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lunes, 20 de febrero de 2023

Vida de Luis Carlos Prestes

 


Según la opinión predominante, Jorge Leal Amado de Faria (1912-2001) es una de las glorias de la literatura brasileña. Pero tuvo una canallesca fase estalinista que se estiró hasta los años sesenta. Durante esa etapa, escribió buenas novelas y una hagiografía del revolucionario Luís Carlos Prestes, que acaba de ser reimpresa en Buenos Aires por el Fondo de Cultura Económica. Sobre esta última, discurrirá este artículo.


El Caballero de la Esperanza, Vida de Luís Carlos Prestes (380 páginas) se entregó a la imprenta por primera vez en 1942. Fue en Buenos Aires, en español y con el patrocinio del Partido Comunista. "Era un libro político, escrito para la campaña por la amnistía, por la libertad de Prestes", explicaba el autor, protegido en el exilio por Rodolfo Ghioldi ("el gran líder del proletariado argentino") y Carlos Dujovne. Aquella edición argentina fue secuestrada y quemada años después por orden del Presidente Juan Perón, ese demócrata cabal.


La primera edición en portugués data de 1944. La de 2022 incluye en la tapa la siguiente leyenda: "En Brasil este libro fue un arma en lucha contra el fascismo", que no era otro que el Estado Novo de Getulio Vargas, el trágico presidente que envió tropas brasileñas para luchar contra los nazis en Italia, junto a los estadounidenses: "los inmortales de Monte Castelo".


A decir verdad, Jorge Amado juega limpio. Anticipa en uno de los prólogos que la verdad histórica se subordina totalmente a sus fines políticos. "Y en cuanto al equilibrio y la imparcialidad referentes a Luis Carlos Prestes son cosas que no es necesario medir...", advierte.


Dijimos "hagiografía", ¿verdad? Es que el libro es una interesante y radical combinación de historia de los santos, panfleto, culto a la personalidad estalinista e idolatría precristiana. Lo mejor es la prosa. Amado simula ser un narrador oral de historias (el mismo procedimiento de Guimaraes Rosa en su novela cumbre). Le relata "a su negra" vida y obra de un héroe, "de la estrella que ilumina a los hombres" (abundan las metáforas de tinte religioso). Explica el autor que su estilo es el rimance; es decir romance (novela en portugués) con rima; prosa poética, pues. El bahíano era uno de esos escritores románticos que saben componer una frase hermosa.


CARAPINTADISMO


Para quienes no lo conocen, digamos que Prestes fue una suerte de militar carapintada que en la década del veinte, asqueado por la corrupción y la explotación de los desvalidos, se alzó en armas contra la República oligárquica. Entre 1924 y 1927, con una columna de no más de tres mil almas (en su mejor momento) cruzó veintiséis mil kilómetros jugando al Robin Hood, "sembrando las semillas de la revolución". Libró con un increíble éxito cincuenta y tres combates y cientos de tiroteos menores desde Río Grande do Sul a Tocantins. Amado compara las hazañas de la Gran Marcha con las de San Martín y Bolívar, ¡y éste es uno de los elogios menores! La Columna "fue la línea del corazón trazada en la mano de Brasil", escribió.


Lo cierto es que Prestes nunca pudo ser derrotado por los más experimentados generales de su Patria. Partió al exilio, primero en Buenos Aires (es notable como los gobiernos de la Unión Cívica Radical protegían a los putschistas brasileños), luego en la Unión Soviética, desde 1931. Tras trabajar para la KGB "desenmascarando saboteadores", el teniente brasileño se convirtió en una agente del Komintern. Página 248: Fue electo, "en el Séptimo Congreso para el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista como una de las cabezas dirigentes del proletariado mundial, al lado de Stalin, de Dmitrov y de Mameiski..."


Resulta triste comprobar cómo Jorge Amado ignoraba o minimizaba los crímenes de la más aberrante versión del bolchevismo. En la página 245, llama a la URSS "patria de la ciencia, la cultura, la belleza y la libertad". Justifica, incluso, las grandes purgas: "En el país de la Unión Soviética, amiga, en aquellos tiempos existieron los traidores que el pueblo ajustició después"... El viejo truco del progresismo: llamar "pueblo" a los esbirros de una demencial y poderosa Voluntad de Poder.


