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lunes, 9 de diciembre de 2019

EL ROCK´N´ROLL DE 1.980 SE LLAMABA THE CLASH


Según Wikipedia fue un 14 de diciembre de 1979 cuando se editó el disco que hizo eternos a The Clash, el afamado “London Calling”, aquel disco de portada impactante, con la fotografía del bajista de la banda rompiendo sin piedad  su bajo, y rodeado del grafismo de Raw Lowry, inspirado en el primer disco de Elvis Presley, lo cual supe años después de casualidad, igual que por azar supe que Pennie Smith, autora de la fotografía de Paul Simonon (bajista) tomó la misma en una actuación de la banda en el Palladium de New York, y pese a la inicial reticencia de la fotógrafa por evitar que una fotografía imperfecta y de poca calidad fuera la imagen de la portada, la misma se convirtió no solamente en su portada sino en una imagen icónica con el paso del tiempo. Pero ya digo que todos los alrededores o dimes y diretes del disco  los fui conociendo mucho después y que hoy en día están al alcance de todo el mundo vía internet. Y tampoco debemos olvidar que hubo una época en que ni los discos, ni los libros, ni las películas,se editaban o proyectaban simultáneamente en todas partes y que en provincias llegaban cuando llegaban, que eso de la inmediatez es algo bastante reciente y no existía en el siglo pasado. La verdad es que hemos perdido la paciencia a la vez que nos hemos dejado aparcada la capacidad de disfrute, aunque tal vez solamente sea una reflexión personal llevada por el paso del tiempo, que ya tengo una edad.


Para mí, el afamado “London Calling” se editó en junio de 1980, cuando con mis pipiolines quince años fui al kiosko a comprar el número quincenal de una revista con forma de periódico que se llamaba Disco Actualidad, una revista que venía “de provincias”, si con Zaragoza podemos usar ese término, que comparado con mi pueblo es mucho comparar. Debo aclarar y recordar, aunque la memoria suele ser bastante tramposa, que en aquella época uno llegaba al kiosko a comprar algunas revistas que no me acababan de convencer, ya que Popular 1 y Vibraciones, me parecía que estaban orientadas hacia un público de más edad que hacia las ensoñaciones de un quinceañero, en resumen, demasiado Led Zeppelin o Lou Reed, y poco Graham Parker o Nick Lowe, como representantes de todos aquellos sonidos con que uno se alimentaba en las noches de Radio 3 desde el verano de 1979, gracias al Popgrama del UHF que nos avisó de la emisión a nivel nacional de una radio que ponía cosas que a uno le parecían más frescas y acordes con mi despertar juvenil. En fin, supongo que el Disco Expres, Sal Común y otras revistas de la época me parecerían más jipiosas, y no recuerdo comprarlas en su momento, demasiado Frank Zappa. Así que en el kiosko me topé con una portada en la que el presente se enfrentaba con el pasado: The Clash versus The Rolling Stones, que merecería unas líneas el asunto, pero en aquel instante uno por edad y por todo estaba del lado de los desconocidos TheClash, sin dudar ni un segundo, pese a no haberles escuchado nunca.

En su interior había un artículo central a doble página, cuyo título ya me hizo salivar, eso seguro. “El rock´n´roll de 1.980se llama The Clash”. ¿Qué más puede fantasear un provinciano quinceañero para sentirse bien o reafirmarse?. En palabras del siglo XXI o tal vez del XX, pero no desde luego de principios de los ochenta, ese titular era una promesa de ser in, cool o estar en la pomada, y yo con quince años, wow. El artículo venía firmado por un señor llamado Diego A. Manrique al que veía en el UHF compartir con otro señor que me caía muy bien, Carlos Tena, la presentación de Popgrama, y esa cabecera mítica. También guardo un recuerdo un poco entre nieblas de ver por allí a Ángel Casas, pero me parecía más señor todavía y ya confundo y mezclo con sus años posteriores en Musical Express, pero el recuerdo es de mezclarse un poco todo. Era la televisión musical que teníamos, era la prensa musical que teníamos y era la vida que teníamos muy a principios de los ochenta. Recuerdo con meridiana claridad leer el artículo y mi corazón empezando a bombear sangre porque Diego“escribía” para mí, exclusivamente para mí, y me comentaba como una confidencia que esa banda desconocida para servidor, The Clash, habían editado su tercer disco, “London Calling” y que aquel disco era nuestro presente en aquellos momentos.

