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domingo, 6 de mayo de 2018

La economía ornitológica bajo tormenta

En 2016 escribimos sobre la economía básicamente ornitológica del macrismo (capitales golondrina "invirtiendo" en bicicleta financiera y buitres en la "producción" de más deuda externa). Ha sido la tónica durante esta primera parte del mandato de Mauricio Macri, cuando esperaban que fueran instrumentos para capear la tormenta de las correcciones que creían necesarias para atraer inversiones (¿lo esperaban, realmente? ¿Es wishful thinking? No lo sabremos, pero era lo que decían por entonces).

Fue pensando en las elecciones 2017 que describimos las pretensiones políticas y económicas del macrismo, ya que el turno electoral legislativo se avistaba difícil entonces por la recesión buscada y generada por el macrismo apenas asumió: querían caer para rebotar. Lo consiguieron brevemente en 2017 y ganaron las elecciones. De todos modos, hasta los economistas macristas avizoraban un mediano plazo complicado, y apostaban a la inversión para la segunda mitad del mandato de Macri, creyendo que sólo sería necesario que confiaran en que Cambiemos, o el PRO, no estaban de paso.

Se pronostican ahora escenarios de catástrofe, y hasta las revistas de los centros financieros o diarios como el NYT y El País destacan las preocupaciones por una nueva crisis de deuda, un nuevo 2001, otro helicóptero republicano. Eran también las predicciones que hacía la oposición, desde todas las vertientes, allá por 2016 y 2017. A propósito, dijimo entonces que esos escenarios podían ser muy bien diferidos mientras Macri contara con la posibilidad de tomar deuda o regular el ajuste. Pero he aquí que, mucho antes de lo esperable, esas dos variables en las que se apalanca Cambiemos se van modificando: el gobierno anunció que no tomaría más deuda por este año, visto que deberían pagar más de lo que ya pagaban por ella y anuncia, además, un ajuste mayor al que venían proyectando, mientras los gurkas del establishment le solicitan poco amablemente que abandone toda pretensión de gradualismo.

¿Es este escenario el que planificaba el macrismo en sus comienzos? ¿El que anhelaban luego de ganar las elecciones de medio término? Definitivamente no. Una corrida cambiaria que los hizo fumarse 8 o 9 mil millones de dólares de reservas, las advertencias negativas de los centros financieros, lo que la devaluación y suba del dólar le agregará a precios y tarifas y un menor margen político para pasar entonces la reforma laboral que creen necesaria. Por supuesto, contar con el concurso de los gurúes y la prensa adicta les permite instalar que se hace necesario un mayor ajuste, que hay un exceso de pesos en plaza (cuando sigue cayendo el consumo, si no fuera tristísimo sería gracioso el argumento) y que todo se debe al incremento de la tasa de la Fed (cuando debe ser uno de los datos económicos más largamente pronosticado de los últimos tiempos y habiendo provocado, el gobierno mismo, una dependencia fenomenal de nuestra econonomía a los avatares internacionales y el humor de los especuladores).

Se trata de una tormenta, entonces, la vivida en los últimos días, pero como exacerbación de la dinámica desarrollada desde principios de este 2018. Pero puede pasar. Cuenta todavía con soga el macrismo; el problema es que se limitó enormemente en cuanto a las herramientas que disponía. Depende del endeudamiento y del ajuste: no pueden venir noticias agradables si sólo puede apelar a ello. No puede sino complicársele el frente político y pagar también por ello un costo electoral. ¿De qué magnitud? Dependerá de cómo navegue esta tormenta, si ésta se convierte o no en temporal y del juego gobierno-medios-poder judicial versus la escasa capacidad de respuesta que viene demostrando la oposición. Es,, claro, una oportunidad para esta última, pero no será simple si el peronismo territorial prefiere, pragmáticamente, cuidar sus parcelas antes que intentar una construcción que al menos lo acerque a Casa Rosada. Pero volvemos a una advertencia que hacíamos también por aquí previo a las legislativas: el que cuenta con más herramientas económicas, con la manija política y las balas de tinta y judiciales es el gobierno.

lunes, 10 de julio de 2017

La Argentina macrista

En “2017", un posteo de mayo de 2016, adelantamos las que, a nuestro parecer, constituían las necesidades de Cambiem... del macrismo, bah. Y entre esas la ausencia, por entonces, de un relato que diera cauce a su transitar, habida cuenta que pontificar sobre la meritocracia no alcanza sino para justificar la poda de derechos y servicios sociales del Estado. Ya lo encontraron: el relato del macrismo es la lucha contra las mafias. ¿Los docentes exigen mayor incremento salarial? Son mafiosos. ¿Un empresario de la informalidad quiere pararse de manos? Le allanan y clausuran todo en nombre del combate contra las mafias. La mafia de los trapitos, de los manteros; se viene salvando la mafia de los que explican chistes y la mafia de los familiares que te piden la cuenta de Netflix. ¿El peronismo? Mafia. ¿Los coniceteros? Mafia. ¿Diana? Maffía. Claro, no sería posible sin el concurso mediático y algunas figuras como Carrió o Stolbizer y Massa, actores de reparto en un remedo del honestismo noventista que criticaba la corrupción menemista pero jamás el modelo económico.

En “2017 (parte II)", de diciembre pasado, sostuvimos que el deterioro económico macrista no sería el eje principal de los tiempos electorales, aunque siguiendo la evolución todos los indicadores así debería ser. Por supuesto, el manejo del PEN, PBA, CABA, los buenos términos con Clarín y la banca ideológica de LA NACION dificultan cualquier debate racional (aunque ya pagamos en 2015 el exceso de racionalidad en una campaña). Ocurre además que, si bien el desempleo, la caída de actividad, consumo y los sucesivos tarifazos son notorios a lo largo y ancho del país, impactaron de manera diferente según área geográfica y nivel socioeconómico. Más a las clases populares que ya adversaban al macrismo, más en el conurbano que en el interior. Además, existe un fenómeno poco mencionado: la resiliencia de los sectores populares, que saben acomodar su economía a tiempos de guerra distributiva. Cayeron los consumos de leche, yogur, carne y gaseosas, pero la vecina empezó a vender pizzas y no están a $150. A la vuelta de tu casa una parejita hace ahora empanadas y en la esquina venden sánguches de milanesa y lomitos. Un liberal te diría que no pagan impuestos y alabaría el emprendedurismo, un pragmático te diría que el sueldo no alcanza o alguno se quedó sin laburo y hace lo que puede. Elijan su propia aventura.

El macrismo propone una tendencia a lo descrito: ya no son todos clase media en lo que a consumos culturales y de bienes se refiere sino que nos latinoamericanizamos más, ampliándose la brecha entre pudientes y no pudientes, diferenciándose los patrones de consumos. Si la clase media definió la Argentina moderna y sobre todo a partir del advenimiento del peronismo, una continuidad del macrismo (cuya mejor definición a la fecha pertenece a Ernesto Semán y su “naturalización de la intemperie") tiende a una escisión social más clara en términos económicos, con un sector de la clase media pauperizándose y otra mucho menor que puede disfrutar las mieles de la regresión redistributiva. Una sociedad de ricos y pobres, con patrones culturales y de consumo diferenciados. Al decir de Grobocopatel: somos menos pobres de lo que tendríamos que ser.

¿Es posible en Argentina? Eso es, exactamente, lo que esperan quienes pueden ser el soporte económico de un proyecto macrista y a lo que se refieren como “temor al retorno del populismo".

lunes, 26 de septiembre de 2016

Macrismo: 2017, ¿rebote? y economía ornitológica

De lo realizado por el macrismo en el área económica, mucho es fundamentalismo liberal y bastante inocencia juvenil. You can't see with the sun in your eyes, cantaba Stereophonics. La baja de retenciones al agro puede conjugar ambas caracterizaciones, ya que no sólo se trata de una transferencia fenomenal en la distribución de la torta sino que esperaban, cándidos, que los agroexportadores les aportaran dólares rápido para bancar la salida del cepo y los primeros tiempos de ajuste. Pero es historia conocida, y acá pretendemos avistar la historia que el macrismo piensa escribir en estos tiempos venideros, marketineros y con escaso eros (excepto que seas de los que pueden dolarizarse).

Macri y su equipo económico pretendían imponer la mayor carga del ajuste que están realizando (sí, ok, están incrementando el déficit, pero si hay transferencia regresiva de recursos, fuga, caída de actividad, de poder adquisitivo y consumo, ¿cómo le dicen ustedes?) para este año. Las protestas por los tarifazos y la CSJ le pusieron un límite, pero la recesión que proyectaron —y a la que ya arribamos— es el ancla simple con la que pretenden frenar el incremento inflacionario provocado por sus medidas iniciales. No parece un panorama alentador para las próximas legislativas, ¿pero acaso la judicialización de la política les alcanzaría para obtener un resultado decoroso en 2017? No: pretendían descargar el ajuste ahora para “rebotar" en el próximo año electoral. Está explícito en este texto de Luciano Cohan, un economista cercano al macrismo, cuyo título optimista reza “¿Por qué vamos a crecer?":

«...Creo que Argentina volverá a crecer, y que pasará pronto. Este optimismo, que decae a medida que alargamos el horizonte y pensamos en el mediano y largo plazo, tiene su origen en un doble diagnóstico de la situación económica argentina (...) La primera parte es que creo que detrás el estancamiento del último tercio del kirchnerismo no había un problema de demanda, sino de oferta (...) La producción argentina no pudo seguirle el ritmo a los agónicos cartuchos de demanda que el gobierno derrochaba en apuntalar la actividad (...) Esta situación se complementa con la segunda parte del diagnóstico. Creo que la contracción de 2016 es principalmente un problema de demanda: el impacto contractivo de corto plazo del combo de políticas implementadas desde diciembre (...) concentrar los costos al inicio fue una decisión estratégica que tomó una dinámica que era esperable que tomara. La recesión de 2016 se explica, entonces, por un shock negativo de demanda. Devaluación, suba de tarifas, combustibles y tasas y liberación de precios reprimidos golpeo la capacidad de compra de los salarios. El ajuste fiscal del primer semestre, principalmente en obra pública, afectó la inversión y la política monetaria contractiva, inevitable tras la salida del cepo, hizo su aporte restringiendo la liquidez...».

