quedó registrado en Kvicksand (Arenas movedizas), último libro editado en castellano en el que intercala recuerdos con pensamientos sobre la muerte, el miedo, la esperanza, las creencias y la vida.
Destacan las mil necrológicas que se publican por estas horas dos cosas: a) Mankell fue el más exitoso producto de exportación literaria de Suecia desde August Strindberg; b) y como escritor se consideraba “un intelectual responsable de mantener un compromiso humanitario y denunciar las injusticias''. 
Nada de literatura pasatista. Su alter ego, Wallander batalló en la diminuta ciudad Ystad contra el fanatismo religioso, los nostálgicos de la guerra fría, los abusadores de mujeres y de niños, los traficantes de personas, los explotadores del Tercer Mundo. En la vida real, Mankell fue especialmente solidario con Africa, desde que en 1972 visitara por primera vez el continente. Especialmente, amó a Mozambique, al tiempo que decidió dividir su tiempo entre Gotemburgo (Suecia) y Maputo. En la capital mozambiqueña dirigió el Teatro Avenida, además de asistir a los enfermos de sida.
VALE LA PENA
Desde esta modesta trinchera, se recomienda la lectura de la saga Wallander, con sus diez novelas. Seducen por su trama, por la delicada alternancia entre el caso criminal y las desdichas del policía, la visión razonada sobre todo lo que le rodea. En este modelo literario los procesos mentales y las decisiones éticas son más importantes que los tiros y las persecuciones en automóviles. Para nosotros, los habitantes de un país desaforado, tiene el encanto adicional del exotismo. Las historias transcurren en un país donde se cena a las seis, las lluvias y nevadas son intensas y recias, y el Estado funciona con admirable eficacia en todos los niveles.
No se trata, claro está, de Alta Literatura, pero Mankell fue un narrador con oficio, legítimo heredero de George Simenon. La intriga está, por lo general, bien lograda. Los personajes no se fabricaron con cartón pintado, ostentan profundidad psicológica. Hay, como se dijo en este blog, una ambición por retratar la época, la aldea, el mundo. Las páginas suelen ser densas, en el mejor sentido del término. “Trato de enfocar un espejo hacia un crimen para mostrar lo que está ocurriendo en la sociedad'', sostenía hace unos años en un reportaje. John le Carré‚ es una de sus influencias decisivas. Es posible que en El hombre inquieto  (pinche aquí), que supuso la jubilación de Wallander a los 60 años, tras casi 40 millones de libros vendidos en todo el mundo, con traducciones a casi cuarenta idiomas, haya alcanzado su plenitud narrativa.
Hay que destacar que, además de policiales y novelas de ideas, Mankell escribió cuentos, obras teatrales y libros infantiles. Estaba casado con Eva Bergman, hermana del cineasta sueco Ingmar Bergman.
A quien este escribe, le gusto mucho también Profundidades, ambientada en 1914, poco después del estallido de la Primera Guerra Mundial. El Almirantazgo de Suecia encarga a su mejor hidrógrafo una tarea urgente y secreta: trazar rutas de navegación alternativas en el Báltico. Pero el capitán Lars Tobiasson-Svartman, un hombre meticuloso, despectivo e irascible, que duerme abrazado a su plomada de bronce, se obsesiona con una mujer que malvive en la más desesperada soledad. Mankell explota en esta novela rara uno de los tópicos más interesantes: un hombre casado e infeliz que se hunde voluntariamente en el abismo.
G.B.

martes, 6 de octubre de 2015

Lo que no te mata te hace más fuerte

David Lagercrantz

Destino. Novela, pagina 651 , edición 2015

Así como se contrató al ilustre John Banville para revivir a Philip Marlowe, deberían haber pensado en un narrador de la talla de John Irving para continuar la saga Millennium después del ataque cardíaco que fulminó a Stieg Larsson. Pero, al parecer, prevaleció el nacionalismo sueco (estúpido como todos los nacionalismos literarios) y se eligió a un tal David Lagercrantz, biógrafo de Zlatan Ibrahimovic. Su prosa es de tercera categoría.

