UN LIMEÑO EN SEVILLA
Tras un turbulento pasado en su país, "aterrizó" en España.
Aquí y en otros países que visitó, como Italia y Francia, tomó contacto con ilustrados españoles y europeos, como Campomanes, Aranda, conociendo incluso a Voltaire y Diderot.
Durante el reinado de Carlos III, ocupando diferentes cargos de responsabilidad, hizo importantes reformas y aportaciones, como por ejemplo, el proyecto de repoblación de Sierra Morena y otros lugares de Andalucía, el mayor proyecto de colonización conocido de tierras baldías, creándose nuevas poblaciones como La Carolina, La Carlota y La Luisiana.
En Sevilla, siendo nombrado Intendente, acometió diversas actuaciones:
- Mejoras del abastecimiento de la ciudad.
- Política de obras públicas y urbanismo: adecentamiento de barrios y calles, limpieza de la ciudad, el "Reglamento general de limpieza de las calles por semanas", colocación de azulejos con rótulos en las mismas (todavía perduran).
- Animación ciudadana y cultural: Olavide, sin temor hacia los caciques locales civiles y religiosos que controlaban tradicionalmente la ciudad, reglamentó los baños públicos en el Guadalquivir; fomentó los bailes de máscaras de Carnaval, considerados pecaminosos por las mentes más conservadoras; impulsó las representaciones teatrales, estableciendo la primera escuela dramática del país; fomentó la literatura y la lectura (biblioteca pública) y diseñó un plan general de educación, con reforma de las enseñanzas medias y universitarias.
Su condición de extranjero le dio cierta capacidad de maniobra para emprender reformas que los naturales del país eran más reacios a iniciar por miedo a la Inquisición.
Vigilado por sus contactos con gente de la Ilustración y envidiado por muchos, fue objetivo del Santo Oficio. Acusado de infamia y herejía, entre otras cosas por poseer libros prohibidos, fue detenido y procesado en 1775. Era evidente que su actividad reformista y moderna era mal vista por los sectores más reaccionarios de la sociedad española.
En esta página podemos leer:
"El primer motivo de recelo de la Inquisición hacia la persona del enriquecido peruano fue de orden intelectual. En 1768 llegaron al puerto de Bilbao 29 cajas de libros franceses, con un total de 2.400 volúmenes, entre los que figuraban muchos prohibidos, incluso para quienes poseyeran licencia especial. El destinatario era Olavide, quien los hizo reexpedir a Sevilla, a su nuevo domicilio del Alcázar. Con esta base inicial y las sucesivas compras en el extranjero de novedades bibliográficas, más la suscripción a las Gacetas más importantes de París, Leiden y Amsterdam, el Intendente, Asistente y colonizador se procuró una información de primera calidad y continuó en la península su proceso de afrancesamiento, tan pernicioso a los ojos del Santo Oficio. Como hace destacar Defourneaux, estudiando el catálogo de su biblioteca: "compró todo lo que se leía en los géneros más diversos, desde las grandes obras que jalonan la evolución intelectual del siglo, hasta los éxitos del día, las obras de los novelistas en boga que duermen hoy, olvidadas, en los estantes de las grandes bibliotecas públicas". Precisamente esta figura de intelectual "a la moda", insólita en los anales de la política española, atraía las miradas suspicaces, la murmuración y el recelo del espíritu inquisitorial, tan arraigado en ciertas capas de la sociedad del antiguo régimen."
Su procesamiento y encarcelamiento fue rechazado por muchos ilustrados españoles y europeos.
Logró escapar de su encierro y estuvo exiliado en Francia durante 17 años, hasta que Carlos IV le permitió volver, restituyéndole rentas y dignidades.
Murió al poco en Baeza en 1803.