Luego apunta que, según su visión, «...el shock negativo de demanda ha comenzado a revertirse (y) el país experimenta, desde fines del año pasado, un brutal shock positivo de oferta (...) en 2017 ambos efectos jugarán en el mismo sentido y es muy probable que el país vuelva a crecer. A partir de allí, sin embargo, y agotado el transitorio efecto rebote de la demanda, el país entrará en el mas viscoso terreno del mediano plazo, cuando deberán enfrentarse tensiones de difícil resolución...».

La esperanza del gobierno para enfrentarlas —dice—, es «...la inversión (...) El crecimiento en el mediano plazo - digamos, en la segunda mitad del gobierno de Macri - dependerá, como diría Keynes, de los animals spirits, de la percepción de que el crecimiento será sostenido y que vale la pena hundir capital en infraestructura, comunicaciones, en construcción privada, inversión petrolera, minera o agrícola, en maquinaria industrial, en soft, etc. La estrategia del gobierno es ambiciosa pero arriesgada, en tanto la última ancla es la propia confianza en su éxito...».

¿Estoy de acuerdo con todo lo que dice? No, con la mayoría no. Por ejemplo, no creo que el impacto contractivo de las medidas tomadas desde diciembre sea de corto plazo. Pero bien leído el texto confirma lo que podía presumirse y lo que sostenemos aquí desde febrero: 1) querían ajustar para “rebotar" y 2) las posibilidades de “inversiones" están atadas a la percepción de que el macrismo no será efímero. Dicho de otro modo: que puede ganar (o, de mínima, no perder feo) en 2017, para profundizar entonces sus políticas de cara a 2019 con la posibilidad de reelección o continuidad (¿vía Vidal?) abierta.

La esperanza del macrismo se basa entonces en la esperanza misma. No es un buen plan, si me preguntan. Menos si ese deseo es el de una economía ornitológica, puesto que ¿quiénes podrían “invertir" sino capitales golondrina en bicicleta financiera y buitres en la generación de más deuda? Esto dejando de lado: a) un mundo que busca colocar antes que tomar producción; b) el mayor incremento del déficit que querrán hacer vía el denostado populismo —o “gasto electoral" (que podemos inferir se destinará fundamentalmente a CABA, PBA, Sta. Fe, Córdoba, Mendoza y posiblemente Jujuy)— en contra de las recomendaciones que hará el FMI; c) la necesidad de nueva(s) devaluación(es) por atraso cambiario, d) la profundización del círculo vicioso recesivo en el que nos introdujeron y e) que están consumiendo rápidamente la soga que dejó la “pesada herencia" en la relación deuda/pbi.

Pero más allá del voluntarismo liberal y de clase (considerando también las posibilidades, por ahora menores, de que la economía se les escape de las manos), un rebote ayudado por una inyección de populismo en los distritos mencionados no puede ser descartado. Menos aún un amesetamiento en la caída que sea interpretado como una nueva normalidad: la naturalización de la intemperie al decir de Semán. Se tratan de escenarios que el peronismo deberá considerar para analizar el minué electoral. En definitiva, si bien en su relato predominante el kirchnerismo pretende situar al macrismo en el año 2000/2001 de la Alianza —y hasta el peronismo ortodoxo avienta el fantasma del helicóptero—, las condiciones posicionan a Macri más cerca de algunos momentos del menemismo (quizás a una velocidad mayor de deterioro). De este modo, pronosticar catástrofes que no ocurrirán mientras el oficialismo pueda apelar al endeudamiento o regular el ajuste sólo redundaría en beneficio del elenco gobernante. Hay que buscar otra vuelta de tuerca para criticar a un gobierno que pugna por desempleo, flexibilización, salarios más bajos y economía financiera pero que no colapsará en el corto o mediano plazo.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Educando en economía a Mauricio

Pronto estará el FMI por estas pampas, bosques subtropicales, mesetas y etc., y ya podemos adivinar algunas de sus recomendaciones: ajuste fiscal, mayor apertura, restricción de la emisión monetaria, más cierre de programas sociales y todo lo que recuerden de sus incursiones noventadosmilistas. Si algo hay que agradecerles es la educación que nos dieron. Si la letra, con sangre, entra, estos muchachos nos aleccionaron muy bien acerca de las políticas neoliberales y sus desastrosas consecuencias.

No es raro leer en Twitter a José Luis Espert puteando por el incremento del déficit fiscal macrista o otros muchachos liberales prêt-à-porter quejándose por la debilidad macrista para meter el cuchillo hasta el hueso en el ajuste. Por suerte, a veces tuiter nos trae algo de racionalidad y fue el tucumano @chichonapoleon quien nos recordó este artículo del ultra kirchnerista Paul Krugman, mofándose de economistas/profetas del ajuste. El editorial se refiere al famoso paper de los harvardistas Reinhart (que no es Django) y Rogoff, quienes, en tiempos de crisis de deuda, recomendaban como mandatorio la austeridad fiscal. La nota es de 2013 y fácil de leer, pero recuperamos este pequeño párrafo, por si Mauricio quiere —no creemos, válgame Dios, ¿qué diría el mundo?— rebatir algunas de las recomendaciones que traerán ya en carpeta los muchachos del FMI:

«...So the Reinhart-Rogoff fiasco needs to be seen in the broader context of austerity mania: the obviously intense desire of policy makers, politicians and pundits across the Western world to turn their backs on the unemployed and instead use the economic crisis as an excuse to slash social programs...»

“...El fiasco de Reinhart-Rogoff debe ser visto en el contexto más amplio de la manía por la austeridad: el intenso deseo de los hacedores de políticas, políticos y expertos del mundo occidental por darle la espalda al desempleo y, en cambio, utilizar a las crisis económicas como excusa para recortar programas sociales...".

Evidentemente, a la traducción la hizo tu vieja cuando le estaban dando matraca. Tal cual hará el FMI, nuevamente y con auspicio del macrismo, con todos nosotros. Eso y no otra cosa, votamos.

viernes, 5 de agosto de 2016

"Son las elecciones de medio término, estúpido" (Bloomberg le copia a este blog)

¿Qué sostenemos desde febrero? Que las elecciones de 2017 son el examen que Macri debe rendir para conseguir que los dólares vengan. Dijimos en mayo:

«¿Qué implica 2017 para Macri? Casi todo: arribó al PEN con un Congreso desfavorable pero, más importante aún, es el examen que debe rendir frente a sus sponsors y posibles financistas offshore —entiéndase “financistas más allá de nuestras costas", ¿por qué deben ser siempre mal pensados?—. Es la sustentabilidad política en el tiempo la que daría “confianza" a los que harían “llover inversiones" —léase capitales de riesgo/golondrina— y no las “reglas claras de juego" que descuentan para un gobierno como el de Cambiemos, de restauración conservadora o, mirando ahora la región, pos-populista».

¿Qué dice Bloomberg ahora en “La nueva y mejorada Argentina es todavía un lugar complicado para invertir"?

«...De ocho managers de fondos de inversión consultados para este artículo, siete dijeron que están conteniendo/refrenando inversiones, principalmente por los controles pero también por la alta inflación y por la preocupación de que el tono pro-mercado pueda cambiar otra vez luego de las elecciones de medio término a fines de 2017...»

Paradoja cruel: lo que Macri necesita para ganar esas elecciones son, justamente, las inversiones que el mercado financiero solo quiere habilitar luego de que el gobierno gane las legislativas. O, por lo menos, que no resulte demasiado evidente que el peronismo está presto para reasumir en 2019. Dependerá, creemos también, si ese peronismo es el macrista—friendly (léase Massa/Urtubey) o, al decir de Prat Gay, uno que pueda referenciarse en un “desconocido de Santiago del Estero" (podemos leer como emergente del peronismo más territorial; no, no sueñen, ningún kirchnerista puro tiene chances, al menos evaluadas desde el presente).

Va la captura de la nota de Bloomberg. La tradujo tu vieja:

lunes, 6 de octubre de 2014

¿Fin del giro ortodoxo? Zaiat dice no y este blog lo decía antes

Más allá del superclásico (fallido) y las elecciones en Brasil (Marina afuera y un desafiante ballotage para Dilma), la nota más interesante para leer ayer domingo fue la de Alfredo Zaiat en P/12. ¿Por qué? Porque es un economista razonable, cercano al gobierno y no tiene pruritos para señalar desafíos o deudas del oficialismo en su materia (aunque suele escribir sencillo cuando quiere que todos lo entiendan y de manera más compleja cuando quiere que lo “lean" en Palacio). Veamos qué dijo y luego, al final, qué decía mucho antes este humilde bloguero, que en materia económica es un legUN BOLUDO.

