Mostrar mensagens com a etiqueta América Latina. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta América Latina. Mostrar todas as mensagens

domingo, 3 de novembro de 2019

Sobre a América Latina ouçamos ZAPATERO




Foi hoje publicada na página virtual do jornal argentino Página 12, uma entrevista , feita por  Nicolás Trotta, Rector de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) e dada pelo antigo chefe de governo espanhol, o socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Embora percorrendo um vasto leque temático centra-se na América Latina, focando alguns dos principais problemas que hoje aí se vivem.  Nem todas as esquerdas pensam o mesmo sobre tudo. Isso não deve preocupá-las mas aguçar a sua capacidade para se ouvirem com abertura crítica e sem reserva mental entre si . Vale a pena ouvirmos Zapatero . Ouçamos pois o que nos diz esta voz socialista de um protagonista que não se deixou ficar numa cómoda prateleira dourada.
_______________________


José Luis Rodríguez Zapatero se ha vuelto una rara avis del socialismo español. Llegó a Argentina para sumarse a la victoria del Frente de Todos y reafirmar su vocación latinoamericanista. Desde que dejó el gobierno se transformó en la figura más progresista de su partido. Se hace cargo de las contradicciones de la izquierda y no le quita el cuerpo a las disputas más difíciles. Mientras que muchos ex presidentes se integran a directorios de empresas multinacionales, Rodríguez Zapatero decide embarrarse para colaborar en la búsqueda de una solución en la crisis venezolana y adopta posiciones firmes en la defensa de las fuerzas progresistas en el continente.
Se muestra confiado de la victoria de Pedro Sánchez en las elecciones del 10 de noviembre y en un posterior entendimiento entre las fuerzas de izquierda (Unidos Podemos de Pablo Iglesias y el novel Más País de Iñigo Errejón) para constituir gobierno y postergar a una derecha cada más radical.

–¿Cómo ve hoy a América latina?
–Hay dos análisis que son necesarios realizar. Primero que conviene no olvidar que los procesos son cíclicos y seguramente hemos vivido un ciclo de hegemonía de la izquierda, luego ese ciclo se ha tornado aparentemente de hegemonía de la derecha en muchos países con una preocupación de emergencia y ahora seguramente estamos nuevamente iniciando un tercer ciclo. Todo esto, y voy a la segunda reflexión, se produce en un momento donde la democracia tiene que hacerse más preguntas que nunca, fundamentalmente por la debilidad de la fortaleza representativa frente a una sociedad internacional, a una sociedad digital. Tiene que ser reflexión política filosófica de cómo integra toda esta revolución tecnológica y lo que ha de venir en nuestras formas de organizarnos, de pensar la sociedad, de dirigirla y de gobernarla. Estamos en este tránsito y seguramente quien antes anticipe una respuesta sólida, la izquierda o derecha, será quien tenga más posibilidades de ganarle el ciclo inmediato.

–América latina, desde la periferia, ¿qué capacidad tiene no sólo de formularse las nuevas preguntas sino de construir las respuestas?
–Es muy interesante esa pregunta porque siempre he pensado que la identidad de un país, de una nación e incluso la identidad de cada uno de nosotros, no es lo que pensamos que somos si no como nos ven los demás, desde afuera. América latina, ese continente joven, ese continente casi explosivo. Yo creo que es lo que en estos momentos pondría encima de la mesa. El primer tema son las desigualdades sociales, son las injusticias sociales. Está en los números, pero cuando uno ha viajado un centenar de veces a Latinoamérica, ha conocido latinoamericanos fuera de Latinoamérica, por Europa, no puede haber tantas riquezas tan acumuladas y luego tanta miseria.

–Este concepto de abolir la pobreza…
–Abolir la pobreza y limitar la riqueza, creo que es el gran salto cualitativo de Latinoamérica, sería el día que podamos decir que la pobreza se terminó, se abolió. Digo abolir porque le da la fuerza que tiene que ser una decisión, no es un fruto de una circunstancia, del azar, de una decisión económica, si hay decisión con la riqueza que tiene Latinoamérica, su renta per cápita, no puede haber pobres en situación extrema de angustia; y luego hay limitar la riqueza, este será uno de los grandes debates que la humanidad va a tener en breve.

–La inmensa mayoría de la humanidad compartirá su concepción de abolir la pobreza y limitar la riqueza. Lo que diferencia a la humanidad es el camino para lograrlo. ¿Cómo se puede avanzar en nuestros países que no tienen la capacidad de los países centrales para regular el capital transnacional?
–Es evidente que es una cuestión que va a depender de una posición global de la comunidad internacional, que pasa por dos aspectos esenciales que tiene que ser homogeneizar la fiscalidad en la medida que se pueda. Cuesta en la Unión Europea, tenemos ese problema. Hay países que tienen la fiscalidad más baja y hay competencia injusta. Dos, erradicar los paraísos fiscales, se debería construir un mecanismo. Es muy incipiente, en el único foro en el que este debate está abierto, se ha dado un paso tímido es el G-20 por donde, por cierto, hay presencia de países de América latina. En definitiva, necesitamos un camino de gobernanza de la globalidad. En algún momento la humanidad se va a plantear esto como se planteó abolir la esclavitud. Yo siempre me pregunto, es uno de mis pensamientos más recurrentes, cómo es posible que lo que llamamos “democracia”, conviviera con la esclavitud. A lo mejor en veinte, treinta, cuarenta años parecerá insólito que se pueda permitir una salida de capitales sin más, incluso todas las miradas que se alejan ante realidad de los paraísos fiscales.

