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lunes, 18 de septiembre de 2017

A vueltas con el Nacionalismo

Bandera marciana
Imagen tomada de aquí

Hace casi tres años y medio escribía esto. Creo que  hoy sigue estando de actualidad.
Una vieja entrada que hoy recupero.
Con los comentarios que se hicieron en su día



(Una reflexión que no va a gustar a más de uno)

Me echo a temblar cuando los ciudadanos son capaces de movilizarse más por los símbolos identitarios que por los recortes en sus derechos. Ahí es cuando aparece el agujero negro del nacionalismo, con ese poder terrible para absorberlo y manipularlo todo. 
Cuando hablo de nacionalismo no sólo me refiero al independentista sino también al centralizador. Y no sólo me refiero a España.
Un “invento” ya antiguo que permite canalizar energías en una sola dirección y lograr que afloren los sentimientos más escondidos, donde prevalece la emotividad frente al raciocinio. Miedo me da un pueblo que se mueve por simple visceralidad y que aparca la sensatez, el diálogo, la negociación y la convivencia. Ello nace de un problema de empatía: la capacidad o la incapacidad para ponernos en la piel del otro. Y si no hay diálogo, las acciones sustituyen a las palabras. La violencia es el siguiente paso. No es la primera vez que ocurre. Y siempre hay alguien detrás que obtiene buenos réditos con ello. No hay más que echar un vistazo a la historia. Los ejemplos sobran. 

UN PRODUCTO DE LA CRISIS 

Habría que plantearse por qué siempre que hay crisis se agudizan estos sentimientos nacionales identitarios, a la par que aumenta el racismo y la xenofobia (Véase por ejemplo el aumento de apoyo en Francia del grupo ultra de la señorita Le Pen). Es un mal síntoma: el raciocinio se ve desplazado por la pasión y la emotividad. Eso en política no debe ocurrir. Es un camino muy peligroso. Los impulsos viscerales hay que dejarlos para el arte y la poesía. La pasión desbordada traducida en términos estéticos se puede denominar Romanticismo, pero a nivel político y en los tiempos actuales no es otra cosa que una forma de fascismo. 

UNA MANIOBRA DE DISTRACCIÓN 

El mensaje siempre es parecido: la culpa de que nos vaya mal la tiene el vecino -o el inmigrante- , no una política global equivocada. Es más sencillo buscar culpables en los de al lado aprovechando algún agravio reciente o del pasado. Y si no lo hay, nos lo inventamos. Es fácil. La gente quiere carnaza, chivos expiatorios que paguen los platos rotos. Y el mensaje cala enseguida entre la población. Con esto del nacionalismo los dirigentes tienen entretenida a la gente, a la de allí y a la de aquí, una cortina de humo para que no vean que los problemas verdaderos no son de banderas sino de trabajo, sanidad, vivienda y educación. Los problemas cotidianos de la gente son muy similares en todas partes. Cuanto más viajas más cuenta te das de las similitudes. Todos respiramos, amamos a los nuestros, luchamos para llegar a fin de mes… Hay más cosas que nos unen que las que nos separan. 
Las banderas y los himnos están muy bien como parte de nuestra cultura, del folclore, como la fiesta de los toros, la ikurriña o el baile de la sardana, pero no debe convertirse en material arrojadizo para agredir a los que no los comparten. Porque precisamente eso sería hacer el juego a los que quieren que busquemos al enemigo fuera de casa, evitando así que reclamemos soluciones a los de dentro. 

¿PARA QUÉ MÁS FRONTERAS? 

Los que se quejan de falta de libertad colectiva no deben proponerme a cambio levantar nuevos muros de incomunicación entre las personas. Ya tenemos demasiadas fronteras. Te puedes sentir vasco o andaluz o catalán y a la vez español o europeo o ciudadano del mundo o de la Vía Láctea o de ninguna parte. Y no pasa nada. No vas a ser mejor ni peor por ello. No hay que avergonzarse necesariamente de la pertenencia a colectivos que no te excluyen. 

Y ya puestos, ¿qué sentido tiene hoy el hablar de "nación", de democracia y de pueblo soberano -independientemente del color de tu bandera-, cuando los que toman de verdad las decisiones no son nuestros políticos electos locales, sino en realidad gente que está lejos, en sus despachos, dictando órdenes a diestro y siniestro y moviendo a su antojo los hilos del mundo? ¿Qué es lo prioritario que cambiemos? ¿Qué pesada losa nos tendremos que quitar de encima para ser de verdad libres?

domingo, 14 de septiembre de 2014

Arcadia o Banania

Bandera imaginaria


¿Es conveniente en épocas de crisis plantearse cambios en la forma de estado o en el orden territorial?

¿Hemos aprendido algo de nuestra historia anterior?

Estos tiempos que corren no son los más indicados para cambiar las reglas del juego. 
No es esta la ocasión más sensata para plantearse hacer modificaciones que pongan todo patas arriba ni en la forma de estado ni en el orden territorial, con esos dirigentes, nacionalistas o no, que intentan tapar sus inmundicias envolviéndose en la bandera del oportunismo.
No se va a conseguir mayor estabilidad en el país ni en sus comunidades o regiones, antes al contrario. 
En plena crisis económica, con un desempleo bestial, con un recorte salvaje en las prestaciones sanitarias y educativas, con un descontento enorme por los casos de corrupción y por el fraude fiscal, con el descrédito de muchas de nuestras instituciones, con un bipartidismo autista puesto en tela de juicio, lo que menos conviene en estos momentos es fomentar nuevos focos de malestar, incertidumbre, preocupación y enfrentamiento. 
Lo que hacía falta para que muchos falsos patriotas de pacotilla que se han puesto las botas durante la crisis se coloquen ahora la medallita de defensores a ultranza de España, de Cataluña o de lo que se quiera. No hay que darles ese gusto. 
Algunos inútiles y corruptos que ocupan cargos públicos están deseando que el nacionalismo de aquí o de allá se agudice para arroparse con un escudo en forma de bandera y presumir de patriotas.