La reacción fue inmediata al leer el artículo de Diego A. Manrique, salir a la calle a buscar aquella ambrosía que me auto-prometía situarme en el centro de algo más importante que la vida, pecadillos de juventud. Supongo que para alguien capitalino, o de una urbe con proyección es muy complicado entender que los provincianos además de nuestras taras naturales tenemos la tara en los genes del provincianismo, de difícil cura. Creo que casi todos los que puedan leer esto en algún momento de sus vidas habrán vivido historias similares, cambiando lugares, nombres o urgencias. Hay discos que uno recuerda perfectamente dónde los ha comprado, y tiene una conexión emotiva con ese recuerdo. Es por ello que seguramente habré olvidado muchas cosas, muchos días, muchas personas, seguramente importantes, pero no puedo olvidar que me compré “Candy O” de The Cars en Música Y Quinielas, esa tienda que había que bajar en la esquina de la Plaza Mayor de mi pueblo, o que en Videosón, que sigue existiendo en la calle López Gómez me compré “The River” de Bruce Springsteen, o que me compré en la histórica Discos K de la calle Esgueva “La Ley Del Desierto/La Ley Del Mar” de Radio Futura, o en la planta baja de los Almacenes Marny de la calle Regalado, en una esquina que tenían en la planta baja, me compré el single, con el poster, de “Horror En El Hipermercado”Alaska Y Los Pegamoides, o en la vanguardista Discos Foxy del Pasaje Gutiérrez me compré el maxi de “This Charming Man” de The Smiths, o que en Galerías Preciados, la de Ruiz Mateos,de la calle Constitución me compré “El Último Bar” de Mamá, y que, llegamos al lugar que queríamos llegar, en Músical 2000 de la calle Padilla me compré una mañana de sábado el mitificado en mi cabeza “London Calling” de The Clash, el disco predestinado a cambiar mi vida, o eso sentí yo al leer el artículo de Diego A. Manrique.


La verdad es que el reclamo de “2 CREETELO!! PAGA UNO LLEVATE DOS” no era lo más importante para la adquisición, pero ayudaba, además de añadir un halo de honestidad, desinterés comercial, credibilidad y autenticidad por parte del grupo, que así era uno de ingenuo. Todo lo cual hacía aún más atractiva la escucha de un grupo que estaba predestinado a pertenecerme, como orgullosa muestra a todo lo establecido o lo que sonaba mayoritariamente en las radio fórmulas de la época, que se resumía en lo que ponían en Los 40 Principales o El Gran Musical, dueños y señores de las bandas radiofónicas de la época. Y dejar boquiabiertos a los viejales de Jagger y Richards. Bueno, tengo que mirar a aquella época, tratando de no ser ventajista, y rememorar que uno había crecido escuchando en la radio convencional las canciones dedicadas de Karina, Camilo Sesto, Mocedades o Cecilia. La memoria me trae un recuerdo de escuchar un programa en onda media por las noches, el del Mariscal Romero, que por aquella época sin la k, ponía mucha música novedosa para mí, que en su mayoría me sonaban excesivamente pesadas y no me decían casi nada: Emerson Lake & Palmer, Yes, Genesis o AC-DC. Una mezcla de lo que se conocía como sinfónico, de progresivo y algo de hard-rock, hasta que una noche esa radio explotó con un  himno que se clavó a fuego lento en mi cerebro, corazón y estómago. Sonó “I Want You To Want Me” de unos tipos que no ponía caras ni cuerpos y que respondían al nombre de Cheap Trick, y aquello significó una patada para alterar mis gustos. Confieso, nunca mejor momento, que yo no crecí escuchando a David Bowie, Pink Floyd, Sex Pistols, Bob Marley o Velvet Underground, de los que precisamente me persiguen dos recuerdos de los que no salgo bien parado. Sobre todo del primero, y erala sensación que tenía al leer entrevistas con grupos españoles de mediados/finales de los ochenta en las que siempre hablaban de sus años mozos y su crecimiento abducidos por la batuta e influencias de la Velvet Underground, Stooges o MC5, lo cual me llevó a cierto complejo por la simple comparación y es que casi nadie hablaba de las horteradas que yo había escuchado (así debo de haber quedado afectado). El segundo es cuando un amigo viajó a Alemania, ya serían bastante avanzados los ochenta, y me dijo si quería algún disco de aquellas tierras tan lejanas, antes el extranjero era el extranjero y como las cosas no llegaban al día siguiente todo parecía, y era,mucho más complicado. Por supuesto le pedí el disco del plátano de la Velvet Underground, aquel del que todo el mundo hablaba maravillas. Al mes, a su regreso, y como una sorpresa inesperada, porque uno pensaba que fuera de mi pueblo todo era tan complicado como aquí, me cité con mi amigo enfrente de la Universidad, tal vez en La Calleja, o puede que eso ya lo haya trastocado en mi mente, con el disco. Eran otros tiempos.


