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miércoles, 13 de junio de 2018

Insectos




Dípteros, ortópteros, tricópteros, himenópteros…
Invertebrados artrópodos.
Gigantes de Gulliver, como el escarabajo-elefante sudamericano o el “goliath” africano.
Todas las industrias, aficiones, artes y oficios tienen su insecto.
Enterradores carroñeros, polillas que juegan al escondite, arañas tejedoras, migalas caníbales, insectos cantantes como la cigarra o el grillo, insectos carpinteros, insectos- espantajo como la polilla esfinge o la mariposa búho. Y donde hay agua: barqueros, nadadores, piratas y pescadores. Hay hormigas albañiles, mineras, ingenieras, granjeras, militares, esclavas, sepultureras.
Hay insectos- ogro que devoran a otros insectos, como la mantis, la tarántula, las libélulas o las aparentemente inofensivas mariquitas que devoran sin demasiados miramientos a los pulgones.
Todas las grandezas y miserias, todas las virtudes y todos los defectos que podamos encontrar en las actividades humanas tienen un referente en el mundo de los insectos.


Fragmento de un capítulo de “Desde el laberinto”




jueves, 2 de noviembre de 2017

Carta para enviar desde el otro lado de la valla


Cuento publicado el 2 de noviembre de 2017 en La Charca Literaria


Querida familia: espero que por la presente os encontréis bien de salud. Yo, dentro de lo que cabe, aquí estoy bien, relajado, tranquilo, sin los sobresaltos a los que estaba acostumbrado en los últimos tiempos, siempre estresado, angustiado por esto, por lo otro.  Ahora tengo tiempo para mí, para pensar, para hacer memoria, para reflexionar sobre lo humano y lo divino.

Desde el otro lado de la valla las cosas se aprecian de otra manera. Aunque no acabe de acostumbrarme a estar aquí, no voy a quejarme.  No sería justo.

Como sabéis, me vine por propia voluntad, porque las cosas se estaban poniendo allí muy difíciles. La crisis, la falta de trabajo, mi fracaso personal con aquella mujer, la separación… Me costó mucho trabajo tomar esa decisión. No fue fácil: dejar toda una vida para emprender un camino incierto sin saber lo que te espera al otro lado. Porque se cuentan cosas, pero siempre te queda la duda de si serán o no verdad.

Lo malo de todo son los cambios. Acostumbrado a un país donde el bullicio, el hablar alto y la luz son sus señas de identidad, no me resulta fácil habituarme a otra realidad que supone en la práctica vivir en un riguroso silencio y donde la luz se te escatima. Aquí todo es muy tranquilo. Nadie te molesta a horas intempestivas…

Os echo de menos. Aquí me encuentro bastante solo. El lugar donde vivo es pequeño, húmedo, frío, silencioso…  Demasiado, tal vez. Lo peor de todo es que no me acostumbro a dormir en un lecho tan duro. No me resulta cómoda la caja de madera de pino donde reposo ni pasar las veinticuatro horas del día bajo tierra, mientras las bacterias y los gusanos siguen haciendo su trabajo, ajenos a todo.

_______________


Texto publicado originariamente en  "Desde el laberinto", cedido hoy a La Charca Literaria.

domingo, 15 de octubre de 2017

Un hombre imprescindible


No hay animales más inmundos que las rastreras y sucias cucarachas…
En la sección de personal, el engominado cuarentón, encorbatado y estirado, obediente y servicial, embadurnado de colonia y after shave de supermercado, esboza una forzada sonrisa ante su jefa y asiente con la cabeza. Comunicará las órdenes a los empleados.
Al despedirse, sólo le ha faltado cuadrarse y hacer una reverencia. Silencioso y servil, avanza cauteloso y desapercibido con su traje oscuro por el pasillo hacia su cubil y allí frente al ordenador preparará el escrito con los ajustes que afectan a los trabajadores de la empresa.
Son lentejas. Y lo que decide la superioridad no se discute.

La mantis de la oficina, Brenda, la Directora de Finanzas, la que te saca el jugo y luego te devora, la que te exige y te da órdenes de forma amable mientras te hace tragar algún sapo, alguna medida que caerá sobre ti o sobre los empleados de menor categoría que tú: esos pulgones que serán aniquilados de forma inmisericorde porque “así lo requiere la planificación de recursos humanos de la empresa, según los objetivos planteados a medio plazo en lo referente a la optimización de beneficios.” Es decir: despido objetivo, más gente en la cola del paro, empleados desechables, de usar y tirar. Al fin y al cabo nadie es imprescindible. Tú tampoco.

