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martes, 6 de diciembre de 2011

El nuevo orden mundial

       

Hace poco, un conocido bloguero escribía un artículo donde, esperanzado, hablaba de una posible salida de la crisis económica en España gracias a la llegada al poder de Mariano Rajoy.
Yo le respondía con el siguiente comentario:

“Ojalá tus deseos se cumplan y sea verdad que la crisis se puede solucionar con un cambio político. Me encantaría de veras.
Mucho me temo, independientemente de las torpezas locales, que la cosa es mundial y los que parten el bacalao en el cotarro internacional son los mercados financieros que se están imponiendo a algunos Estados soberanos como Grecia, Italia, Portugal... Creo que lo que se está diseñando en la actualidad por parte de los poderes económicos es un nuevo modelo donde se va a liquidar el Estado del Bienestar. Lo que menos cuenta en ese modelo es lo que piense la ciudadanía, con lo que la democracia va a quedar tocada. Y no habrá vuelta de hoja a menos que la gente corriente a escala europea monte un pollo de narices.
Ojalá me equivoque. No quiero dejar a mis hijos como herencia un mundo donde si te pones malo o tienes un accidente y no tienes dinero puedes morirte de asco en cualquier esquina.
Un saludo.”

En efecto, ojalá me equivoque y mis apreciaciones sean fruto de la miopía política o de mis escasas luces para entender temas de enjundia económica.
Ojalá me equivoque. De todo corazón me gustaría estar en el error.

Pero algo huele mal en todo esto.

Lo que está ocurriendo en los últimos meses es nada más y nada menos que la puesta en funcionamiento de una estrategia hábilmente diseñada: poner a Europa de rodillas y liquidar de un plumazo una era caracterizada por una política asistencial, privatizando todo lo que se pueda el sector público y dejando fuera de cobertura a los menos afortunados socialmente. Una Europa de pobres y ricos. Pero no solo eso. Algo más grave todavía está ocurriendo: un golpe de estado a los sistemas democráticos nacionales. Los países soberanos están viendo cómo sus líderes electos, si no son del agrado de los mercados, están siendo reemplazados por tecnócratas, seleccionados desde las sombras, que sí responden a las exigencias de los especuladores, debiendo llevar a efecto las medidas correctoras que estos exigen.
Desde hace tiempo estamos asistiendo al nacimiento perverso de un nuevo imperio a escala mundial. El imperio del dinero, el del capitalismo más salvaje, el del poder financiero (Goldman Sachs, posiblemente sea el Banco de inversión más poderoso del mundo) y las Agencias de Calificación (Moody's Investors Service y Standard & Poor's). Esto no tiene nada que ver con ideología política alguna, sino con el capitalismo más agresivo y despiadado, un monstruo que enseña sus fauces sin complejos y que tiene la potestad de presionar hasta lograr cambiar los gobiernos legítimamente constituidos si estos se cruzan en su camino. Así, van cayendo gobiernos como el de Grecia e Italia y van accediendo al poder tecnócratas en sustitución de los dirigentes anteriores. (Papademos, actual primer ministro griego, sucesor de Papandreu, fue durante ocho años Presidente del Banco Central Europeo y Mario Monti llegó a Roma tras ser asesor de Goldman Sachs y de The Cocacola Company).
El método empleado para impedir que la gente se subleve es el miedo, miedo a la quiebra económica, a la ruina, a quedarte sin trabajo, a salir del euro, a que te rescaten o te dejen de rescatar, miedo a estar peor de lo que estamos, y la excusa empleada –y que da buenos resultados, por lo que estamos comprobando- es culpar de todos los males a algunos gobiernos que no han sabido sacarnos de la crisis que iniciaron otros. De esta manera se van aceptando los recortes como algo inevitable si no queremos tener mayores problemas todavía. Y para que ello vaya calando entre la opinión pública nada mejor que contar con un poder mediático favorable. La inmensa mayoría de los medios de comunicación se suman a esa estrategia del miedo:
"Los ajustes que demandan los mercados son necesarios si queremos recuperar la confianza de estos."
"Hay que hacer un esfuerzo hoy para no tener que derramar lágrimas mañana."
Frase favoritas para muchos.

Afortunadamente, cada vez son más los ciudadanos que van tomando conciencia de esta estrategia perversa, como los que escribieron sus impresiones el día 3 de diciembre en esta página amiga.
O pensadores críticos de la talla del filósofo alemán Jürgen Habermas.