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miércoles, 11 de julio de 2012

Krugman y España. Centro y periferia de la Comunidad euro(pea)

En La Vanguardia (España), en una muy interesante entrevista (analizada aquí en Indie Politik), Paul Krugman desgrana los que considera salidas posibles a la crisis financiera europea. En una nota titulada «Si Alemania no cede, el euro se rompe», dice:
PK: El principal problema de los países de la periferia entre los que se encuentra España es que no han podido depreciar su moneda. Por ejemplo, en España, al explotar la burbuja, el sector de la construcción estaba sobredimensionado. Al reducir su tamaño se generó una gran crisis que solo podía ser aliviada con el crecimiento de algún otro sector. Dada la falta de demanda interna la única alternativa era la exportación. El problema es que no era suficientemente competitiva. Si España hubiera tenido su propia moneda, hubiera podido conseguir la competitividad de sus productos a través de una devaluación. Pero al tener el euro, eso no era posible. Una alternativa era que los productos del centro aumentaran su precio en relación a los españoles. Es decir, para que España recupere competitividad se necesita que su inflación sea inferior a la alemana durante unos años. El problema es que Alemania, hoy, tiene una inflación cercana a cero. Por eso digo que sería importante que la inflación alemana aumentara.

XSM: ¿De qué nivel de inflación estamos hablando?

PK: Entre 4 y 5% en Alemania y entre 0 y 1% en España. El promedio europeo quedaría en un 3%. Eso debería ser suficiente para generar el ajuste necesario.
Como le decía a Sergio, es una solución posible (si Frau Merkel, el BCE y el FMI quisieran), pero que sólo acentuaría el carácter periférico y dependiente de España. Sería casi un barcelonismo: una solución alemana para los problemas españoles. Claro, posiblemente permitiría salvar el euro y, ergo, salvar a los bancos (sobre todo alemanes) que son, en última instancia, los organismos que toda la parafernalia puesta en acción desde la caída de Irlanda y Grecia intentan preservar.

El neoliberalismo y los palos: una relación simbiótica...

Nuevamente en condicional, podría ser una solución a corto plazo para la crisis española. Rajoy podría así evitar descargar ajuste y palos sobre la ciudadanía, y que el peso de los ajustes fueran "socializados" también en el centro europeo. Pero, pero, una solución que es económicamente viable no siempre es políticamente viable. ¿Podría Merkel resistir en su puesto si los alemanes percibieran que están pagando (con la plata de sus jubilados, je) parte del costo de la crisis? ¿Podría Merkel reelegir en 2013 si decidiera conformar a los países periféricos europeos pasando de una inflación cercana al 0% a una del 4 o 5%? Ay, porque, ¿es viable una solución sólo económica y no política?

Volviendo a España: una posible solución central a los problemas periféricos sería beneficiosa si, como en la metáfora bíblica, el pescado que le tire Alemania sirviera para proveer a España de una ventana de tiempo en la cual aprender a pescar. Para no abundar, voy a hacer mías las palabras de mi amigo Rick, quien en HUINCA (y hablando de Grecia pero aplica perfectamente para España), dice:
...El problema para Grecia, como lo fue para nosotros y quieren que vuelva a serlo, es siempre el mismo: haber sido economía periférica. O sea, creer que tu intercambio con la (cualquier) metrópolis es lo que te mantendrá en pie, que es lo que desde la metrópolis te hicieron creer. En el texto de Krugman, y en la vida misma, se ve.

Y la realidad es que lo que te mantiene en pie es el mercado interior, el intercambio de bienes y servicios dentro de tu ámbito de influencia, de lo que considerás "propio". Porque esa "propiedad" es lo que hace que necesariamente se busque el equilibrio. El comercio exterior, el intercambio con otras "propiedades" debe ser (es) sólo "la propina", la herramienta para obtener suministros de lo que por tus características, geográficas, climáticas, etc no podés desarrollar en tu "propiedad". Las elites te cuentan siempre otra cosa, porque las elites siempre fueron agentes de la metrópolis en nuestro territorio, y esto dicho sin acritud: ellos lo demuestran en sus modelos culturales, en sus usos sociales y en su constante apelación a la "libertad de movimiento de capitales" (compra de divisa extranjera y su fuga).

Krugman tendrá que hacer un esfuerzo adicional, y salirse de su corset mental. Sino simplemente habrá sido "el policía bueno".

viernes, 2 de diciembre de 2011

Oh, Sarkozy, ¿qué fue de tí?