La jefa es una hembra de rompe y rasga; fría y calculadora; esbelta, atractiva y seductora; segura siempre de sí misma; de bellos labios rojos, con esa fragancia de perfume caro y esa blusa modelando sus sinuosas formas… Y él, su hombre de confianza en la empresa.
La jefa era la mantis y él, el jefe de recursos humanos, la sabandija rastrera y salida, el hombrecillo gris obediente, sigiloso y siniestro, incapaz de enfrentarse a ella, siempre arrastrándose a sus pies, lamiendo sus zapatos,  esperando la palmadita en la espalda: porque a fin de cuentas él es la persona de confianza, el hombre necesario, “para que la empresa siga a flote, porque esto es un barco donde sus tripulantes tienen un cometido para que no haya un naufragio y que el barco se hunda con todos dentro, etc., etc.”

Y al fin y al cabo qué mejor que una cucaracha para hacer el trabajo sucio.



miércoles, 15 de febrero de 2017

Añicos


Cuidado con los cristales restaurados. Si los fragmentos no se encajan debidamente en su sitio, pueden jugarnos malas pasadas.


"Puede ocurrir que te mires al espejo del cuarto de baño y descubras delante de ti a otra persona que se está aseando con tu cepillo y tu pasta fluorada y te enseña los dientes. O que te acerques a la ventana un día radiante de verano y compruebes que al otro lado del cristal  está nevando o hace un viento horrible. O que detrás del escaparate de una tienda haya un maniquí haciéndote un gesto obsceno con el índice de una mano hacia arriba. O que en el documental de la tele, en vez de bellas imágenes sobre gaviotas buscando su ración de porquería en las costas de Ítaca, aparezca la verdadera programación basura con todos sus hediondos y repugnantes gusanos reales. Entonces y solo entonces debes coger un martillo y hacer trizas, de una vez por todas, el maldito cristal del  televisor."


Fragmento de un capítulo de "Desde el laberinto"
Un libro publicado tan solo en papel. No disponible en librerías. 
Más información:  geaberca@gmail.com





domingo, 18 de diciembre de 2016

Ulises en el diván (gabinete psicoterapéutico y 2)


Ulises, el viajero, el astuto rey de Ítaca, el hijo de Laertes y Anticlea, acude a consulta de la doctora Ariadna para curarse sus fobias y su más que posible depresión… Padece también estrés crónico, más conocido en términos psiquiátricos como el síndrome del emigrante o “síndrome de Ulises”, precisamente llamado así en su honor.
Estos días, el gabinete psicoterapéutico presenta mucha animación. La doctora ha tenido que contratar a una ayudante, pues no da abasto con todo el trabajo. De esta forma, Conchi Arcos, la nueva adquisición,  ha sido la encargada de entrevistar previamente al célebre aqueo y tras cumplimentar una ficha con sus datos, le conduce hasta la consulta de la psicoterapeuta.

 -A mí en el fondo no me gusta viajar -comenzaba Ulises su relato -. Tengo fobia al barco. Incluso me mareo. Si lo hice fue por obligación. Como rey de Ítaca no pude negarme a la llamada de los hermanos griegos contra Troya. Había que lavar la afrenta de aquel jovenzuelo malcriado llamado Paris que secuestró a Helena, la mujer de uno de los nuestros…

-Pasó usted a la leyenda como una persona muy inteligente- comenta la doctora Ariadna, mientras hace unas anotaciones breves en su cuaderno-. Ha dado incluso pie a que muchos autores se basaran en sus peripecias: Kavafis, Joyce... Hay hasta películas. Una muy buena protagonizada por Kirk Douglas. Se la recomiendo.

-Astuto, inteligente, sagaz… Se han dicho muchas tonterías sobre mí. Soy bastante normalito. Lo que pasa es que en mi vida tuve la suerte de encontrarme con gente mucho más torpe que yo. La Odisea es una recopilación de gente tonta de la que logré aprovecharme. Y sobre los escritores que me han utilizado como referente... qué quiere que le diga. No sé qué relación hay, por ejemplo, entre un aqueo que pasó media vida lejos de su tierra y un señor de Dublín cuya principal afición era devorar riñones con sabor a orina y cuya mujer se acostaba con el primero que se le pusiera a tiro. Y el otro, el paisano de Alejandría, con la murga de "pide que tu viaje sea largo... No temas a los lestrigones ni a los cíclopes, etc." ¡Y una cagarruta de cabra! En mi piel ya le quisiera ver yo. Qué bien se ven las penalidades ajenas cuando estás tranquilo, calentito y cómodo en tu casa, componiendo versos...