Esa ceguera ideológica -seguramente voluntaria- contrasta con la minuciosa denuncia del horror en las cárceles de Getulio Vargas, mazmorras donde Luís Carlos Prestes pasó nueve años tras su regreso clandestino a Brasil en 1934. Para conseguir su liberación, Amado escribió este libro de moralidad tuerta, como la de todos los militantes. Definitivamente, los intelectuales más valiosos son los librepensadores.


Sólo resta destacar que el manifiesto jacobino incluye pasajes de crítica literaria muy sabrosos. Con frases como dagas, Jorge Amado asesina el modernismo, en cuanto expresión podrida del arte por el arte y la subordinación cultural de los latinoamericanos a las modas que vienen de Europa. Llega a decir que Prestes ""salvó a toda una generación de escritores brasileños de la metafísica y los devaneos y la llevó a estar cerca de los problemas de Brasil""... El escritor comprometido de Bahía quería ser un adalid del "realismo socialista". ¡Ja! Otra moda que importamos de París y Moscú.

Guillermo Belcore

Calificación: regular

lunes, 24 de septiembre de 2018

Rubem Fonseca. Cuentos Completos I

"Me gustaría poder decir que la literatura es inútil, pero no lo es en un mundo en el que pululan cada vez más los técnicos."
 Rubem Fonseca

POR GUILLERMO BELCORE

El encanto de la totalidad, de lo acabado, del círculo. Hoy en día, uno de los productos más sustanciosos de la industria editorial es el volumen que reúne todos los cuentos de un artista trascendente. Alfaguara recopiló a Onetti, Nabokov, Fogwill y Faulkner. Sudamericana a Borges, Zeta a Asimov y Edhasa a Thomas Mann. Ahora Tusquets nos acerca el maravilloso universo breve de Rubem Fonseca (Juiz de Forá, 1925), una de las glorias del Brasil contemporáneo.

Se revisará aquí al primer tomo (Cuentos Completos I, 577 páginas, edición 2018). Incluye cinco libros: Los prisioneros (1963), El collar del perro (1965), Lucía McCartney (1967), Feliz Año Nuevo (1975, prohibido por la dictadura militar) y El cobrador (1979). En total, atesora 62 relatos y dos poemas de un escritor esencial y con registro amplio que publicó por primera vez a los treinta y ocho años de edad y fue reconocido por la academia después de la edad de jubilarse. Qué maravilla.

Primera conclusión: Fonseca ha corrido los cien metros llanos con tanto brío y eficacia como la maratón. La tesis de este artículo es que debe honrarse al artista mineiro -pero carioca por adopción- como uno de los grandes cuentistas latinoamericanos. Su prosa tiene el sabor de lo vivido. Antes de dedicarse de lleno a la literatura, se graduó en abogacía, ejerció como penalista, se dedicó a la enseñanza en la Fundación Getúlio Vargas, ingresó a la Policía (llegó a comisario y fue jefe de Relaciones Públicas) y estudió administración de empresas y comunicación en Nueva York y Boston. Tiene aquello que le falta a los cachorros de Puan y a los plumíferos de tres al cuarto que vomitan los talleres literarios: calle. Tiene Fonseca, también, un fino oído para el habla popular, sin concesiones a lo pintoresco.

Sin dudas, Fonseca encarna a Brasil, ese coloso de cultura tropical que intriga, atrae-repele y enamora-asusta a los argentinos. En la temática, surge imperiosa la brasilidad; dos de cada tres cuentos rondan el erotismo, esa pasión fulminante, que si ha nacido carnal de tan intensa termina convirtiéndose en una llama espiritual que calcina todo a su paso. Hombres maduros obsesionados con prostitutas (y viceversa) son moneda corriente en el volumen. La pasión rompe en pedazos la diferencia de edad y de clases, lo que cual no siempre es bueno, pues el hombre suele actuar como depredador. No obstante, en El grande y el pequeño, Zé el Mayor, alma simple enamorada, se rebela contra su familia de inmigrantes portugueses (como la de Fonseca) para escaparse con su mulata. 