Zaiat (05/10): “Las crisis de los ’90 que sumaron 134 recesiones y profundos desequilibrios financieros y cambiarios en 87 países emergentes (...) entregaron un aprendizaje esencial para América latina y Asia (...) La lección fue que sumar dólares en cantidad en la banca central es la estrategia financiera contracíclica más firme (...) Para la Argentina (...) preservar un nivel suficiente de reservas se termina convirtiendo en un objetivo fundamental, ya no sólo económico-financiero sino también de estabilidad política...

...es evidente que esa trinchera defensiva ha estado bajo ataque constante en los últimos siete años, y el éxito para seguir resistiéndolos se encuentra en mantener la fortaleza de las reservas...

...Existen diferentes etapas en los procesos económicos y esos momentos requieren de políticas específicas para abordarlos (...) La cuestión central no pasa por estar o no en los mercados de deuda, sino en cómo estar. Ningún país cancela deuda en términos netos con el sector privado en forma permanente, hasta extinguirla...

...El actual contexto cambiario induce hoy a captar dólares del mercado de capitales a través de la colocación de bonos para ordenar la plaza cambiaria, con el objetivo de preservar la estabilidad económica y el empleo. El desendeudamiento con el sector privado utilizando reservas del Banco Central hoy es una restricción si el objetivo es recuperar el control del mercado cambiario y evitar otros cimbronazos en la paridad luego del despido de Juan Carlos Fábrega...

...La eventual colocación de deuda en el mercado no sería para cubrir gastos corrientes (década del ’80) o desequilibrios externos (’90) ni incrementaría la deuda en forma neta, sino que sería para refinanciar vencimientos con el objetivo de aliviar las presiones financieras y políticas sobre las reservas..."
.

Para que se entienda: Zaiat dice que la política de desendeudamiento estuvo muy bien pero que chocó contra un límite que tiene que ver con cuestiones económicas, productivas y —también— políticas. Que es lo que venimos advirtiendo hace algún par de años. Vayan algunos ejemplos:

1. (diciembre/2011): “...la designación de Lorenzino puede enmarcarse en la negociación de un acuerdo con el Club de París para acceder luego al mercado de capitales. Hay que recordar que, de los integrantes de ese foro, los países europeos fueron hasta ahora los más permeables a un acuerdo, mientras que los EE.UU. mantuvieron una posición más dura. Lorenzino fue representante financiero del Estado argentino en Washington".

2. (septiembre/2012): “...poner un stop al debilitamiento que de las reservas del BCRA hacían las corridas cambiarias (...); resta ver si este cepo (...) no termina siendo un lastre en la economía, algo posible si el desdoblamiento cambiario oficializado se mantiene en el tiempo (ya que, como decíamos, no resuelve sino que agranda uno de los principales problemas estructurales argentinos cómo es el haber arribado a uno de los cíclicos cuellos de botella productivos en un sistema de altísima concentración). La necesidad de ingreso de dólares no puede supeditarse ya únicamente a "una buena cosecha que nos salve": quien esto escribe cree que está llegando el momento de hacer efectiva la razón de la selección de Lorenzino al frente de Economía y arreglar con el Club de París. Claro, no significa pregonar el viva la pepa endeudatorio, sino direccionar la inversión para el desarrollo...".

3. (abril/2013): “...Deben encontrarse caminos que permitan la inversión productiva, visto que la apuesta al mercado interno no es suficiente para quienes pueden invertir (...) Y si el Estado está dispuesto a ocuparse de algunas áreas, como hizo con YPF o al estatizar Aguas en manos de Suez y Agbar, encararlo con decisión, y no cuando ya es tarde y no queda otro remedio...".

A modo de comentario genial... FINAL, quise decir final (maldito subconsciente), anotemos que la nota de Zaiat está provocada —es claro— por la última corrida del blue y la salida de Fábrega del BCRA. A propósito de aquello, esta nota —de haber sido escrita antes— podría haberse intitulado "Economía: ¿el fin de la alvearización?" (y un lector, @LeandroMorzone, nos chicaneó al respecto). La pregunta es válida: ¿el litigio con Griesa/Singer, la presión devaluatoria, el discurso de CFK del martes pasado y la salida de Fábrega implican el fin del giro ortodoxo? Zaiat parece comprenderlo y se adelanta con la respuesta. Como marcan las autocitas, aquí coincidimos; y agregamos que continuar con el cantito “el dólar blue es ilegal como la cocaína, búh" es la verdadera falopa, compañeros, es por aquí, firmen al pie.

Si hay que hacer dos críticas entonces (algunos amigos pedirían que no haga ninguna), que sean estas: quizás este giro hubiera tenido una mejor aplicación llevado adelante inmediatamente luego de 2011 (el plan Boudou que mencionan en los Quinchos de Ámbito de la semana pasada y explicó Burgueño en mayo de 2013*; o el plan Scioli-Bein) y, una vez implementado, debió haber sido con decisión, reducción de subsidios incluida. Todo esto lo dijimos antes y con el diario del lunes parece sencillo, pero comprendemos que no es así: nada hubiera asegurado resultados y no podemos dejar de considerar la dinámica de último periodo de Cristina, con el agravante de que (por decisión propia) no cuenta con un sucesor/delfín con quien los factores de poder se vieran obligados a negociar. Porque si algo va quedando claro es que están esperando al próximo turno presidencial para ello y a éste sólo pretendieron arrancarle concesiones. Algo que el PEN no convalidó.

Pongamos punto final con el mantra de este blog humildón y narcisista: el futuro del proyecto nacional depende antes de la consecución de resultados en la gestión económica que de mil batallas culturales ganadas. Y a pelase'.

* Gracias, @CinAGCH

viernes, 25 de julio de 2014

La línea histórica Codesal - Rizzoli - Griesa

Las audiencias promovidas por Griesa Tomás (no, gracias; un poquito de agua, si tenés fría) han captado el volumen de la agenda política/periodística/económica luego del Mundial (et tu, Messi?). En ese orden porque, claro, el tema se aplica primero a la disputa política interna en la afiebrada mente del periodismo vernáculo opositor. Tampoco los autoconscriptos en las trincheras de la grieta lanatiana suelen demorar para tomar armas y disparar. Y bombardean entonces con una serie de pseudo argumentos que son antes banales intentos de pases de factura: Kirchner puso a Nueva York como plaza, él firmó la cláusula RUFO, la RUFO significa que las reestructuraciones 2005 y 2010 fueron de mentira, el gobierno hizo todo mal (sí, ese es todo el argumento de los expertos en reestructuraciones de deuda y DTs de Selección nacional imaginaria que cuestionan los cambios de Sabella en el segundo tiempo) y otras bellezas que sirven para que los muchachos de la MAK gasten a los que abominan de este gobierno pagador serial de deuda que incumple con sus compromisos fiducidiarios.

No debe ser muy difícil la respuesta: tienen razón, chicos. Había que poner a Uruguay como plaza de pago y litigio mientras manteníamos a Natalia Oreiro como rehén. Ricardo Mollo patriota, dejá que yo me encargo, capo. Sobre la RUFO responde Gustavo Arballo y a él los remito, aunque no coincida del todo con su apreciación de que las posibilidades de activar la cláusula en caso de pagar la Griesentencia (uy, los neologismos) son cero sin decimales. Por algo tan simple como lo que el mismo abogado refiere: un Juez no es igual a Justicia sino a interpretación. Y con que un solo juez haga oídos a una presentación podemos encontrarnos nuevamente en este laberinto donde los únicos felices son los leguleyos y los que tienen seguros contra default como, oia, Paul Singer.

No debe resultar difícil comprender que los buitres no juegan a negociar. Si no tuviéramos el historial del litigio, las rechazadas oportunidades para ingresar al canje de deuda, o lo que aquí relata este profesor de Economía hindú: «...this fund has a history of using aggressive tactics to force struggling sovereign debtors to pay the full value of debts that have already been deeply discounted by the market. In the past, it has successfully sued the governments of Peru and the Democratic Republic of the Congo...», el reciente intento de embargar activos de YPF ¡o Chevron, una empresa norteamericana! debería bastar.

El objetivo es claro: cobrar el 100%, también de paso los seguros contra default y que la deuda vuelva a ser eso que, en ocasión del rechazo de la Corte Suprema norteamericana a tratar el reclamo argentino a la Griesentencia, escribíamos en Panamá Revista: «...nuestra disposición a la épica y victimización nos dificulta comprender que esta movida tiene intereses máselevadosque sólo castigarnos por intentar una gambeta a las reglas implícitas de dominación impuestas por la globalización financiera. El Nuevo Orden Mundial es menos glamoroso de lo que los foros conspiranoicos describen, y se construye con el barro de la historia y la bosta del día a día, pacientemente, con decisiones como esta del Supremo Tribunal norteamericano que implica, sobre todo, que las reestructuraciones de deuda no pueden ni deben ser soberanas, y que el endeudamiento es un grillete a cargar ad eternum. En un salto de página, hipertextual, la resolución del Caso argentino se constituye en un nuevo golpe a la soberanía de los Estados, y de allí los diferentes amicus curiae recogidos por nuestro país para la causa. Porque si algo deja claro la pretensión de los fondos buitres, el fallo de Griesa y el rechazo de la CSJ norteamericana es que los países sub desarrollados no deben intentar escapar de su destino, y que las asimetrías dentro del capitalismo global son uno de sus fundamentals...». No sólo eso, agregamos ahora, ya que seguir privando al país del acceso al crédito (cuando dimos sobradas muestras de vocación con Repsol, el CIADI, etc.), permitiría que los activos argentinos se deprecien, y no deben ser pocos los que se relamen los bigotes imaginando banderitas de remate flameando en los cielos nacionales. La deuda como Espada de Damocles presta para intervenir sobre economías dominadas.