Creo además que hay otras  prioridades en este instante. 

Hablo de vivienda, de empleo, de transparencia en la gestión, de bancos que no dan créditos después de ser rescatados con dinero de todos. 
Hablo de solidaridad con los que lo están pasando mal, de justicia verdadera, de decencia política y de honestidad.  

Saquemos alguna enseñanza de nuestra historia pasada. No cometamos los mismos errores. Arreglemos primero la casa por dentro, cada uno su habitación, serenamente, que hay mucho que arreglar.  Y luego ya nos ocuparemos de lo demás, incluso de pintar  la fachada con otros colores.
Arcadia o Banania, qué mas da.
Más decencia y menos banderas.

domingo, 20 de noviembre de 2011

A vueltas con el Nacionalismo



El Nacionalismo europeo del siglo XIX fue un movimiento vinculado a la burguesía. En un principio fue un producto de la Revolución Francesa en su lucha contra las fuerzas absolutistas del Antiguo Régimen, un movimiento revolucionario paralelo al liberalismo, porque si este buscaba la libertad del individuo frente a la opresión y a la tiranía, aquel pretendía también la libertad, pero no ya del individuo a título personal sino la de todo un pueblo. Así cobraba sentido la lucha de liberación griega frente al imperio turco, o la independencia de Bélgica frente a Holanda o también la independencia de las colonias iberoamericanas. Ese era el nacionalismo romántico, altruista, que luchaba por su identidad contra los que se la negaban. La estampa típica era la de Lord Byron luchando desinteresadamente junto a los griegos en busca de la libertad de un pueblo.

Pero el nacionalismo tuvo otra vertiente menos amable y fraterna, y fue cuando se volvió conservador una vez que la burguesía se afianzó en el poder. Y los demás se convirtieron en un estorbo frente a los propios sueños de desarrollo y grandeza. Era un nacionalismo vinculado a las necesidades económicas, al desarrollo industrial, a la conquista de mercados. Así nos encontramos con un nacionalismo expansionista, excluyente, que miraba a los vecinos como competidores y en ocasiones como si fueran inferiores. Un nacionalismo racista, xenófobo, nada fraterno, para el que el extranjero no era un hermano sino casi siempre un enemigo. Un nacionalismo peligroso que buscaba en la propia identidad los pretextos para justificar el expansionismo y la guerra. Este nacionalismo bebía directamente del "darwinismo social" y promovía la teoría de la "raza superior", con el derecho de los fuertes sobre los débiles . Creo que no hace falta recordar a dónde fue a parar Europa con ese equipaje ideológico ni tampoco indicar el ejemplo de Adolf Hitler como el caso más conocido y aberrante de esta argumentación.

Algunas reflexiones sobre el Nacionalismo:

"Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás pueblos es lo primero”.

Charles de Gaulle


“Los nacionalistas no sólo no desaprueban los hechos atroces realizados por su bando, incluso tienen una capacidad increíble para ni siquiera oír hablar de ellos”.

George Orwell


"El nacionalismo, lo mismo el centralista que los periféricos, es una catástrofe en todas sus manifestaciones".

Mario Vargas Llosa



jueves, 10 de febrero de 2011

Frases célebres

Prat de la Riba


Josep Plá
, un escritor catalán, decía:

"El nacionalisme es com un pet, només li agrada a qui se'l tira."
Es decir:
"El nacionalismo es como un pedo, sólo le agrada al que se lo tira."
Pero no todos pensaban como él:
"Son grandes, totales, irreductibles las diferencias que separan Castilla y Catalunya, Catalunya y Galicia, Andalucía y Vasconia.”
"La tierra catalana es la patria catalana; todas las generaciones la han constituido. De modo que cada nación ha de tener un Estado, pero Cataluña tiene además una misión imperialista cuyo marco son los pueblos ibéricos desde Lisboa hasta el Ródano".
"La «castellanización» de Cataluña sólo es «una costra sobrepuesta, una costra que se cuartea y salta, dejando salir intacta, inmaculada, la piedra indestructible de la raza»".
"Los pueblos bárbaros han de ser sometidos de buen grado o a la fuerza. Las potencias cultas tienen el deber de expansionarse sobre las poblaciones retrasadas.”
Enric Prat de la Riba, político catalán (1870- 1917)

domingo, 19 de diciembre de 2010

Frases célebres

Sabino Arana

Pío Baroja, ese vasco universal, escritor, médico y "panadero" ocasional en Madrid, vino a decir que el nacionalismo es una enfermedad que se cura viajando; pero no todos pensaban como él...

"El bizkaino es inteligente y hábil para toda clase de trabajos; el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos. Preguntádselo a cualquier contratista de obras y sabréis que un bizkaino hace en igual tiempo tanto como tres maketos juntos.

El bizkaino degenera en carácter si roza con el extraño; el español necesita de cuando en cuando una invasión extranjera que le civilice.

Si nos dieran a elegir entre una Bizkaya poblada de maketos que sólo hablasen Euzkera y una Bizkaya poblada de bizkainos que sólo hablasen el castellano, escogeríamos sin dubitar esta segunda, porque es preferible la sustancia bizkaina con accidentes exóticos que pudieran eliminarse y sustituirse por los naturales, a una sustancia exótica con propiedades bizkainas que nunca podrán cambiarla."

Sabino Arana, fundador del PNV y padre del Nacionalismo Vasco (1865- 1903)