Ayer tenía bodorrio. A lo grande, de los de etiqueta y protocolo incluidos. Una de mis amigas de la Universidad se casaba y el grupito de 10 amigas, del que os he hablado en alguna ocasión, se juntaba. Había que ir guapa, así que me vendé los ojos y el único gasto que hice fue en la peluquería...
He de avisar para lo que os cuento, de que no soy muy fan de este tipo de salones, que apenas visito una peluquería, si no es para cortarme el pelo cada tres meses. No porque sea una experta yo, sino porque me da pánico acercarme a una...
En fin que dos días antes de la boda mis cabecita traicionera me insinúa en plan pregunta: "Oye tú, amiga, ¿y si preguntas en la peluquería de debajo de tu casa para ver qué te pueden hacer ese día?" Juro que no quería hacerle caso, que me lo negué, pero la curiosidad es el arma traicionera de toda mujer, de modo que cuando aparecí por el portal de casa me asomé a la tienda y entré...
Me acogió una amable señora, demasiado amable para mi gusto, que parecía que yo fuera la mismísima reina:
- ¡Ay! ¡Pero qué mona ella! Por favor, pues claro, tú necesitas un estilista, de los de aquí, para que te digan lo que te pega mejor y sólo ponerte más guapa de lo que ya eres. ¡Mira, Antonio! ¿A qué es monísima? ¡Si es que con esa edad! ¡Oyyyy! ¿y qué ojazos? ¿Te pintarás también? ¡Sí, seguro! que con esas pestañas, imposible que digas que no. Pepa, ¡ven! Mira qué niña más mona para maquillarla el sábado...
Bla, bla, bla,... Bla, bla, bla...
Y allí me ves a mí, como mono de feria, diciendo que no a todo, pero ¿para quién? Sepa Dios...
La mujer me enganchó, lo reconozco, ahora, era imposible resistirte ante tanto piropo seguido. Yo sólo pensaba, lo divina de la muerte que iría... Bueno mis pensamientos sólo iban y venían, que si pelo a lo Patricia Conde, ahí un pelo suelto y ¿encima mejor maquillada que Penélope Cruz? Ya está, los ojos como chirivitas... Sí a todo, que si me dicen que ese día me tengo que cortar el pelo hasta os digo yo que hubiera admitido la proposición, a pesar de que para mí sea lo más sagrado. Total que salí de la peluquería con cita para el sábado por la mañana y con una cuenta de cincuenta euros totalmente desglosada con lo que me iba a costar todo...
Llega el día, sábado 9y30 am entro en el salón y me coge la primera estilista que aparece por allí. De estilista nada de nada, una peluquera y punto, una mandada más del lugar. Me lava y me pregunta qué es lo que me quiero hacer. Yo le digo la idea del pelo, no muy recargado sólo con la plancha haciendo rizos y punto. Parece que me entiende y asiente con rotundidad. Intento calmarme y leer una revista, ella es la experta ¿no? Sin embargo, mi cabeza se levanta y me miro al espejo, cuando veo pelo para un lado plancha mal colocada y chapuz de rizo que sale. Le intento explicar para que tome otra postura y parece que la cosa sale mejor. ahora cuando llega a la zona de flequillo...¡horror! "No así, noooo, ¡¡¡que no quiero salir con cuernos!!!" Pero la muchacha está muy concentrada enrollando el pelo como una persiana, con tanto esfuerzo que se le marcaba en la cara con esa "lenguecilla" saliéndose de la boca. Me sublevo y digo que así no va el tema, pero por mucho que se esmera nada de nada... Así que la olvido y pienso en llegar a casa cuanto antes para retocarme yo.
Después, sesión de maquillaje, una mujer de sesenta años que no calla, de las típicas que te marca el sermón de la vida, así sin más, pero que ella no te dice nada, ¡eh! que tú vida es tu vida y puedes hacer lo que quieras... Y en realidad, todo es una artimaña para que no te des cuenta de lo que está trajinando en tu cara. Cogió un as pinzas y tres pelos quitados, luego crema, ahora pincelada arriba, pincelada abajo y ¡voilà! ¡payasete total! Me vuelvo a ver reflejada en el espejo y ¡josú! ¡Mae mía santísima! ¿pero y este petardo quién es? Sólo una cosa pasa por mi cabeza: "Sal corriendo ya de allí".
Lo mejor de todo: el pago. Se me acerca la chica que me piropeó el primer día y me coloca una factura de setenta eurazos. Mi careto de impacto le sonaba, pues corriendo comenzó a justificar cada suplemento adicional: que si crema aquí, que si champú regenerador de no sé qué historia, que si depilación de cejas... "¡Perdón! ¿pero si han sido tres pelos literales lo que me ha quitado? ¡Caradura!" Y sí, se lo dije, ¡porque menudo timo para ir con tales pintas!
Aparezco en casa y Carlos me espera ansioso para ver si no me vengo quejando por enésima vez de lo que han hecho conmigo. Digo que no me gusta y suelta: ¡Si es que yo no sé para qué vais a la peluquería si siempre venís diciendo lo mismo!" ¡Más razón que un santo!
Y aquí os dejo otra receta más con Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) con la que participo en el concurso de Sara de "Las recetas de Sara" con su patrocinador, AceiteVirgen.com, en el cual nos retan a preparar una receta con Aceite de oliva virgen extra. Esta vez colaboro con unos ricos Jamoncitos de pollo confitados. ¡Espero que os guste y disfrutéis de esta fácil y rica receta!
Timbal de jamoncitos de pollo confitados en AOVE con mermelada de champiñones y queso
Ingredientes (2 personas)
5 jamoncitos de pollo
2 rodajas de queso canario majorero
250 gr de champiñones
200 gr de azúcar
1/4 de vaso de agua
1 vaso de aceite de oliva virgen extra
1 vaso de vino de jerez
sal
En una olla ponemos los jamoncitos a cocer con el aceite de oliva y el vino a fuego lento. Añadimos la sal y dejamos hora y cuarto cociendo. Cuando los tengamos, les quitamos el hueso y troceamos la carne un poco.
Mientras preparamos nuestra mermelada, para lo que lavamos los champiñones y lo picaremos muy finamente. Éstos los ponemos con un poco de aceite y sofreímos durante dos minutos a fuego suave. A continuación añadimos el azúcar y el agua y dejamos que se cueza todo durante cuarenta minutos a fuego suave o hasta que veamos que el agua ha evaporado y los champiñones se han caramelizado.
Por último, se emplata colocando la rodaja de queso de primero a la que colocamos encima unos trocitos de carne de pollo y, por último, la mermelada de champiñones.