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CAMPO REAL/FILLERA (Sos/Sangüesa) (y II)

"Acerca de lo que todavía encierra el subsuelo, en cuanto a estructuras de edificios y restos arquitectónicos, tenemos la guía de la foto aérea, lo que vio el Padre Escalada al excavarse el Canal de las Bardenas en Campo Real ('bastantes capiteles, entre ellos los jónicos son hermosísimos, fustes de columnas, etc.'), los trozos de piedras que quedan todavía junto a los taludes del canal, los materiales conservados en el Museo de Zaragoza (que no describimos), un curioso capitel guardado en una casa particular (del que tenemos foto y nos ocuparemos en otra ocasión), y el testimonio de la persona encargada de las parcelas de este sector: hace poco tiempo en una fosa que practicaron entre los 'rectángulos mayores' y el Canal descubrieron una vasija con cenizas, varios restos cerámicos y un capitel, documentos que llevaron a Sos del Rey Católico donde vive la dueña de la finca (...) En resumen: probablemente en este sector de Campo Real (Filleras y Corral del Boticario) se encuentre el límite oriental de una extensa población romana con los últimos edificios y las primeras necrópolis de las afueras, o bien una serie de construcciones aisladas, no formando propiamente núcleo urbano, especie de grandes villas con sus propias necrópolis". Con estas palabras valoraban, en 1974, desde la Universidad de Navarra Alejandro Marcos y Amparo Castiella -y en una proyectada serie de publicaciones que, sin embargo, no pasó del primer fascículo, titulada Prospecciones Arqueológicas en Navarra y dedicada a José Miguel de Barandiarán- uno de los enclaves arqueológicos que más mitología ha despertado en, cuando menos, la Arqueología aragonesa y también la navarra y al que ya dedicamos uno de los primeros posts de Oppida Imperii Romani, Campo Real/Fillera que reparte sus restos entre Sos del Rey Católico y Sangüesa y que, de hecho, conoció, si podemos llamarla así, su editio princeps, en ese mismo trabajo de MARCOS, A., y CASTIELLA, A., "Prospecciones en Campo Real (límite navarro-aragonés)", en Prospecciones Arqueológicas en Navarra 1, Pamplona, 1974, pp. 103-133 del que procede (p. 115) la cita con que abrimos esta entrada.

En el citado trabajo, al inicio (p. 105) se explicaban las circunstancias que motivaron el interés de la Universidad de Navarra por este lugar que, como deja clara la cita de más arriba, era ya conocido en la erudición arqueológica de las décadas iniciales de los años 40 del siglo XX e, incluso, bastante antes, como veremos. En 1971, María Ángeles Lizarraga, del Departamento de Geografía de la Universidad de Navarra, en el marco de una investigación sobre la evolución de los usos agrícolas del suelo en Navarra, dirigida por el insigne Alfredo Floristán, identificó, en las fotografías del vuelo americano (1957) y en las de la Diputación Foral de Navarra (1967) -cuya imagen ofrecemos tras estas líneas- una serie de marcas sobre las tierras de labor que, efectivamente, denunciaban la presencia en el subsuelo de alguna suerte de estructuras que recomendaban un estudio arqueológico del lugar que encomendaron, entonces, a Marcos y a Castiella, como más arriba se ha dicho.


Pese a que fueran las estructuras de la fotografía aérea las que estimulasen la atención de estos investigadores y colocasen el yacimiento de Fillera en el circuito científico, ya el sacerdote jesuita de Javier Francisco Escalada Rodríguez en su obra La Arqueología en la villa y castillo de Javier y sus contornos (Pamplona, 1943), al inicio del capítulo que dedicaba a Sangüesa la Vieja/Rocaforte había escrito (pp. 88-89): "La calzada imperial que venimos reseñando, dejaba a la ciudad celtibérico romana, sita en Sofuentes (...) y descendía rápidamente al valle de la Onsella, al que atravesaba en dirección al destruido pueblo de Fillera. Con ocasión de la apertura del canal del pantano de Yesa se han descubierto en este término de Campo Real, jurisdicción de Sos (Aragón), bastantes capiteles, fustes de columna, fíbulas, broches, monedas, urnas cinerarias de barro, una lápida funeraria muy estropeada, etc. La mayor parte de estos objetos son romanos, pero otros son ibéricos; y todo ello muestra la supervivencia de una ciudad celtibérico romana. Ella, a juzgar por esta pequeña parte desenterrada, debía ser muy importante. Así los capiteles jónicos son hermosísimos. Estos descubrimientos, que tanta sensación han causado, estaban ya previstos para nosotros. De ahí mismo y descansando sobre la superficie del terreno habíamos recogido nosotros piadosamente, y para evitar su destrucción, varios capiteles romanos; ahí mismo hemos encontrado varias hachas de piedra pulimentada (...)" tal como, de hecho, habían citado, en el pasaje que corona este post, Alejandro Marcos y Amparo Castiella. Los capiteles jónicos con sus fustes se conservan en los fondos del Museo de Zaragoza, aunque no hace mucho estaban expuestos en las salas de Romanización del citado centro -ahora en proceso de reforma- y, debidamente marcado, en tinta, con el rótulo "Fillera", se guarda uno con decorado puluinus lateral en Cordovilla, en los almacenes del Servicio de Patrimonio Histórico del Gobierno de Navarra, en Pamplona que, sin embargo, pues el P. Escalada solía marcar las piezas con números en tinta negra, pudo ser recogido por su sucesor en estas andanzas arqueológicas por Cinco Villas, el P. Recondo, del que luego hablaremos. Ofrecemos fotos, nuestras, de ambos materiales que dan una imagen, acaso pretenciosa, de la monumentalidad del lugar.