-Pero aquello del caballo de madera fue muy ingenioso.

-Sí, lo del caballo fue idea mía. Estaba completamente borracho cuando lo comenté a los aqueos. Lo dije medio en broma; pero todos creyeron que hablaba en serio y que era una buena idea. Y se llevó a cabo.

-Gracias a ello, cayó Troya.

-Sí,  por intervención de los dioses, porque en el fondo fue una locura. Hay que ser rematadamente tonto para dejarse embaucar por semejante “regalo”, sin sospechar que allí había gato encerrado; pero aquello coló. Y Troya ardió por los cuatro costados.

-Después de conocer sus aventuras, nadie diría que  son fruto de un hombre corriente, con problemas de desequilibrio emocional. Un hombre que fue capaz de desafiar a las mismísimas sirenas, devoradoras de hombres. Hay que estar muy entero.

-Aquello fue una fanfarronada, fruto de un desencuentro con mis hombres, quienes, hartos de dar vueltas por el mar, empezaban a cuestionarse mi liderazgo. Para evitar que se me amotinaran, tuve que demostrarles de lo que era capaz. Por eso decidí que no me pusieran cera en los oídos como a los demás, pero que me ataran fuerte al palo mayor de la nave.



-Enfrentarse a mil peligros, a Circe, al gigante Polifemo, a Escila y Caribdis, a los lestrigones, bajar al inframundo… No es propio de gente débil.

-Lo del cíclope tiene también su miga. Otro tonto. Creo que Poseidón, su padre, se enfadó bastante conmigo porque dejé a su hijo tuerto y ciego al mismo tiempo. Me decía Polifemo, tras darle a beber mi vino: “dime tu nombre, que quiero obsequiarte y hacerte un trato de favor”. Yo le dije que mi nombre era Nadie. Él me dijo: “pues a Nadie me lo comeré el último. Ese es mi regalo”. Por eso cuando le clavé la estaca en el ojo y se quejaba pegando alaridos de dolor, los vecinos le decían “Polifemo, quíén te hace mal”. Y él respondía “Nadie”. Hay que ser muy necio para responder eso.

-Y logró finalmente usted regresar a su tierra.

-Sí. ¡Por fin! Aunque Poseidón hizo lo posible para que eso no ocurriera. Regresé a Ítaca. Salvo mi hijo Telémaco, allí nadie me esperaba vivo.

-Pero Penélope daba largas a los que pretendían su trono…

-Sobre los tarados que pretendían a Penélope ya ni te cuento. Hay que ser rematadamente bobos para no darse cuenta de que yo no era un viejo mendigo. Y dejarme coger el arco y las flechas fue su perdición. La matanza me la pusieron en bandeja. En vez de pasarme a cuchillo por mi osadía de probar a tensar el arco, me dejaron competir con ellos. Y gané. Y fue su final. (*)

-Nadie puede creer que estemos ante un hombre con problemas como para decidir venir a consulta. ¿Cómo se siente anímicamente?- dice esto la doctora Ariadna mientras duda entre recetarle el prozac o la paroxetina.

-Pues es la realidad. Me siento triste. Duermo mal. Tanto tiempo pasé fuera de casa que ahora pago las consecuencias. He perdido la ilusión por las cosas, incluido el sexo. Tanto queso, tantas aceitunas y tanta leche de cabra han debido de trastornarme. Y mi mujer sigue empeñada en que coja de nuevo el barco y me dé una vuelta por ahí. ¡Ni loco! Ya tuve bastante. Para mí que Penélope no se habitúa a vivir de nuevo en compañía y prefiere estar sola. Creo que le cogió afición a eso de tejer y destejer. Igual no me perdona lo de Circe o lo de Calipso o que le eché el ojo a la bella Nausica. Celos tontos. Total, por unas infidelidades de nada... Durante varios años, eso sí...  Y es que las mujeres sois muy raras.


(*)Fragmento de la película protagonizada por Kirk Douglas (1954):



lunes, 12 de diciembre de 2016

Gabinete psicoterapéutico



En una entrada de hace un año podíamos leer...