En 2007 asumía la derecha en Francia, de la mano de Nicolás Sarkozy. Causó gran impresión su discurso de Bercy, días previos a su asunción, en el que condenaba el ideario del mayo francés, a la vez que renegaba del presupuesto del fin de la historia luego de la caída del Muro y de la inevitable dictadura del Mercado que el pensamiento único neoliberal proponía. Reivindicaba Sarkozy a la política -a una forma de hacer política-, y se planteaba como una superación de las visiones de izquierda y de derecha liberal. Proponía, para ello, una derecha conservadora nacionalista. La realidad europea hoy, derrumbó cualquier esperanza de una derecha que se plantara frente a los intereses especulativos en defensa de la ciudadanía.

Un fragmento de su discurso, para quienes no lo recuerden: «El pensamiento único (...) había denegado a la política la capacidad para expresar una voluntad. Había condenado la política. Había profetizado su caída imparable frente a los mercados, las multinacionales, los sindicatos, Internet. Se sostenía que en el mundo (...) el poder pronto estaría compartido, diluido, disperso en red; porque las fronteras estarían totalmente abiertas y los hombres, los capitales y las mercancías circularían sin obedecer a nadie. Pero la política retorna. (...) La caída del Muro de Berlín pareció anunciar el fin de la Historia y la disolución de la política en el mercado. Dieciocho años después, todo el mundo sabe que la Historia no ha terminado, que siempre es trágica y que la política no puede desaparecer porque los hombres de hoy sienten una necesidad de política, un deseo de política como rara vez se había visto desde el fin de la segunda guerra mundial».

En ese momento Sarkozy representaba un retroceso, visto desde el cristal progresista. No al nivel de un Le Pen, y tampoco tanto si advertimos como los socialistas europeos debieron liberalizar sus economías luego. Entonces releo ese discurso y digo "la puta, hasta yo lo hubiera votado". Un año después, Sarko propuso algo parecido a lo que Néstor y Cristina vienen proponiendo en distintos foros: una refundación del capitalismo, un nuevo Bretton Woods. En ese 2008 Nicolás dijo: «le laissez faire, c'est fini». Un gigante, el petiso (sí, el chiste fácil). La puta, qué Presidente tenían los franceses, podría haber pensado uno por entonces. Pero la realidad es una puta -dicho con todo el respeto del mundo para las putas, por supuesto- y es más Presidenta que muchos. Dicho con poco respeto por la realidad, claro, que no es una entelequia sino un organismo supranacional comandado por el capital financiero, los bancos, las grandes corporaciones, etc.


Hoy Sarkozy, el que proponía refundar el capitalismo, el que proponía un retorno de la política, el que planteaba mayor margen de discrecionalidad para la decisión nacional, depende del humor de Frau Merkel, debe aceptar que el Banco Central Europeo no puede ser reformulado y el FMI manda. ¿Eurobonos? -se rie la Canciller alemana-. ¿Que los países centrales europeos financien nueva emisión de deuda a los países periféricos? Ja, ja, ja -se descostilla en el suelo Ángela-. No, el capitalismo financiero sigue vivo y con mayor poder que nunca. Suele ocurrir en las crisis, hasta que éstas alcanzan el trazo plano electroencefalográfico. Por eso Sarkozy, que inició su mandato intentando liderar una nueva derecha en Europa, debe contentarse hoy con ser cola de león de la vieja derecha, y avenirse a sustentar la mayor injerencia fiscal que Alemania demanda al resto de los países de la eurozona, las sanciones más severas para los Estados miembros que no cumplan con los ajustes y que el déficit cero -hola, Fernando; hola, Domingo Felipe- sea una imposición con rango constitucional.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Combatiendo al capital (financiero)