Volviendo a la acción de F. Escalada, tal como consta en la sensacional documentación recogida por MARURI, D., "El museo Xaveriano de Javier y su castillo", en San Francisco Xabier desde sus tierras de Navarra, Sangüesa, 2006, pp. 257-391, que, en parte, transcribe los diarios de campo del religioso jesuita parece que desde los últimos años 20 y primeros años 30 este sacerdote ya había mostrado interés en el lugar en sus andanzas por la navarra Comarca de Sangüesa y por la aragonesa de Cinco Villas, que no hace mucho (Pregón , 65, 2022, pp. 28-31) hemos puesto en valor. No en vano, en esos diarios se alude a una "urna cineraria ibérica" procedente de Sos -aunque no se especifica localización concreta del hallazgo- "donada por D. Emiliano Ladrero" en 1919 (p. 278) -que fuera médico de Sos del Rey Católico y correspondiente de la Comisión Provincial de Monumentos de Zaragoza- y se relata también como, en 1931, Escalada tiene contacto con Felipe Pérez de Ciriza y Juana Legarre -abuelos del actual propietario de parte de los terrenos-, propietarios de un corral en Pejón, en Sos del Rey Católico y con propiedades, también, según se afirma, en Baratiñones (p. 287) partida de la que de hecho, como recogíamos en un post de este espacio hace ahora exactamente un año, procede uno de los singulares materiales escultóricos con que ha obsequiado este singular yacimiento (para su publicación debe verse Príncipe de Viana, 253, 2011, pp. 97-120). En ese mismo año, 1931, el propio Escalada (p. 287) anota su contacto con Luis Salvo, cuya familia todavía detenta algunas propiedades en el área arqueológica, y la entrega por parte de éste de "un capitel visigótico y otro romano" anotando, además que en "la propiedad de Filleras (...) hubo pues población romana y por ahí pasaba y atravesaba el río Onsella la vía romana de Caesaraugusta a Pompelo". El vuelo de la Confederación Hidrográfica del Ebro, de 1927, nos permite imaginar el aspecto que debía ofrecer entonces, el lugar sin que apenas sean en él perceptibles las estructuras que sí se veían nítidamente en la fotografía de 1967, de la Diputación Foral de Navarra, que ofrecíamos más arriba. Verosímilmente, los trabajos agrícolas con maquinaria pesada que se generalizaron en los años 50 debieron facilitar las explanaciones y nivelaciones que, a la postre, acabarían por dar visibilidad a dichas estructuras y multiplicar los hallazgos. Entre ellos, por ejemplo, en la parte norte del espacio llano que, en ligera depresión, rodea el cerro de Fillera, un sensacional mosaico bícromo en blanco y negro que publicamos hace algunos años en el Congreso Internacional de Arte Provincial que se celebró en Mérida en 2009 (ver aquí) y que recientemente ha sido citado como único paralelo del que se encontró hace apenas cuatro años en el vecino enclave del Forau de la Tuta, en Artieda de Aragón (Zaragoza) (IÑIGUEZ, L., et alii, "Escena de thíasos marino en el Prepirineo aragonés: el hallazgo del opus tessellatum blanquinegro del Forau de la Tuta (Artieda, Zaragoza)", Lucentum, 43, 2024, pp. 169-191). De su propuesta de restitución ofrecemos imagen bajo estas líneas.


Esa labor de recogida de materiales iniciada por F. Escalada, la continuaría luego, también desde el castillo de Javier, el también jesuita P. José Mª Recondo Iribarren que, en su cuaderno anota igualmente varias visitas a familias de Sos con antigüedades procedentes del entorno -cierto que muchas del Cabezo Ladrero de Sofuentes- entre marzo (p. 328) y diciembre de 1954 (p. 336) y en enero y febrero de 1955 (p. 337) fecha ésta última en que ingresa en la colección de Javier "un capitel romano de volutas jónicas y sin fuste cedido por la Vda. de Mola en Sos", por tanto, verosímilmente procedente de Fillera y que, por la descripción, acaso es el mismo del que ofrecíamos fotografía más arriba. En la misma publicación de David Maruri, se hace constar que en 1983 (p. 372) los PP. Jesuitas entregaron al Museo de Navarra, entre otras piezas, una "placa y broche de cinturón de Filleras (Zaragoza)" y una "urna de sigillata hispánica, con tapadera, de Sos del Rey Católico" (p. 372). Este material, como es sabido, es sólo una pequeña muestra del muchísimo que furtivos y coleccionistas más o menos bien intencionados han recogido históricamente en los campos de Fillera y que se conservan, especialmente, en algunas colecciones particulares del municipio de Sangüesa. 

Entre las primeras visitas de Francisco Escalada a Fillera y la valoración que hace en La Arqueología de la villa y castillo de Javier había mediado, sin embargo, un acontecimiento clave en el desarrollo agrícola de la Comarca de Cinco Villas y, también, en la Arqueología de este singular enclave arqueológico, la apertura de la caja del Canal de Bardenas en el proceso de la cual se produjeron notables hallazgos de los que dio notable cuenta otro prohombre de la Arqueología del momento -en este caso aragonesa- como fue José Galiay Sarañana que en GALIAY, J., La dominación romana en Aragón, Zaragoza, 1946, p. 38, escribía: "En Campo Real, partida del término municipal de Sos del Rey Católico, al practicar la apertura de la caja del Canal de las Bardenas se descubrió parte de una necrópolis romana que, por su extensión e importancia de algunas piezas arquitectónicas guardadas hoy en el Museo de Zaragoza, se estimó pertenecería a una gran ciudad que indudablemente hubo allí cerca, como acusan otros restos". Sobre el yacimiento, la procedencia de él de sensacionales materiales, el daño causado por los furtivos -"las colecciones privadas incontroladas"- su singular interpretación como espacio agrícola del tipo uilla, mejor que como ciudad, y la peculiar fascinación que había producido en los inicios de la Arqueología aragonesa se pronunciaba así MARTÍN BUENO, M., Aragón arqueológico: sus rutas, Zaragoza, 1977, pp. 163-164 y, más adelante, también sobre el yacimiento y sus materiales, en p. 170 y p. 177: "El terreno, en la zona que se denomina Corral del Boticario y Filleras, hay restos de construcciones, con algunos depósitos, posibles silos enterrados, muros, sillares sueltos y aprovechados en edificios agrícolas modernos, con tambores de columnas, molduras y otros. Buena parte de ellos han sido recuperados y trasladados a la vecina finca de Peña, ya en Navarra, donde están en la actualidad en un jardín particular. Los restos eran conocidos de antiguo y Escalada ya había recuperado algunos en prospecciones, y también lo hizo la Universidad de Navarra. La fotografía aérea de la zona dio como resultado la localización de unas estructuras rectangulares de buen tamaño que deben de corresponder a unos establecimientos agrícolas, posiblemente uillae que, a juzgar por los materiales, debieron ser de importancia"

El resto de la historiografía de este lugar es bien conocida. Fue en 2008 que Archivo Español de Arqueología publicó (81, 2008, pp. 75-100) un trabajo nuestro, colectivo, en que reivindicábamos el carácter urbano del lugar -ya subrayado por la historiografía tradicional- que, después, también encontró acomodo en el el libro de MORENO, I., Item a Caesarea Augusta Beneharno. La carretera romana de Zaragoza al Bearn, Ejea de los Caballeros, 2009, pp. 55-56 y 74-75 -que ofrecía, además, un nuevo y sensacional vuelo sobre el área más oriental del lugar, con trazas evidentes de la entrada de la citada vía en la ciudad romana, imagen que recogemos más abajo junto a la fotointerpretación, demasiado exhaustiva, que, de la fotografía aérea hiciera Peña Lanzarote en los primeros años 90, que también recogemos- y al que seguiría un segundo trabajo nuestro (Zephyrus, 65, 2010, pp. 179-198) en que aportábamos nuevas noticias sobre material epigráfico, funerario y de decoración arquitectónica del yacimiento. 