¿Y qué tenía “London Calling” en su interior? Supongo que a estas alturas no se puede descubrir nada nuevo sobre un disco que tenía TODO lo que necesitaba escuchar en aquellos instantes, sin sobrar ni faltar nada. Un doble disco, con dieciocho canciones rotuladas en la contraportada y que además tenía un tema sorpresa no reflejado al final de su última cara, prueba irrefutable que The Clash no se movían como los paquidermos de la época por el vil peso de las libras esterlinas, o de esa manera lo interpretaba, que cada uno acomoda los mensajes a su propia conveniencia. Allí estaban las diecinueve canciones para disfrutar, para soñar, para volar.Sin duda era el disco perfecto, era mi disco, porque todas las canciones eran perfectas o al menos esa perfección que mi reducido mundo de provincias necesitaba en aquellos momentos. El mejor recuerdo que conservo del disco es el disfrute de cada tema con la inocencia de un recién llegado a un mundo que se abría, es lo de tener la mente limpia y absorbente, algo que con el paso del tiempo he ido perdiendo, cosas de la edad. No tengo ninguna duda que es uno de los discos que más veces he escuchado entero, sin pausas, desde la primera a la última canción. En el momento que escribo estas líneas estoy empezando la cara tres, y es de los pocos discos, no creo que pudiera citar más de cinco, que cada escucha tal vez no me aporte nada nuevo o me descubra algún matiz o diferentes vibraciones, pero la verdad es que me sigue sin  cansar su escucha, porque todo discurre con una magia similar, aunque lo mismo es mi subconsciente, a la que provocó su primera escucha y ese momento de fascinación tras extraer los encartes de las letras y créditos del disco. Tal vez sea una ficción mentirosa, pero me sigue llevando a ese momento de, ¿lo podemos llamar candidez?, seguramente. Sigue funcionando como un reloj, con esa mezcla de estilos que no tenía ni idea de lo que eran, pero con el paso de la aguja sobre otros discos fui aprendiendo que “London Calling” tenía rock, pop, himnos, música disco, ska, épica, reggae, punk y kilos de actitud. Todo mezclado como en una coctelera y al que no se podía hacer ningún reproche, unos tipos que se movían en todas las piezas con chulería, desparpajo, y una elegancia rebelde que me hacían sentir una envidia insana, y es que gracias a The Clash, y algunos más, recibí la bofetada de la existencia de otros mundos increíbles y tan diferentes del mundo que tenía a mi alrededor con quince años, que uno era bastante pavito por esa época. Sigo siendo bastante pavito y sigo teniendo envidia insana.


Cuarenta años después han pasado muchas cosas, tanto en lo personal como a una banda, The Clash, que se iba a comer el mundo y el mundo se los zampó sin piedad, después de tocar el cielo y convertirse en unas estrellas, que todo hay que contarlo. Después de “London Calling” nada volvió a ser igual, ni siquiera parecido. Tanto talento concentrado en un doble disco no se volvió a repetir, aunque “Sandinista” (un triple vinilo por el precio de un doble) trató de emular la jugada, según la fuente citada al principio, Wikipedia, exactamente el triple disco se editó 363 días después de la edición del disco que nos ha reunido. Aquello ya no fue lo mismo, ni siquiera para los oídos, aún muy novatos, de un dieciseisañero provinciano. Gran parte de la exuberancia de 1979 había quedado sepultada en menos de un año. Y es que así es la vida, no lo podemos negar. Y mira que uno pensó que el tren iba a arrollar a Jagger y Richards, que el mundo se les iba a zampar y, vaya tino tuve, siguen comiéndose el mundo. Pero no nos apartemos de “London Calling” y demos una nueva escucha a un disco que sigue ardiendo al sonar, y pese a los aniversarios, sigue prometiendo y trasmitiendo el elixir de algo irrepetible y mágico. Algo que podríamos asemejar a una conjunción de astros que unen las primeras e inocentes degustaciones de canciones con sueños adolescentes que finalmente confluyen en nuestras propias realidades. Ahora llega tu turno de desempolvar el vinilo, los casetes, el cd, poner el streaming o buscarlo en la red, que las posibilidades han aumentado tan exponencialmente que uno se paraliza al pensar si será del mismo modo la forma en que se ha reducido la capacidad de valorar y disfrutar, pero eso es otra batallita, al fin y al cabo no dejo ser un cincuenta y cincoañero. (Tomi Diez Madrigal, diciembre de 2019).





lunes, 1 de mayo de 2017

THE CONNECTION - ROCK AND ROLL CUM LAUDE

I said, I know, it's only rock 'n roll but I like it (The Rolling Stones)

Vuelven THE CONNECTION, eso es una muy buena noticia. Vuelven con un larga duración para desgastar la aguja, eso es una extraordinaria noticia. Vuelven con 11 versiones, eso es algo que no debe asustar a nadie, porque THE CONNECTION llevan los temas a su terreno, allí donde llevan reinando desde principios de la década. Y logran transmitir dos gratificantes y estupendas sensaciones en el disco. Por una parte que aunque sean versiones de diversas autorías, épocas y estilos, el resultado suena coherente y compacto, como cuando los discos eran un todo y no una suma de canciones, Por otro lado el hermoso homenaje a todas esas canciones y artistas que les guiaron y enseñaron, en el fondo que nos marcaron el corazón y el estómago a tantos de nosotros. Eso, y no es poco, es JUST FOR FUN!, el nuevo disco de THE CONNECTION.

