Mama
El sol cae con dureza. Noto como se quema mi nuca, pero no me muevo. Un vencejo, de luto, negro, sobrevuela los pinos cercanos, como un triste ángel anunciador. Pero en realidad no trae mensajes de dolor, si no de dulzura y placidez. Mensajes de alegría. El vencejo me dice que va a estar bien acompañada. Que él y los carboneros, los herrerillos, los pinzones, las golondrinas, los ruiseñores, entre los que se encuentra el primero que he oído este año, pocos minutos antes... el vencejo me dice que todos ellos la cuidarán. Pero yo sé que no va a ser así: ella va a cuidar de ellos. Siempre se ha ocupado de todos, incluso de un mundo que no se la merecía. El sol calienta las rosas de las coronas. Reposan en el suelo junto a su lugar de descanso. Yo me doy la vuelta y contemplo el bosque. Está bien, es un lugar bonito y tranquilo. Ya eres polvo de estrellas. Un vencejo en el cielo en el bosque un ruiseñor una madre, una princesa estrella de dulce velo el vencejo anunciador...