Fue en 2011 en que, al abrigo de nuestro proyecto en Los Bañales, un equipo de la Universität Hamburg capitaneado por Martina Seifert y Nicola Babucic, realizó una serie de exploraciones geomagnéticas en el lugar que -como sabrá el lector asiduo de Oppida Imperii Romani pues la foto de sus resultados protagonizó una de las últimas entradas que este blog ha dedicado a nuestro proyecto de investigación "Parua labentia"- ofrecieron un resultado sensacional. En el año anterior, 2010, había volado el lugar François Didierjean, de la Université de Toulouse constatando en la zona este del enclave una serie de anomalías que también señalábamos en el citado post y que volvemos aquí a reproducir y, por su parte, en 2013, José Mª Viladés había llevado a cabo una serie de sondeos preceptivos derivados de la instalación de un pilotaje de regadío en la zona más central, y meridional, del área arqueológica, a pocos metros de la carretera Gallur-Sangüesa que separa el yacimiento de la aldea agrícola de Campo Real. La trascendencia dada a los resultados de la geomagnética, en el marco de la constatación -en nuestro artículo de Zephyrus- de una fuerte concentración de contrapesos de prensa para torcularia oleícolas o vitivinícolas en la zona -y que ya advertíamos en el primer post dedicado a Fillera en este blog- nos llevó a nosotros recientemente (ANDREU, J., y LAREQUI, J., "Parua oppida y municipa rusticana, un paradigma en el norte de la Hispania citerior", en ANDREU, J., BLANCO-PÉREZ, A y ALGUACIL, E. (eds.), Pecunia communis: recursos económicos y sostenibilidad de las pequeñas ciudades hispanorromanas, Uncastillo, 2023, pp. 161-192, p. 170y antes, también, a PEÑA, Y., "La producción de vino y aceite en el Valle Medio del Ebro", Anales de Prehistoria y Arqueología, 27-28, 2011-2012, pp. 148-149 a plantear una posible interpretación del espacio más oriental de la geomagnética de los colegas alemanes y que había sido ya individualizado por el vuelo de Didierjan como un espacio de dolia defossa, es decir, un gran almacén con dolia enterradas ubicado, además, en la ciudad -no lo olvidemos- que hacía de eje de comunicaciones viario en el muy romanizado territorio de las Cinco Villas de Aragón como el trabajo más arriba citado de Isaac Moreno se encargó de recordar.


De cara a comprobar esa propuesta, en la elaboración del proyecto de investigación que, en septiembre de 2023, resultaría financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidad bajo el título "De parua a oppida labentia: ciudad, ciudadanía y desarrollo urbano en el piedemonte vasco-aquitano (siglo I a. C.-II d. C.)" (PID2022-137312NB-Ioo) y el resultado ya lo conocen quienes son asiduos de las redes sociales del proyecto de Los Bañales tanto en Facebook como en Instagram y, también, quienes han estado atentos, en estos días, a algunos digitales que se han hecho eco de nuestras conclusiones (especialmente Navarra.com y Diario de Noticias de Navarra pero también, en papel, en Hoy Cinco Villas y en el propio Diario de Noticias, en "recortes" que colocamos más abajo) que también compartimos podcast en los micrófonos de SER Cinco Villas, en un que puedes escuchar aquí mismo. Lo que parecían orificios circulares son espacios cuadrados de algo más de un metro de lado y lo que parecían estructuras murarias son, sencillamente, negativos, sobre las gravas de la terraza geológica natural, de cimentación de las estructuras que delimitarían el espacio. Esa constatación, por un lado, subraya lo absolutamente arrasado que se encuentra el yacimiento y sus estructuras -algo que ya se constató en los sondeos que, en 2013, realizó José Mª Viladés-, también la escasa profundidad -apenas 70 cms en la zona sondeada- a que se encuentra tanto la terraza geológica como los restos de las edificaciones que Roma levantó sobre ella pero, también, pone de manifiesto una realidad que conviene subrayar. En los últimos años se habla mucho del carácter destructivo de la Arqueología algo que, desde luego, resulta indiscutible. Sin embargo, y aunque excavar no es la única técnica del método arqueológico, es evidente que si no se excava, aunque sea con sondeos comprobatorios, corremos el riesgo de sustentar hipótesis sobre bases demasiado endebles pues en Arqueología, éstas sólo pueden refrendarse con el dato arqueológico y aunque éste también se obtiene a través de la Geoarqueología o de la ahora llamada Arqueología aérea, está claro que sólo la excavación permite una constatación de evidencias suficientemente solvente como para edificar sobre ella conocimiento histórico. 

Terminada la intervención, que adopta el aspecto que ofrece, sobre estas líneas, la fotografía cenital de Juanmi Cirez, lo que tanto en el vuelo de Didierjan como en las geomagnéticas de Seifert y su equipo parecían fosas circulares, y justificaban la impresión de estar ante un horreum con dolia defossa, son, en realidad, espacios cuadrangulares tan amplios -como decíamos más arriba, de 1,10-1,15 m, unos 3 pies romanos- que no sólo desaconsejan esa interpretación sino que, además, invalidan la posibilidad de que fueran negativos de apoyo de vigas como es habitual en algunos horrea romanos tal como se ha sistematizado de modo ejemplar recientemente (SALIDO, J., Horrea militaria. El aprovisionamiento de grano al ejército en el Occidente del Imperio Romano, Madrid, 2011, pp. 63-67). Sin embargo, la forma de los orificios, con fragmentos de cerámica romana en su interior, la separación de cada uno de ellos -1,45 m- tan regular y su concentración por una superficie bastante superior a los casi 400 m2 de los que -insistimos- apenas se han excavado, en el sondeo, ya cubierto, unos 40 permite plantear la hipótesis de que, acaso, estemos ante un recinto para la fijación de scrobes, fosas de plantación de vides que aparecen asiduamente referidas en la tratadística romana sobre la agricultura -de la que, precisamente, hablábamos en un post anterior de este blog, que ahora puede complementarse con la grabación, en vídeo, de la conferencia que inspiró aquél, ya disponible en YouTube- y muy particularmente en el tratado Sobre los árboles del gaditano Columela (Arb. 5, 10), aunque no sólo. De ser esto así, aunque resta ahora por delante un largo proceso de revisión de bibliografía y de localización de paralelos, si unimos el dato a la fuerte concentración de instalaciones de transformación de vino que está documentando Eugenio Monesma en el territorium de las ciudades romanas de Los Bañales de Uncastillo y de Segia (Ejea de los Caballeros) y la concentración, también, de este tipo de instalaciones que tiene en estudio el equipo que trabaja en el Cabezo Ladrero de Sofuentes, parece obvio que la producción de vino debió estar en el centro de la dedicación económica del espacio nororiental del territorio de los antiguos Vascones al menos entre los siglos I a. C. y IV d. C., que son, precisamente, los de desarrollo de esta singular ciuitas de Fillera de la que, poco a poco, vamos conociendo más evidencias y en la que es nuestro deseo seguir trabajando como complemento a la labor que, durante ya casi dos décadas, llevamos desplegando en Los Bañales.