–¿Cómo analiza los procesos de cambio que vivió América latina?
–Yo creo que fueron muy ambiciosos y con éxitos en lo social, reducción de la pobreza, acceso a bienes básicos, vivienda. Creo que en lo económico se necesita en la izquierda de América latina tener un planteamiento más elaborado, más profundo. Es decir, no podemos pensar que razonar económicamente sea conspirar socialmente, buscar ese punto de equilibrio. Es verdad que en un contexto internacional que las izquierdas digamos entre comillas en Latinoamérica tienen un sesgo de opinión muy claro que en donde en los mercados, en los grandes centros y organizaciones de interacciones económicas, yo lo viví, yo lo percibí, yo lo combato. En lo social yo le daría un aprobado alto, creo que en lo económico necesitamos el debate y luego nos falta en lo institucional. Ser auténticos, ser más republicanos, en el sentido más profundo del término del pensamiento republicano. Yo creo que la izquierda gana cuando la democracia se perfecciona, la izquierda gana cuando las instituciones son auténticas instituciones republicanas.

–¿No se ha vuelto la izquierda muy conservadora con el sistema?
–El sistema es poderoso y la alternativa a lo que es la economía del mercado, a la acumulación de capital para promover crecimiento económico, no es fácil imaginarla, debemos tener una cierta humildad intelectual. Sabemos que el capitalismo genera desigualdades, a veces lacerantes, que acompaña un sistema de poder que muchas veces influye, no es determinante para una victoria electoral, eso también hay que decirlo así. Sabemos que la mayoría de las grandes fortunas, los poderosos, algunos los llaman el “establishment” suelen estar en el campo de la derecha pero eso no determina una elección. Lo que es con rigor intelectual, podemos decir la alternativa a que el Estado pueda hacer otro papel en la economía normalmente las experiencias no han funcionado. El Estado no está para producir bienes y servicios, para fabricar sillas, mesas, pantalones. Suele ser poco eficiente y por tanto puede llevar la economía a una situación negativa. El Estado debe ser fuerte, debe proveer una salud universal, el modelo socialdemócrata que llamamos en Europa y que ha tenido un gran éxito. Seguro no ha colmado todas mis aspiraciones. Pero bien, tenemos la desigualdad que no se controla y que hay que controlar más en el ingreso porque las políticas distributivas la izquierda las sabe manejar bastante bien, pues bien tienes que tener un umbral fiscal mínimo. No es posible tener un estado de bienestar sin un umbral del 40% de presión fiscal en un país. De eso Latinoamérica está todavía lejos, Europa lo ha logrado y ahora el gran problema de la desigualdad de la precariedad laboral se aborda en lo que llamamos “predistribución” que es el nuevo incipiente debate de la izquierda. En mi experiencia, un tema esencial, no hay más que ver cómo reaccionan los economistas ortodoxos, es el salario mínimo. Yo veo que la informalidad laboral es también un atentado a la dignidad humana y que habría que abolirlo exactamente igual.

–¿Podría avanzar la Comunidad Europea en un salario digno que genere equivalencia de ingreso en todo su territorio?
–Puede avanzar, no descarto que la Unión Europea establezca un salario mínimo y que establezca también un seguro de desempleo europeo, sería una gran garantía. Es decir todo el mundo puede entender que puede haber una circunstancia mejor o peor en alguno de los países europeos o en países latinoamericanos, pero si tú tienes la fuerza del conjunto como nos ha pasado con la moneda euro y evidentemente había que perfeccionarla. La crisis nos ha llevado a nuevas medidas de una moneda más unida, más fuerte, más sólida, con más raíces. Eso es una gran garantía, imaginemos Latinoamérica, la crisis de un país, si hubiera esa unión económica, la unión fiscal, esa incluso unión monetaria. Yo creo que el gran proyecto de Latinoamérica es su unión política, económica, social, fiscal y por supuesto unión en la acción exterior. Sería un nuevo big player en el mundo, tenemos Estados Unidos, China…

–¿No fue lo que se abortó? Cuando se analiza la prisión de Lula... Brasil hace cinco años discutía la foto de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial como único nuevo país que había surgido en esta discusión como big player y hoy no tiene horizonte, ha salido del contexto internacional.
–Absolutamente, no sólo ha salido, aparece como algo esotérico, esa es la definición. Cuando fue un país decisivo, tanto en lo que podemos decir la construcción del primer programa social mundial que son los Objetivos de Desarrollo Sostenible, algo se ha avanzado. Hasta el año 2000 no existió en Naciones Unidas y sin dudas Brasil jugó un papel decisivo y a partir de ahí en el diálogo Norte-Sur, en el diálogo emergentes, en el diálogo de unidad latinoamericana Brasil ha sido un referente básico, pero la huella está ahí. Interpreto el fenómeno Bolsonaro como algo coyuntural. Veo el Partido de los Trabajadores y esperemos que Lula pronto esté paseándose por las calles haciendo sus discursos emotivos, poniendo su fuerza en la conciencia del pueblo brasileño y se revierta esa situación en poco tiempo. Y sin duda alguna Brasil, México, Argentina. Doy un gran valor a esta nueva etapa de Argentina.

