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martes, 22 de diciembre de 2009

Soneto donde hablo de Rosa.

A mi amiga Rosa por el detallazo enorme del regalo, Diógenes genuino incluido.

...Y que Garcilaso me perdone.


SONETO

En tanto que mi amiga Rosa ordena
en su Cuadro de Honor a sus lectores
que, devotos, leen de mil amores
zozobras y dichas, alguna pena,

y en tanto que impaciente se plantea
dejar el blog algún rato aparcado,
otra novela, tras “El Emboscado”,
tenaz retoma, mágica tarea:

reciba Rosa mi más fuerte abrazo,
antes que el tiempo que todo lo borra
relegue comentarios al olvido.

Termine la novela mas no corra,
Porque no por correr mejora el trazo.
Abrazos por el tiempo compartido.



Rosa: un fuerte abrazo.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Piratas y románticos

Piratas, delincuentes de los mares, rebeldes primitivos, productos del hambre, la desesperación y la desigualdad social, saqueadores de botines ajenos, alejados o próximos a las costas... Una actividad muy antigua que se remonta a la época clásica griega, de ahí su nombre: piratas, del griego "Pyros", "fuego", o también "incendiarios". Caer en sus manos era una tragedia porque significaba la muerte.
En la Edad Media tuvimos como piratas de lujo a los vikingos, con sus puntiagudos "drakars" y sus incursiones en las costas europeas y lugares próximos a las desembocaduras de los ríos, sembrando el pánico. También a los árabes, que hicieron del Mediterráneo un lugar inseguro, de ahí que Europa se replegara sobre sí misma e inventara el feudalismo.
Sin embargo, los más famosos fueron los de la Edad Moderna. Primero fueron los turcos y berberiscos durante el siglo XVI, con el saqueo de las costas del sur de Europa. Luego piratas y corsarios durante el siglo XVII, siendo los escenarios preferidos el Caribe y el Atlántico. De esta época trata la mayor parte de las películas del género.

"Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín."

Los corsarios eran los que tenían "patente de corso", es decir, permiso de su país para ejercer la piratería, una especie de guerra sucia económica por el control de los mares. Concretamente Inglaterra se especializó en este tipo de piratería amparada desde arriba para ejercer el saqueo y sembrar de miedo e incertidumbre algunos mares donde se quería llevar a cabo un monopolio comercial.
Con sus enormes barcos en un principio, galeones o galeras de 40 a 60 metros de eslora, luego fueron reduciéndose las proporciones apareciendo corbetas y ya en el siglo XIX bergantines de menor tamaño, como el de la poesía de Espronceda, y mayor maniobrabilidad.


"La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Estambul:"

El objetivo del pirata era el botín, que podían ser joyas, metales preciosos, monedas, especias, el propio barco asaltado... y también personas, es decir: esclavos. Capturar personas para ser vendidas como esclavos era un negocio de lo más lucrativo. Actividad que se venía haciendo desde la época romana y que tanto cultivaron los ingleses para la explotación de sus plantaciones en las colonias americanas.
Piratas famosos fueron los corsarios Henry Morgan y Francis Drake, al servicio de la corona británica; el "loco" español Lope de Aguirre y el pirata turco Barbarroja.


Cuestión de estética: poetas, pintores y músicos.

El pirata, por su actitud de rebeldía y por su vida libre, aventurera y peligrosa, se convierte en personaje preferido de algunos artistas románticos, en material inspirador de primer orden.
Hay una identificación sobre todo estética, pero también, en cierta medida, de actitud vital entre piratas y artistas románticos.

Espacios comunes que comparten:
  • La exageración.
  • La vida agitada.
  • La lucha por la libertad.
  • El valor del sentimiento.
  • La originalidad.
  • El universo propio.
  • El gusto por lo macabro.
  • El quebrantamiento de la norma.
  • La escenografía violenta: mar agitado, tormentas, tempestades...
  • La emoción.
  • La naturaleza frente a la civilización...




En esta misma línea dice Esproceda:

"Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones. "

Una escenografía viva y violenta.
Y finaliza diciendo:
"Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar."

José de Espronceda


Y ahora un poco de música del Romanticismo y algo más...






lunes, 2 de noviembre de 2009

Perpetrando a Zorrilla 2

¡Que Zorrilla nos perdone!
Rosa y un servidor hemos vuelto a perpetrar unos versos, esta vez sobre el afamado don Juan, ligón de tres al cuarto, reconvertido aquí en gorrón impenitente, en busca de algún incauto que pague sus tragos.


Rosa en el mismo color.
Cayetano en azul.

Don Juan Tenorio era aquél que decía...

"Yo a los tugurios subí.
Yo a las bodegas bajé.
Y en todas partes dejé...
que pagara Ramoncín."