PARVA LABENTIA (y IV)



[Panorámica de la prospección geomagnética realizada en 2011 por un equipo de la Universität Hamburg en Campo Real/Fillera, entre Sos del Rey Católico y Sangüesa]

En el estudio de la Hispania de los Flavios, junto a la carta escrita por el emperador Tito, en septiembre del 79 d. C., a los habitantes de Munigua, en la Bética -sobre la que ya hablamos en un post anterior de este blog-, se individualiza, también, la que casi dos años antes, el 8 de agosto del 77 d. C., el fundador de la dinastía, Vespasiano, escribió a los Saborenses (CIL II2/5, 871). Si la primera se conserva en el Museo Arqueológico de Sevilla, la segunda parece que se perdió a comienzos del siglo XVIII. Como sí conservamos su texto, sabemos que en dicha epistula, Vespasiano respondía afirmativamente a los magistrados que hacían cabeza en la ciudad de Sabora, los IIuiri Caius Cornelius Seuerus y Marcus Septimius Seuerus, autorizándoles a fundar un nuevo enclave urbano con el sobrenombre flavio (permitto uobis oppidum sub nomine meo) y, además, por las dificultades que los citados magistrados debieron exponer al emperador en el documento al que él responde (cum multis difficultatibus infirmitatem uestram), a hacerlo en un terreno llano, in planum, según dice el texto. Al margen del interés jurídico y, también retórico, del documento (puede verse un balance en BLANCO-PÉREZ, A., "Imperial responses to urban crisis in the Roman Empirea: a conceptual approach", en ANDREU, J., y BLANCO-PÉREZ, A. (ed.), Signs of weakness and crisis in the Western cities of the Roman Empire (c. II-III AD), Stuttgart, 2019, pp. 37-45) esta inscripción está de actualidad gracias a la investigación arqueológica que, como se ha reiterado aquí en no pocas ocasiones (véase, por ejemplo, la serie "Archaiología") se está revelando como una fuente fundamental de documentación desde la que abordar novedades relativas, de modo muy particular, a la vida urbana hispanorromana y, en general, a la Historia Antigua de la península ibérica.

Así, en el inicio de la primavera de este año, en el número en curso (32, 2024) de la revista Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, ha visto la luz un trabajo, firmado por Isabel Rondán y Lázaro Lagóstena, de la Universidad de Cádiz, y que, titulado "Prospección geofísica y análisis edilicio en el asentamiento de El Carrascal (Cañete la Real, Málaga), presunta sede de Flauia Sabora", propone la localización concreta de esta Flauia Sabora que los Saborenses, si cumplieron lo establecido por la autorización solicitada a Vespasiano, debieron fundar -o, al menos, refundar- para hacer frente, con un nuevo modelo urbano, a las exigencias de su promoción al estatuto de derecho Latino flavio, municipal (sobre el tema nos detuvimos en ANDREU, J., Edictum, municipium y lex: Hispania en época flavia (69-96 d. C.), Oxford, 2004, pp. 180-182). Los dos autores amparan dicha propuesta de ubicación en el resultado de trabajos geofísicos en la zona que culminan los que ya se habían venido realizando en fechas recientes y que, de hecho, habían tenido no poco impacto en la prensa nacional, particularmente en El País y en el Diario de Cádiz. El sensacional trabajo de recogida de datos con magnetómetro y georradar y, especialmente, el meticuloso postproceso de estos y estudio de las estructuras documentadas a partir de aplicar dicha técnica de prospección permite a los autores ubicar en el entramado urbano de esa supuesta Flauia Sabora al menos un notable edificio absidal de tipo público -en la primera imagen, tomada del propio artículo-, una buena serie de insulae -mostramos una de ellas, la mayor de las localizadas, en la segunda imagen-, los probables horrea del municipio -visibles a la derecha de la imagen- e, incluso, vestigios sobre el sistema de abastecimiento y reserva hídricas a la ciudad todo sin mediar excavación arqueológica alguna y tan sólo empleando, como se ha dicho, técnicas no-invasivas sobre cuyo potencial metodológico se han ocupado recientemente, en otras publicaciones, ambos autores (véase, fundamentalmente, y pronto va a ver la luz la versión publicada, RONDÁN, I., Investigación no invasiva para el estudio de los establecimientos rurales romanos en el litoral meridional hispano, Cádiz, 2022). Desde el punto de vista histórico, este hallazgo resulta del máximo interés una vez que -a espera de, si proceden, futuras excavaciones- nos permite conocer las singularidades de un urbanismo supuestamente ex nouo que, si hacemos caso al texto de la epistula, debería datar de los comienzos de la época flavia con los problemas que, de hecho, tenemos, para conocer la incidencia de éste en las Hispanias una vez que las reformas de la Latinización flavia se aplicaron sobre ciudades ya existentes (nótese, además, que los autores también están aportando interesantes novedades respecto de otros enclaves del mismo estatuto jurídico como el municipium Flauium Aruense sobre el que se detienen en su contribución a las actas del coloquio "Small towns, una realidad urbana en la Hispania romana", celebrado en Alicante en octubre de 2021 y sobre el que hablamos en una entrada anterior de este blog y, también, en su muy recomendable contribución al volumen Non intrusive methodologies for large urban area research, Oxford, 2023, pp. 62-70) . El urbanismo atestiguado en Flauia Sabora correspondería exactamente al momento en que la población de los Saborenses procedió a abandonar el castro del Cerro de la Horca -que ocupaban desde la Edad del Hierro II- para trasladarse al llano y poder, de ese modo, acoger en la nueva urbanística todos los edificios propios de las no pocas exigencias del modelo municipal flavio, asunto que añadir, sin duda, al de las constatadas y crecientes debilidades que este expediente cívico romano, tan atestiguado en las provincias hispanas, está aportando cuando se le analiza arqueológicamente (ANDREU, J., "Retos y amenazas de la administración municipal en el Occidente Romano durante el Alto Imperio: el caso hispano", Cadmo, 27, 2018, pp. 29-26).



