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viernes, 1 de abril de 2011

El muro, de Roger Waters.

Roger Waters

Hace unos días tuve la suerte de poder asistir en Madrid al espectáculo musical "El Muro", de Roger Waters, antiguo miembro, bajista y cerebro del grupo de rock sinfónico Pink Floyd. "El Muro", uno de los discos más vendidos en la historia de la música moderna, es un álbum conceptual, una ópera rock de calidad indiscutible. Aunque se estrenó hace más de 30 años, su temática sigue siendo de actualidad. Además del archiconocido muro de Berlín, felizmente derribado, o del que se levanta en Cisjordania, hay otros menos visibles pero no por ello menos injustos. Frente a las personas, se edifican continuamente muros reales y simbólicos, muros del dolor, del autoritarismo, de la injusticia, de la intolerancia, de la incomunicación. Muros que separan, que dividen, que limitan nuestros movimientos, nuestra capacidad para relacionarnos, que tapian nuestra libertad y nuestros deseos de realizarnos como personas. En nombre de rígidos principios como las ideas políticas, las guerras que desencadenan los poderosos, el consumismo o los prejuicios raciales, se aniquila la libertad del hombre, adocenándolo, convirtiéndolo en poco más que un muñeco sin ideas, en un objeto manipulable, sin identidad, sin sentimientos...


Para la puesta en escena del espectáculo musical, de altísima calidad, con lo último en tecnología digital, Roger Waters hace construir un gigantesco muro de diez metros de alto por setenta de ancho que, pieza a pieza, se va levantando durante la función, canción tras canción, ladrillo a ladrillo, hasta que llega un momento en el que el grupo y el público quedan totalmente aislados. Sólo algo impide que la incomunicación sea total: la música, que no deja de sonar en ningún momento, en un Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid abarrotado de un público entregado y entusiasta.


Fotos de mi hijo Guillermo


Efectos especiales, ladrillos blancos que sirven de pantalla donde se proyectan cientos de imágenes, fuegos de artificio, un avión de combate alemán estrellándose, enormes marionetas, un cerdo gigantesco teledirigido volando sobre las cabezas de los espectadores, unos reflectores antiaéreos enfocando amenazadoramente al público, mientras los acordes contundentes y rotundos de piezas como "In the Flesh" , "Hey you" o "Confortably Numb" atruenan en el aire con esos enérgicos riffs de guitarra y esos potentes graves que sacuden los oídos y remueven la adrenalina de los espectadores.

Hoy, que se cumplen setenta y dos años de un muro revanchista que se levantó contra la libertad de los españoles, sirva esta entrada como recordatorio de esa amarga fecha.

Nuevos muros amenazan hoy a los pueblos.
Ojalá no se levante ninguno más y se derriben los antiguos.

Y ojalá tampoco sea esta la última gira que emprenda el ex-líder de Pink Floyd.
En todo caso, queda demostrado una vez más que emoción, entretenimiento y calidad no son conceptos incompatibles.