“Esta mañana Manuel ha salido de casa. La calle amaneció cubierta por una espesa capa de nieve. Falta muy poco para la Navidad y el barrio parece una postal -típica y tópica-  que podría servir de decorado para estas entrañables fiestas. 

El destino de Manuel es la consulta de Ariadna González, afamada especialista que regenta un prestigioso gabinete de psiquiatría y psicoterapia. 
Manuel tiene cita concertada, como viene siendo habitual desde hace un mes, todos los miércoles de 12:30 a 1. 
Lo que desconoce Manuel, nuestro paciente, es que, mientras él está tumbado en el diván y cuenta sus cosas, ella se entretiene ese día en hacer la lista de la compra: 

Pan, azúcar, leche desnatada…  (*)

Anota en su libreta. Hace que escucha, pero está ausente. Su semblante, sin embargo, permanece atento y serio como requiere el relato del paciente. De vez en cuando asiente con la cabeza… 

Y el del diván sigue con su patética historia: 

- Siento que nada tiene sentido. Creo que tiré mi vida a la basura… 

Bolsas de basura, bote de detergente, suavizante para la lavadora… 

La doctora Ariadna desconecta a ratos de las “confesiones” de este maníaco obsesivo compulsivo con tendencia depresiva. Su caso es evidente. Requiere medicación adecuada y que crea que el especialista le escucha…”  

(*) Basado en una ocurrencia del amigo Gabriel Beguerie



Esto ocurría poco antes de la navidad del año pasado:
http://latinajadediogenes.blogspot.com.es/2015/12/la-psicoterapeuta-un-cuento.html

El personaje central de Desde el laberinto acudía a consulta. 
Una pequeña travesura que me permití con permiso de los personajes de la obra.
Algo distendido, como corresponde al espíritu festivo de estas fechas.
Unos días después acudía también como paciente el propio Minotauro. Parecía bastante deprimido:

El Minotauro navideño de Leal Galera,
con un ejemplar de "Desde el laberinto" en la mano.


- El laberinto ya no es lo que era. Desde que lo convirtieron en una atracción turística, no para de venir gente. Acuden en grupo, armados con sus “gepeeses” para no perderse: “en la siguiente intersección, gire a la izquierda y coja la segunda galería que se encuentre a su derecha y camine recto unos doscientos metros."  

La doctora le escucha y duda entre aumentarle la dosis de diazepam o recomendarle que se tome unas vacaciones o que se busque una novia. 

- Vienen con sus cámaras fotográficas, sus smartphones y sus palos de selfies y no paran de retratarse, dando gritos como posesos. Los niños lo tocan todo. Están muy mal educados. El otro día rompieron una estalactita. Y el seguro dice que no lo cubre. 

Cree que lo mejor es aumentarle la dosis. Está muy nervioso. Presenta un cuadro claro de ansiedad. 

- Además, el público se comporta como si estuviera en el cine. Lo deja todo perdido de palomitas y envases de cocacola vacíos. 


Eso pasaba hace un año.
http://latinajadediogenes.blogspot.com.es/2015/12/la-psicoterapeuta-segunda-parte.html

La novedad es que hoy, precisamente hoy, ha pedido cita para acudir a consulta … nada menos que Ulises, el rey de Ítaca. Creo que anda con un síndrome muy peculiar. 
En unos días veremos qué nos cuenta…

lunes, 24 de octubre de 2016

Entrando en el laberinto


Hendidura en la parte exterior de la cueva de Covalanas (Cantabria).
Un sitio de lo más apropiado para iniciar un viaje.

La entrada al laberinto tiene mucho de búsqueda de la libertad, de inicio de aventura, de salto espacio-temporal; pero también tiene connotaciones psicológicas e incluso sexuales: el laberinto podría ser el símbolo del canal del parto y también la vulva oscura que se abre sugerente para el protagonista, no sabemos si para procurarle placer o para complicarle la vida...

"En ese preciso instante, se oyó una sirena y los potentes focos de las torretas comenzaron a moverse de aquí para  allá como buscando algo entre el follaje y las sombras. Seguramente me habían descubierto. Resultaba del todo imposible volver al refugio para  avisar a los otros. Si no me daba prisa me quedaría allí también atrapado. No había tiempo que perder. Sin pensármelo dos veces, me dirigí hacia aquel pasadizo sin perder de vista el hilo que me conducía a él.