El que juega con capitalismo financiero se quema. El que se quemó con una deuda, ve un fondo de inversión y llora. Y ya lo decía von Clausewitz: Griesa es la continuación de Codesal y Rizzoli por otros medios. No esperemos entonces que Thomas de Nueva York de marcha atrás y reponga el Stay, porque cuando declaren a Argentina en default técnico, tribunalicio o Griefault, como Zandoná, Thomas Griesa va a correr a abrazarse con ellos.

miércoles, 18 de junio de 2014

Los buitres, algunos jueces norteamericanos, las Xipolitakis y Fito Páez promiscuamente en Panamá

Apelamos a Tres Agujas, ese bello lamento que forma parte de ese gran disco de Fito llamado Del '63 para elaborar algunas reflexiones generales respecto al caso enunciado. Los amigos de Panamá Revista, aunque advierten que no todo es política y el texto contradice esa afirmación, muy amablemente las publican:

«La primera aguja, la deuda, es uno de los instrumentos con los que el capitalismo financiero obtiene ganancias extraordinarias sin ensuciarse las manos con aceite de motor, carbón o esas cosas roñosas que existen en las fábricas como los trabajadores...

...el rechazo de la Corte Suprema norteamericana al reclamo argentino reposiciona a Griesa y a los fondos buitres a los que éste resulta permeable. Nuestra disposición a la épica y victimización nos dificulta comprender que esta movida tiene intereses más “elevados” que sólo castigarnos por intentar una gambeta a las reglas implícitas de dominación impuestas por la globalización financiera. El Nuevo Orden Mundial es menos glamoroso de lo que los foros conspiranoicos describen, y se construye con el barro de la historia y la bosta del día a día...».

El texto completo, que provocará el llanto lastimero de Vicky Xipolitakis, puede leerse aquí...

martes, 15 de abril de 2014

Llegó la respuesta política al paro político

No escuché o leí a nadie criticando la cadena nacional de ayer. Claro, ¿quién podría, seriamente, oponerse al blanqueo laboral? Dijo CFK que algunos, con seguridad, no estarían de acuerdo, pero sería políticamente incorrecto... blanquear su postura. No es difícil coincidir, cuando la pelea de cualquier economía en disputa es por la apropiación de la renta, y esas disputas, hoy, se dan —por suerte— en el terreno de los derechos laborales y no en el del empleo en sí (aunque vengamos empatando desde hace varios años en el rubro).

Si decíamos que el paro general (de transporte) del pasado jueves era político (como todos, claro), la respuesta debía ser política. Y lo fue en el mejor sentido posible. Si la dirigencia gremial opositora centra sus demandas en los intereses de la punta de la pirámide de los asalariados, el gobierno responde introduciendo el dedo en una llaga dolorosa: esa que sirve de recordatorio sobre lo poco y nada que hizo el sindicalismo a favor del blanqueo laboral. Más aún si consideramos que más de un tercio de los trabajadores se encuentran dentro del rubro informal.

De este modo el gobierno toma una demanda existente, pero que no forma parte del núcleo de peticiones de la CGT disidente sino que, directamente, las supera. Es el camino a recorrer siempre que sea posible. Forma parte, además, del quiebre de tendencia dentro del oficialismo luego de las legislativas pasadas y la renovación ministerial. Si antes el kirchnerismo estaba más preocupado por conservar su legado histórico (la autorreferencialidad que en su momento señalamos), sin considerar las necesidades del FpV en los plano político y económico, ahora comprendió que sin dominar las variables que hacen a la gobernanza económica, hasta su legado histórico puede verse menoscabado.
Aquí consideramos que el razonamiento debería también aplicar al plano político. Pero eso será tema de una próxima entrega (?).

lunes, 31 de marzo de 2014

En el Norte empiezan a entender que la distribución del ingreso es un debate sobre el poder

Un interesante artículo, en inglés (no tengo tiempo de traducírselos, sepan disculpar; hay muchos traductores online), que a partir de un reciente libro de Thomas Pikkety, analiza los desafíos que plantea la desigualdad para ser superada. Copio y, al final, un muy breve comentario:

«Six years after the Wall Street Crash, a book was published that revolutionised economic thinking and set the tone for policy for decades to come.  That book was, of course, The General Theory written by John Maynard Keynes.  Has history just repeated itself?

Thomas Pikkety’s book Capital in the Twenty-first Century* has beaten Keynes’s record appearing five years and six months after the 2008 Crash. Nevertheless, it does look set to create just as much debate.  Whether it will recast policy in the same way is less certain but, if there is any justice, it should although maybe not in the way Pikkety himself suggests.

Pikkety’s central claim is that material inequality persists because the wealthy earn their income in a different way to everyone else. The rich get rich because of the return they make on their investments in capital which for Pikkety encompasses land, housing, shares, machinery, intellectual property amongst other elements.  The rest of us poor schlubs have to rely on income from selling our labour.

Nothing that original there but Pikkety’s key contention, based on a vast study of historical data, is that the return on capital always outstrips economic growth which is what determines any rise in income from labour.  So the rich will keep getting richer while everyone else increasingly lags behind. The only exception to this is an anomolous period in the middle of the twentieth century when, due to a strange coincidence of factors, growth outstripped the return on capital meaning inequality consequently fell.

This insight has the power to influence public debate about the economy hugely. Instead of the current obsession with relative levels of pay, tax and benefits, it could force a much more profound discourse about ownership.  Pikkety points out that the source of inequality is not ownership as such but a complex interplay of legal, historical, political, social and cultural factors which allow ownership to be incredibly concentrated meaning that the financial benefits of that ownership flow to the few.  Fiddling about with fiscal, regulatory and labour market policy (a not too inaccurate characterisation of current political debate) will never make a significant difference to such profound forces.

This plays in to the divide I outlined in my last post. Those in the Conservative and Labour parties who believe we need a broader distribution of power away from the unholy alliance of big state and big business are closer to offering a solution to Pikkety’s contradiction than those who think growth driven by corporations or by government is the answer. In fact, Pikkety’s analysis has the potential to give major empirical weight and provide an economic focus for the ‘Littleendians’ that is currently lacking.

But that raises the more disappointing aspect of Pikkety’s analysis.  His one hit solution is the introduction of a punitive global tax on wealth. Leaving aside the fact that the idea is, in many ways, a total non-starter it surely repeats the mistake socialists and social democrats have made for decades namely that the solution to the concentration of economic power is a countervailing concentration of political power.

As a recent detailed empirical study of public spending across the world showed, it is an approach that becomes less effective – both in terms of improving social outcomes and generating economic growth – the more it is relied upon. It also, of course, generates all sorts of constraints on freedom of choice which extend well beyond the immediate impact on the yacht-buying classes to affect the whole of society.

Far better surely to explore how capital ownership could be spread much more evenly without the need for the intervention of an over-bearing state. Could we not, for example, imagine a world where intellectual property is far more widely shared as a result of the unfolding empowerment through new technologies, a much stronger focus in school on creativity and a liberalisation of patent and copyright law?...».

El artículo continúa (completo aquí) pero allí está lo central. Seamos buenos entre nosotros —en honor al payaso mediático— y traduzcamos un par de ideas:

1. La desigualdad persiste porque los ricos ganan sus ingresos de manera distinta al resto de los mortales: sus retornos por inversiones siempre le ganan al crecimiento económico, que es lo que determina el incremento de lo que perciben los asalariados por su trabajo. Entonces los ricos se hacen más ricos mientras el resto se retrasa cada vez más.

2. Esta perspectiva tiene el poder de influenciar el debate público, obsesionado respecto a salarios, impuestos y beneficios y forzar una discusión sobre propiedad.

Todo muy comunista, podemos ver.

3. La propiedad está concentrada por motivos históricos, legales, políticos, sociales y culturales. Y el debate actual por mejorar la distribución del ingreso no toma en cuenta este factor.

4. Los que creen que necesitamos una mayor distribución del poder, lejos de la diabólica alianza entre grandes propietarios y grandes negocios, están más cerca de ofrecer una solución a la contradicción de Pikkety que aquellos que piensan en el crecimiento liderado por corporaciones o los gobiernos.

Mi breve impresión, ahora sí: el diagnóstico es acertado. El debate por la distribución del ingreso, por una mayor equidad, es una discusión acerca del poder y no sobre cómo se direcciona el dinero únicamente. No es algo que acá desconozcamos, por supuesto, pero que las proclamas en EE.UU. contra el 1% más rico sea encauzada ahora también en el plano teórico es algo, levemente, esperanzador. Imposible de pensar sin la crisis de las sub prime. Cuestionar el american way of life es sintomático, no puede negarse. Pikkety propone un impuesto a la riqueza que sea global. El autor de la nota —Adam Lent—, desde una visión demasiado liberal como para permitir una verdadera redistribución, propone flexibilizar los derechos de autor, las patentes, para estimular la creatividad. Ufff, muy Benjamin Franklin todo.