–¿Qué espera de esta nueva etapa de Argentina?
–Pienso que Alberto Fernández es un hombre muy comprometido con la unión de Latinoamérica, que va a ser uno de sus grandes temas. Va a ser muy interesante la dialéctica FMI-países desarrollados en su relación con Argentina. Yo creo que esto va a marcar cómo la comunidad internacional define en el futuro inmediato, después de ver todo lo que está pasando en el continente, es el primer gran reto en la crisis financiera y económica. En la que hasta el FMI hizo una parte de autocrítica.

–Pero siempre llega tarde la autocrítica del Fondo.
–Yo, que he tenido que estar cerca del Fondo, creo que sí. Pero por ejemplo el Banco Mundial en eso ha ido ganando una posición muy distinta. Conociendo lo que es el Fondo, hay cosas que hemos leído que son sorprendentemente autocríticas y favorables. No es el Foro de San Pablo ni se va a parecer nunca.

–¿Qué rol jugarán los gobiernos socialistas de Portugal y España en esta nueva etapa de Argentina?
–Si el gobierno de España, como espero en las próximas elecciones, confirma al Partido Socialista, va a haber un apoyo cerrado. Primero hay un gran vínculo con Argentina. Segundo hay un interés por la Argentina que nosotros vivimos más directamente los últimos tiempos, que fue la Argentina de la recuperación, de la recuperación económica y de la recuperación de los Derechos Humanos, que es como yo defino el período de Néstor Kirchner básicamente. Eso tiene un respaldo claro y además nosotros tenemos también un cúmulo de vínculos económicos importantes que ahora Argentina debe posicionarse pivotando con España, con Portugal, porque son actores que tienen relevancia, sus voces tienen relevancia en el FMI, en la Unión Europea, en los mercados internacionales.

–¿Cómo analiza la elección de Bolivia?
–El presidente Evo Morales ha expresado su oferta de hacer una auditoría e incluso ha ido más allá. Ha dicho que si en esa auditoría se demostrara un fraude iría a segunda vuelta. Me parece que más no se puede hacer ¡qué más le podemos pedir! Ha sido una elección ajustada, es verdad. Pero las reglas son las reglas. No hay una regla que diga “si pasa muy poquito del 10% cabe repetir”. No. Me ha sorprendido muchísimo que la OEA, que en principio es una organización americana de respeto a la legalidad, haya dado esta respuesta. Es realmente insólito. Para cualquiera que propugne la defensa de las reglas democráticas. Pero el señor Almagro no me sorprende mucho tampoco. Es una decepción.

–¿Cómo puede salir Venezuela de la crisis política, económica, humanitaria?
–Hay un problema esencial. Es que en Venezuela hay que renovar un consenso fundacional entre dos visiones muy antagónicas de su país. Cuando uno está allí y escucha hablar de pueblo opositor y pueblo chavista se da cuenta de hasta qué punto hay una fractura social y política, que impide una convivencia mínima, de las reglas para poder salir adelante. Luego el que la comunidad internacional, una parte de la llamada comunidad internacional, Estados Unidos, se haya puesto beligerantemente a apoyar a una de las partes en conflicto y buscar la eliminación política, desacreditar totalmente a lo que representa el gobierno de Maduro y el chavismo, es una cortedad de miras absoluta. Lo más paradójico es que llevamos desde enero con el reconocimiento de Guaidó, que iba a producir un cambio, una salida a la situación. Cuando uno hace un análisis falso de una situación, las conclusiones te llevan al fracaso.

–¿Qué lo llevó a involucrarse en Venezuela?
–A mí me vinieron a buscar. En mi radar no estaba Venezuela. Siempre Latinoamérica, pero no Venezuela en particular. A mí me vino a buscar la oposición moderada. Que ha firmado ahora unos acuerdos de diálogo nacional con el gobierno. Me vino a buscar porque se temía ya en 2015 que aquello pudiera derivar en una confrontación civil. No quiero mencionar la palabra guerra civil. Y empecé a hacer una tarea de aproximación, de diálogo, muy comprometido con las personas que están en prisión. Trabajé para que fueran liberadas. Eso te vincula mucho a las familias. Y ver la capacidad de diálogo que tenía. Yo sé que he sido acusado de todo, de castro-chavista, de las situaciones más insólitas que uno podía esperar en mi vida. Pero siempre he podido tener la capacidad de diálogo con el gobierno chavista. Por supuesto que hemos hablado de los errores cometidos. De los problemas que existen. No puedo entender cómo hay una aproximación a Venezuela tan desequilibrada, esto es lo que me preocupa muchísimo de la situación. Todos los factores económicos que penden sobre Venezuela tienden a explicar esta situación. Creo que muchas de las cosas que están pasando en el continente son fruto de esa especie de carta blanca que Trump ha permitido a los sectores más conservadores latinoamericanos diciendo “ahora es la nuestra”. Tenemos la oportunidad de que aquí la izquierda sea residual, que el comunismo deje de existir.