ECONOMIA VERBAL


Si prescindimos de ciertas bellezas formales, como un par de soliloquios (el de un pederasta y el de un luchador del vale todo), la incorporación de cuadros sinópticos, epístolas o estructuras teatrales, la prosa de Fonseca opera siempre por economía verbal, accesible incluso para o mais babaca dos leitores. Es todo lo contrario de Guimaraes Rosa, (Zeus en el Olimpo de la novelística latinoamericana). Es Graciliano Ramos, más bien. Ese estilo desnudo y objetivo también remite a Hemingway. Debe destacarse, que el literato se ganó la vida, además, como guionista (y crítico) cinematográfico, de ahí -se ha dicho- su propensión a ahorrar palabras, de ceñirse al diálogo y a la acción. Verbigracia: El encuentro y el enfrentamiento, urdido sólo con las conversaciones entre un par de pueriles garotas de programa y sus clientes burgueses y cultos durante un apurado round sexual en un bulín. O El cuarto sello (fragmento), recorte de una sociedad futurista y distópica, en la que una guerrilla tremendamente eficaz mantiene en jaque a las brutales autoridades. "Todo lo que sé lo he aprendido en los libros", dice un Exterminador.

Por otra parte, Zé Rubem es un maestro del realismo sucio. No ahorra miserias tercermundistas. Yo escribo sobre las personas apiñadas en las ciudades, se explica en la página cuatrocientos cincuenta y ocho. Te diviertes en una fiesta con familia y amigos y de pronto irrumpen en la casa acomodada una pandilla de marginales rencorosos y brutales, sedientos de dinero, comida y sexo. Feliz Año Nuevo es otro cuento impresionante, memorable. Cómo Día de los enamorados, peripecias de redactores (machos) empeñados en hacer un periodicucho para mujeres clase C. O el perturbador Pierrot de la caverna, confesión de un literato cínico (en un solo párrafo que se extiende por trece páginas) que cometió la infamia de haber dejado embarazada a su vecina de doce años.

Tercera deducción: el cuento alargado y con vetas policiales (el género que lo ha hecho famoso) es el mejor producto fonsequeano. En El collar del perro aparece el comisario Vilela (¿alter ego del autor?) tratando de leer poesía y mantener la integridad en un ambiente podrido. "Con más de trescientos mil personas de las favelas sueltas en los montes no podemos jugar a la policía inglesa", le advierten sus subordinados. También le avisan: "El día en que los maleantes no le teman a la policía todo estará perdido". Ese día, al parecer, ya ha llegado al Cono Sur.

En El caso F.A debuta Paulo Mendes alias Mandrake, abogado criminalista jugando al detective privado. Este personaje -promiscuo, inescrupuloso y violento- protagoniza la novela más aplaudida de Fonseca (A grande arte, 1983). Son treinta páginas que se devoran con fruición. En realidad, el lector no deja de interesarse nunca en las aventuras sórdidas que narra Fonseca, afortunadamente suavizadas aquí y allá con pinceladas de humor negro como en El enemigo que narra la decepcionante búsqueda de un afiebrado de sus amigos del colegio. El narrador comprende, por las malas, que la juventud es una ilusión. Comicidad, enriquecida con una sutil hondura psicológica y social, es otra seña de identidad del cuentista brasileño.

Tampoco se le da mal la parodia. En El cobrador compone con trazos caricaturescos a un asesino en serie por resentimiento, esa pulsión que explica tantas conductas humanas, pero por alguna razón -Nietzsche dixit- nunca ha sido convenientemente estudiada. Fonseca se ríe de la pintura moderna en Naturaleza podrida, mientras que en ***Asterisco se mofa del teatro experimental: imagina a un inquieto director que pone en escena la guía telefónica. 

ELOGIOS DE PYNCHON


Es justo decir que la dosis de crítica social que incluye el realismo sórdido fonsequeano es siempre la apropiada. Si los ricos de Fitzgerald son imperturbables, desinteresados, corteses y distantes, los que aparecen en estos cuentos (al fin y al cabo provienen de una sociedad de castas) son egoístas, acaparadores y codiciosos. Bien ahí. Otro procedimiento refinado es la aparición de los mismos personajes en más de un libro (el fisiculturista, Mandrake, el escritor amoral), lo que nos permite seguir el hilo vital de estos pilantras como si de una novela se tratase, otra lindeza que trae la recopilación de cuentos.

Un par de curiosidades: el pudoroso Fonseca odia firmar libros y se ha resistido -a lo Aira- a concertar entrevistas con la prensa de su país. Con buen criterio, considera que "se debe leer prescindiendo totalmente del escritor". No obstante, en Intestino grueso nos ofrece una suerte de manifiesto literario, cuya piedra basal es el repudio a la censura (era otra época). 