Como sabe el lector de Oppida Imperii Romani, desde septiembre de 2023, estamos liderando, desde la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra, un proyecto de investigación financiado en concurrencia competitiva por el ahora denominado Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades que, con el acrónimo parua labentia, pretende seguir poniendo el foco -con una perspectiva holística pero también territorialmente acotada- en algunos de esos parua oppida que se revelaron, en época medio-imperial, decadentes y que estaban ubicados en el ámbito vascónico y aquitano, entre el río Aragón, al sur y el río Adour, al norte. Curiosamente, en tres de esos parua oppida o parua (et) labentia oppida -pues todos fueron ciudades nativas monumentalizadas en época de Augusto (parua) pero con evidencias de crisis en época medioimperial (labentia)- Campo Real/Fillera, en Sos del Rey Católico, Los Bañales de Uncastillo -en estos dos casos en el año 2011 y con una segunda campaña en 2014- y Santa Criz de Eslava -en el año 2022- se han realizado en la última década trabajos de prospección geomagnética con resultados notables que, sin embargo, han permanecido prácticamente inéditos hasta la fecha pese a haber aparecido los resultados de los dos primeros ilustrando algunas visiones de conjunto sobre la Romanización en el territorio de la Comarca de Cinco Villas (ANDREU, J., "Entre el Ebro y el Pirineo: las tierras de Tauste en época romana en el contexto de la romanización de las Cinco Villas de Aragón", en Tauste en su Historia. Actas de las XVIII Jornadas sobre la Historia de Tauste, Zaragoza, 2018, pp. 155-198), contar el segundo con una valoración muy preliminar en una publicación internacional que ha alcanzado notable difusión (GROSS, Ph., y TRUNK, M., "Suburbium und Stadtweiterung: Bemerkungen zu Ober- und Unterstadt von Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza)", en Oppidum - ciuitas - urbs. Städteforschung auf der Iberischen Halbinsel zwischen Rom und Al-Andalus, Münster, 2017, pp. 723-728) y estar glosados los resultados del tercero de los trabajos, el relativo a Santa Criz de Eslava, en un artículo monográfico bastante reciente (HERMANN, F., ANDREU, J., y TEICHNER, F., "Aproximación al urbanismo de una ciudad de los Vascones: prospecciones geofísicas en Santa Criz de Eslava", Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra, 31, 2023, pp. 237-248). Nos parece, sin embargo, que la actualidad del empleo de este tipo de técnicas no invasivas en la Arqueología hispanorromana y, también, el hecho de que en el marco del citado proyecto de investigación ministerial hayamos previsto realizar algunas de ellas justifica que, con el objeto de seguir aportando información sobre los avances de nuestro trabajo, dediquemos al asunto una entrada monográfica de la etiqueta "Parua labentia" -ya la cuarta- en Oppida Imperii Romani.

Una mirada a los resultados atestiguados para la ciudad romana de Los Bañales, que fue prospectada, esencialmente, en las parcelas ubicadas al sur del área termal y en áreas muy concretas de dicho espacio (Aragón Televisión se hizo eco de sus trabajos en abril de 2014) permite, sin ánimo de exhaustividad, constatar varios elementos que, nos parece, aportan valor al conocimiento del urbanismo de esta singular ciudad seguramente, como Flauia Sabora, municipio de promoción flavia pese a su gran despegue urbanístico augústeo. [1.] En primer lugar, es evidente que al margen de que el área monumental -donde hoy sabemos que obraron el foro, los espacios artesanales y residenciales y las termas públicas- se concentró en torno al cerro de El Pueyo y con una evidente orientación sureste, las trazas resultantes de la prospección geomagnética evidencian que la urbanización alcanzó, también, todo el fondo del valle desde, prácticamente, la falda de El Pueyo al Huso y la Rueca confirmando la extensión de más de 20 Ha que, a partir de prospecciones superficiales, se supuso para la ciudad (ANDREU, J., GONZÁLEZ SOUTELO, S., GARCÍA-ENTERO, V., JORDÁN, Á. A., y LASUÉN, Mª., "Cuestiones urbanísticas en torno a la ciuitas de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza)", SPAL. Revista de Prehistoria y Arqueología, 17, 2021, pp. 233-266). [2.] En esa nítida trama urbana que se percibe hacia el área meridional del yacimiento llaman la atención dos grandes arterias paralelas en sentido sureste-noreste que, por su anchura, superior a los 5 m., parecen corresponder a dos grandes cardines -muy nítido el más oriental- que podrían conectar directamente con el punto de paso de la vía romana que se ha propuesto discurriría al sur del montículo de El Huso y la Rueca (MORENO, I., Item a Caesarea Augusta Beneharnum. La carretera romana de Zaragoza al Bearn, Ejea de los Caballeros, 2009, pp. 66-67). Esa articulación potenciaría el carácter de ciudad abierta, y viaria, para Los Bañales. [3.] Llama la atención, también, la presencia, en las inmediaciones de las termas, de una gran estructura circundada por viales perimetrales que permite pensar en un espacio de insulae de función, lógicamente, difícil de determinar. [4.] Por último, en las parcelas ubicadas más hacia el sureste de cuántas fueron examinadas con el magnetómetro, se individualiza una singular alineación de marcas cilíndricas en dos hileras que permiten pensar bien en un edificio público -acaso algo alejado del área monumental, lo que plantea problemas interpretativos- bien en alguna estructura al servicio del área de producción económica inmediatamente periurbana que, con los hallazgos de lagares e instalaciones para el prensado del vino y de la aceituna se ha venido configurando en los últimos años, con nuevos hallazgos, tal como mostramos en la segunda ortofoto donde aparecen marcadas, precisamente, las evidencias de esas instalaciones. Si esas líneas enfrentadas se corresponden con un edificio comercial, tipo macellum o, por el contrario, se trata de marcos de plantación de viñas o de olivos -como los que, precisamente, se están documentando recientemente (TRAPERO, P., RONDÁN, I., y LAGÓSTENA, L., "Studying Roman Viticulture in Baetica with GIS modelling and geophysical survey", en DOOD, E., y VAN LIMBERGEN, D. (eds.), Methods in Ancient Wine Archaeology. Scientific approaches in Roman contexts,  Londres, 2024, pp. 147-160, esp. pp. 154 y 156, Figs. 11.3 y 11. 4 respectivamente, el primero de los cuales, del enclave rural de Pocito Chico, en El Puerto de Santa María, ofrecemos imagen más abajo, gentileza de los autores)- es algo que sólo un mejor examen del espacio -acaso microprospección, o excavación- podrá determinar pero que, en cualquier caso, potencia la idea de un área productiva en la parte baja de la ciudad y de una nítida función de ésta como centro productor y redistribuidor, acaso, de aceite y de vino, que hemos anotado recientemente (ANDREU, J., y LAREQUI, J., "Parua oppida y municipia rusticana: un paradigma en el norte de la Hispania citerior", en ANDREU, J., BLANCO-PÉREZ, A., y ALGUACIL, E., (eds.), Pecunia communis: recursos económicos y sostenibilidad de las pequeñas ciudades hispanorromanas, Uncastillo, 2023, pp. 161-193). En este sentido, estamos, mientras se escriben estas líneas, recogiendo los permisos de los propietarios de los terrenos ubicados entre los antiguos baños públicos de la ciudad romana y el área meridional productiva y periurbana antes citada -la mayoría vecinos de la localidad de Layana- para poder acometer, en el próximo otoño, una más intensiva prospección que combine el recurso al magnetómetro y el georradar y que nos ofrezca una más nítida resolución de las estructuras que articularon el urbanismo de esta ciuitas en la que llevamos ya quince intensos años de investigación y dinamización. En este espacio y, también, en las fanpages del yacimiento en Facebook e Instagram iremos dando noticias, como siempre, de cada avance.