I saw a werewolf drinking a pina colada at Trader Vic's (Warren Zevon)

Brad Marino y Geoff Palmer ya han demostrado su enorme valía como compositores en sus anteriores discos, incluso mezclándose en ese proyecto que forma un universo paralelo junto al compinche Kurt Baker llamado THE NEW TROCADEROS. Pero ahora les tocaba a Brad, Craig, George y Kris, junto a otros amigos, entrar en el estudio para grabar unos temas que servirían para componer un disco, su flamante JUST FOR FUN!. Y el título responde fielmente a lo que se escucha, una banda que toca  para divertirse y, maravilla de maravillas, además de haberse divertido la banda, es que los once temas del disco contagian ese espíritu de diversión al oyente, por cierto, en esta ocasión los amantes del vinilo tienen la fortuna de tener una canción más que en la edición CD, unas veces se gana otras se pierde.

The north side of my town faced east, and the east was facing south (The Who)

¿La selección de temas?, un abanico variado, pero muy coherente, de unos tipos admiradores del rock de finales de los cincuentas, estación de partida, sesentas, setentas y alcanzando la , estación de llegada en los primeros ochentas, que ese es el punto de corte fijado por Brad y Geoff en su viaje con billete de primera clase, recorriendo melodías firmadas e interpretadas por nombres que no solamente forjaron eso que llamamos rock and roll, sino que consiguieron entrar en su historia, palabras mayores de privilegiados como Buddy Holly, Rolling Stones, Gary Lewis, Gram Parsons, Bob Seger, Cheap Trick, Sylvain Sylvain. The Dictators, George Thorogood y Dave Edmunds componen la selección elegida, menuda alineación, ¿qué falta uno en el equipo?, no, es que Gary Lewis tiene la llave de la canción extra en el vinilo.

I ain't here on business, baby, I'm only here for fun (Bruce Springsteen)

Al finalizar la escucha del disco uno no puede menos que terminar con una amplia sonrisa y con el buen sabor que queda en el ambiente al escuchar, y casi sentir, a una banda engrasada con un corazón rocanrolero en plena forma, capaz de rendir homenajes y nuevas lecturas a un rock and roll sin contemplaciones como “Get Out of Denver” de Bob Seger, a su vez un guiño a Chuck Berry o a una pieza beat muy de su época, “I Can Read Between the Lines” de Gary Lewis & The Playboys. Fusionando con igual chulería uno de los himnos de  Cheap Trick, “Southern Girls” a una canción de Bobby Bare que Gram Parsons dejó en su santoral particular, “Streets of Baltimore”. THE CONNECTION logran casi convencernos que su firma se esconde detrás de “Other Guy Girls” que cantara Dave Edmunds o del “Think it Over” de Buddy Holly, y esa es la magia de JUST FOR FUN!, hacernos creer que ellos son Mick, Bob, Buddy, Rick, George, Andy, Jerry, Chris, Bobby, Keith, Tom, Sylvain, Gary o Norman. Un auténtico festín que unos pocos afortunados pueden ofrecer y contados elegidos saben entregar en la segunda década del siglo XXI. THE CONNECTION pertenecen, y lo demuestran, a ese selecto club. Sube el volumen y no desaproveches el billete para viajar a tierras casi olvidadas, la tierra del rock and roll. La tierra de THE CONNECTION.

(Tomi Diez 2017)

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Tommy Lorente - La Vida En Un Puñado De Canciones