Un diagnóstico acertado y dos propuestas que no modifican en lo más mínimo el problema planteado: la concentración del poder (y por ende del dinero, o al revés, que si el resultado es el mismo, se'igual). Así no se puede, malditos comunistas new age (!). Sigan ocupando Wall Street, chicos.

viernes, 28 de febrero de 2014

Panorama precarnavalero

¡Soltame, carnaval! La rosca política para 2015 se empezó a tejer luego de las legislativas del año pasado, pero por ahora se dan en un marco de cierta tranquilidad y en un escenario en que los intereses más importantes pasaron por el desarrollo de la cuestión económica, presionada además por los acontecimientos de uno de los diciembres más duros que recuerde el kirchnerismo. De todos modos, las noticias que van dando cuenta de los movimientos se riegan a la noche para marchitarse tempranamente al día siguiente.

¿Cuándo empieza el Mundial? Es en la provincia de Buenos Aires donde quiere resolverse la política nacional y determinar así las posibilidades de 2015. Lógico, por el peso relativo de la PBA pero, además, porque el kirchnerismo comprendió aún antes de arribar al poder que su base debía ser el ámbito de la PBA y no una lejana y pequeña Santa Cruz. A partir del traslado del bastón de mariscal operado por la renovación cafierista (relato abandonado ya por el FR de Massa) desde el sindicalismo anquilosado –que condujo al peronismo hasta la emergencia democrática alfonsinista– hacia los Barones del Conurbano para contener territorialmente los efectos de la fiebre neoliberal noventista, el peronismo de La provincia (en un remedo de La ciudad de Bs. As.) ganó en poder decisional. Tanto que en 2015 podría quebrarse aquel maleficio que veda la Casa Rosada a los gobernadores bonearenses. El otro competidor por ahora en pole, por si fuera poco, también es de la PBA.

¡Ohhhh, Argentíiinaaaa… esunsentimiéntoooo…! Mientras, se aquietaron un poco las aguas de la economía, que todavía dista de alcanzar niveles de normalización para los estándares de estos años kirchneristas pero, también, se aleja de los nubarrones que la acecharon. Aldo Ferrer, kirchnerista crítico, viene sosteniendo cosas similares a las que enunciamos en este blog ultrarabollinista de Alberto Pérez desde hace tiempo. Claro, resta, para terminar de sortear este primer trimestre, el tema de las paritarias, de la que la docente es caso testigo. Hay una buena nota en Miradas al Sur, firmada por Horacio Rovelli, que dice y no dice (je) que la paritarias deben superar a la inflación. Por acá, con dolor, sostenemos que si el gobierno decidió convalidar la devaluación debe defender esa decisión y bancar las consecuencias. O sea que digo, pero no digo –como Rovelli, je–, que las paritarias no deben tener un techo (pero deben en realidad tenerlo). Aritmética que, más que económica, es política. El riesgo, si no, puede ser enfrentar una situación similar más adelante.

¡¡ROMPELA, MESSI HIJO DE PUTA!! Pero volvamos a la rosca (por ejemplo, el gobierno de la PBA lanzando el proyecto de policías locales), alimento de los politizados, el Intrusos de quienes se interesan por estas cuestiones. Y Carlos Pagni escribió una buena y completa columna al respecto. Vale leerla entera y, como sostuvimos antes (y ahora cada vez menos irónicamente, menos anclado en el campo del deseo), parece que es cierto que el pelado analista de LA NACION lee blogs y, entre esos, éste. También el de Omix, ojo, pero parece que a él le gustó menos el editorial. Para quienes con poca voluntad o tiempo prefieren obviar la visita al diario de los Saguier, lo que Pagni sostiene es que el armado de Scioli viene mejor que el de Massa, que los últimos movimientos del desarrollo económico parecen apuntalar su apuesta antes que la del tigrense pero, pero, que –como sostenemos desde las PASO2013 mismas– existen posibilidades para el campo republicano si el peronismo se presenta fragmentado. Escasas, quiero agregar, pero… Ah, y es evidente que el oficialismo todo tomó nota de la importancia de utilizar las PASO a la manera de UNEN en la CABA. Habrá novedades y recálculos a partir de eso.

¡Có-razón cárnavaléro, séntirás cáda-febrero, qué-te-vás cómo-en-ún-suéño, énamorádodélcárnavál! No estaría completo este apunte mínimo sin señalar algo que apunta Manolo, en referencia a la reciente renovación del DNI tramitada por Bergoglio, aka @Pontifex_es. 2016 parece ser el año elegido por Pancho Primero para regresar a su suelo patrio, y agarrate, claro. Si la influencia que ejerce ahora no puede ser menospreciada, no queremos ni imaginar la magnitud de la que ejercerá sobre el siguiente. ¿Amén? Y, qué va’cer…

A desenterrar el Diablo de la Pacha nomás. ¡Dale!

lunes, 24 de febrero de 2014

¿Al borde de otra turbulencia según el WSJ o se aleja el estallido?

Nuevamente el Wall Street Journal entrega un artículo para deleite de los que aman las crisis y el tremendismo pesimista (pueden leerla en Infobae): «...Argentina está destinada a caer en una crisis económica más o menos cada década, y no hay mucho que nadie pueda hacer para evitarlo.
"Siempre hemos tenido inestabilidad", dice David Gambarín, un corredor inmobiliario de 90 años. "Así somos. Pero es un lindo país".
Poco más de una década después de la crisis de 2001, Argentina está al borde de otra turbulencia. El peso se derrumbó en enero y los economistas advierten sobre la posibilidad de una mezcla de inflación y recesión...». Lo real es que, sin necesidad de una lectura profunda, se trata de una nota de color, tipo revista Para Ti, que como único dato menciona el derrumbe del peso. Ah, y que Perón cerró la economía argentina en los '40 y que todo se explica en un mal gobierno. El resto, meras especulaciones.

En los últimos dos años, con elecciones intermedias en juego, los números de la macroeconomía debieron, es cierto, apenas sostenerse merced a parches que fueron siendo aplicados a medida que las goteras se hacían visibles. El cepo al dólar, como contención del drenaje de divisas externas vía fuga, constituyó el acto inaugural —podríamos decir— del segundo mandato de Cristina Kirchner. El siguiente, el de la sintonía fina, fue abortado mucho antes de medio camino y, si bien se sostiene que el método elegido en un primer momento (la renuncia voluntaria a los subsidios) fue equivocado, el objetivo resultaba claro y demostraba que el oficialismo entendía adónde se encontraba uno de los agujeros más importantes del presupuesto.

Otro capítulo importante lo constituye el del frente externo, agravado luego de la expropiación de YPF a la petrolera española Repsol, una medida controvertida que, como ahora la devaluación de la moneda, el oficialismo había intentado evitar apelando a recetas entre heterodoxas y voluntaristas. Griesa y Paul Singer ciertamente no facilitaron las cosas, pero sería injusto no reconocer que el tiempo jugaba en contra del gobierno argentino: recién en este 2014 podría cerrar con los fondos buitres que no ingresaron en los canjes de deuda sin afectar la quita y arreglo conseguido con el más del 95% restante de los tenedores de deuda defaulteada en 2002. Algo similar ocurre con el Club de Paris, que impone condiciones que fueron siendo negociadas e instrumentadas: CIADI y un nuevo IPC, mas lo que resta arreglar e involucra al FMI.

Se sostiene desde algunas vertientes antagónicas —coincidentes, en una conjunción por lo menos extraña— que el problema no es económico sino político. Suena bien, por cierto. Pareciera dar pátina de politólogo masterado en economía. Y si bien acá hemos criticado sin pruritos algunas cuestiones referentes a la construcción (o deconstrucción) política del oficialismo, y algunas lecturas de la realidad algo distorsionadas desde el triunfo de 2011 a la fecha —que motivaron críticas que recorrieron el arco de “sos un sucio pejotista" a directamente “magnettista encubierto"—, en lo que respecta a política económica mi crítica se centra en la demora en llevar adelante este ajuste que intenta balancear ortodoxia con dosis de heterodoxia que está siendo instrumentado por el oficialismo nacional. ¿Calculó mal que podría legarle la corrección de los problemas al siguiente gobierno? Es una lectura posible pero recordemos que es el mismo oficialismo el que propone desde hace tiempo una suerte de alvearización respecto a su etapa más confrontativa con el establishment. Y a pesar del ajuste, pretende no entregar —como no es difícil imaginar que otro gobierno haría— niveles de empleo, actividad y consumo. Los últimos dos deberían verse ahora afectados, pero no en la magnitud y el contexto de una crisis económica en el sentido en el que las conocemos y a las que el WSJ apela en nuestra historia. Por eso para finalizar, los dejo con la mirada de Lucas Llach, economista de mirada más bien ortodoxa y que nadie podría calificar nunca como cercano al oficialismo nacional: «... queda claro que el gobierno está haciendo todo lo posible para contener los salarios. Si lo consigue, logrará que la devaluación cumpla su objetivo: bajar el nivel de vida del trabajador nacional, para de ese modo ser más competitivos. Chicanas aparte, la sensación ahora es que lograrán que el aumento de salarios no sea mucho mayor a 30%.
Si es así, ¿se arregló todo? No. La inflación habrá empeorado, y seguirá la lucha entre devaluación e inflación. Pero esa lucha se dará con una situación de competitividad y por lo tanto una presión sobre las reservas menor que en los últimos años. En otras palabras: se aleja el estallido».