Y ante mí se abría como una siniestra boca la entrada de lo que parecía una cueva. Por allí debía entrar. No sé dónde me conduciría pero no estaba en condiciones de elegir ni podía pensármelo mucho. El tiempo apremiaba. Así que sin dudarlo me adentré en aquel lugar."

Fragmento de "Sombras", un capítulo de "Desde el laberinto"



Para información y pedidos:

  Desde el laberinto

y
geaberca@gmail.com

lunes, 12 de septiembre de 2016

Las tres Ariadnas de "Desde el laberinto". Comentarios sobre la obra.



Los griegos eran muy machistas. De eso no hay ninguna duda. Y la mujer aparece -y no es casualidad- como un ser manipulador. Ahí tenemos a Pandora, ahí tenemos a Helena, la que armó la de Troya. Y Atenea, Afrodita y Hera liando más el conflicto entre aqueos y troyanos, tomando partido y manejando los hilos.
Los hilos, siempre los hilos.
Y así, tirando de ellos, nos encontramos con Ariadna.
Tres Ariadnas, para ser exactos.
¿O tal vez una sola que actúa tres veces interpretando diferentes papeles?
Las tres tienen cosas en común: son guapas, son cultas… y son manipuladoras. En un sentido no peyorativo: intentan manejar los acontecimientos y las personas para conseguir un objetivo. No con un interés manifiesto de hacer daño. A ninguna de ellas se la puede calificar negativamente. Simplemente, actúan así por cuestiones profesionales, por afán investigador o por buscar una salida del atolladero.

Veamos:

1º La Ariadna del bosque, la que busca un camino para salir de allí, la que prepara todo para que las cosas vayan como tienen que ir. Necesita que Manuel cumpla una misión. Y le deja el ovillo en un lugar concreto para que pueda dar con la salida. Objetivo: encontrar al minotauro y matarlo. Como en el mito de Ariadna y Teseo. Sólo que el monstruo es una metáfora que habita en la mente o en el corazón de las personas: acabar con el minotauro es terminar con las propias miserias, los propios miedos, es enfrentarse con los problemas que limitan la actuación humana, es superar las fobias que anidan en la mente y provocan ansiedad y locura:

En el ayer están todas las respuestas. Hay que viajar al pasado y eliminar las causas que están detrás de todos los laberintos que impiden encontrar una salida a los problemas. Problemas como el que se nos presenta ahora. Si queremos gozar de la libertad, debemos  combatir cada uno con nuestro propio minotauro.
Y para eso hay que salir de aquí. Hay que seguir buscando. Seguro que la salida la tenemos al alcance de nuestras manos. Hay que dar con ella.



2º La Ariadna ejecutiva de una gran empresa, la que maneja el hilo convenientemente para hacerse con el proyecto innovador de Manuel, otro Manuel ( o tal vez el mismo, dado que el presunto autor de los relatos parece responder a ese nombre). La que logra que su empresa oficial rechace el planteamiento aparentemente, para luego apropiarse ella de él, dado que tiene otra empresa en secreto. Mecanismo para lograrlo: la seducción. Un arma que, sin quererlo, le viene facilitada por la película que elige -¿al azar?- nuestro personaje con el fin de matar el rato. La protagonista es calcada a ella. Inconscientemente despierta el deseo de Manuel de poseer a la heroína del cine, con su traje de cuero ajustado que realza sus sensuales formas. Cuando sale del cine tiene un mensaje en el hotel, una propuesta para su proyecto y una insinuante proposición de encuentro entre los dos:

Trabajo para otra empresa de la que soy además una de las principales accionistas  -eso no es oficial, así que no pude decírtelo en la reunión-  a la que sí le gustaría que compartieses tu proyecto con todos nosotros. Por supuesto,  respetaríamos las condiciones iniciales que nos propusiste.
Si no tienes nada mejor que hacer esta noche, te espero a las diez en mi apartamento con una copa de champán para celebrarlo.
Si estás de acuerdo, llámame para confirmarlo.




3º La Ariadna doctora, la del gabinete psicoterapéutico, la que conduce a Manuel a través de un mundo onírico paralelo, no sabemos si como simple experimento científico o como parte interesada en el asunto. Podría ser la misma Ariadna del bosque, de hecho también era doctora. Siempre nos quedará la duda:

Vamos a continuar con el tratamiento. Es necesaria como siempre su colaboración. Manuel: va a seguir tumbado un rato más. Es necesario que se mantenga relajado y continuar así la sesión. Como le conté en su momento, estamos aplicando un protocolo de sueño inducido mediante  un procedimiento de hipnosis combinado con apoyo farmacológico totalmente inocuo. Para que la terapia tenga resultados positivos, hemos de llegar hasta el final.