Hubo una época en la que cuando un disco me enganchaba no podía dejar de volver una y otra vez, como si fuera una adicción, que a lo mejor lo era. Una sensación casi enfermiza que cuando estabas totalmente apartado del contexto en el que lo habías escuchado se te venía a la cabeza, bien la portada, una melodía, una frase o los créditos, algo que hacía que permaneciera en el cerebro. Con la llegada del cd y al hacerme viejuno es una sensación que no se repite tan frecuentemente, de hecho raras veces, y es por eso que cuando ocurre es como encontrar un pozo repleto de agua potable en un desierto árido y hostil. Eso ha sido descubrir a este francotirador de Biarritz, creo.
Un disco al que llegué por algo tan frívolo como anticuado, la portada. Ver esa portada y nacer un flechazo de emoción y alegría. ¿Alguien ha comprado o no ha tenido prejuicios a un disco por su portada?. Me cuesta creer que haya una sola respuesta negativa, todos tenemos filias y fobias ante la imágen, ya sean de personas, objetos o portadas de discos. ¿Y que se esconde tras la portada de “Un Cruel Manque De Tendresse”?. Eso es lo mejor de todo. Tommy Lorente ha compuesto una decena de HIMNOS que deslumbran y nos recuerdan todo lo mejor que el rock and roll ha aportado a la cultura universal de la humanidad. Desde la inicial “Ma Dose A Toi”, arrebatadora pieza inicial cargada de connotaciones clásicas ¿pettyanas? y con un órgano deslumbrante que guía la melodía. En el disco hay cinco o seis temas que rezuman ese olor clásico, que deambula entre un sonido que evoca a la primera división (Tom Petty, Bruce Springsteen o Nick Lowe) y la segunda línea emérita (Dom Mariani, Paul Collins, citados en los créditos) “Mirabelle” es un tratado de manual, con ese solo de guitarra con la mejor influencia del sonido byrds. “La Page Aux Sentiments” mantiene el listón alto para no decaer, haciendo que inevitablemente volvamos la vista atrás hacia aquella gran escuela francesa de mediados de los ochenta que llamó la atención de algunos aficionados, hoy ya veteranos, con nombres como Gamine, Dogs, Kid Pharaon, Mr. Moonlight, Cry Babies, por citar algunos, en los que se pueden añadir lso que te vengan a la cabeza, otros tiempos ya un poco olvidados del siglo pasado. Para terminar la primera parte del disco, y para que no decaiga, llega “Demander Pardon”, uno de esos temas que jamás he entendido cómo no alcanza lo más alto de las listas de éxito, porque lo tiene todo (palabras y música), es casi imposible no ponerte a vocear “SANS DOUTE UNE DIFFERENCE DE GENERATION”. Un relax engañoso aparece con “Quelque Part”, con ese manto de guitarras que sobrevuelan a lo largo de sus cuatro minutos. El fuelle se vuelve a recobrar con “Les Anges S´Envolent”, con esa intro impactante y que mantiene la intensidad a lo largo de todo el tema. Ráfagas absolutamente deslumbrantes como “Katrine”, imparable y clásica, de esas que son capaces de animar cualquier fiesta alicaída y que invariablemente te evocan a cualquiera de las grandes nombres que tengas en mente. Para la recta final del disco queda “Bien Étrange”, uno de los pocos momentos relajados en el cancionero que presenta Tommy, vamos, lo que se entiende por un agarrado, que enlaza perfectamente con la cabalgada power-popera “Patience”, frenética e irrefrenable. Y para acabar, no podía rematar mejor que con “Délirium Clémence”, otro de esos temazos que podrían alzarse en esa imaginaria lista de más radiados o vendidos, al fin y al cabo soñar sigue siendo gratis.
La verdad es que tras la portada hay trabajo, sudor, grandes canciones y un  aroma a lo mejor de cada cosa, una reivindicación absoluta del poder de las canciones, de su vida, de su pasión. Hecho en Francia con aires clásicos. (Tomi -2015)






sábado, 26 de septiembre de 2015

Salto - S/t (Autoproducción Lp)


Hablemos alto y claro, SALTO ha editado un primer disco absolutamente INOLVIDABLE. A la antigua usanza, cuidando el detalle, tratando las canciones con cariño, devolviéndonos a tiempos pasados en los que la música era MÚSICA y las canciones paraban el mundo, por lo menos nuestro pequeñísimo mundo particular, o eso creíamos. SALTO lo consigue, como si tuviera la capacidad de volar sobre nuestras cabezas, mirándonos desde el cielo azul hacia una tierra que gira y nunca para.
A través del sistema de crowdfunding han visto la luz las diez canciones que integran el disco, por cierto, adoro los discos de “duración” clásica, 10 temas - 34 minutos, cuando las canciones son buenas no es necesario sobrecargar con medio naderías. ¿A qué suena SALTO?, por momentos a latigazos de rock and roll, por momentos a suaves brisas de folk-rock, por momentos a pildorazos de power pop, por momentos a destellos de glam-rock. Un abanico multicolor de tonalidades de un aficionado a la música que se enfrenta con humildad al noble arte de exponer su obra a la audiencia. Y la audiencia, o parte de ella, ha caído rendida ante un disco de los que no te cansas de volver una y otra vez, de los que después de girar (en formato cedese o vinilo) te siguen sorprendiendo con nuevos matices que descubres y enriquecen las escuchas.
Desde la fragilidad inicial de “Monster”, de una belleza infinita que se clava hasta herir, esos coros que rompen, hasta el paseo final por “Lonesome Bird”, pausada pieza de tintes folk-americana con ese tono crepuscular, de final de los créditos de una road-movie. SALTO propone un paseo por un muy fino alambre que exige al oyente su atención para apreciar la magia que contienen “Girl” está a la altura de cualquiera de los grandes magos del power-pop universal; “Hold On”, una delicatesen de las de paladear poco a poco, para que no se acabe nunca; “Between The Lines” con esos ecos del mejor rock de los setentas, sin aditivos ni engaños; “Till The Morning”, majestuosa, y bellísima, lección de eso que denominan “americana”; “There Ain't No Time”, absoluto hit personal, música para soñar con amaneceres eternos, una de esas canciones que deberían estudiarse en primaria; “Ernie The Falconer” nos devuelve, como un soplo, la pby arte más canalla y rocanrolera del autor;  “S.O.S.” ahonda en la faceta más “formal”, sonidos clásicos intensos que evocan y permanecen en el cerebro; “Walter Freeman” es la fiesta de los disfraces glamourosos, del baile, del juego, del coqueteo, que SALTO parece que no ha roto un plato pero seguro que esconde un “bad boy” en su interior.
En el disco de SALTO colaboran en la parte musical Jesús Sangui, Marti Perarnau, Ramiro Nieto, Lindy Wornwood, Marina Blanet, Elena Iturrilta, Victor L. Pescador, Guillermo Berlanga, Tim Easton y Santos Berrocal, siendo la parte gráfica de José Fragoso y Andrea Silván. (Tomi -2015)


Gracias GERMAN por este disco del año.