Ramoncín tiene posibles,
por eso paga las rondas,
y hay quien busca su compaña
por no pagar ni una gorda.
Parece que uno de ellos
era este don Juan Tenorio,
que era un gorrón de cuidado,
eso es público y notorio.

Pues con galán tan mezquino
habrá que tener cuidado.
De pagar rondas ajenas
está mi barrio arruinado.

Don Juan triunfa por la estampa,
que con tal arma conquista,
pues si fuera por la bolsa,
no se comía una rosquilla.

¿No es verdad, amiga Rosa,
que este Juan conquistador
es muy bello y agraciado,
pero muy mal pagador?

Eso es verdad, Cayetano,
mas no es eso lo peor,
sino que es un botarate
y además un picaflor.
Que lo inviten al condumio
no constituye baldón,
pero engañar a las damas
no lo hace quien tiene honor.

Y en su epitafio pondrá,
y lo digo con premura:
"Aquí yace un vividor.
Gorroneó sin mesura.
Galanteó con denuedo.
De su vida hizo locura.
Reposa aquí Juan Tenorio.
Aquí yace un caradura."



Es de esperar que el señor Zorrilla nos perdone allá donde esté. Al fin y al cabo hacemos publicidad gratis de su personaje, al que no hemos tratado peor que el propio autor, que conste, que al fin y al cabo es su padre.






jueves, 29 de octubre de 2009

Perpetrando a Zorrilla, poeta romántico.


Seguro que conocéis los famosos versos de José Zorrilla, sí, aquéllos que empiezan diciendo:


"
Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada

hasta cuarenta gomeles

y el capitán que los manda.

Al entrar en la ciudad,

parando su yegua blanca,
le dijo éste a una mujer

que entre sus brazos lloraba:"


En efecto, pertenecen al comienzo de la célebre composición "Oriental".
Bueno, pues el caso es que entre Rosa -escritora, colega de profesión y persona con gran sentido del humor- y un servidor hemos tenido la ocurrencia de hacer una versión en broma del famoso romance. ¡Que Zorrilla nos perdone!

Os pongo el enlace del blog de Rosa para que leáis lo que salió y de paso visitéis el lugar.
Un saludo.


martes, 2 de junio de 2009

Canciones prohibidas por la Inquisición

Imagen: Neuromante Zero


A VUELTAS CON LA CENSURA



Ya que hablamos de censura, traigo aquí una cancioncilla popular española del siglo XVIII. Ni que decir tiene que fue en su tiempo prohibida por la Inquisición.
Lo que me llamó siempre la atención de esta letra es su frescura, su atrevimiento, su capacidad provocadora, transgresora... Es evidente que, en la España de los Borbones, algo de miedo se le estaba ya perdiendo al Santo Oficio. Si bien no hay nunca que minimizar sus actuaciones, ya no era tan fiero como en sus primeros tiempos. De hecho, los procesos o Autos de Fe eran cada vez más escasos.

La canción prohibida

“Ayer tarde vide a Joaquinita
y como era inocente y soltera,
ignoraba del taranlarera
los resortes del taranlará.

¿Estás sola? Le dije quedito.
Sí señor, que mi tía está fuera.
Pues si quieres que taranlarera,
jugaremos al taranlará.

¿A qué juego? Me dice asustada,
que no entiendo ni uno tan siquiera.
Es el juego de taranlarera
que se juega con taranlará.

Arrímela, por fin, una silla.
¡Que no quiero! Me dice severa.
Que mi tía taranlarera
me dice que esto taranlará.

Convencíla por fin con palabras
y rindióse como una cordera,
que en el juego de taranlarera
comenzamos el taranlará.

Y la niña jugaba el tal juego
cual la misma diosa de Citera,
arrastrando el taranlarera
en los casos del taranlará.

Acabamos por fin una mano
y la niña pidió placentera
y a la cuarta taranlarera
yo ya estaba sin taranlará.

Yo le dije: no tengo más cartas.
Y ella entonces me dice muy fiera:
Miren qué hombre de taranlarera
que no tiene taranlará.”


En 1978, un grupo español, Hadit, daba a conocer ésta y otras canciones en un álbum titulado “Canciones prohibidas por el Santo Tribunal de la Inquisición”
La canción que tenemos aquí, de autor desconocido por razones obvias, hace una referencia clara a las relaciones sexuales. Se usan dos palabras sin significado aparente que actúan como metáfora de una realidad a la que se quiere hacer alusión. Es una estrategia para intentar burlar la moral religiosa establecida e impuesta.
Canciones populares del siglo XVIII como la presente estaban en el punto de mira del Santo Oficio por ser algo fresco, desinhibido, provocador... como la vida misma. El Santo Oficio temía que las picardías populares se expandieran y contagiaran con su desenfadado vitalismo, saliéndose de los límites impuestos. Es decir: miedo a perder el control de la sociedad... Y acusadas de obscenas, inapropiadas, indecorosas y pecaminosas, fueron perseguidas y prohibidas.