martes, 28 de enero de 2014

Culpar a los poderes concentrados (Shell + bancos) por la devaluación es tan pobre como que Bianchi intente explicar la derrota frente a River en la maldad de Lanzini y Menseguez por intentar constantemente vulnerar el arco de Boca

No solemos apelar a títulos tan largos por estos lares, pero la figura literario/futbolística me pareció acertada y simpática. Algo tan bueno no puede pertenecerme, es propiedad intelectual (y no cobra derechos) del Capitán Medibacha, habitual y agudo comentarista. Decía algo similar en el posteo en el que la grabó para la posteridad (!), criticando la pobre respuesta del oficialismo al momento de producirse el salto devaluatorio (el incremento porcentual de la tasa de depreciación cambiaria, podría decir Jorge Milton). No sólo en lo que a argumentos refiere, sino fundamentalmente en lo equivocado –a mi entender– del approach comunicacional, el mismo latiguillo al que se acude cansadoramente desde 2008. No deja de tener, por supuesto, mucho de verdad, pero no agregar nada nuevo a lo que la población, en su mayoría, sabe que dirá el oficialismo; es ahí adonde pierde potencia y efectividad la palabra oficial. Señaló también el Capitán: “si tenemos bien en claro que ese 1% de argentinos que tiene el 60% de las riquezas del país desde siempre utiliza todo su poder económicos y político destituyente para poner palos en la rueda, ¿para qué perder el tiempo en sorprendernos y escandalizarnos por lo que hacen una vez más? (…) Desde este punto de vista, el reportaje a Kicillof en Pág. 12 y anoche en 678 me dejó muy preocupado”. Amén. Yo sumo la intervención de Federico Bernal en 678 el viernes, cuando el hash propuesto era #EspeculadoresContraElPais. Hablaba, Federico Bernal, de la revolucionario del kirchnerismo, de expulsar del país al CEO de la Shell y que YPF se hiciera cargo de no recuerdo qué con respecto a la política agraria (como si Galluccio no tuviera suficientes problemas ya). Recuerdo haber preguntado en twitter si @FBernalH se hace o es maximalista, ya que ninguna de sus propuestas resultan prácticas o realizables. Fueron pour la gallerie (aunque lo preocupante es que parecen creerlo posible). Es que, hay que decirlo, existe un sector del kirchnerismo que se ha troskizado en época de vacas flacas. Bah, existen dos sectores dentro de la militancia: 1. el de ex-kirchneristas que se troskizaron para justificar su alejamiento (o que se alejaron porque se troskizaron, da igual a los propósitos de este post) y 2. el de kirchneristas que se troskizan para no reconocer que el gobierno ya no sólo se ha peronizado sino que está realizando un giro neo-ortodoxo (y escribo “neo” porque, como dice Garpani, seamos buenos entre nosotros).

Sentenciemos inapelablemente algo antes de continuar: no podemos hablar de un kirchnerismo revolucionario justo cuando se ensayan medidas ortodoxas para controlar algunas variables como inflación, brecha cambiaria o competitividad y que repercutirán en precios y salarios (el objetivo de cualquier devaluación ortodoxa). Además, es una falta de respeto para cualquier revolución que se precie, que debe proveer al suelo de la patria de algunos hectolitros de sangre derramada y contener un sujeto revolucionario armado (y no con balas de tinta), una masa crítica en lo que a capital político se refiere y un claro objetivo de corto plazo. La reforma agraria, pongamoslé, o arrebatarle los dólares a los bancos uruguayos. O aunque más no sea nacionalizar a Natalia Oreiro. Celebrar la valentía de tomar medidas antipopulares, además, es un reflejo del accionar de los grandes medios para cubrir a gobiernos que los representan. No como éste que, antes que representarlos, busca hoy pactar un nuevo punto de equilibrio a partir del cual recuperar márgenes de acción. Uno confía en que sea en orden de volver a permitir un nuevo ciclo de crecimiento virtuoso. Listo, sigamos.

Iba a citar, respecto a comunicación, este post de #BASAT, “La importancia de comunicar bien”, pero ya Abel Fernández se me adelantó. Entonces cito lo contrario, las declaraciones de Kicillof el domingo en Página/12: “…cuando uno analiza la historia de las corridas cambiarias en la Argentina, lo primero que observa es que son provocadas por un aparato desinformativo que genera un clima donde sería aconsejable para todo el mundo ir a sacar los depósitos de los bancos y comprar dólares...”. Sirva este ejemplo para todo lo que señalábamos arriba como inconveniente en términos de comunicación, apta para el consumo de los propios, convencidos, pero no para ampliar el marco de apoyos en la sociedad (ya que no puede, el kirchnerismo, ampliar de aquí en más el sistema de apoyos políticos en los cuales se recuesta –un buen análisis de Sergio de Piero respecto a los apoyos, acá–), o aún el marco de comprensión, que genera también un colchón a la espera de resultados. Puede aplicarse a las intervenciones de Fraschina ayer en Intratables. Debería entonces el oficialismo preocuparse menos por responder o desmontar operaciones mediáticas opositoras y comunicar mejor cuáles son los objetivos de las medidas que se vienen tomando y tomarán, y cuáles serán las posibles turbulencias (ahí señalar a los poderes económicos). Si Cristina dio entrevistas a Brienza y Rial, Twitter no bastaba por entonces. ¿Por qué no sentarse en este momento con algún periodista económico (Gustavo Sylvestre se me ocurre ahora, con una posición equilibrada) y explicar el por qué del cepo al dólar allá por 2011, de la devaluación solapada y del reciente salto que experimentó? Reconocer que a la luz de los actuales acontecimientos puede haberse perdido algo de tiempo pero qué se buscaba y que pretendía evitarse. Son pocos los expertos en economía, pero la sociedad sabe reconocer bien cuando le dicen la verdad o, por lo menos, cuando le explican cuál es la verdad relativa en la que uno se apoya para actuar. La presencia, en las malas, siempre es valorada. La ausencia nunca.

* Hay una cuestión más, en todo este tema devaluatorio y dolarero, que hace a la comprensión netamente política del asunto y a las responsabilidades del oficialismo. Probablemente escribamos algo más adelante. Entiéndase este post, entonces, como la de cal…

viernes, 24 de enero de 2014

Dólar, devaluación y cepo

Si uno de los objetivos de la más reciente política económica era cerrar la brecha cambiaria, se están acercando. ¿Es esto bueno? Y... sí y no. Y así me aproximo a muchas de las respuestas a las preguntas que se están formulando. Sí, porque se busca recomponer algunas cuestiones de la macro. No, por las posibles repercusiones en la micro, o dicho de otro modo: en los bolsillos que van al súper. Respecto al anterior, era lógico que lo siguiente fuera descomprimir el cepo cambiario, autorizándose la compra para ahorro, previo chequeo de la capacidad de adquisición por parte de la AFIP. Un retorno al primer cepo, el de 2011.

El cómo seguirá es una incógnita, y no creo que se despejen dudas debido a que el abandono de la tablita (la devaluación gradual, sostenida y más o menos previsible) tiene como objetivo morigerar las expectativas del sector agropecuario y llevarlo a liquidar lo que tiene retenido (justamente a la espera de esto que está ocurriendo). Había que pasar el verano, decían: se busca así apurar la llegada del otoño. Recomiendo a propósito de este objetivo dos posteos que me parecieron atendibles y realistas: el del blog Economista Serial Crónico y el Lucas Llach, que dice por ejemplo “¿No pedían devaluación los amigos del capital como Sturzenegger y otros conspiradores de Magnetto & co.? ¿No se quejaban de la competitividad de las economías regionales, opositores del Interior? Bueno, ahí tienen". Otro sí, esto favorece hoy más a los productores que a las exportadoras.

Antes de mi evaluación política, las repercusiones en el arco politizado: a) el kirchnerismo emocional focalizó la culpa en la Shell, que habría operado sobre el mercado con una cantidad ínfima (1.5 o 6 millones). La excusa es pobrísima y patética, pero el razonamiento general es acertado: ha sido el Mercado (no en un día sino desde hace mucho, y ni por asomo sólo la Shell) el que consiguió operar exitosamente, desarrollando las condiciones para la casi inevitabilidad de los hechos convalidados por el oficialismo; b) los que ayer pedían devaluación y hoy la critican, señalando al oficialismo como único culpable y c) los superados que se mofaron de la triste simplificación conspiranoica de los K emocionales y también de la vulgaridad e hipocresía opositora. No deben vivir en Argentina o estar lo suficientemente tranquilos de que tienen espaldas para bancar cualquier circunstancia.

Mi evaluación será una repetición de argumentos ya emitidos en este blog para quienes me leen consecuentemente: existió un voluntarismo excesivo por parte del oficialismo, quien pensó que algunas soluciones a las tensiones acumuladas por la economía (el modelo, sí, pero inserto, recordemos, en nuestra estructura productiva) podían ser sólo de orden político y basadas en el supuesto músculo que provee un 54%. El voluntarismo ha sido abandonado, y pueden criticar que apelo al diario del lunes para esta evaluación, pero este martes recordaba acá cómo antes había señalado la necesidad de hacer de la gestión económica la base del despliegue político y que no fuera al revés.

