Con permiso de El Roto.
Siempre tan oportuno.
Hace unos días, acerca de una entrada del colega Paco -sí, ese profe de Arte del IES de Dos Hermanas (Sevilla) que prepara unas entradas estupendas para motivar y ayudar sus alumnos y de paso hacernos repasar a los demás temas casi olvidados-, le comentaba yo, hablando de gente del Renacimiento italiano como Vasari o Leonardo...
Una época singular e irrepetible. Hoy, la gente de talento, en vez de dedicarse al arte, a la literatura o a la ciencia, se dedica a los negocios, a veces hasta sucios. Y así nos va. Talentos desperdiciados por la codicia. Creo que no es la gente la que está podrida, sino el sistema el que pervierte a la gente.
Últimamente llego a esta conclusión, escandalizado por la ola de corrupción que nos invade, no respetando ni a personas ni a instituciones ni a ideologías. Porque si no fuera así, ¿es que se han puesto de acuerdo todos a la vez? Y creo sinceramente que este sistema capitalista extremo que tenemos, que prima el afán de lucro particular, situándolo por encima de los colectivos y de sus necesidades, favorece la proliferación de conductas delictivas. El mensaje que se ofrece a los ciudadanos es "hazte rico, a cualquier precio." Tener los mejores coches, las más espléndidas mansiones, viajar en vuelos caros a cualquier parte, comer en buenos restaurantes, ir a hoteles de lujo... Es la tentación que se ofrece a cambio de bien poco: dejar de ser honesto y no conformarse con menos.
Creo sinceramente que es el sistema el que está podrido. Si no, no se explica este estallido virulento por todas partes de ambiciones desmedidas que amenaza con liquidar todo aquello que tanto esfuerzo costó edificar.
Ya sé que alguien dirá: esto no es cierto, porque hay países con el mismo sistema y sin embargo no hay apenas corrupción.
Cierto, pero es que en el país de la novela picaresca, del vivir bien y trabajar lo justo, el país del compadreo y de los caciques, si con el carbón y el azufre nacionales mezclamos además el nitrato de potasio que viene en la fórmula, la explosión está garantizada.
Ya sé que alguien dirá: esto no es cierto, porque hay países con el mismo sistema y sin embargo no hay apenas corrupción.
Cierto, pero es que en el país de la novela picaresca, del vivir bien y trabajar lo justo, el país del compadreo y de los caciques, si con el carbón y el azufre nacionales mezclamos además el nitrato de potasio que viene en la fórmula, la explosión está garantizada.