Fiel a la serie, Lo que no te mata narra una gran conspiración que apunta en dos direcciones. El periodista estrella Mikael Blomkvist tropieza con el asesinato de un cient¡fico de renombre internacional; y el as de la República Hacker, Lisbeth Salander, se enfrenta con la orwelliana NSA. La idea es ambicioso, pero la ejecución mediocre. Es que el libro incluye casi todos los vicios de la literatura de supermercado. Por ejemplo, el didactismo, que deviene de la boba premisa de que al lector siempre hay que ensñarle algo. Lagercrantz ha heredado de Larsson, además, la desagradable propensión a la redundancia, no sea cosa que al más retardado de los lectores se le escape algún pormenor. Los niveles de corrección pol¡tica del texto apestan, por si fuera poco lo dicho. Ya deber¡an saber los fabricantes de bestsellers que el manique¡smo ya era decrépito en tiempos de Jesucristo.

Lo mejor del libro son ciertos asuntos tangenciales muy bien tratados, como la crisis en general de la industria gráfica -­ay de nosotros!-, y en particular la lucha del héroe para hacer periodismo de investigación independiente contra las apetencias de un poderoso grupo mediático, extranjero para colmo. No obstante, dif¡cilmente el IV tomo de Millennium pueda satisfacer a la persona que busque, no digamos densidades temáticas o estil¡sticas, al menos un diálogo sagaz o una descripción competente. Literatura para adolescentes es otro rótulo que no le sienta mal a un h¡brido innecesario y aburrido.

Guillermo Belcore

Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Malo

PD:  El segundo tomo de Millennium me había resultado mucho más entretenido que éste: http://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/search?q=Millennium
Sin duda, la saga ha involucionado. 

sábado, 25 de mayo de 2013

Sacrificio a Mólek

Asa Larsson

Seix Barral. Novela policial, 414 páginas. Edición 2013


Ojalá un compatriota espabilado invente un día de estos una saga policial en nuestra tierra de frontera. Un investigador de crímenes en la áspera Patagonia (¿por qué no en Comodoro Rivadavia que tiene la tasa de asesinatos más alta de la Argentina?). Hasta que llegue ese momento, disfrutaremos de las ingeniosas creaciones extranjeras, como la de la sueca Asa Larsson. Sus novelas cruzan el Circulo Polar Ártico, nos llevan a Laponia, la tierra del oso, el lobo y el alce. Anochece a las tres de la tarde en invierno; en verano, a la medianoche hay tanta claridad como al mediodía. Hay costumbres exóticas, el clima es rigurosísimo y pululan los hombres y la mujeres duros como el hierro. Como el mineral de hierro que ha enriquecido a la remota ciudad de Kiruna. En más de una oportunidad este blog ha elogiado los libros de la señora Larsson (pinche aquí). Una muy interesante vuelta de tuerca de la infatigable novela negra.

La heroína de la saga se llama Rebecka Martinsson. Trabaja como fiscal del distrito y tiene una notable propensión para atraer golpes, tanto literales como figurados. En esta ocasión resuelve el espantoso homicidio de una abuela, acribillada con una horca de tres puntas, de esas que se usan para levantar el heno. Su nieto de siete años se salva por un pelo. La parca parece haberse ensañado con la familia de la señora muerta. Subyacen cuentas pendientes que se remontan a un siglo atrás.
 

Sacrificio a Mólek evidencia que las composiciones de la señora Larsson han evolucionado. Como novela policial -nada más pero nada menos- es redondita. Los personajes son convincentes, de tres dimensiones, algunos patéticos. Los perros son importantes en la trama, la autora conoce incluso de psicología animal. Hay suspenso, escenas vívidas y crítica social. No comete ese error romántico de idolatrar a la gente del pueblo. Además, maneja bastante bien el procedimiento de los relatos paralelos. Todo ocurre en Suecia, una sociedad organizada de manera antagónica a la Argentina: allí cobrar un subsidio de desempleo del Estado y trabajar en negro al mismo tiempo (o evadir el pago de impuestos) es un grave delito que se paga con años de cárcel.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa

Calificación: Bueno

PD: En los agradecimientos se menciona a "mi redactora Rachel Akerstedt". ¿Quién escribió realmente este libro?, me pregunto perplejo.

domingo, 12 de febrero de 2012

Una vida de lujo

Jens Lapidus
Suma. Novela policial, edición 2011, 640 páginas.