–¿Qué es ser de izquierda en el siglo XXI?
–Hay una aspiración y es que la gente común, el ciudadano que vive de su trabajo, que ha nacido de su trabajo, pueda tener las mismas oportunidades que cualquier otro. No las oportunidades de tener éxito. Pero que tenga las mismas oportunidades para poder tener éxito. El día que una sociedad pueda hacerlo; ahora con el big data, con la inteligencia artificial, se puede hacer perfectamente, la política también tiene que poder utilizar estos instrumentos. Que se pueda evaluar si una persona cuando nace tenga, y en su desarrollo haya tenido, las mismas oportunidades reales. Bueno, eso será una sociedad de izquierdas.


domingo, 30 de julho de 2017

Notícia sobre a VENEZUELA.



Transcrevo da página virtual do jornal espanhol  Público [18 e 40 m de hoje] uma notícia sobre o que está a ocorrer hoje em Caracas. Perante a barragem de unilateralismo informativo dos nosso dóceis meios de comunicação social, caninamente alinhados com o complexo mediático internacional dos grandes meios de comunicação social, vale a pena ter-se acesso a uma informação objectiva.
O texto noticioso é do jornalista Alberto Pradilla e tem como tírulo:“Caracas como dos ciudades: una vota y la otra se encierra entre basura”. Abre a notícia o destaque seguinte : “En medio existen grises pero la diferencia es abismal entre el centro y el oeste, donde la mayor parte de colegios están abiertos, y el este, encerrado en sí mismo, lleno de barricadas y con la basura desparramada por el suelo.”
Eis a notícia, propriamente  dita:
“Con música y cohetes, antes de que amanezca, feudos del chavismo como el barrio 23 de enero despertaban a los votantes a las 6 de la mañana. La hora es intempestiva para un domingo, pero en Venezuela es tradición madrugar mucho, hacer cola para votar lo antes posible y ya disponer de toda la jornada. “Queremos ser los primeros para venir”, decía Carmen Romero, una mujer que llevaba desde las 5 esperando para votar en la escuela pública de la popular barriada. “Estamos viviendo en nuestras carnes la cuestión de los terroristas que están en el este. Aquí, por el contrario, estamos tranquilos y votamos para frenar la violencia”, afirmaba. El votante más ideológico habla de “profundización en el proceso” para explicar su participación electoral. En las filas, antes de las urnas, lo que más se escucha es un llamamiento a votar por la pacificación.
Hoy, cuando 19 millones de electores de un censo total de 30 millones está convocado a las urnas, siguen existiendo dos Caracas que viven de espaldas una a la otra. En medio existen grises, que no todo es tan fácil, pero la diferencia es abismal y real entre el centro y el oeste, donde la mayor parte de colegios están abiertos, y el este, encerrado en sí mismo, lleno de barricadas y con la basura desparramada por el suelo.
Habrá que ver hasta dónde están dispuestos a llegar los opositores durante las protestas. Sus fuerzas flaquean
“Hoy es uno de los días más importantes para que el venezolano chavista salga a votar”. Gustavo Borges, calado con gorra verde de estrella roja y el brazalete con la bandera de Venezuela, también es de los primeros en el colegio del 23 de enero. Insiste en que la constituyente convocada por el presidente, Nicolás Maduro, es la vía para destensar la situación. Quizás para dar ejemplo, que aquí son mucho de simbología, el jefe de Gobierno ha sido también madrugador a la hora de cumplir con la papeleta. Pasadas las 6 de la mañana, el máximo mandatario venezolano reivindicaba que el suyo era “el primer voto por la paz, por la soberanía, la independencia y la tranquilidad futura de Venezuela”.
La situación es completamente distinta en el este del país (por cierto, más opulento pero con menor proporción de habitantes). La oposición rechaza participar en las elecciones y ha llamado a manifestarse hoy a las 10.00 horas (las 18.00 en España). A las 8, en Altamira no había un alma. Una única señora preguntaba dónde había que concentrarse, asegurando que la convocatoria comenzaba a las 4 de la mañana. “No tenemos nada, estamos pasando hambre y por muchas dificultades”, aseguraba. La tensión es palpable. En Chacao, justo antes de llegar al feudo opositor, un grupo de motorizados partidarios del chavismo se enfrentaban con unos encapuchados que pretendían colocar una barricada. No lo consiguieron. Al final, los opositores abandonaban el lugar a la carrera. Da la sensación de que trancar las calles es la única estrategia sostenible para los antichavistas. Permite, con un número relativamente pequeño, dar una sensación de caos. Aunque lo de llenar de basura tu propio barrio es más incomprensible.
Habrá que ver hasta dónde están dispuestos a llegar los opositores durante las protestas de hoy, especialmente si se toma en cuenta que parece que sus fuerzas flojean. La víspera, Henrique Capriles y Leopoldo López llamaban conjuntamente a manifestarse. En realidad, es un modo de intentar tapar bocas, ya que en las últimas horas se había extendido la sombra de la duda en sus propias bases. Los más duros acusan a la dirigencia de ser excesivamente condescendientes con el chavismo. Sí. Han oído bien. Excesivamente condescendientes. La gestión de la frustración por asegurar que se frenarían unas elecciones que no podían suspender.