Las tres preparan el camino para que Manuel realice una actuación que para ellas es vital. Lo que ya no sabemos es si ese camino es real, producto de un sueño o un delirio de la locura que padece nuestro protagonista.

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Desde el laberinto es un libro de UNO editorial.
Solo disponible en papel. No se vende en librerías. Para solicitar un ejemplar puedes escribir a este correo:  geaberca@gmail.com 

miércoles, 25 de mayo de 2016

Sombras

Imagen de Alexei Bednij

"De niños acostumbrábamos a perseguir las sombras. Y a pisarlas. Las de los demás o las nuestras propias. Era un juego divertido. La cuestión consistía en iniciar una carrera y saltar sobre ellas para que, desprevenidas,  no pudieran zafarse de nuestros pies. Pisar las sombras… todo un entretenimiento.  Ninguna se quejaba. La sombra propia era mucho más escurridiza y esquiva que las de los amigos  o las de los transeúntes que pasaban por la calle, y para atraparla,  por mucho que corriéramos, no pasábamos nunca más allá de la altura de sus pies, que coincidían precisamente con los nuestros. Había ciertas horas mágicas en las que por obra de un sol declinante en la tarde o gracias  a la luz de  las farolas, las sombras se alargaban y resultaban tentadoras, ¿cómo no ir tras ellas?"

Fragmento de "Mujer sin sombra", perteneciente a 

domingo, 3 de abril de 2016

Hablan los lectores



Opiniones sobre "DESDE EL LABERINTO".
Recopilación.

Cuando acabas de escribir un libro, conservas una idea de él que no tiene por qué corresponder exactamente con lo que han entendido los demás.
Hay distintas formas de percibir un texto, distintos ángulos, perspectivas diversas, incluso algún lector puede apreciar la existencia de mensajes ocultos...
A veces escribes cosas que escapan a tu absoluto control consciente ... Como pasa con cierto tipo de  poesía.

De la obra se ha dicho… 

 “La variedad de miradas que puede contener un libro cuando el autor sabe abrir ventanas que ocultan otras.” 
ANA MARÍA FERRIN 

 “El ritmo está muy logrado, digamos que me recuerda a la estructura de una sonata con sus cambios, allegro... andante ma non troppo... molto vivace.” 
XIMENA PRIETO ÁLVAREZ 

 “Por sus páginas desfilan personajes que se niegan a seguir siendo como ovejas de un rebaño, como ratas de laboratorio describiendo eternos círculos infernales en la rueda de la jaula; prisioneros del miedo cuyo retrato podría haber firmado Munch; seres atormentados que se rebelan, asfixiados por las normas, por la rutina, por la injusticia, por la represión de un régimen, por todo aquello de lo que un día deciden escapar aunque sea saltando el muro de la mano de la muerte.” 
MONTSERRAT SUÁÑEZ 

 “El libro trata de la locura, pero es una locura productiva, creativa, como la de Van Gogh o la de Leopoldo Mª Panero. No en balde, el libro es un homenaje a este poeta que pasó media vida en psiquiátricos diversos y acabó allí sus días. También es un homenaje a los viejos mitos griegos. Hay referencias a Laocoonte, a Sísifo, a Aracne, a Ariadna y al Minotauro…” 
ANTONIO PEÑALOSA

 “Igual que otros protagonistas se abandonan al ardor, la pluma de Cayetano Gea Bermejo, más que relatar, filetea las voces de su mente escribiendo Desde el Laberinto a punta de navaja.” 
ANA MARÍA FERRIN 



 “Me atraparon desde el principio los relatos de Manuel. Muros que nos construimos, laberintos a los que inicialmente no les encontramos salida, fronteras que no queremos traspasar. Y todo porque la mente juega con nosotros... desde el laberinto.” 
MANUEL LÓPEZ PAZ 

 “Son relatos de ficción escritos por un loco. A nosotros nos gusta considerar la locura como una de las más elevadas manifestaciones de la imaginación. Así es la escritura de Cayetano Gea, una literatura de imaginación y su libro es un homenaje a la locura, “en un mundo loco repleto de gente cuerda”.
ESCRITORES RECÓNDITOS 