                                                                      Foto  - Chusmi


domingo, 19 de abril de 2015

Willie Nile - One night in Valladolid


“Creo en ti, en mi, en la música. Creo en la compasión, en la justicia, en la libertad. Creo en nosotros, en la raza humana. Creo en la guitarra…” (Willie Nile, 2015)

Así terminaba el bueno de Willie el concierto que le acercó a la sala Porta Caeli de Valladolid el viernes 17 de mayo de 2015 dentro de la gira que le lleva a recorrer la península presentando el nuevo disco “If I was a river”, el décimo en estudio, de una carrera marcada por las buenas canciones y la escasa repercusión, bien pensado en el panorama artístico lo normal es la escasa repercusión, lo anormal son las buenas canciones, y de esas Willlie las tiene, las maneja y las defiende.

Acompañado por una formación mínima, Danny Montgomery a la batería y Jorge Otero a las guitarras, mandolina y voces, no necesitó más que su acústica y su teclado para volver a hacer una demostración de intensidad y efectividad al alcance de unos pocos. Que vitalidad para un hombre a punto de cumplir 67 años, que sigue cincelando su pequeña leyenda en pequeñas salas y bares en los que poder trasmitir su pasión por la música, su amor a las canciones. Lugares comunes que acaba trasformando en auténticos templos de veneración y respeto a las canciones, tan poco valoradas en el presente y tan necesarias siempre (por lo menos para una mínima parte de la sociedad).
Willie propone un viaje que inicia en solitario al piano con la preciosa y épica “Streets of New York” y cierra con el éxtasis colectivo de “One guitar”, un viaje en el que el oyente es muy libre para subir o no en el barco que Willie capitanea, pero si por el azar de la vida no aprovechamos el camarote de lujo que nos cede, habremos dejado pasar una oportunidad extraordinaria de volver a reencontrarnos con lo que la música era y jamás debió perder: pasión y verdad. Dudo que las canciones tengan un carácter curativo físico pero está claro que Willie si cree firmemente en el carácter curativo espiritual de las melodías y las palabras, y a ello juega durante el tiempo de su show, se desnuda delante de su público, parte rendido de antemano, parte expectante y una tercera parte indiferente al juego que propone Willie, somos libres de aceptar las reglas y de jugar o no, pero si juegas, buff, es la bomba, rocanrol en vena que te lleva a una sonrisa al quedarse el escenario vacío y a oscuras. Y nosotros quedamos huérfanos de la luz que nos ha guiado a través de “Rite of spring”, “Far green hills”, “Vagabond moon”, “The innocent ones”, “Give me tomorrow”,  “Lost”, “She´s got my heart”, “She´s so cold”, “Sweet Jane”, “Sunrise in New York City”.(de hecho esta dudo si la tocó pero la tengo en mi cabeza desde el final del concierto, es lo que tienen las buenas canciones, unas llevan a otras).


Un juego en el que Willie es no sólo el maestro de ceremonias, sino el tahúr que reparte la baraja a su antojo a unos jugadores que en la partida volvemos a ver pasar cartas que habíamos olvidado en la desmemoria y en la pérdida de inocencia que con los años vamos arrastrando. Con la vital ayuda de Danny y Jorge el ritual ha vuelto a surgir y calar en los descreídos, en los devotos y en los que todavía creen que la música alimenta una parte importante del ser humano. Gracias Willie por mantener encendida la llama, por las canciones, por la pasión en el trabajo del músico. (Tomi -2015)


jueves, 16 de abril de 2015

Nacha Pop - Buena Disposicion

Creo que alguna vez ya he escrito que soy fan de Nacha Pop, bueno, en realidad soy fan de Antonio Vega, con todo lo que entraña ser un fan de alguien tan montaña rusa, capaz de lo mejor y de lo peor en cuestión de horas. Probablemente su primo Nacho siempre arrastró el lastre de estar al lado de una personalidad tan exagerada y, me imagino, que como en muchos otros casos, su misión primordial sería más de apagafuegos y pegamento que la propia labor de co-capitán de la nave. Seguramente la pluma de Antonio era la eterna y la de Nacho la popular (tal vez sólo Serrat haya sabido casar ambas vertientes), bueno, este argumento de eterno/popular es una impresión personal que puede estar equivocada. También es justo reconocer que al lado de Antonio, comparando, cualquiera seríamos un frívolo.