Si una de las estructuras atestiguadas en la geofísica de Los Bañales podría, como se ha dicho, guardar relación con el perfil económico, agrícola, de la ciudad, pronto sabremos si una de las que resulta más llamativas de las documentadas en la realizada en Campo Real/Fillera fue, como hemos propuesto (ANDREU, J., y LAREQUI, J., op. Cit., pp. 170-172, Fig. 4), un espacio de dolia defossa -es decir, un recinto de almacenaje de tinajas tapadas para preservar grano o líquidos- para la acumulación de aceite o de vino en la que fue, seguramente, la gran encrucijada viaria de la región. Efectivamente, ya en los vuelos que desarrolló François Didierjean en el lugar en el otoño de 2010 (de los que ofrecemos una instantánea más abajo) y, después, en la prospección geofísica que los colegas de la Universität Hamburg desarrollaron en 2014, se constató la presencia de un amplio espacio al oeste del área urbana marcado por una estructura de muros perimetrales en cuyo interior obran una serie de marcas circulares que bien podrían corresponder a los negativos de las citadas dolia o a las dolia mismas, si aun se conservan. Es por ello que, en septiembre de 2024, y mediando la oportuna autorización del Gobierno de Aragón, en trámite, vamos a realizar -gracias, también, a la generosidad del propietario de los terrenos- un sondeo en el ángulo sudoccidental del citado espacio que determine si, efectivamente, estamos ante un gran almacén agrícola que, de ser así, excedería, por sus dimensiones, las necesidades del abastecimiento estrictamente urbano.




En conclusión, abordamos en los próximos meses una serie de decisivos trabajos para seguir profundizando en la trama urbana de estos parua oppida del área vascónica pero, también, en las que fueron sus dedicaciones económicas algo que ya nos ocupó el pasado mes de noviembre en una jornada de estudio celebrada en la UNED de Ejea y de la que dejamos el vídeo de arranque, bajo estas líneas. Desde un punto de vista estrictamente social, resulta satisfactorio, y queremos agradecerlo desde aquí, comprobar la colaboración social, cívica, que estamos palpando en los agricultores de la Comarca de Cinco Villas -tanto de Layana como de Biota o Sos del Rey Católico- que están cediendo los permisos necesarios para poder acometer tanto el sondeo en Campo Real/Fillera como las prospecciones geomagnéticas en Los Bañales, proyectos ambos que confirmarán muchas de las propuestas -abriendo, seguramente, otras- que se planteaban en el análisis que recoge el vídeo con el que cerramos esta nueva entrada de la serie "Parua labentia" en Oppida Imperii Romani. Ojalá que llegue el día en que ese respaldo social, tan generoso e implicado, de las gentes de Cinco Villas lo asuman también -sin sospechas, ni censuras ni cuestionamientos políticos- las instituciones comarcales y autonómicas a las que, sobre todo a las primeras, tanto debemos pero de las que, especialmente de las segundas, también tanto esperamos. Será la prueba de que han entendido un proyecto como el de Los Bañales que sirve al territorio promoviendo su desarrollo cultural y socio-económico y que, tras quince años de recorrido, tiene, todavía, mucho que ofrecer.



PARVA LABENTIA (y III)

 

[Cornucopia en mármol blanco de Proconesos procedente de la ciudad romana de Campo Real/Fillera, en Sos del Rey Católico]

Si cuando hablamos de Epigrafía Romana, al mencionar el Corpus Inscriptionum Latinarum -el gran repertorio de inscripciones romanas que, surgido a mediados del siglo XIX, sigue aun alumbrando nuevos volúmenes- sentimos una cierta reverencia, cuando hablamos de estatuaria romana esa misma sensación se despierta en los investigadores cuando se habla del Corpus Signorum Imperii Romani. Si el CIL es el gran repertorio de las inscripciones latinas el CSIR es el gran repertorio de las esculturas romanas de todo el Imperio. Para la península ibérica, para las provincias hispanas, la edición de sus fascículos -el Corpus Signorum Imperii Romani España- se gestiona de modo ejemplar entre la Universidad de Murcia y el Institut Català d'Arqueologia Clàssica, dos de las instituciones que, por otra parte, más han contribuido en los últimos años a dinamizar la buena investigación arqueológica en nuestro país. De esos fascículos hispanos se han publicado ya diez siendo el último el que José Beltrán Fortes y Mª Luisa Loza Azuaga han dedicado a los materiales escultóricos romanos de la provincia de Cádiz (BELTRÁN FORTES, J., y LOZA AZUAGA, L., Corpus Signorum Imperii Romani. España. Provincia de Cádiz (Hispania Vlterior Baetica), Cádiz-Sevilla, 2020) si bien la serie se ha detenido en el repertorio escultórico de otras importantes ciuitates hispanas.

Si algo ha definido, precisamente, la categoría de los parua oppida en la que venimos trabajando desde hace algunos años (véase, al menos ANDREU, J., "El fenómeno de los parua oppida: definición y caracterización de una categoría urbana del interior de la Tarraconense", en Parua oppida. Imagen, patrones e ideología del despegue monumental de las ciudades de la Tarraconense hispana, Uncastillo, 2020, pp. 3-24, pero también nuestra entrada "Parua oppida (y III)", en este mismo espacio) eso ha sido la temprana apertura de las comunidades que podemos calificar como tales a los programas iconográficos de carácter oficial -y, por tanto, también escultóricos, no sólo epigráficos- que, en muchos casos, se produjo, además, antes de su promoción estatutaria. Recientemente, por ejemplo, uno de nuestros colaboradores, con ya un extenso y brillante historial de publicaciones sobre la cuestión, se ha ocupado del tema en la última entrega de la serie de monografías de Los Bañales: ROMERO, L., "El trabajo del mármol en el programa escultórico del foro de Los Bañales de Uncastillo (Uncastillo, Zaragoza)", en ANDREU, J., BLANCO-PÉREZ, A., y ALGUACIL, E. (eds.), Pecunia communis. Recursos económicos y sostenibilidad de las pequeñas ciudades hispanorromanas, Ejea de los Caballeros, 2023, pp. 135-159).