¿Perón, Perón? ¿Qué grande sos? No, no es Perón el que firma el siguiente artículo. A ver si usted, amigo lector, adivina en qué medio apareció la nota (tranquilos/as, la respuesta al final):
El capitalismo está globalmente aceptado no por producir ganancias y más riqueza, sino por producirlas con modalidades que garantizan eficiencia económica y legitimidad política . La presente crisis europea nos muestra graves falencias al respecto [Temprano empezamos, marxistas asquerosos].
La primera tiene que ver con el riesgo, concepto central del capitalismo . Antonio, en El mercader de Venecia (una obra centrada en este concepto), construye su riqueza sobre su disponibilidad a aceptar que sus barcos cargados de preciadas mercaderías de Oriente se hundan en una borrasca o asaltadas por piratas.
La legitimación de su ganancia deriva de este riesgo, aceptado y repetido. La falta de regreso de sus barcos puede destruir su negocio – y su propia vida en el caso de la tragedia de Shakespeare.
Hay quien dice que el origen del capitalismo se vincula al surgimiento, y a la legitimación social de un nuevo modelo de hombre, volcado hacia el futuro, un hombre de coraje [¡Macho!, dijo la partera].
¿Por qué en el caso del capitalismo financiero, los bancos, que traen ganancias altísimas de su disponibilidad al riesgos, se rehúsan a aceptar las consecuencias de que un barco pueda hundirse y pretenden trasladar sus pérdidas a la sociedad en su conjunto? [Uy, ya me carcome la duda: ¿en qué medio ultrakirchnerista habrán publicado esta nota?] ¿Cuál sería el elemento legitimador de sus ganancias, si no corren riesgo alguno? La segunda falencia se refiere a la centralidad del mercado en la visión moderna de la economía, es decir la representación del mercado como lugar neutral donde, a través del encuentro entre demanda y oferta, se regulan los intercambios no solamente económicos, sino sociales [Barone piensa pero no habla así. Hubiera dicho "Fíjense, es muy interesante" antes de empezar...], en los ámbitos cruciales de la producción y de la distribución.
Pero, ¿quién controla si los bienes que se ofrecen en dicho mercado no son fraudulentos? ¿Y quién tiene que pagar las consecuencias en caso de verificarse una crisis como producto de la inmisión en el mercado de, pongamos, los fondos buitres? [Posta que es el ultra-K de Feletti el que escribe esto, maldito populista] Al propiciar el mercado la difusión de este tipo de productos, ¿no iría perdiendo su original legitimidad, basada sobre su supuesta capacidad de regular más racionalmente la producción y distribución de riqueza? La tercera falencia tiene que ver con la relación entre capitalismo y sociedad igualitaria [¿No te dije? ¡Ahí está! ¡El sucio trapo rojo!]. Siempre nos dijeron que entre los beneficios más patentes de la modernización capitalista estaba la difusión de un modelo de sociedad más igualitario.
Si miramos a Europa, esto es lo que pasó, no sin idas y vueltas. El desarrollo industrial se fue acompañando de una evolución de la sociedad hacia un modelo más igualitario y más móvil, donde se marginaron los grupos de poder antiguos, “ineficientes”, cuyo poder estaba radicado en la tradición y/o en la represión.
Crucial en este proceso fue la difusión de altos niveles de educación, lo que, a su vez, brindó progreso científico y técnico y más innovación, que es el motor del desarrollo económico. Lo que propicia el modelo de desarrollo actual es, todo al revés, la protección de los grupos que no producen riqueza sino préstamos (algo muy diferente), además de una sociedad cada vez más desigual donde, dada la cada vez menor posibilidad de acceder a una educación pública de calidad, se estanca la capacidad de innovar [¿Cómo? ¿No tiene razón Piñera entonces? ¡Renuncie montonera Camila Vallejo!].
La cuarta falencia se refiere a las relaciones entre mercado y democracia. Talcott Parsons decía que la democracia es el mejor sistema para mediar entre los conflictos de una moderna economía capitalista . El mercado, por sí solo, no ayuda a fijar el mejor nivel de inversión en las áreas que no producen ganancia inmediata [Muchachos, el Muro ya cayó. Per-die-ron. ¿No lo entienden? Váyanse a su país: Comunilandia] (la seguridad por ejemplo), ni ayuda a resolver temas cruciales como la calidad del aire o los niveles salariales.
Estas elecciones necesitan una arena neutral, donde se confronten las varias opciones de salida del conflicto sobre una base paritaria y de argumentos razonables (es decir que ningún grupo, a priori, tiene el monopolio de la verdad). Esta es la esencia de la democracia sustancial.
Resolver estos casos en base a una supuesta eficiencia económica puede ser, en el mejor caso, peligroso, en el peor, fatal para la democracia y para el propio capitalismo. El funcionamiento de dicho sistema, como bien lo sabía el señor Ford, depende de la buena disposición de los trabajadores a trabajar y de su posibilidad de comprar , algo que no se consigue con la represión de sus niveles salariales o con el descuido de sus exigencias básicas [¡Por Dios! ¡Díganme ya en que medio ultrakirchnerista apareció esta nota! ¡Hay que aplicarle ya una Ley Mordaza a Spolski!].
Ojala pueda la crisis retomar la discusión sobre estos puntos tan sencillos que no necesitan premios Nobel para ser entendidos y discutidos, sino hombres y mujeres con educación básica y sentido común.
Bueno, si pensaron en Miradas al Sur, Página/12, Le Monde Diplomatique, el Facebook de 678 o en la Prensa Obrera, se equivocaron: fue publicado acá. Poco a poco empieza a reconocer su bancarrota ideológica.