Tengan claro que el nivel de intimidación y presión es tal en los feudos opositores que el Gobierno ha tenido que habilitar cuatro centros de contingencia en Los Teques, Caracas, Maracaibo y Aragua. Es decir, que se han abierto polideportivos para que puedan votar personas que no pueden depositar su voto en su lugar de origen. Ayer, en el Poliedro, el centro preparado para los votantes de Caracas, varias personas explicaban que tenían que trabajar por las elecciones casi de modo clandestino. Además, algunos colegios han sido atacados y el material electoral ha tenido que ser trasladado a otros lugares.”

segunda-feira, 30 de maio de 2016

BRASIL - o golpe sem disfarces


O jornalista e publicista brasileiro  Mino Carta é uma referência intelectual e política no panorama mediático do país irmão. Situado à esquerda, lúcido e imparcial, ajuda-nos sempre a compreender melhor os temas de que nos fala. É um dos responsáveis pela qualidade da revista de grande circulação onde escreve, a CartaCapital.
É da respetiva página virtual que retirámos o texto da sua autoria que abaixo transcrevemos. Um texto datado de 30 de maio, com um título sugestivo:

“O golpe sem disfarces”.
As conversas gravadas por Sérgio Machado, e até o momento divulgadas pela Folha de S.Paulo, imprimem novo ritmo e novo rumo à manobra golpista que afastou Dilma Rousseff e entregou o governo interino a Michel Temer, o arguto professor de Direito Constitucional que rasga a Constituição.
Na semana passada permitia-me prever a provável separação entre o poder togado e o poder parlamentar, unidos pelo e no golpe. A hipótese agora se fortalece, e a confirmação vem da própria mídia nativa. Não folheava os jornalões desde a aprovação do impeachment pela Câmara e a partir de segunda 23 passei a ler suas sessões políticas.
Na terça, elegia-se Romero Jucá a bode expiatório e como questão central apontava-se o “pacto” aventado na conversa entre Machado e o ex-ministro para estancar a sangria desatada da Lava Jato.
A verdade factual sacramenta outra evidência, ao alcance da compreensão até do mundo mineral: ocorrido em março passado, o fatídico diálogo é, em primeiríssimo lugar, a prova irrefutável do golpe em marcha, e apresenta inclusive as forças envolvidas na trama. Ali se estabelece a premissa indispensável ao propósito do “pacto”, derrubar Dilma. 
Perguntei aos meus estupefactos botões como haveria de revidar o poder togado à ameaça do poder parlamentar. Mais, de que lado ficariam a casa-grande e a mídia nativa. Antes que respondessem, Temer entra em cena e joga a carta do pacote econômico do ministro Meirelles, o homem de todas as estações, a quem certamente não faltou a colaboração de José Serra.
De quem recordo uma frase retumbante, pronunciada na cozinha da minha casa, durante a campanha eleitoral de 2002, enquanto jantávamos um risotto ai porcini: “Eu sou muito mais de esquerda do que o Lula”.
Pois na tarde de terça os economistas do governo interino, vendilhões do País, firmaram a rendição ao mais cruel neoliberismo, a doença que uma centena de multinacionais, especuladores e rentistas impõe ao mundo para condenar à miséria a larga maioria e enriquecer mais e mais uma ínfima minoria. Comedida, a mídia de quarta celebra em manchetes o corte de gastos prometido pelo pacote e deixa em segundo plano a sua essência nefasta.
Convoco novamente os botões: por quê? Parece óbvio que uma súbita dúvida assola a casa-grande. O caminho do golpe tenderia a bifurcar-se, e a encruzilhada exige meditação profunda ao tornar possível, quem sabe provável, uma escolha. Temer e o Congresso ou Moro e o Supremo? A leitura dos jornalões induz os botões a acentuarem a gravidade do momento e a dificuldade da opção.