Podemos concluir que se perdió tiempo precioso y, aunque es hacer historia contrafáctica, no es descabellado pensar que estas medidas podrían haber sido tomadas antes pagando más costos políticos que económicos. Ahora se pagarán de los dos y por igual. Queda esperar entonces que en esta estrategia de soluciones en varios frentes (al modo de una terapia combinada, que busca conjugar eficacia con menores reacciones adversas), el oficialismo encuentre los modos para ejercitar su acostumbrada sensibilidad social, minimizando el impacto de los acontecimientos sucedidos y por venir sobre los sectores populares.

jueves, 23 de enero de 2014

Los límites del liberalismo en Argentina: plan Progresar y que Pagni me siga robando

El plan presentado ayer por Cristina, Progresar, es en sí mismo un claro exponente de cuáles son los límites para el liberalismo económico más puro en nuestro país. Se trata, el programa, de una medida típicamente kirchnerista: una transferencia directa que tiene a la educación y al consumo en su horizonte, mediato e inmediato respectivamente. Y decimos que es representante fiel de alguno de los límites que nuestra sociedad traza para el liberalismo que nos condujo a 2001 porque, quedó claro, no fue rechazado seriamente (ni puede serlo) por nadie con aspiraciones políticas grandes a futuro. Será, además, como la AUH, una de las medidas que sobrevivirán a este gobierno, sea cual fuere el signo del que lo suceda.

Podemos argumentar que llega tarde, que no representa un gran monto cuando el costo para estudiar no es poco, pero debemos señalar que focaliza sobre los jóvenes NiNi (una deuda) y, además, es una clara opción por la educación pública, cuando gobiernos de distina orientación, como el PRO en la CABA, hace lo posible por derivar alumnos hacia el sector de la educación privada (convengamos, la educación pública de calidad es una deuda también de estos gobiernos kirchneristas, que incrementaron el presupuesto, construyeron escuelas y universidades pero la educación estatal, básica, sigue siendo una opción, mayormente, de descarte). Pero dejemos el análisis del plan de lado y tomemos la implicancia de este tipo de medidas en lo que respecta a las posibilidades de un retorno del neoliberalismo rancio a estas pampas, quebradas y montes autóctonos y folclóricos. Por caso, han sido muy comentadas las sucesivas notas que el Wall Street Journal dedicó recientemente a Latinoamérica y Argentina, bajo la premisa de que el estatismo es malo y la liberalización de los mercados lo que permite que los países alineados en el Acuerdo del Pacífico crezcan a tasas mayores que los que miran hacia el Atlántico, mercosureños y malos (habíamos abordado antes aquí el interés geopolítico de la división en dos que EE.UU. plantea para LA). A lo anterior podríamos engarzar la muy interesante entrevista que la revista Crisis sostuvo con Carlos Pagni, autodefinido como liberal y, finalmente, algo de lo que debatíamos en posteos anteriores respecto a los límites que se imponen respectivamente democracia y capitalismo en un mundo occidental y globalizado. Ambicioso, ¿eh? Demasiado hasta para este humilde blog narcisista.

Vamos con Pagni, que enhebra algunas reflexiones atendibles cuando señala la defección del radicalismo a partir de 2001 como uno de los datos centrales de estos tiempos kirchneristas. No señala, claro, las responsabilidades del liberalismo que defiende en la generación de aquella crisis (o su responsabilidad en la generación de la crisis de las subprime en 2008, por decir algo más). También es lúcida su advertencia respecto a lo que vendrá luego del kirchnerismo: "Yo no tengo la idea de que, porque se termina el ciclo de Cristina, la democracia mejora. Es más, mi hipótesis hoy es que nos reencontramos con las viejas lacras anteriores a la emergencia del kirchnerismo. Volvemos al 2002, si querés". No es gracioso de todos modos (aunque sí halaga) cuando el analista de LA NACION nos roba impunemente al mencionar los que considera los datos segundo y tercero entregados por la elección del 27 de octubre: acá señalamos antes la posibilidad que el resultado electoral implicaba para las opciones no peronistas (y fundamentalmente para la opción ucr-fapista) y las dudas que sostenemos respecto a las posibilidades de Sergio Massa por fuera del peronismo, peleando por el espacio republicano. No importa: Pagni ya nos robó antes (saludá, Carlos).

¿Y el Wall Street Journal? El liberalismo como espacio para el desarrollo de las tendencias "innatas" o "congénitas" (¿sí, en serio? En fin) del ser humano. Hay que reconocer que esa afirmación, iusnaturalista, constituye la base de un relato con bastante aceptación. Y la rueda que hace girar actualmente al mundo. De todos modos el estatismo, como polo opuesto al libremercadismo ficticio -cuando no directamente hipócrita-, constituye el principal pecado que le achaca el WSJ a los países que no bañan sus costas en el Pacífico y desestiman TLCs con los EE.UU. Nuestro país, aún si mirara hacia China desde sus playas, vería con gran dificultad, debido a su historia, adoptar nuevamente a rajatabla los preceptos que el mercado demanda para que una economía sea considerada moderna y atractiva (no para enamorarse y contraer matrimonio, ojo, sino para simplemente prostituirla, mujerzuela atorranta). A continuación, entonces, ya que la disputa planteada no puede sino continuar siendo estado vs. mercado (aún cuando Argentina reniega del segundo en el discurso pero no en los papeles -y lo hace, a regañadientes, cada vez menos; es decir, es un debate de grados-), algunos de los que consideramos límites para el retorno de un liberalismo salvaje a nuestras tierras pampeanas, ricas, con retenciones intervencionistas y medidas típicamente populistas:

1. La memoria de la crisis causada por el modelo neoliberal. Y la repercusión que ello ocasionó al sistema político todo.

2. El estatismo no sólo no está mal visto por la ciudadanía, sino que es apreciado (Lapop 2010, Vanderbilt, EE.UU.). Mucho más en algunos sectores determinados. Educación, como ejemplo más reciente. Salud. Reformas liberales sobre estos sectores, del calibre de las que se dieron durante el menemismo, enfrentarían protestas que no serían tales en otros países. ¿Quién se animaría a proponer nuevamente abolir la Universidad pública y gratuita luego de lo que ocurre en Chile? Son, claro, oportunidades de negocios perdidas, pero también menores márgenes de influencia: pensemos en las grandes universidades privadas norteamericanas y sus contribuciones a la formación de cuadros políticos que arriban luego al poder formal. Cavallo, por ejemplo.

3. La conciencia de que liberalismo a ultranza es rapiñaje que alguna parte de la población y de la clase política poseen.

4. Pueden liberalizar y pensar que así les irá bien países que estén transitando una cierta hoja de ruta y que no posean aún una estructura productiva relativamente asentada (lo que no significa suficiente o eficiente, sino establecida). El caso de nuestro país durante los años '90, cuando se destruyó el Estado en base al rapiñaje de las empresas públicas y se crearon oportunidades en el área de servicios. Ni aún los más liberales en la AEA pretenden ahora la completa desregulación porque les propondría competencias externas imposibles de empardar. Preguntar por China a nuestro empresariado prebendario estatal. No, quieren liberalización hasta ahí, para aprovechar aún más posiciones dominantes.

5. El peronismo, el sindicalismo y la contenciosidad nacional. 2001 demostró lo equivocado de olvidar la sustentabilidad política de un determinado proyecto económico. En ese sentido es muy ajustada la pregunta/respuesta que en la entrevista de Crisis le lanzan a Pagni: "Lo que incorpora el kirchnerismo es la idea de que para que el sistema sobreviva tenés que contemplar la variante de lo que pasa abajo, de esas mayorías que la alternancia de la postdictadura olvidó".

6. La imposibilidad de utilizar la represión lisa y llana como herramienta de control social último.

7. Y lo más importante: los salarios de los trabajadores, demasiado altos en términos de "competitividad" según los estándares a los que el Mercado aspira. Preguntar por Detroit. O preguntarle al doctor Grondona, si sabrá de liberalismo él (cliquear "En economía no se trata del relato", en los posteos Seleccionados a su derecha).

Para finalizar, además de marcar algunos de los límites para el retorno del neoliberalismo noventista (que, de todos modos, no resulta imposible), podemos observar actualmente algunos de los límites del modelo neodesarrollista. Y quiero aquí señalar a uno que suele ser obviado en los análisis: la demografía nacional, apta para promover el consumo, para crecer en base al mercado interno, pero no tanto así para incentivar una producción industrial que luego pueda traspasar nuestras fronteras. Para algo así se necesita más y no menos estatismo (y según @Karl__Albert, una revolución. Y sangrienta).

martes, 21 de enero de 2014

Argentina y el Club de París

Para la ortodoxia heterodoxa K (es decir, para quienes piensan que únicamente medidas heterodoxas pueden ser denominadas kirchneristas y no una traición), muchas de las últimas resoluciones en tren de implementación, en lo que respecta a deuda externa, pueden parecer capitulaciones del gobierno argentino frente a nuestros acreedores (si estuviéramos en 2011 Pino Solanas estaría recolectando algunos votos merced a su prédica de no pagar la deuda). Los conmino a abandonar el romanticismo económico. Ahora.

(...)