Pues bien, como una actividad más del proyecto de investigación "De parua a oppida labentia: ciudad, ciudadanía y desarrollo urbano en el piedemonte vasco-aquitano (siglos I a. C.-II d. C.)" financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación y de cuyos avances venimos informando en esta etiqueta de Oppida Imperii Romani, en estos días, tanto Luis Romero como quien escribe estas líneas estamos trabajando en la que será una de las próximas entregas del Corpus Signorum Imperii Romani y que, esperamos, esté lista para ser presentada el próximo mes de octubre en Pamplona ciudad que acogerá, también con paradas en Los Bañales de Uncastillo y Santa Criz de Eslava, la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania para la que acabamos de abrir el call para comunicaciones. El volumen estará dedicado a recoger toda la documentación escultórica -no sólo de bulto redondo, también relieves- atestiguada en el territorio que las fuentes antiguas atribuyen a los Vascones, otro de los temas recurrentes en este blog. Constituirá, de hecho, el primer volumen de la serie de Corpus Signorum Imperii Romani que no coincide, en su ámbito geográfico de estudio, con una ciudad antigua o con una provincia actual sino que se centra en un territorio que -aunque de fronteras e identidad discutida y discutible- funciona -y, de hecho, ha funcionado- en cierta medida como categoría coherente para su aprehensión científica. No será ésa la única sorpresa que aporte el volumen pero para las otras el lector tendrá que esperar a su publicación...

Así, en estos días de intenso trabajo de preparación del manuscrito para su entrega a imprenta hemos tenido que realizar un balance -que figurará en el volumen- sobre cómo se ha ido formando y, en los últimos años, incrementado el repertorio de material escultórico en la zona objeto de estudio de esa próxima e ilusionante entrega del CSIR. Y, en ese balance hay un punto de partida que resulta referente inexcusable para quienes trabajamos sobre la Antigüedad de Navarra y de su entorno. Se trata del inventario "Localidades de Navarra donde se conservan ruinas o se han hallado objetos romanos" que, en su quinta entrega de la serie "Excavaciones arqueológicas en Navarra" firmaron, en 1946 y en la revista Príncipe de Viana (24, 1946, pp. 423-439) dos de los "padres" de la investigación arqueológica en Navarra y en, prácticamente, gran parte del norte peninsular, Blas Taracena y Luis Vázquez de Parga. En él, y en el apartado de la estatuaria, apenas se inventariaban algunos de los relieves decorativos de monumentos funerarios romanos de las áreas de Eslava y de Gallipienzo; el repertorio de estelas decoradas de Gastiáin, en el valle de Lana, límite occidental del territorio vascón con el várdulo; y los ejemplares de bronce -uno desaparecido y otro, muy conocido y recientemente recuperado- de Pompelo, en la actual Pamplona, sobre el que luego volveremos. Sin embargo, el volumen que estamos preparando reúne cerca de 275 piezas repartidas entre algo más de 30 municipios del territorio actualmente navarro, del zaragozano de la Comarca de Cinco Villas y del extremo occidental de la Jacetania y del riojano de las áreas controladas por las ciudades de Graccurris, la actual Alfaro, y Calagurris, la actual Calahorra. Todo ello da muestra de hasta qué punto, en este último siglo, el trabajo de documentación arqueológica y de investigación que ha acompañado a ese incremento y que, además, han protagonizado algunos de los nombres de referencia en la historia de la investigación arqueológica en la zona ha resultado decisivo. Por citar los nombres más conocidos Mª Ángeles Mezquíriz -que presentó, por ejemplo, una cabeza varonil en mármol blanco procedente de la ciudad de los Carenses, en Santacara (Navarra) (MEZQUÍRIZ, Mª Á., "Retrato masculino aparecido en las excavaciones de Santacara (Navarra)", Trabajos de Arqueología Navarra, 136-137, 1974, pp. 403-404)-, Urbano Espinosa y Aurora Luezas -que valoraron el repertorio escultórico de Calagurris conformado, en gran parte, gracias a los trabajos de Pedro Gutiérrez Anchútegui (ESPINOSA, U., Calagurris Iulia, Calahorra, 1984, pp. 11-116 y LUEZAS, A., "Manifestaciones artísticas en Calagurris Iulia", en CINCA, J. L., y GONZÁLEZ SOTA, R. (eds.), Historia de Calahorra, Calahorra, 2011, pp. 115-130)- o José Antonio Hernández Vera y su equipo que, para Graccurris, también contribuyeron a ese incremento y a la sistematización de las piezas conocidas de antiguo (MARTÍNEZ TORRECILLA, J. A., AGUIRRE, A., y DEL FRESNO, P., "Nuevas esculturas del yacimiento de las Eras de San Martín-Graccurris", Graccurris, 24, 2014, pp. 157-180).

En cualquier caso, nos parece que el más decisivo incremento del repertorio se ha producido en la última década y ha tenido que ver con el desarrollo de actividades de investigación auspiciadas por el tejido universitario local y, en particular, por la Universidad de Navarra. Esa investigación ha permitido, por este orden, bien  la recuperación de obras que se daban por perdidas, bien la mejor identificación de otras del repertorio clásico, bien el incremento -en excavaciones arqueológicas concretas- de los materiales disponibles, bien el adecuado estudio de materiales aparecidos en proyectos arqueológicos ajenos a la institución universitaria. De todo ello hay ejemplos singulares que merece la pena destacar pues todos, además, nos han permitido conocer mejor el impacto que los programas decorativos oficiales tuvieron en las ciudades romanas del ámbito vascónico. Así, como es sabido -aunque, lamentablemente, esto se haya silenciado en el panel explicativo de la pieza que se ha instalado en el Museo de Navarra- fue un artículo publicado en el número 23, de 20015, de la revista Cuadernos de Arqueología de la Universidad de Navarra y firmado por Luis Romero y Rubén Montoya el que permitió que, al escribir el entonces propietario a los autores y éstos facilitar sus datos al Museo de Navarra, se procediera a la cesión, primero y, compra, más tarde, del, seguramente, mejor togado en bronce que tenemos en Hispania y que debió salir e veta desde Pompelo, donde había sido hallado, a comienzos del siglo XX. Así lo explicamos hace algunos meses en un episodio de "Arqueomanía" dedicado a la Arqueología navarra y emitido en Televisión Española en Febrero de 2023 y así lo ha recogido la prensa nacional y local antes enlazada y lo recordábamos, nosotros, no hace mucho -en junio de 2023-, en una tribuna en Diario de Navarra que, ahora, ante la proximidad de la XI Reunión de Escultura Romana en Hispania, tiene más sentido traer aquí a colación pues vuelve a estar de actualidad.