Na quarta, a Folha coloca em manchete o anúncio do corte dos gastos do governo e relega um novo diálogo dos idos de março, entre o mesmo Machado e Renan Calheiros, a uma chamada modesta na primeira página e relato na quarta. Soletram os botões: mais uma conversação edificante para confirmar o golpe, o pavor da Lava Jato de quem tem culpa em cartório e o envolvimento do Supremo na grande tramoia urdida contra o Brasil.
A terceira conversa gravada, entre machado e José Sarney, a menos significativa, revela apenas a intenção do ex-presidente de livrar Machado do julgamento de Moro, ao mexer pauzinhos não declinados.
CartaCapital preocupa-se com o destino do País brutalmente desigual e pratica o jornalismo com honestidade e fidelidade canina à verdade factual. Fato é que o governo Lula representa a quadra mais feliz na história do Brasil em termos de paz e bem-estar interno e prestígio internacional. 
O ex-metalúrgico soube implementar um começo de política social e promover uma política exterior independente. Contou com uma conjuntura mundial favorável, e este é fato, assim como é fato que o PT no poder se portasse como todos os demais partidos.
Dilma Rousseff não tem o carisma e o extraordinário tino político de Lula e cometeu erros graves de pontos de vista variados. Em boa parte manteve, porém, as políticas sociais do antecessor, ao meio de uma situação econômica cada vez mais adversa. Além disso, trata-se de uma cidadã correta, corajosa e muito bem-intencionada. Talvez um tanto ingênua, murmuram os botões.
Ouço-os, a despeito do tom opaco: seria bom saber como reagiu às razões de João Roberto Marinho, chamado em Palácio para escutar queixas em relação à constante agressividade global, sempre disposta a inventar, omitir e mentir.
Sustentou então o herdeiro do nosso colega Roberto não mandar nos seus empregados jornalistas, livres de propalar o que bem entendem, e, de resto, não ter condições de impedir o efeito manada na direção do golpe. Que fez a presidenta? Caiu das nuvens? Respondeu à altura a tamanha desfaçatez? De todo modo, como se deu que pudesse esperar por outro comportamento?
Cabem mais interrogações: que disse Dilma ao chamar o presidente do STF para discutir as posições do Supremo na perspectiva do golpe e ouvir a reivindicação de aumento de salário? A situação se apinha de dúvidas e incógnitas. Por exemplo. Os efeitos do pacote econômico, bastante agradáveis para a casa-grande, são altamente daninhos para um povo acostumado há tempo a manifestar sua insatisfação por ruas e praças.
Outra incógnita diz respeito ao inter do processo de impeachment, a prever no espaço máximo de 180 dias a sessão definitiva do Senado, presidida pelo ministro Lewandowski, não se sabe se já premiado pelo invocado aumento.
Na entrevista a CartaCapital da edição passada, a presidenta afastada referia-se à possibilidade de conquistar seis votos no Senado, de sorte a invalidar a maioria que a afastou. De fato, basta reverter dois votos em relação ao resultado da primeira sessão. A chance não teria crescido diante dos últimos, surpreendentes eventos?
Há quem volte a falar em eleições gerais antecipadas, quem sabe para outubro de 2017. Solução sensata demais para ser viável. Ideal mesmo, declaram soturnamente os botões, seria refundar o Brasil, tão favorecido pela natureza e infelicitado fatalmente por uma dita elite, prepotente, arrogante, hipócrita, corrupta, egoísta e incompetente. Ah, sim, ignorante. E movida a ódio de classe.
Abandono-me ao devaneio ao imaginar a convocação de uma Constituinte finalmente exclusiva. E me vem à memória a lição de Raymundo Faoro, contida em um dos seus livros mais recentes, A Assembleia Constituinte – A legitimidade recuperada.
Comenta Faoro a crença de que “só revoluções vitoriosas podem convocar Constituintes”. E emenda: “Na verdade, sempre que há crises ou colapso de uma ordem constitucional, ela só se recompõe pela deliberação constituinte, a deliberação constituinte do povo, se democrático o sistema a instituir”. 


