…Pero duele que el tiempo pase tan deprisa y, -sintiéndolo por Pablo Guerrero y Antonio Reyes- siga sin llover a cántaros. En los comienzos del 96 comenzamos hablando de que Felipe no podría ganar tal como pintaban las cosas… y llegó Aznar y se quedó ocho años, tantos como Bush, pero muchos menos que Pedro que nos plantó un ovni frente al Mercado, que luego “deconstruyó”. Pero ya era muy tarde… Nunca es tarde, sin embargo, para hablar con los amigos de cualquier cosa, de aquello que leemos, de lo que escuchamos, de lo que nos pasa, como pasa la vida. No cabe mucho, es cierto, en el corto espacio en el que transcurre un café, mientras nos bebemos una hora que siempre tiene más de sesenta minutos. Cabe cada vez menos. Sin embargo, las mañanas de los sábados tienen algo especial. Algo que después de doce años y doce líneas creo que tiene que ver con la amistad.