Quien fuera, en buena medida, artífice del inicio de los trámites que condujeron a la recuperación del togado de Pompelo, Luis Romero, también fue el responsable de la identificación como un retrato del diuus Augustus de época claudiana de la cabeza masculina de mármol que, procedente de la ciudad de los Carenses (Santacara, Navarra), Mª Ángeles Mezquíriz había presentado en 1974 como perteneciente a algún ignoto priuatus. Esa nueva identificación, que se presentó en la IX Reunión de Escultura Romana en Hispania, celebrada en Yecla (Murcia) en marzo de 2019 y cuya publicación ya está disponible en red, también ocupó titulares de prensa en los medios locales, en particular en Diario de Navarra y nos permitió, de la mano de Pablo Serrano, difundir, incluso, lo esencial de la identificación en un visor virtual en el portal Sketchfab. Quizás, esa rápida transferencia de la investigación ha sido otra de las singularidades que mejor han acompañado a esta intensa investigación universitaria como dan buena muestra los materiales escultóricos que se "exponen" en los Museos Virtuales de Los Bañales de Uncastillo y de Santa Criz de Eslava algunos de los cuales, gracias a los esfuerzos de los consistorios de Layana (Zaragoza) y Eslava (Navarra) pueden, de hecho, verse in situ en los respectivos espacios expositivos locales ubicados próximos a los yacimientos arqueológicos en cuestión. Sirvan como muestra dos de esos visores, el segundo, aunque no perteneciente a ninguno de los dos espacios virtuales, alusivo a la pieza de Cara que mencionábamos al comienzo de este párrafo.



Pero, sin duda, han sido los trabajos arqueológicos de los últimos años -en particular desde 2013- en la ciudad romana de Los Bañales de Uncastillo -y, por extensión, los que se han llevado a cabo en la Comarca de Cinco Villas- los verdaderamente responsables del sensacional incremento que, en materia escultórica, ha experimentado el territorio de los antiguos Vascones. Desde el hallazgo del thoracatus de Domiciano en la campaña de excavaciones de ese año -que vería la luz en un citadísimo artículo del número 73 de la revista Zephyrus (2014) y que fue, de hecho, objeto de un programa monográfico en el Canal UNED de Televisión Española- se han venido produciendo, en la excavación de un sensacional nivel de amortización de estatuaria ubicado en el flanco meridional del foro de la ciudad, constantes hallazgos que han conformado un repertorio único que, además, ha tenido la virtud de ir acompañado, también, de material epigráfico que ha permitido un mejor trazado de las peculiaridades de dicho repertorio monumental contribuyendo a su mejor inteligibilidad. Una primera recopilación del mismo se publicó en las actas de la VIII Reunión de Escultura Romana en Hispania que tuvo lugar en Baena en 2016 (ROMERO, L., y ANDREU, J.: "El programa escultórico del foro de la ciudad romana de Los Bañales: novedades y aspectos iconográficos, programáticos e históricos", en Reunión de Escultura Romana en Hispania. VIII, Córdoba, 2018, pp. 365-278) si bien muy recientemente ha visto la luz un sensacional volumen que dedica una buena parte de sus más de 520 páginas al estudio de estos programas y de sus evidencias (ROMERO, L., El foro de Los Bañales de Uncastillo: arquitectura y programas epigráficos, escultóricos y decorativos, Uncastillo-Pamplona, 2023).





Hace algo más de un año, en el Centro de Estudios de las Cinco Villas, en Ejea de los Caballeros, tuvo lugar una jornada conmemorativa del cuarenta aniversario de las I Jornadas de Estudio sobre las Cinco Villas y tuvimos la ocasión de presentar un balance de actualización sobre nuestro conocimiento de la Antigüedad en dicha región. De ese balance, que pronto verá la luz, proceden las dos láminas que hemos traído a este post, sobre estas líneas. Nos parece que ambas resumen muy bien los dos ámbitos en que el incremento de que venimos hablando se ha concretado mejor, todo ello sin tener en cuenta -pues no suelen formar parte de los repertorios del CSIR- las piezas de pequeño formato en bronce como -entre otras- la célebre pesa con busto de Attis de Sofuentes o la tortuga de bronce, acaso de un larario, hallada en Los Bañales y que reproducíamos, no hace mucho, en otro post de este blog. Por un lado, y especialmente en las ciuitates romanas de la parte más septentrional del territorio actualmente comarcal, las de Campo Real/Fillera en Sos del Rey Católico y las de Cabezo Ladrero en Sofuentes, han confirmado algo que ya en 2011 constatábamos (ANDREU, J., "Mors Vasconibus instat: aspectos del hábito epigráfico funerario en territorio de Vascones", en ANDREU, J., ESPINOSA, D., y PASTOR, S. (eds.), Mors omnibus instat: aspectos arqueológicos, epigráficos y rituales de la muerte en Roma y en el Occidente Romano, Madrid, 2011, pp. 491-529), que los monumenta sepulcrales en forma de altar decorados con pulvinos resultaron un elemento clave del paisaje funerario de estas comunidades, asunto sobre el que, de hecho, hemos podido volver recientemente (ANDREU, J., "Los tituli sepulchrales y el origen del hábito epigráfico en el extremo  oriental del solar de los Vascones", en RUIZ OSUNA, A. (ed.), Morir en Hispania. Novedades en topografía, arquitectura, rituales y prácticas funerarias, Sevilla, 2021, pp. 317-331). Las piezas nº 1 y 2 de la primera imagen que figura sobre estas líneas así lo muestran procediendo ambos puluini, respectivamente, de Sos del Rey Católico y de Sofuentes y bien custodiados los dos en colecciones particulares de buenos amigos. La lámina segunda, por su parte, recoge algunas de las piezas en mármol más representativas del repertorio de Los Bañales que incluyen elementos de retratística imperial: 1, el retrato post-mortem del César Germánico; 3 y 4, el thoracatus de Domiciano con su hermosa coraza decorada con Germanos vencidos y esculpido en la década de los 80 del siglo I d. C.; 5, la mano de un, probable, segundo emperador representado como thoracatus; y 2, la parte inferior de una probable estatua femenina, acaso del recinto de exaltación de la Victoria imperial, promovido por los notables de las familias locales Fabia y Porcia.

Si ese incremento se ha dado en el territorio cincovillés gracias al impulso de nuestro trabajo en Los Bañales, algo semejante ha sucedido en la vecina ciudad de Santa Criz de Eslava. Aunque los hallazgos escultóricos han sido mérito de un equipo anterior, ha sido gracias a la implicación del Parlamento de Navarra -como contábamos aquí hace algunos años- que se ha podido llevar a cabo un detallado estudio de esos materiales que, desde luego, han subrayado el extraordinario futuro que, como se señalaba no hace mucho en una publicación sobre la cuestión (BISPHAM, E., "Small towns, big futures: between Italy and Iberia", en ANDREU, J. (ed.), Parua oppida: imagen, patrones e ideología del despegue monumental de las ciudades de la Tarraconense hispana (siglos I a. C.-I d. C.), Pamplona, 2020, pp. 25-38), tiene la investigación sobre estos parua oppida y, en concreto, sobre los del ámbito vascónico-aquitano. Y, lógicamente, si nos acompaña la energía, aquí seguiremos contándotela.