Un dato no menor: Thomas Pynchon, acaso el mejor escritor vivo, adora a Don Rubem. Esto escribió el ermitaño estadounidense: 

"Lo mejor de la obra de Fonseca es no saber adónde nos va a llevar. Siempre que comienzo un libro suyo es como si sonara el teléfono a medianoche: "Hola, soy yo. No vas a creer lo que está sucediendo". Su escritura hace milagros, es misteriosa. Cada libro suyo es un viaje que vale la pena: es un viaje de algún modo necesario."

Calificación: Excelente

domingo, 29 de abril de 2018

Entrevista con la historia

¿Se ha visto alguna vez un rostro tan triste como el del rey Hussein de Jordania?”Oriana Fallaci 

Doy fe de que el periodismo ha gestado alguna de las mejores páginas de la Alta Literatura. Después de haber leído las columnas de Chesterton, los sueltos de Borges y Fogwill, los reportajes (en el sentido español) de Orwell y los artículos de Steiner he llegado a tal conclusión. Al fin y al cabo -y no me canso de decirlo- no existen los géneros o subgéneros menores; existen buenos o mediocres escritores. Punto. 

Añádase a la colección de gemas del periodismo las radiografías que la señora Oriana Fallaci (Florencia 1929-1986) reunió en Entrevista con la historia, entregado a la imprenta en 1974 y reimpreso luego en decenas de oportunidades (una edición corregida y aumentada de 615 páginas, la de Noguer, es la que llegó a mis manos). Aún hoy es un placer enorme leerlo por varias razones, una de las cuales es que contiene algunos de los mejores retratos de estadistas que se han compuesto desde la invención de la tinta y el papel. 

Cada retrato antecede a una entrevista (veintiséis en total) que Oriana realizó entre 1969 y 1976 a personajes de primera línea de la escena mundial para el periódico L‘Europeo. “Veintiséis monstruos sagrados de espaldas a la pared”, como apuntó el crítico Michele Prisco. 

El valor histórico de cada capítulo es excepcional. Y en conjunto conforman una agudísima reflexión sobre los mecanismos de poder. Pero la erótica literaria se encuentra en los detalles que van apareciendo. Se detiene en los ojos del general Giap, por ejemplo, “los ojos más inteligentes que quizás haya visto jamás”… (los de Yasser Arafat, por cierto, eran hipnóticos cuando no estaban ocultos tras las gafas negras; los de Giulio Andreotti despedían un relámpago de hielo que la dejaba aterrada de sólo recordarlo). Y en la voz monótona, triste, siempre igual de Henry Kissinger que extrañamente no movió la aguja del magnetófono durante toda la entrevista: 


 “¿Conocen el rumor obsesivo, martilleante, de la lluvia que cae sobre el tejado. Pues su voz es así. (…) Todo está calculado en él; como el vuelo de un avión conducido por un piloto automático. Pesa cada frase hasta el miligramo”…

QUE MUJERES


De la atenta lectura del volumen surge que si hay algo que cautivaba al espíritu libre de Oriana son las mujeres poderosas, las que han logrado doblegar al imperio universal del macho. Golda Meir e Indira Gandhi, en particular, recibieron pues un tratamiento favorable a más no poder. La propia periodista, incluso, admite su descarada falta de objetividad: 


“En una época avara en que los líderes que tienen en sus manos el destino del mundo, salvo dos o tres casos, parecen los apóstoles de lo gris y lo mediocre, Indira se destaca como un caballo de raza…” 

Dos datos curiosos. La entrevista con la estadista israelí debió repetirse, porque en Roma le rapiñaron las cintas de su hotel cuando había salido a comprar un bocadillo. Fallaci culpó a Kadafi por el robo. Después del encuentro en Nueva Delhi, por otra parte, el presidente de Pakistán, Ali Bhutto, la invitó de inmediato a Rapalwindi para darle su propia versión de los dramas del subcontinente. El sueño de todo periodista: que sean las propias personalidades del poder las que te busquen para hablar a corazón abierto.     

Decía Chesterton que uno de los juegos favoritos de la humanidad es burlarse de los profetas. Hay un agrado adicional en el volumen: descubrir los pronósticos fallidos. Willy Brandt vaticinaba que la reunificación alemana no se produciría antes de setenta años. El sha de Irán estaba convencido de que su monarquía duraría mucho más tiempo que la democracia occidental. El comunista Santiago Carrillo aseguraba que una huelga general tumbaría al decrépito Franco. ¡Qué iluso! Yo no veo solución alguna al sudesarrollo en el capitalismo, sentenciaba Don Helder Cámara, otra necedad.