La novela de fuste contiene también valiosos fragmentos de información. El lector curioso agradece siempre el intento de trazar un mapa lo más aproximado posible a la realidad, máxime cuando se trata del género policial. Esas pepitas de realidad son, en términos literarios, lo más relevante del último tomo de la Trilogía Negra de Estocolmo, ambiciosa construcción de más de dos mil páginas del abogado Jens Lapidus, que cuenta con material de primera mano sobre los bajos fondos y las zonas grises en uno de los países más civilizados del planeta. Pero los paraísos, como se sabe, no existen. El Estado socialista también está acechado por enemigos: mafiosos que provienen de Europa oriental; inmigrantes de primera o segunda generación, cargados de resentimiento; vinkingos de pura sangre obsesionados con acumular una fortuna de la noche a la mañana o con evadir impuestos; corruptos, viciosos, patoteros o inadaptados con el gen bandido (“terroristas del cash”) de todas las procedencias.

No hace falta haber leído las dos entregas anteriores de Lapidus para asimilar la trama. Tres líneas narrativas la componen. La primera narra una guerra en el imperio criminal del Padrino serbio, Radovan Kranjic; la segunda involucra al policía Hägerström, un aristócrata gay devenido en agente secreto para desenmascarar a un lavador de dinero; la tercera la protagoniza una banda de asaltantes, encabezada por el chileno Jorge, que perpetra “el robo del año”. Obviamente, las paralelas terminan convergiendo.

Se ha comparado a Lapidus con el gran James Ellroy. La influencia se percibe con claridad en la decisión artística de construir un artefacto hiperrealista, a contrapelo del mainstream teatral y pretencioso, que encarna Mankell y sus émulos nórdicos. Pero en cuanto al estilo y la ejecución, Lapidus es una versión degradada del escritor norteamericano. Nada bueno puede decirse de la prosa salvo que es muy legible: las metáforas son deleznables (“colgado como el Golden Gate”, “callado como un celular estrellado“), las referencias muy pobres (aluden siempre a la cultura masiva estadounidense), las escenas de acción y de sexo son telegráficas, parecen obra de un chico del colegio secundario. Por fortuna, la traducción es al gusto argentino, rica en lunfardo y palabrotas de nuestras gente: sánguche, cheto, cafisho, concha, jeta, mina, boliche, cana, guita, pancho. Pero volvamos al principio: lo más importante de todo es que los fragmentos de realidad y las historias tienen la capacidad de mantener a un lector exigente aferrado de las solapas hasta la última página, sin aburrirse nunca. No es poco.

Guillermo Belcore
Una versión más breve se publico hoy en el suplemento de Cultura de La Prensa y sus diarios asociados.

Calificación: Bueno

PD: Lapidus da algunos consejos prácticos a aquellos lectores que deseen incurrir en actividades delictivas. ¿Teme que la policía interfiera sus teléfonos móviles? Use Skype, hombre. ¿Quiere lavar dinero? Compre un departamento a un precio oficial subvaluado y véndalo al valor real. Es decir, si sale un millón de dólares: paga la mitad en blanco y el resto en negro. Podrá blanquear así medio millón. Quiere algo más fácil: ronde los casinos y los hipódromos, compré los tickets premiados al 120%. ¡Qué mundo de sinvergüenzas!