 “29 relatos/puzzle/espejo, en los que al mirarte puede que veas cómo sus piezas empiezan a fragmentarse, deshaciéndose hasta mostrar por detrás el propio yo oculto del lector, de ti mismo.”
ANA MARÍA FERRIN 

 “Convertir en materia literaria los trastornos mentales es algo que ya hizo magistralmente Miguel de Cervantes; si bien, lo que el autor del Quijote pretendía era poner sobre el tapete el comportamiento de un hombre que vivía a contracorriente al pretender resucitar en plena edad moderna la época de los caballeros andantes. Aquí el protagonista es la mente torturada de personas aparentemente normales que viven o sufren sus obsesiones, algo más de la edad contemporánea con sus psiquiatras y sus ansiolíticos. Más de hoy.” 
ALBERTO  LUJÁN 




"Líbrenos Dios o el diablo de las Ariadnas que trazan tu ruta y de las Aracnes que tejen tu destino."
RICARDO LOSADA

 “Desde el Laberinto es un libro de relatos en los que razón y locura se confunden y se fusionan. Nos adentramos en laberintos mentales buscando la salida de un mundo de pesadillas, sabiendo que “si queremos gozar de la libertad, debemos combatir cada uno con nuestro propio minotauro”. MONTSERRAT SUÁÑEZ


"Los miedos y los recuerdos atenazan en busca de "nuevos juegos" en la vida. Salir de la zona de confort y dar ese paso... En ocasiones somos esclavos de aquellos retos que creemos que no podemos superar." 
FÉLIX CASANOVA 

"Hay que estar muy loco o muy cuerdo para hacerlo." 
ISABEL HERAS 

"El poeta oye voces, rechina su teléfono, el repiqueteo en los cristales no puede ser lluvia, sino dedos que fijan márgenes tabulando. En el espejo tras su cara veo el rostro sin facciones del laberinto, el horror de la locura.
ANA Mª FERRIN



 DESDE EL LABERINTO 
Para más información: http://latinajadediogenes.blogspot.com.es/2015/11/alumbramiento.html 
 y geaberca@gmail.com


sábado, 6 de febrero de 2016

Reseña de "Desde el laberinto"



Maravillosa reseña la que ha realizado Ana María Férrin desde su blog. 

Nunca sabes lo que realmente has escrito hasta que los buenos lectores son capaces de hacer su particular lectura. Entonces -y solo entonces- te das cuenta de todo lo extenso que puede llegar a ser el laberinto y de que la vida está formada por pequeños fragmentos como los cristales cuando se rompen. En algunos habita la locura. En otros, los momentos buenos, como este que comparte la amiga Ana María desde su blog conmigo y con todos. 

miércoles, 6 de enero de 2016

Mi regalo de Reyes: un juego

Imagen en negativo del dibujo original de Leal Galera,
hecho a propósito para este capítulo.

Juego


 -Ni se te ocurra pisar la raya. Si lo haces, pierdes.

Recuerda María esa frase siempre que se pone a fregar los platos. 

Debe haber un mecanismo inconsciente en su cerebro que pone en relación sucesos de la infancia con la tarea repetitiva y tediosa de enjabonar y aclarar platos y vasos en el fregadero. Cuestión de conexión neuronal. Un flashback proustiano que le trae al presente vivencias del ayer. Y casi siempre acude a su mente esa frase que Merceditas le decía cuando ambas jugaban a la rayuela. 

Y el mismo cuidado con el que ponía los cinco sentidos para jugar correctamente, lo empleaba ahora para las tareas cotidianas. Paso a paso. Casilla a casilla. Sin salirse del camino ni pisar donde no debía. El juego de la infancia. Un adiestramiento necesario. De la Tierra al Cielo en nueve movimientos, sin saltarse ninguna casilla. Orden y disciplina ante todo. El juego de la vida. El mismo cuidado ponía en enjabonar, aclarar y colocar cada cosa en su sitio y dejarlo todo recogido. Como debía ser, como esperaban todos de ella. Una buena esposa, una buena madre. 

Uno, dos, tres, cuatro… 
La comida preparada. La ropa planchada. Cada cosa en su sitio. 

Cinco, seis, siete… 
Los niños que vienen del cole, el marido del trabajo con pocas ganas de conversar. La cena a tiempo. Y recoger todo antes de irse a la cama. Agradecimientos, ninguno. Hasta malos modos a veces. 