♫ ...Por ese gran (diario) argentino
que se supo conquistar ♪
♬ a la gran masa del pueblo
combatiendo al capital (financiero)...♩

jueves, 10 de noviembre de 2011

El equilibrio y las instituciones


A grandes rasgos las instituciones son los organismos a través de los cuales un colectivo social se dota de un grupo de normas, ya sean reglas formales o informales (dadas por el hábito), con el propósito de obtener un bien para dicha comunidad. Las instituciones son, entonces, las que normalizan el desarrollo social. Aunque generalmente intentan caracterizarlas como algo sagrado, inamovible, perteneciente al reino de lo natural son, en realidad, el resultado evolutivo de la actuación de los agentes que le dan vida.

El capitalismo es una de las instituciones, o la institución, que ordena al mundo. Está de moda decir que está en crisis, cuando lejos estamos de desarrollar un sistema que lo reemplace. La crisis que vivimos no es del capitalismo, ni está éste en entredicho, sino de una de las formas de acumulación de riqueza, el capitalismo financiero, o la obtención de ganancias a través de la especulación y no de la producción.

Aunque a los países centrales les cueste reconocerlo, el equilibrio actual del mundo está variando, trasladándose hacia el Este y el Sur, los BRICS y Latinoamérica. En la reciente cumbre del G20, los países de la eurozona tenían como uno de sus objetivos conseguir que los países emergentes -especialmente China y Brasil- contribuyeran al fondo de rescate europeo. Éstos últimos aclararon que prefieren invertir en el FMI. Esta negativa fue la que llevó a Lagarde, directora del Fondo Monetario, a advirtir, en visita a Pekín, que «si no actuamos juntos, la economía mundial corre el riesgo de (entrar en) una espiral de incertidumbre y de inestabilidad financiera». Lo que, traducido al chino, significa "no sean así, che, pongan una moneda, ratas". Toda una institución, el FMI.

El ejemplo de la crisis europea nos plantea un dilema, viejo como las mismas instituciones, acerca de los objetivos de éstas últimas. Ni las protestas en Grecia, Irlanda o España pudieron torcer el rumbo trazado por las instituciones dominantes: rescatar al capitalismo financiero, a los bancos, y que el costo lo paguen las sociedades con desempleo, pobreza y hambre. Como señala acertadamente Rucio: «la UE ha logrado por el momento conjurar la amenaza de que se repitan episodios como el Islandés». Las instituciones, esta idealización de los republicanos en Europa y en nuestro país -si no estaremos aturdidos de tanto escuchar apelaciones a la República y las instituciones por parte de los opositores al kirchnerismo, políticos y mediáticos-, demostraron que, en esta crisis financiera, sirvieron como escudos ante el desborde de las demandas populares y como canales para las demandas del capitalismo financiero. Tanto es así que no dudaron en dejar caer en desgracia a un propio como Berlusconi.

viernes, 4 de febrero de 2011

Teoría del shock en la Unión Europea

Ni Naomi Klein podría haber sido más clara que el vicecanciller alemán y ministro de Asuntos Exteriores, Guido Westerwelle: "Queremos utilizar la crisis como una oportunidad para dar un gran paso en términos de integración". Integración, por supuesto, modelada por el más fuerte, Alemania. La moneda de cambio para que el resto de los integrantes de la UE besen la mano de Angela Merkel es el aumento del fondo de rescate europeo.

¿Qué "solicitan" tan amablemente?:
  • aumento de la edad jubilatoria a los 67 años (¿se imaginan a los muchachos/as de 64 tirando molotovs?).
  • acabar con la legislación y las prácticas de negociación colectiva que vinculan el incremento salarial a la evolución de la inflación (a pedirle aumentos de sueldo a Magoya).
  • prohibición legal o incluso constitucional de que los Estados incurran en déficit (un corset a imagen de nuestro "déficit cero" cavallodelarruísta que -en vista de la actual situación, con 20 de los 27 países de la Unión incumpliendo el Pacto de Estabilidad- es una orden de ajuste fiscal).
  • modificación del Impuesto de Sociedades que es un impuesto sobre la renta de las empresas (como Irlanda, desgravando la renta para las corporaciones extranjeras).

No deben sólo aceptar los países miembros de la UE este programa sino que, además, tienen que soportar que la canciller alemana los felicite como maestra al alumno aplicado (a imagen de lo que ocurría en nuestro país cuando llegaban las misiones del FMI). Así ocurrió ayer jueves en la cumbre hispano-alemana, en la que Rodríguez Zapatero -sonriendo- escuchó de labios de Merkel:



Continúa así el avance de la UE (comandada por la potencia alemana) sobre la independencia de los Estados miembros. Muy lindo en épocas de prosperidad, sofocante y terrible en tiempos de crisis.