De las tres etapas de Nacha Pop, claramente marcadas por las tres discográficas (Hispavox, Dro y Polydor), mi gran favorita es la etapa final en Hispavox (1981-1982), la era “Buena disposición”, una etapa que se escribe y resume en 15 canciones irrepetibles, que por lo menos personalmente me parece el momento de máxima diferencia conceptual entre Antonio y Nacho. En aquella época todos querían sonar como los Attractions de Costello, el Rumour de Parker, la E Street Band de Bruce, los Heartbreakers de Petty o los Rockpile de ellos mismos, pero en aquella época estamos en un país por hacer y una cosa era querer sonar como y acabar sonando como podías, querían o te dejaban. Nacha Pop era un diamante en bruto en el Madrid de finales de los setenta y principios de los ochenta, y ese diamante fue adquirido por Hispavox, entonces una compañía nacional puntera e influyente (que ridículo suena todo esto desde el presente, abril de 2015). Y ese diamante le tocó pulirlo en su primer disco a Teddy Bautista, ya entonces zorro veterano, hoy ya no estoy seguro si más veterano o más zorro, pero bueno, el tiempo pone y quita a cada uno, así que lo que el tiempo haga que el hombre no lo estropeé. El caso es que en 1980 sacan su primer larga duración, con una producción de la época, en la que se comenta que la mezcla editada no era la correcta, que sonaba menos contundente de lo que debía, el quiero y no puedo en estado puro. Una balada destaca en el conjunto, "La chica de ayer", que en la radio hablaban que si la voz de Antonio tenía la misma tonalidad de Lorenzo Santamaría, esto ya es prehistoria. Evidentemente la canción que marcó una época,  de la que ahora  nos llenamos la boca de alabar como un himno generacional, que cantamos en los karaokes y fiestas militares con gracia, salero y desafine, pasó con más pena que gloria por las listas y las ondas, vamos con mínima repercusión, así que Antonio y Nacho, ante las ventas escasas, pierden el crédito en Hispavox, si alguna vez lo tuvieron, y les dejan hacer a su propio saber y entender para grabar su segundo, y último, larga duración en el sello. Aquí llegan, por lo menos para mi, al pedestal reservado a los más grandes. En 1981 editan un sencillo como adelanto, entonces se hacía así, con "El sueño / Atrás", un auténtico manjar con un Antonio en estado de gracia compositivo que dejaba en pañales y minimizaba todo lo anteriormente escrito, con un sonido recio, eléctrico y firme. Muchos quilates que pasan inadvertidos a la audiencia, excepto a algunos críticos que caen rendidos a sus pies. La edición del disco grande se demora en exceso sin una aparente justificación, excepto el nulo interés del sello por el grupo, y cuando finalmente "Buena disposición" se edita, tarde, uno no podía dejar de frotarse los ojos ante la colección que Antonio, mayoritariamente, había escrito, con una autoproducción más que digna, de hecho nunca sonaron tan a GRUPO como en ese instante histórico, porque la era  "Buena disposición" es HISTORIA. Un manual acelerado para doctorarse en pop de guitarras eléctricas a la altura de sus maestros británicos y americanos. Nunca superarían la magia creativa que mostraron en aquel año, que completaron con otra gema perdida, “Ruidos en el desván”, un monumento que se pierde como cara b de un single. Luego habría otras dos etapas, con grandiosos temas pero sin un conjunto tan elevado como aquel instante radiante y luminoso. Tuvieron la fase del duro desierto en DRO (un sello, en aquellos mediados ed los ochenta, excesivamente ligado a un tipo de productos muy diferentes a lo que Nacha Pop representaban) y el tercer intento de alcanzar las listas de éxito con Polydor. Paradojas del destino, lo lograron con su disco en directo, su despedida como grupo, en el momento, por lo menos para mi, menos interesante y en la que el exceso alcanzó a los diamantes que Antonio había tallado con pulcritud años atrás. Todo lo que vino después alargó la luz de Antonio, pero jamás igualó el conjunto de la etapa "Buena disposición".

En esa época, en la era “Buena disposición” fue la primera vez que les vi  en mi pueblo, en el Pabellón Huerta del Rey, teloneando a Wilko Johnson, creo recordar. Todo es muy difuso, excepto lo mal que sonó aquello y lo poco que nos importaba, estábamos viendo a Nacha Pop, esos madrileños que oíamos en Radio 3, y eso era lo importante, lo único importante. Y “Buena disposición” sigue siendo un punto luminoso que viene y va.  (Tomi - 2015)
  
Etapa “Buena disposición”
“El sueño”, “Ruidos en el desván” (sólo en single)”

