Si fuera, por lo menos, “reprimime que me gusta" y no “reprimí...", sería hasta comprensible: una cosa es el masoquismo y otra el sadismo de quienes celebran, no se conmueven, o aún premian en elecciones, el comportamiento político del único partido asumido de derecha en nuestro país. Al PRO de Macri, nos referimos, por supuesto.
Un Estado, como custodio del monopolio de la fuerza pública (parte del contrato social que dio caducidad al bíblico “ojo por ojo" y a la Justicia por mano propia) debe, en algunas ocasiones, ejercer esa prerrogativa. Pero parte de su legitimidad asentará en la correcta elección del desafío a reprimir, en el modo, lugar, tiempo y en la justificación política de dicha represión. El gobierno de Mauricio Macri ha dado sobradas muestras de lo que no pueden ser catalogados como errores ya en la decisión de reprimir: permanentemente ha elegido reprimir de manera políticamente injustificada y en los peores términos posibles. Reprimió maestros, indigentes, artistas y ahora personal médico y pacientes de un hospital neuropsiquiátrico. Ninguna de las protestas reprimidas alteraban de modo insoportable el ámbito de lo público, suponía un desafío a su proyecto político refrendado en las urnas o, menos aún, constituían delitos contra terceros. No: Macri utiliza a su fuerza policial y a la metodología represiva como herramienta de campaña.
¿Sirve, entonces, señalar que Macri reprime y los medios de comunicación lo protegen [1] cuando, es evidente, al electorado porteño que lo elige eso no le importa o, peor aún, lo festeja? Sí, sirve, pero no para ganar en el futuro la Jefatura de Gobierno porteña y monopolizar la fuerza de manera tal de que las protestas, que son políticas, sean encausadas políticamente y no a través de palazos y balazos de goma. Hay que reconocer que el electorado porteño, que se ufanaba de progresista por votar a De la Rúa durante el menemismo, es definitivamente conservador y reaccionario. Y que sus elecciones políticas, consistentemente, se han agotado en la selección de representantes opositores al Gobierno Nacional, sea éste del signo que fuere. Algo así como un unitarismo reducido a su expresión geográfica mínima.
El electorado porteño, esa mitad por la que Fito dijo sentir asco, pretende exactamente lo que Macri les ofrece de manera consciente y voluntaria. No hay error allí: no votaron globos sino balas de goma, y Mauricio Macri usa la represión como PNT. A buena parte del electorado capitalino le gustaría que esa propuesta triunfara a nivel país. Lamentablemente, para ellos, Macri no puede aspirar a nada más que a ser tercera fuerza nacional. O, con viento a favor, ser Carrió modelo 2007. Aunque este accionar de la derecha vernácula nos hiera, es un alivio lo acotado de su desarrollo político y de posibilidades electorales.
[1] http://indiepolitik.blogspot.com.ar/2013/04/no-te-preocupes-mauricio.html