Ocho, nueve… 

-Ni se te ocurra pisar la raya. Si lo haces, pierdes. 

De pequeña tenía mucho cuidado. Procuraba no contravenir las normas ni en casa ni en la escuela. Tampoco en el juego. Aprendiendo que la vida son normas y sacrificio. Y cada uno debe ocupar la casilla que le corresponde en cada momento. 

El día en que decidió dar el paso decisivo y pisar la raya y mandarlo todo al carajo, María comprendió que en la vida podría haber otros juegos. 



Capítulo perteneciente a

jueves, 31 de diciembre de 2015

La psicoterapeuta (segunda parte)


El minotauro acude a consulta de la doctora Ariadna. Es su tercera visita. 
Tumbado en el diván desgrana una a una sus quejas. 
Mientras, la doctora anota en su libreta lo que considera significativo e importante. 
Hoy escucha atentamente. Pasó el día de Navidad y no tiene necesidad de hacer la lista de la compra… Todavía quedan restos en el frigorífico de alimentos supervivientes tras varios días de excesos. Repartidas en fiambreras entre el congelador y las bandejas interiores, hay sobras para dar y tomar. El frigorífico es una intrincada jungla donde se mezcla el pollo relleno con los sobres de ahumados y fiambres diversos, patés, quesos de tres tipos, varios yogures caducados y un cuenco con trozos de piña y melocotón en almíbar. Para entrar en él hay que abrirse paso a machetazos. 

- El laberinto ya no es lo que era. Desde que lo convirtieron en una atracción turística, no para de venir gente. Acuden en grupo, armados con sus “gepeeses” para no perderse: “en la siguiente intersección, gire a la izquierda y coja la segunda galería que se encuentre a su derecha y camine recto unos doscientos metros."  

Lo anterior lo dice con una voz impostada, de falsete, imitando el estilo y el tono de las mujeres que hablan en esos artilugios. La doctora le escucha y duda entre aumentarle la dosis de diazepam o recomendarle que se tome unas vacaciones o que se busque una novia. 

- Vienen con sus cámaras fotográficas, sus smartphones y sus palos de selfies y no paran de retratarse, dando gritos como posesos. Los niños lo tocan todo. Están muy maleducados. El otro día rompieron una estalactita. Y el seguro dice que no lo cubre. 

"Creo que lo mejor es aumentarle la dosis -piensa la doctora-. Está muy nervioso. Presenta un cuadro claro de ansiedad." 

- Además, el público se comporta como si estuviera en el cine. Lo deja todo perdido de palomitas y envases de cocacola vacíos. 

"La verdad es que no me había fijado, pero el minotauro está de buen ver, con ese torso musculado y esos brazos fuertes. Tiene un revolcón ¡Ummm! Lástima de cabeza con ese hocico y esos cuernazos. Y el aliento le debe oler a rayos. En fin… "

- Ya no hay paz en el laberinto. Con tanto jaleo se ha roto el misterio. Han convertido un mito con una antigüedad de más de 3000 años en una especie de parque temático. Ya no hay respeto por las tradiciones. Es el fin de la mitología, el ocaso de la cultura. 

"Debe ser muy difícil que encuentre una pareja estable. No creo que le gusten las vacas. Y las mujeres tendrían que estar muy necesitadas para irse con él. Lo debe llevar mal."

- Y yo estoy de más. Sobro. Ni inspiro temor ni provoco respeto. Se ríen de mí. Nada más que me ven empiezan todos a hacer la vaca, a mugir. Y dicen que van a mandarme a un tal José Tomás a al Juli, que no sé quiénes son. También hay otros que dicen que son antitaurinos y me sueltan la charla y me ponen la cabeza como un bombo: que si mi mitad humana tiene la culpa de contribuir a que mi mitad animal mantenga viva una tradición horrible, etc. 

"Lo dicho: le doblo la dosis." 

- Así que estoy acabado. A estas alturas ya no sé si soy un animal maltratado o un hombre frustrado. Creo que voy a suicidar una de mis dos mitades. No sé cuál. Lo echaré a suertes. ¿Lo echamos a los chinos? Venga: ¡tres con las que saques! ¿A qué me suena eso? 

 "Eso lo dejaremos para la siguiente visita. Ahora tenga la receta: diazepam 10 mg, dos comprimidos al día, en desayuno y cena." 

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 Segunda y creo que última travesura navideña a costa de mis sufridos personajes de 


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 Manténgase lejos del alcance de los niños.