“No necesitas más” (Nacho), “Reflejo de ti”, “ Juego sucio”, “Tragaluz”, “Buque que no llega” (Nacho),  “Qué hiciste conmigo anoche” (Nacho), “Sonrisa de ganador (Antonio y Nacho), “Alta tensión”, “Visiones” (Nacho), “Atrás”, “Quiero estar mejor”, “Brillo perdido”, “Día tras día” (en el LP “Buena disposición”, excepto las indicadas, composiciones de Antonio)

sábado, 18 de enero de 2014

Malditismo

Me imagino que cada uno tenemos nuestra propia “santísima trinidad de malditos”. En el mundo de las artes malditos hay muchos: en literatura, cine, música, danza, pintura. Hay malditos turcos, argentinos, norteamericanos, suizos, cameruneses, griegos, españoles… Mi particular altar del “malditismo” musical patrio esta compuesto por tres inmensos talentos y excelentes creadores de melodías: José Lanot, Miguel Angel Villanueva y Juan Manuel Riera. Bien, pensando un poco, sin pasarse, también podría haber una alternativa B al trío. Por ejemplo: José Ignacio Lapido, José María Granados y Rodrigo García, pero la diferencia es que el segundo terceto consta de un mayor reconocimiento público entre los medios y aficionados, aunque no entre la mayoría de los mortales que, lógicamente, desconocen quienes son 091, Mamá o Solera, por ejemplo. Luego dando otra vuelta y comentando con un amigo llegamos a otra “santísima trinidad de malditos”, alternativa C: Alex Cooper, Josele Santiago y Johnny Cifuentes, aunque la diferencia de repercusión parece notable. Bueno, cada cual tiene su culto al malditismo, no tengo ninguna duda y cada cual puede pensar en su propia y particular “santísima trinidad de malditos”
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Los requisitos que se piden en tan desconocido, como adorable club son muy pocos. Llevar muchos años en la carrera, persistencia, persistencia, persistencia. Y de estos nombres todos ya están en la treintena de años recorridos, bueno, de hecho Rodrigo ya lo supera con creces. ¿Más requisitos?... crear belleza, grandes momentos, melodías que arrebatan, emociones, sensibilidad, monumentos… en resumen, obras descomunales que pasan ante la indiferencia de los oyentes, que preferimos productos menos elaborados y más, digamos, sencillos de amoldar, digerir y tararear. Magia que no llegamos ni a intuir.

Este año he empezado muy en modo Juanma Riera, que la verdad le tengo muy perdida la pista en este siglo, uno es bastante despegado en casi todo, así que normal que la pista la tenga nublada. A mediados de los ochenta uno viajaba alguna vez a Madrid como si aquella fuese la meca, la mitificación de Madrid, y, que leches, era la meca para un provinciano como yo. Solía pasear por la Gran Vía, viendo las enormes carteleras de cine, asombrándome de la majestuosidad de los edificios y visitando las tiendas que el presupuesto ajustado permitía. Recuerdo Discoplay en los sotanos, y recuerdo con mucho cariño aquella tienda pequeña Record Runner, que sólo la tengo en el recuerdo en aquel pasaje de la calle San Bernardo, pero me quiere sonar otra ubicación original no muy alejada de aquella, cosas caprichosas de la memoria delectiva. Recuerdo que por allí andaba el dueño, Pepe Ugena, y también a José Luis “El Chori”, que fuera miembro de Los Elegantes en los años ochenta. Y en uno de esos estantes estaba un disco (“Surf Is Just A 4 Letter Word”) de un grupo de Mallorca, de nombre tan invendible como anticomercial, Ex-Crocodiles. Una sencilla portada azul y roja, con cocodrilos pequeños  para un trío que firma cuatro temas propios de nivel estratosférico, pero estratosférico de los de saltar después de tomar un Red Bull, y una versión de Syd Barrett. Tres temas van firmados por el alma, Juan Manuel Riera y el pepinazo de “Christine” que firma su socio Ivan Tobias. Imprescindible es decir poco ante la majestuosidad que trasmiten las canciones. Aquello era algo atípico totalmente en aquella España que se vestía de modernidad, aire fresco, emociones vivas, un auténtico gustazo.


Y pasaron 5 años hasta que consiguieron editar otros 6 temas, aunque cambiaron su nombre al “más comercial” Ex-Crocodyles, con el sonoro título de “Golden Hits Vol. II”, Hijo directo de la obra anterior, todo un manual de buen gusto y de arrojo por parte de la banda de Juan Manuel Riera. Se juegan un todo o nada contra el oyente, y aunque artísticamente lo ganen, aquello no pasa de unos círculos minoritarios que aprecian el caviar de los surcos. Aparte, les dio tiempo a editar, como colofón a su carrera (posteriormente editarán dos temas más en un recopilatorio), una deliciosa joya en forma de flexi disco (vaya formatos más antiguos, oiga) para el mítico bar madrileño La Vía Lactea, en su décimo aniversario. La perla se llamaba “Never Again” que luego recuperaron para la siguiente vida en los años noventa del proyecto, con nuevo nombre, The Crocodiles, pero esa ya es otra historia. (Tomi 2014)