PD II: Leí y comenté el primer tomo de la Trilogía. Este me pareció mejor construido. Concluyo que Lapidus está mejorando.

sábado, 17 de julio de 2010

Sangre derramada

Asa Larsson
Seix Barral. Novela policial, 462 páginas. Edición 2010. Precio aproximado: 80 pesos

La teoría ricardiana de las ventajas comparativas sugiere que cada nación debe especializarse en aquello que produce con absoluta eficiencia y seriedad. Los estadounidenses deben hacer películas; los argentinos, cuentos; y los suecos, novelas policiales. Asa Larsson (Kiruna 1966) es la nueva estrella escandinava. Sus libros tienen el encanto de lo ordinario; sus detectives son, por así decirlo, anti Marlowe. No tienen siempre en los labios una respuesta ingeniosa ni son caballeros andantes: se trata de personas común y silvestres que deben lidiar, por ejemplo, con el hecho de que al marido no le place cooperar con la limpieza de la casa. He aquí, pues, una seductora vuelta de tuerca en el género. Bienvenidos, al policial pedestre, donde los sentimientos y la indagación psicológica de la gente como usted y como yo son más importantes que la acción y el suspenso.

Llega ahora al castellano la segunda novela negra de Larsson, que data de 2004 y también rebosa de heroínas. Se recomienda al público leer antes la primera (Aurora boreal), pues los personajes aún sangran por las viejas heridas. La abogada Rebecka Martinsson regresa a Kiruna, en la Laponia, donde nació y dos años atrás había liquidado a balazos a tres peligrosos malandrines. Sin quererlo, se involucra con otro homicidio ritual: una belicosa pastora feminista apareció colgada y desangrada en una parroquia. La policía está desconcertada, hasta que Rebecka tropieza con una pista prometedora. En forma paralela, se narra otra historia cautivante: Larsson revela la dura vida de los lobos del Artico. El viejo truco de enseñarle algo al lector.

Definitivamente, la autora detesta a los clérigos. Se lanza aquí al asalto de uno de los últimos bastiones del machismo sueco: una exclusiva asociación de cazadores. A eso se limita la crítica social que, como se sabe, es un elemento crucial en la novela negra. Pero en rigor, el libro nunca deja de ser atractivo; la intriga está muy bien dosificada, la prosa es ágil y correcta (pero sin vuelo), y el exotismo nos atrae como ciertos vicios espléndidos. La historia se desarrolla en una sociedad civilizada y respetuosa de la ley donde el frío es como el puño de Dios. Implacable.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno

PD: Este blog incluye la reseña de la primera obra de la señora Larsson. Pinche aquí.

domingo, 2 de mayo de 2010

Aurora boreal

Asa Larsson
Seix Barral. Novela policial, 383 páginas.

En verdad, uno sólo le suele prestar atención a lo desconocido, lo raro. Y muy pocos lugares del mundo procesan hoy los conflictos de manera más distinta a la desaforada Argentina que la ecuánime Suecia. En la patria del vikingo, se respetan los derechos constitucionales, la sociedad abomina de la evasión fiscal, los policías son decentes y al funcionario abusón se le pueden parar los pies amenazándolo con una denuncia ante el defensor del pueblo o con un chisme a la prensa. Por la extravagancia y, claro, por una mínima calidad narrativa, la novela negra de Escandinavia se puso de moda. Después de Henning Mankell y Stieg Larsson, llega al español, Asa Elena Larsson (1966), elegante y amena feminista.

La ’story’ transcurre más allá del Círculo Polar Ártico, en la ciudad minera de Kiruna. Los de Estocolmo hablan de la Laponia sueca como de “allá arriba”. Los lugareños sostienen que cuando el termómetro marca quince grados bajo cero “no hace tanto frío”. Hay seis mil lagos en el Municipio y los cielos tienen auroras boreales como serpientes, noches eternas (entre el 13 de diciembre y el cinco de enero) y sol de medianoche (30 de mayo al 15 de julio). Se cultivan setas a quinientos metros de profundidad. De sólo pensarlo, da escalofríos.