sábado, 29 de agosto de 2015

O BRASIL NO SEU LABIRINTO - 6


Datado do passado dia 26 de agosto, foi publicado na página virtual da CartaCapital um texto que merece ser lido e meditado, da autoria  do colunista Marcos Coimbra, o qual é sociólogo, presidente do Instituto Vox Populi e também colunista do Correio Braziliense. Ele compara a campanha atual contra Dilma (2015) da que foi feito contra Fernando Henrique Cardoso [FHC] (1999), quando era ele o Presidente da República.
O texto intitula-se Do “Fora FHC” ao “Fora Dilma”, procurando mostraras semelhanças entre os apelos de 1999 e as manifestações recentes” e lembrando que “as marchas são legítimas, mas claramente partidárias. E assim devem ser tratadas”.



“O governo está mudo, incapaz de formular e transmitir sua narrativa dos acontecimentos no País, de como chegamos aonde estamos e para onde vamos. Não tem um discurso a respeito do que faz, do porquê e o que almeja. Limita-se a reagir de forma espasmódica e pouco criativa às pressões recebidas.
Pede a todos, ricos e pobres, simpatizantes e adversários, concordância com a necessidade de um “ajuste”. Parece no fundo querer um cheque em branco, pois não explica aos cidadãos os motivos que o exigem, não esclarece quais sacrifícios serão necessários e não fixa um horizonte.
Da oposição raramente se ouve algo que preste. Ela não expõe ideia, projeto ou proposta ao debate nacional. Seus líderes, embora cheios de cabelos brancos, agem tal qual meninos radicais. Fazem o mesmo que criticavam em seus velhos inimigos, os petistas contra quem brigaram em seus tempos de governo. 
A gratuita sugestão de Fernando Henrique Cardoso a Dilma Rousseff, a renúncia, é um exemplo perfeito dessa irresponsabilidade. A menos que se trate de uma reles vingança de quem teve de ouvir apelo idêntico.
Em 1999, em meio à crise instaurada no início de seu segundo mandato, o tucano ouviu do petista Tarso Genro a sugestão de deixar a Presidência e convocar novas eleições. Genro baseava-se na “fraude eleitoral” cometida por FHC durante a campanha, quando prometera fazer o inverso do que fazia, e no fato de ele ter perdido condições morais de governar, depois do “escândalo da privatização”.    
Enquanto os principais nomes da oposição se apequenam, os pequenos ficam menores. Ora nos brindam com declarações de um reacionarismo truculento, ora posam de ingênuos e fingem espanto diante das revelações a respeito da maneira como se financia, desde sempre, a política no Brasil. Terão se esquecido de que a eleição de praticamente todos foi custeada por meio do mesmo mecanismo?
O que se ouve e se lê na mídia é quase sempre de chorar. Às vezes por ignorância, na maioria dos casos por opção ideológica, oferece-se à opinião pública uma interpretação equivocada de nossa vida política. Em regra, a função dessa “leitura da realidade” é legitimar o discurso da oposição. Isso ficou claro no tratamento dado pela dobradinha mídia/oposição às manifestações antigoverno.
Centraram a discussão na dimensão quantitativa: relevante era o número de participantes. A oposição fixou-se na quantidade tanto quanto os meios de comunicação. Como se os manifestantes diferissem daqueles que permaneceram em casa apenas por seu ativismo e os brasileiros fossem uma massa homogênea, o que faria de quem protestava a amostra perfeita de todos.
Diante dessa hipótese inverossímil, a reação do governo e seus simpatizantes foi negá-la. À argumentação das quantidades, proposta pela oposição e pela mídia, fez-se a contraposição da sociologia dos manifestantes. As mesmas fotos que atestariam o “tamanho” dos eventos evidenciariam sua composição atípica. Ao contrário de expressar o Brasil, seriam exclusivas da classe média branca das metrópoles.     
As duas teses são verdadeiras: os protestos foram “grandes” e de fato seus participantes não eram sociologicamente representativos do conjunto do País. Mas nenhuma delas centra-se no aspecto mais significativo do fenômeno.  
Pela segunda vez temos um presidente no início do segundo mandato a enfrentar graves problemas. Pela segunda vez a popularidade presidencial despenca e fica em idênticos 8% de avaliação positiva em agosto do primeiro ano pós-reeleição. Antes de Dilma Rousseff, também Fernando Henrique ouviu “apelos” para renunciar e viu seus oponentes moverem-se para conseguir seu impeachment
Pela segunda vez, estimulada por clima parecido, a oposição convoca protestos populares. O “Fora FHC” de 1999 chegou a colocar cerca de 200 mil manifestantes nas ruas de Brasília e, muito provavelmente, seus organizadores teriam enchido a Avenida Paulista se assim o desejassem. 
Qual a diferença em relação a hoje? Em 1999, o establishment foi hábil ao pespegar a etiqueta de “coisa de petista” no “Fora FHC”, o que impediu que ele fosse interpretado como uma manifestação do conjunto da sociedade. Agora, os mesmos personagens propalam a tese inversa e querem tornar “dos brasileiros” um movimento específico de uma porção, não majoritária, do País. 

Desde o domingo 16 veio a público uma única pesquisa com manifestantes que continha a pergunta fundamental, a respeito do voto em 2014. Foi de responsabilidade da Universidade Federal de Minas Gerais e realizada em Belo Horizonte. Entre os entrevistados nas 
ruas da cidade, 79% votaram em Aécio Neves e 11% anularam ou deixaram em branco o voto. A se considerar os dados de pesquisas semelhantes conduzidas ao longo do primeiro semestre, o quadro em outros locais não terá sido muito diferente.
A discussão relevante não é se os manifestantes foram muitos ou poucos. Ou se foram típicos ou não da sociedade. O mais importante: estavam nas ruas, quase exclusivamente, eleitores do PSDB.
Problema? Obviamente não, pois esses cidadãos têm todo direito de se mostrar tristes com o resultado da última eleição. O que não justifica esconder da opinião pública o fato de serem eles a ocupar as ruas.
No modo como a dupla mídia/oposição apresentou e discutiu as manifestações ficou escondida sua característica mais importante. E o governo, em sua mudez, não teve argumentos para rebater a fábula. O Fora FHC foi “coisa de petista”? Certamente. Falta é dar nome às atuais manifestações. Quem sabe não poderiam ser consideradas um “tucanaço”?”


sábado, 22 de agosto de 2015

O BRASIL NO SEU LABIRINTO - 5


*
Na página virtual do jornal argentino  Página /12, foi hoje publicado um artigo assinado por um dos seus jornalistas, David Cuffré  El proyecto para Brasil─ que analisa os possíveis reflexos da crise brasileira na América Latina, com destaque para a Argentina. É uma perspetiva que destaca um aspecto da crise que está longe de ser secundário.