¿Ya lo hicieron? Ok. Recapitulemos un poco: arreglo con el CIADI, acuerdo con Repsol por la expropiación de YPF, negociaciones con el FMI por un nuevo índice de precios próximo a efectivizarse y ahora la búsqueda de un acuerdo con el Club de París. Lloren. Pero reconozcamos que se trata de una necesidad y no de una convicción de política económica. ¿Qué ocurrió hasta ahora? Poco más que una charla en la cual el equipo económico argentino presentó algunos lineamientos que el Club de París estudiará mañana sin estar obligados a una respuesta formal. Los medios antikirchneristas hablan de fracaso en la negociación, vamos entonces a los internacionales y leemos en el Wall Street Journal que la secretaria general del Club de París, Clotilde L'Angevin dijo que "Argentina presented some main principles that could serve as a basis for a repayment proposal by Argentina to the Paris Club. This meeting was an opportunity to share views and positions".

Como hay poco más que decir, aprovecho para puntualizar que en este blog ya habíamos señalado en reiteradas oportunidades la necesidad de arreglar el frente externo. Por ejemplo"...quien esto escribe cree que está llegando el momento de hacer efectiva la razón de la selección de Lorenzino al frente de Economía y arreglar con el Club de París. Claro, no significa pregonar el viva la pepa endeudatorio, sino direccionar la inversión para el desarrollo...". O también este comentario que subimos del Cap. Medibacha: "...Aseguraría estadísticas confiables en el Indec en el plazo inmediato...". Pueden dar una vuelta también por aquí: "Apuntes sobre economía política/política económica" y "En economía no se trata del relato". ¿Ortodoxia? Y sí, en política (y la economía forma parte de ella) el principismo es a veces enemigo de los resultados. De todos modos, no se tratan de soluciones mágicas, como suelen plantear los propagandistas neoliberales, sino de principios, de bases para incrementar el ingreso de divisas y frenar el drenaje de las reservas en el BCRA, con el objetivo de afrontar con tranquilidad los conflictos externos que, vale repetirlo por enésima vez, este gobierno está solucionando y no generó.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Balance: el 2013 K y sus desafíos económicos y políticos

Este año que pronto terminará no fue uno cualquiera, sino el de las últimas elecciones de medio término previas a un cambio de elenco gubernamental. La última elección antes de que Cristina entregue la banda presidencial a alguien que no será Néstor y tampoco un delfín en sentido estricto. Desafío grande para un espacio que hizo de la centralización de las decisiones políticas uno de sus rasgos identitarios. Más congruente en esos términos con el primer peronismo que con el menemismo; quizás los sesgos de intervención estatal, distintos, tornen en fatalidades los diferentes métodos...

¿El año en que se celebró la Década Ganada implica también el comienzo de una nueva? Por lo pronto, si Kirchner y Cristina debieran mirar atrás podrían sentirse satisfechos: este es un país mucho más normal que el que tomaron. Normal, claro, en el sentido de no estar sufriendo ninguna excepcionalidad. Es decir entonces: las ventanas de oportunidad fueron aprovechadas, a pesar de todo lo que pueda enumerarse como deudas y/o errores. Desalienta, de algún modo, comprender que las condiciones de posiblidad de un país más justo, igualitario, solidario, siguen siendo un horizonte al que se tiende. Ocurre que, a pesar de los mayores márgenes de maniobrabilidad política de los Kirchner respecto a su inmediato antecesor en términos históricos, Carlos Menem, la transformación que el neoliberalismo operó en el país fue decididamente mayor que la lograda por el desarrollismo neokeynesiano kirchnerista. Me dirán que siempre es más fácil destruir que construir, se necesitan aunar menos voluntades, y es cierto, pero es además la manifestación más palpable de los factores condicionantes, económicos y políticos, estructurales, nacionales e internacionales, que determinan las posibilidades del derrotero nacional.

El desafío económico.

Este año, más que el pasado, quedó claro que las respuestas no se encuentran ya sólo (o mayormente) en la política. Dijimos que el establishment le perdió el miedo al kirchnerismo: corrridas, no liquidación de exportaciones, las presiones devaluatorias, los grandes desajustes en las cadenas de precios. Esto, debido a los tiempos políticos acotados hacia 2015, determina la necesidad de una renovación de las vinculaciones existentes entre estos actores. El corrimiento del kirchnerismo hacia posiciones centristas lo manifiesta: este gobierno, y los que vengan, dependerán más que antes este mismo gobierno de cómo los agentes económicos decidan actuar. Por eso Capitanich en la UIA, no hace mucho, les habló con el bolsillo esperando que le contestaran con el corazón. Y en todo acuerdo económico-social, la pata social la pone el Estado.

Debemos advertir, de todos modos, que las medidas ortodoxas que se vienen ensayando, ya sea para disminuir la brecha entre dólar oficial y blue, para frenar la tendencia inflacionaria, para apuntalar las reservas, constituyen tratamientos sintomáticos y no uno etiológico, en el sentido de resolver los problemas estructurales (la restricción externa, la estructura económico-productiva, la concentración, la extranjerización, lo que falta en industrialización) que nos llevan cíclicamente a aplicar medidas paliativas. El kirchnerismo abandonó la concepción romántica de que sólo con voluntad se pueden imponer condiciones y eso es bueno. Pero el camino será arduo. Por ejemplo, ¿cómo incrementar la inversión privada sin entregar jirones de peronismo en los reclamos permanentes por menos derechos laborales de los sectores económicos? ¿Cómo conjugar industrialización con un escenario que tiende fuertemente a la primarización, al que se suma la tradicional posición política del sector agroexportador? Estas preguntas, parece, son viejas ya. Otros tópicos: YPF para descomprimir la balanza comercial llevará años. La toma de deuda para inversión pública (algo que adelantamos quizás antes que nadie en los blogs: por aquí y por acá; sostienen algo parecido en esta reciente nota de P/12) es uno de los caminos elegidos para aliviar el frente externo. No todo, igual, es ortodoxia: la profundización del cepo al dólar tarjetero, que los acuerdos con inversionistas (caso Chevrón) sean negociaciones cara a cara y no tributarias de legislaciones generales que hagan al "clima de negocios" como antaño, voleo que aprovechaban los capitales golondrinas, significa que existe márgen para ensayar kirchnerismo del bueno (reforma tributaria, mejores métodos para administrar el comercio exterior, la inversión en infraestructura, la cuestión logística, etc.).

Sí, todo lo anterior se trata de "sintonía fina" sobre la cuestión económica. Un ajuste, bah. El cómo y hasta dónde definirán los nombres que reciba y de su éxito dependerá la sensibilidad social que puedan ejercitar los próximos gobiernos. No parece el final soñado para el kirchnerismo, pero podría serlo: racionalidad e instrumentalización para que Argentina no enfrente una de sus cíclicas crisis, en la que los actores económicos generan colchones extraordinarios a costa de la socialización del sufrimiento.

El desafío político.

2013 implicó la derrota de la doctrina Brienza, la del control de calidad ideológica que simbolizaba a un kirchnerismo todopoderoso, capaz de condicionar al oficialismo todo cuando, políticamente, el oficialismo era lo único realmente existente en la mesa de arena. Hoy ya no es así, y no sólo Massa como fenómeno del año electoral, sino también las mayores cuotas de poder del peronismo de la PBA, los gobernadores peronistas, y hasta las huestes republicanas, si consiguen desarrollar mecanismos que les permitan llegar armados a 2015 (aunque la posibilidad sea remota y dependan mucho de lo que haga o deje de hacer el pan peronismo). Hoy Brienza, como generador de relato K, trasunta derrotismo en su última nota, que bien podría haberse titulado “Pobrecita Cristina, hijos de puta", tan a tono con ese progresismo K que prefiere hacer política hacia el vértice y no hacia la base. No leyó nuestros Barrionuevismos kirchneristas, evidentemente, que pueden resumirse en “do politics, you moron!". Finalmente, ambas “doctrinas" sirvieron y sirven poco a los objetivos del oficialismo (o sirven sólo como estrategias defensivistas).

El principal desafío político del kirchnerismo es tributario del desafío económico, y es recuperar imagen en cuanto a control de la economía. Ser visto como antaño: agente capaz de controlar las variables de bolsillo que impactan efectivamente en lo cotidiano. Todo lo demás es accesorio y, si embarra el objetivo enunciado, es superfluo y hasta contraproducente. Muchos amigos continuarán enojándose por esto que digo, pero no creo estar errado. Si esto se consigue, el papel de Cristina será uno. Si no, bien otro y menos protagónico. Las posibilidades que habilitan esta última opción son las que me inquietan, por cuanto pueden conducir a tentaciones “frepasistas" o aún peor, “alfonsinistas" (y de ahí mi reciente crítica a la vindicación alfonsinista, por fatalista, cuando el kirchnerismo es por sobre todo posibilista). Por si no se comprende: puede ocurrir que el kirchnerismo sea una corriente dentro del peronismo; u oposición a todo excepto a la historia del kirchnerismo, relegándose a reserva moral no de la Patria, sino simplemente del propio espacio político. Un rodríguezsaaísmo sin anclaje territorial, o un radicalismo hecho y derecho, inelástico, rompible pero no doblable (sic). Y que nadie diga 2019 porque existen pocos pecados en política: no estar anclados en el momento que transita la realidad es uno de los peores. NK y CFK demostraron comprenderlo bien durante los '90.