El meollo en la primera novela (2003) de la señora Larsson es el asesinato ritual de un profeta evangelista sobre la alfombra de la más influyente iglesia citadina. Su hermana Sanna -algo majareta- se convierte en la principal sospechosa. Pide auxilio a una amiga de la infancia: la abogada tributarista Rebecka Martinsson, quien sólo cuenta con la buena voluntad de una detective embarazada para descifrar una maraña sórdida de sexo, dinero y familia. La urdimbre es verosímil (usa mucha información de primera mano) y la intriga está bien dosificada. Más importante que la acción (la trama ocupa sólo siete días), es la psicología de los personajes. La prosa no es nada del otro mundo, pero como entretenimiento de género resulta francamente exótico.
Guillermo Belcore
Publicado hoy en los suplementos de Cultura de La Prensa y La Capital de Mar del Plata.

Calificación: bueno

PD: Insisto en un punto: es un buen entretenimiento, no ficción de calidad.

jueves, 24 de diciembre de 2009

El hombre inquieto

Henning Mankell
Tusquets. 453 páginas. Novela policial. Edición 2008

El malhumorado inspector Kurt Wallander ha cumplido sesenta años. Se mudó al campo, adoptó un perro y Linda lo convirtió en abuelo. Padece diabetes, amnesia temporal y estrés. Una sensación de senectud se ha adueñado de él. Una seguidilla de malas nuevas ensanchan su
amargura y soledad, pero continuará trabajando en la comisaría de la pequeña Ystad por un tiempo más. Para colmo, tropieza con otra tarea de Hércules. Desapareció su consuegro, un
capitán de fragata retirado, que se había obsesionado con los submarinos rusos y con Olof Palme, el primer ministro de Suecia asesinado en 1986. Espectros viles de la guerra fría deberán ser conjurados. Nada es lo que parece.

Después de la mediocre novela El chino, Henning Mankell (Estocolmo 1948) arroja al ruedo nuevamente al iracundo y tozudo investigador, acaso por última vez. El hombre inquieto condensa lo mejor del personalísimo universo Wallander que, por cierto, ha cautivado a varios idiomas europeos. La obra seduce por su trama, por la delicada alternancia entre el caso criminal y las desdichas del decrépito policía, por su visión razonada del mundo. Para los habitantes de la caótica Argentina, el libro tiene el encanto adicional del exotismo. La historia transcurre en un país políticamente correcto donde se cena a las seis, las lluvias y nevadas son intensas y recias, y el Estado funciona con admirable eficacia.

La intriga está bien lograda. Cada vez que suena el teléfono, algo sorprendente ha ocurrido. Hay escenas de gran fuerza dramática y notables retratos psicológicos. El tiempo va y viene. Es posible que Mankell haya alcanzado aquí su plenitud narrativa. No pierde ocasión, naturalmente, de espetarnos su cita del Eclesiastés favorita: “hay un tiempo para vivir y un tiempo para morir”.
Guillermo Belcore
Publicado en los Suplementos de Cultura de La Prensa y La Capital de Mar del Plata

Calificación: Muy bueno

PD: Sin dudas, el mejor libro de Mankell que he leído. En este blog se encuentran otras dos reseñas del sueco:

PD II: Recomiendo con toda convicción complementar la lectura de esta novela policial con el goce de la película (también sueca) Criaturas de la noche. Vampiros. Es un film excelente que ha recibido cincuenta y seis premios internacionales. He percibido algunos elementos comunes: la falta de prisas para narrar, el expresionismo en primer plano, el papel en la trama del crudo clima nórdico. Dos joyas, en síntesis.

sábado, 5 de septiembre de 2009

La reina en el palacio de las corrientes de aire

Stieg Larsson­
Destino. Novela de aventuras, 854 páginas. Edición 2009­
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El último tomo de la trilogía Millenium aborda un asunto crucial para las democracias modernas: la tensión entre el país constitucional y los oscuros servicios de inteligencia, cuya misión es velar, supuestamente, por la seguridad nacional. Mikael Blomkvist (alter ego del autor) ahora no combate contra una pandilla de delincuentes; su enemigo es una inescrupulosa autoridad del Estado. El as del periodismo de investigación intenta frustrar una conspiración maldita contra su amiga Lisbeth Salander, esa hacker anarcoide que se había convertido en una amenaza para los fríos guerreros que apañaban a un ruso traidor.