La Falaci de este volumen, hay que aclararlo, no tiene la lucidez ideológica de sus obras tardías. La riña exasperada y exasperante con William Colby, ex mandamás de la CIA, delata su ceguera ante el fenómeno del comunismo europeo, títere de la Unión Soviética, a pesar de los esfuerzos por mostrarse independiente. “Debajo de los discursos tácticos, se esconde una declaración estratégica”, le advertía el caballero estadounidense, con razón. Con un toque siniestro y palabras de Jefferson, Colby justificaba en 1976 el asesinato de Salvador Allende: “El árbol de la libertad ha de ser regado cada veinte años con sangre de tiranos”. Amparaba a Pinochet, porque claro, nada podía ser peor que una dictadura comunista, de la que nunca se había vuelto (¡otra predicción equivocada!). El rencor de Oriana, no obstante, no se explica sólo por simpatías izquierdistas. La periodista sospechaba que la inteligencia americana estaba vinculada con la sospechosa muerte de su amado, el dirigente griego Alejandro Panagulis, a quien también había entrevistado años antes.

Corran a comprar el libro, nuevo o usado. Es fascinante.
Guillermo Belcore


Calificación: Excelente


jueves, 12 de abril de 2018

'O mecanismo', una serie esclarecedora


Ficha técnica:


Dirección: José Padilha (piloto), Felipe Prado (2 episodios), Marco Prado (3 episodios) e Daniel Rezende (2 episodios)Guión: Elena SoárezElenco: Selton Mello, Caroline Abras, Enrique Díaz, Lee Taylor, Jonathan Haagensen e Otto Jr.Nacionalidad y lanzamiento: Brasil, 23 de marzo de 2018 en Netflix (mundial)


Después de atizar a las aerolíneas de bajo costo y a los créditos UVA, el kirchnerismo recalcitrante ha encontrado un nuevo enemigo: Netflix. La muchachada militante está indignada (como sus primos populistas de Brasil) con la presentación de una miniserie esclarecedora, proveniente del país vecino, que desnuda el mayor robo de dinero público que ha sufrido América latina durante este siglo. Es decir, se han enfurecido porque O mecanismo detalla en los ocho capítulos de la primera temporada la complicidad de Lula y Dilma con el Petrolao.

La tesis -inobjetable- de la tira es que la corrupción no tiene ideología y que los políticos nac & pop, que supuestamente iban gobernar de manera distinta, no son éticamente mejores que los de la derecha pura y dura. Esa insoportable superioridad moral con la que gusta pavonearse el progresismo es un fraude (como la fortuna de Lázaro Báez).

En líneas generales, la miniserie se apega pues a la verdad histórica; las diferencias -una frase que en realidad Lula no dijo, por ejemplo- se encuentran sólo en los detalles. La libertad creativa se expresa en uno o dos anacronismos, en algún caracter magnificado, se incorporan los consabidos desahogos sentimentales, y se modifican ligeramente los nombres. Por ejemplo, Dilma Rousseff es Janete Ruscov y el intrigante Michel Temer se llama Samuel Thames. Todos los personajes significativos de la pantalla tienen su correlato en la política de Brasil de los últimos diez años.

O mecanismo es una creación del talentoso cineasta Sergio Padilla (Narcos y Tropas de elite). Las actuaciones son soberbias y no se escatimaron gastos para la factura de un producto de alta calidad. Para quien esto escribe, la realidad narrada es siempre más interesante que la fantasía. Seguimos paso a paso el proceso policial y jurídico conocido como Lava Jato que -para bien de toda América latina- concluyó en el encarcelamiento de peces gordos de la política (tanto de la derecha como de la izquierda) y de los negocios. El suspenso lo aportan las maniobras de los canallas para librarse del castigo. La tensión nunca decae. Concluye la primera temporada, con los sucios esfuerzos para asegurarse la impunidad de Marcelo Odebrecht, el titular de la mayor constructora del cono sur, hoy un verdadero emblema de la podredumbre latinoamericana.

El thriller político, que ha sido comparado con The Wire, establece:

* Durante los mandatos de Lula y Dilma, Petrobras se convirtió en la caja de financiación de los grandes partidos de Brasil. El PT y el PMDB (su principal aliado durante diez años) controlaban direcciones estratégicas de la petrolera estatal que recibían, en carácter de soborno encubierto, el 1% de los grandes contratos con empresas privadas. 