Es evidente que quien haya leído las dos entregas anteriores disfrutará más este libro. No obstante, como Stieg Larsson (Suecia, 1954-2004) tenía -entre otras taras bestselleristas- el hábito de explicarlo todo, podrá ser entendido por cualquier hijo de vecino. La prosa es simplísima; la trama engancha de cabo a rabo pues la intriga nunca decae y se narra con eficacia varias historias paralelas.

Larsson, un moralista inflexible como Blomkvist, falleció antes de ver a su creatura convertirse en un fenómeno de ventas. Incluso en la Argentina, Millenium ha triunfado. ¿Cuál es el secreto? Tiene el mérito, de haber refrescado la novela de aventuras y espionaje con personajes atractivos y verosímiles que emplean las maravillosas nuevas tecnologías. Para los que tenemos más años y exigencias, los planteos de fondo sobre los dilemas de la realpolitik, la avaricia empresaria, los cambios en el periodismo no dejan de ser interesantes. Incluso se arriesga una hipótesis sobre el asesinato de Olof Palme. Es decir, este librote maniqueo y detallista cumple cabalmente la misión de entretener y de enseñarle algo al lector, pero sin pisar nunca las cimas de la alta literatura.

Guillermo Belcore

Esta reseña se publica en el Suplemento de Cultura de La Prensa del 6 de septiembre.

Calificación: Bueno­

PD: Este blog contiene una crítica del segundo tomo de la trilogía de Larsson:

http://labibliotecadeasterion.blogspot.com/2009/04/la-chica-que-sonaba-con-una-cerilla-y.html

PD II: Propongo este tema de la banda paulistana Luxúria para la banda sonora de este libro:

http://www.youtube.com/watch?v=z9xB5Muew3o

PS del 5 de diciembre de 2009: Mi admirado Vargas Llosa hizo una defensa muy bien razonada en El País de Madrid de la trilogía. Me gustaría compartirla con ustedes.

domingo, 19 de abril de 2009

La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina

Stieg Larsson
Destino. Novela policial. 733 páginas. Edición 2009.

La trilogía Millennium es la obra literaria del momento. Ha vendido millones de ejemplares en Europa y se ha encaramado en la Argentina en los primeros lugares del ranking. He aquí la novela policial de la década, sentenciaron los publicistas. Mientras subía una escalera, un infarto mató al periodista Stieg Larsson (1954-2004) -vaya suerte- antes de ver publicado su trabajo. La lectura del segundo tomo -puede disfrutarse sin haber leído el primero- es una tarea agradable. A pesar de su sensiblería y maniqueísmo, se trata de un libro bien escrito y ameno que tiene el don de entretener al lector. Nunca flaquea la atención.

Larsson inventó una heroína al gusto de la época. Se llama Lisbet Salander, tiene 25 años, cuerpo de niña y un carácter endemoniado. El Estado, ese ogro filantrópico, la ha catalogado como incapaz mental, pero la chica cuenta con una inteligencia prodigiosa. Es una hacker de elite, interesada en las ecuaciones matemáticas y con un fuerte sentido de la moral (que no siempre coincide con la ley). El coprotagonista es Mikael Blomvist, redactor estrella de Millennium, la revista con más credibilidad y descaro de Suecia. Se involucran en la muerte de un abogado, un periodista y una criminóloga. El detonante es una lapidaria investigación sobre el trafficking, es decir, la trata de blancas: adolescentes rusas o bálticas explotadas por mafias de mequetrefes para deleite de los aficionados a las prostitutas, entre los cuales hay varios peces gordos. Los malos de la película son los machistas ahogados en hormonas, los evasores impositivos, los abusadores sexuales. La policía es casi siempre amable y correcta. Un fantasma del mundo del hampa aviva la intriga más seductora.

¿Qué torna tan atractiva a la novela? ¿Qué cautivó a las masas? Hay que reconocerle al autor un impresionante sentido del marketing. Aplica el viejo truco de enseñarle algo al lector, desde el teorema de Fermat hasta las costumbres disipadas de la minoría de esa minoría que sostiene que, si te gusta el sexo, el genero, edad o estado civil de tu partenaire es un leve accidente. Incluye guiños culturales e ideológicos como el antiamericanismo. Y esboza una coherente ética postmoderna -calcada de los escritos de Giles Lipovetsky- que reinvidica el consumismo y el capricho personal al mismo tiempo que se denuncian las injusticias sociales y las crueldades estatales, y se postula la necesidad de castigar al pecador. Todo servido con un glaseado de vago anarquismo.

Guillermo Belcore

Publicado el domingo 19 de abril en los suplementos de Cultura del diario La Prensa y La Capital de Mar del Plata.


Calificación: Bueno

PD:
Aclaremos el punto. No se trata de gran literatura. Está muy lejos de las obras de Rushdie y Murakami que comentamos este año. Pero es un libro -por encima de todo- muy interesante, adictivo en su lectura. Me parece, además, que es una de esas obras “que hay que leer” si uno quiere presumir de moderno e informado. Leo en la solapa que Larssen trabajó duramente noche tras noche (¡la esposa no lo incordiaba!) para concluir su faena. ¿Conocen algún escritor argentino capaz de semejante esfuerzo?

sábado, 10 de enero de 2009

El chino

Henning Mankell­
Tusquets. Novela policial de 471 páginas. Edición 2008.­
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Está de moda entre los críticos anglosajones valorar una obra por la ambición del autor. Pero no siempre es el barómetro correcto. Henning Mankell, el creador de la saga del inspector Wallander, ha apuntado aquí demasiado alto. En formato de novela policial, ha deseado transmitir una visión personal sobre el ascenso de China. También se propuso, de paso, denunciar el racismo europeo, reivindicar a Mao y a Mugabe, condenar el neocolonialismo amarillo en Africa. Tamaña avidez terminó estropeando la eficacia narrativa.
El hecho primordial del libro es una matanza en la Suecia profunda. Diecinueve personas son torturadas y asesinadas con una espada en un pueblito en trance de desaparecer. La policía se inclina por la tesis del loco solitario, pero la jueza Birgitta Roslin emprende una investigación por cuenta propia. Descubre que la masacre está vinculada con injusticias perpetradas ciento cincuenta años atrás. Es decir, con el secuestro de miles de campesinos chinos para trabajar en Estados Unidos en la prolongación del ferrocarril bajo condiciones de semiesclavitud.
Como novela de ideas, El chino fracasa por su esquematismo y banalidad. Ya lo habíamos notado en J.M.G. Le Clézio, la mala conciencia europea es veneno para la buena literatura. Mankell llega a justificar los crímenes de Mao usando argumentos que podrían ser empleados también para exculpar a Stalin o incluso a Hitler si hubiese triunfado en la guerra. ¿Hambrunas, matanzas, represión brutal a los disidentes? Bueno, son accidentes leves en el ruta de construcción de una potencia mundial. El hombre blanco no tiene derecho a juzgar los procesos de desarrollo en el Tercer Mundo.­
En cuanto a la intriga policial (a la sazón lo menos importante), si usted acepta que la ira y el odio pueden transmitirse de siglo en siglo, desde un desgraciado hasta un magnate exitoso, puede que la trama le resulte verosímil. En síntesis, la obra no es más que un híbrido defectuoso aunque, eso sí, bien escrito. Salteándose las peroratas moralistas, no cuesta mucho llegar al final.
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Guillermo Belcore­
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Calificación: Regular­
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PD: El País de Madrid, diario bastante confiable, considera a El Chino una de las mejores novelas policiales de 2008. Discrepo con toda convicción. Creo que está más cerca de la literatura de supermercado que de la ficción de calidad. Me sorprendió la página 62. Al parecer, en la plácida Suecia también los pibes chorros son un problema nacional. El socialdemócrata Mankell denuncia la indolencia del Estado para vigilar y castigar. Dice textualmente: "¿Cómo hemos podido llegar al punto de que el fundamento de la democracia se ve amenazado por un sistema de justicia deficitario''.­