* El mecanismo es un circulo vicioso: los gobernantes electos por el pueblo designan a los directores de Petrobras que a su vez amañan los contratos con los colosos de la construcción en Brasil. Los empresas resignan parte de ese dinero mal habido, que termina en las arcas de los partidos políticos. 

* Intermediarios, cambistas, entregaron a los dirigentes políticos enormes maletas repletas de dinero.  

* El circulo vicioso se reproduce en corruptelas domésticas, de bajo monto. Es un cáncer que hizo metástasis. Y los que luchan contra él cáncer, no salen indemnes. 

* Lula recibió un triplex de una de las constructoras favorecidas con contratos inflados.

* El líder de la oposición derechista, Aecio Neves es, incluso, más enviciado que los gerifaltes del PT. Junto al vicepresidente Temer maquinó la destitución de Dilma, con el apoyo decisivo de la prensa.

* La política en Brasil es una guerra de pandillas. Cuando algo se mueve es porque a una de las facciones le conviene.

* La fuerza motriz del Lava Jato fue un puñado de policías honrados, dos fiscales ambiciosos y el valiente (aunque algo presuntuoso) juez Sergio Moro que desde una capital de provincias (Curitiba) cambiaron -para bien- nuestra historia. 

A ver, gente, si logramos dimensionar la audacia: un magistrado probo de la remota Maringá puso de rodillas a los malandras más poderosos de Brasilia, San Pablo y Río de Janeiro. Moro es el verdadero héroe de este lío. 
Guillermo Belcore

Calificación: Muy buena



lunes, 26 de marzo de 2018

Historias cortas

Por Rubem FonsecaTusquets. Cuentos, 172 páginas

Vargas Llosa ha establecido que Rubem Fonseca (Minas Gerais, 1925) pertenece a la misma estirpe narrativa que Manuel Puig, Umberto Eco y Manuel Vázquez Montalbán. "Es uno de esos escritores contemporáneos que han salido de su biblioteca para hacer literatura de calidad con materiales y recetas hurtados a los géneros de gran consumo popular", como el cine, la historieta, el folletín o la telenovela. Es decir, aplica el pastiche, un procedimiento que la crítica ha rotulado como posmoderno.

Ese empeño artístico se percibe en un libro de cuentos que Don Fonseca publicó a los noventa años, proeza de longevidad creativa con escasísimos precedentes (excepto en Italia: Camilleri, Montanelli, Sartori). Historias cortas atesora treinta y ocho relatos breves, algunos muy buenos, otros muy malos, la mayoría pasables.

Los admiradores del vate no se sentirán defraudados; quienes no lo conocen deben saber que, si bien no es éste su mejor libro, encontrarán aquí una puerta de entrada a unas de las plumas más estimulantes del Brasil contemporáneo, cuyo tono naif disimula una aguda crítica social.

Predomina la primera persona del singular. Da voz el volumen a una galería de pilantras francamente divertidos: delincuentes, viejos cascarrabias, chiflados, cínicos, pervertidos (¡hacer el amor con un árbol!), obesos, mutilados. El giro inesperado al final es la piedra de toque de muchos textos. Verbigracia: escuchamos a un anciano despotricando contra la sociedad de consumo, el filisteísmo, el mal gusto de las masas, los social climbers... Para preservar a su familia de esos flagelos modernos planea legar sus bienes a instituciones de caridad... . "¿Pero qué pasa nietecito? Suéltame el cuello, me estás apretando muy fuerte, me ahogas, me quedo sin aire, ay, ay. estoy...".

El humor está bien logrado, como en ese texto en que al protagonista sólo le ocurren desgracias. Menos afortunado es el recurso de extrapolar definiciones del diccionario o la enciclopedia, una y otra vez hasta el hartazgo; acaso por la voluntad del autor (¿populismo literario?) de hacerse entender por el más zoquete. Se ha acusado a Fonseca de sensacionalista y de incurrir en lo soez. En Historias cortas hay un poquito de eso, también. Pero el lector nunca deja de interesarse en lo que le cuentan.
Guillermo Belcore
Publicado en el Suplemento de Cultura del diario La Prensa.

Calificación: Bueno


PD: Hace diez años, sugería la lectura de esta novela de Fonseca https://labibliotecadeasterion.blogspot.com.ar/2008/03/diario-de-un-libertino.html
Me tienta releerla.