El proyecto para Brasil

      Por David Cufré

El proyecto económico detrás de las manifestaciones masivas de las últimas semanas contra el gobierno de Dilma Rousseff tiene como uno de sus objetivos prioritarios desandar el camino de la integración regional. En lugar de la alianza con Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela, una cúpula empresaria de Brasil quiere reemplazar al Mercosur por acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y Estados Unidos, sin restricciones ni condicionamientos de los antiguos socios sudamericanos. La movida es alimentada por los grandes medios de comunicación, que transmiten un mensaje monolítico a favor de profundizar las políticas neoliberales. Describen al bloque regional como un lastre, que impide al país despegar hacia el mundo. También le atribuyen una cuota de responsabilidad en la crisis económica, que cada vez es más grave. La salida, dicen, es apostar a nuevos socios comerciales para aumentar las exportaciones, al mismo tiempo que se avanza con señales hacia los mercados financieros, como un ajuste fiscal más severo, la anulación de impuestos al patrimonio, la suba de la edad jubilatoria, el arancelamiento de la salud, una reforma para achicar el Estado y la venta de activos públicos, como edificios y tierras de las fuerzas armadas. Todo ello debería seducir a capitales extranjeros para invertir en el país. Los actores sociales que impulsan esa vuelta de tuerca ortodoxa son los mismos que en Argentina sueñan con un modelo agroexportador, de apertura comercial y desregulación financiera y cambiaria: grandes productores agropecuarios, especialmente de soja y ganado (Brasil se ha convertido en una potencia mundial en ambos casos), sectores vinculados a la banca internacional; el establishment industrial con compañías globales, y una clase media y media alta de grandes ciudades que a pesar de haber sumado ingresos con los gobiernos del PT, no logra convivir con las clases populares que ascendieron gracias a las políticas de redistribución.
Una diferencia sustancial entre Brasil y la Argentina, que agrava las cosas, es que los gobiernos de Lula y Dilma nunca rompieron con el paradigma neoliberal. El país vecino no tuvo un 2001/2002 que enterrara a los años ’90 en el descrédito. Los avances sociales se produjeron gracias a políticas específicas, como el Bolsa Familia, y a la promoción del consumo y el empleo en las etapas de auge económico, promovidas por la suba de los precios internacionales de las materias primas. A eso se suma que el segundo mandato de Dilma arrancó el 1º de enero pasado echando por la borda promesas electorales desarrollistas y nombrando en su gabinete a referentes del proyecto neoliberal del agro y de la banca: Joaquim Levy en Hacienda, doctorado en Chicago, ex funcionario del FMI y director del Banco Bradesco hasta 2014, y Catia Abreu en Agricultura, ex presidenta de la Confederación Nacional de la Agricultura, la Sociedad Rural brasileña. Esta última dijo en junio, en una reunión en Bruselas con la Unión Europea, que Brasil debería firmar un acuerdo de libre comercio con ese bloque sin esperar el consentimiento del Mercosur. El sacudón obligó al gobierno de Rousseff a bajarle el tono, pero la propuesta reapareció la semana pasada por parte del presidente del Senado, Renan Calheiros, uno de los líderes del PMDB, quien hasta ahora mantenía una alianza con el PT pero que en este momento luce al borde de la fractura.
Calheiros se reunió con Levy y le presentó una carta de veinte puntos con los postulados neoliberales, algunos de los cuales se mencionaron más arriba: reducción del impuesto a la herencia, achicamiento del Estado, reforma laboral, flexibilización regulatoria para el sector de la minería, creación de una institución autónoma encargada de auditar la política fiscal, incentivos a la repatriación de capitales y nuevas exigencias para cobrar planes sociales, entre otros. Uno de los puntos dice textualmente: “Acabar con la unión aduanera del Mercosur a fin de posibilitar que Brasil pueda firmar acuerdos bilaterales sin depender del apoyo de los demás miembros del bloque regional”.
La canciller alemana, Angela Merkel, fue recibida anteayer por Dilma en Brasilia con honores de Estado, propios de la jerarquía de la visitante, pero también reflejo del momento político y de las presiones económicas que se viven en el principal socio comercial de la Argentina. La virtual jefa de la Unión Europea sostuvo: “Hay empresas alemanas que quieren y están dispuestas a invertir en Brasil, pero para ello se necesitan condiciones de inversión confiables”. La traducción del idioma diplomático a hechos concretos es dejar de lado la integración latinoamericana para afianzar nuevos lazos con las grandes potencias occidentales.
Eduardo Crespo, prestigioso profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro, analiza con su mirada argentina el proceso brasileño. Considera que los movimientos desestabilizadores contra el Gobierno que se expresaron en las marchas –de perfil “cacerolero”, con una potencia y una masividad nunca antes vistas para la sociedad brasileña– tienden a replegarse. Esto es así, estima, porque el poder económico y buena parte del poder político en la oposición prefieren que Dilma haga el trabajo sucio. Es decir, que implemente aquellos veinte puntos de cepa neoliberal, vaya para atrás con el Mercosur y cierre acuerdos con Europa y Estados Unidos. Y mientras tanto, la seguirán desgastando con las causas de corrupción, a ella y a su eventual sucesor, Lula da Silva. En 2018, la oposición tendría el camino allanado para ganar las elecciones, y el PT quedaría como responsable de la crisis ante la sociedad.
Algo de eso ya se vio con la estigmatización que está haciendo la prensa dominante –mucho menos plural que la argentina– del ex ministro de Hacienda Guido Mantega. El funcionario asumió con Lula en marzo de 2006 y permaneció hasta el final del primer mandato de Dilma, el 31 de diciembre último. Su gestión, como ya se dijo, mantuvo la impronta ortodoxa en términos fiscales, monetarios y cambiarios, aunque en comparación con su antecesor, Antonio Palocci, y su sucesor, Levy, parece un moderado. Eso les basta a los grandes medios para tildarlo de heterodoxo –aunque esté a años luz de Kicillof, para medirlo con la vara nacional– y culparlo de todos los males. “Levy tiene que arreglar los desastres que dejó Mantega”, instalan diarios y canales de televisión. No importa que el violento ajuste fiscal que impuso el actual ministro haya hundido a una economía que ya venía en caída, la responsabilidad se atribuye al “heterodoxo” Mantega.
En esa línea, hay sectores empresarios que aspiran a forzar una privatización de Petrobras, conmocionada por las denuncias de corrupción. Grandes petroleras del exterior están igualmente detrás de esa presa.
Por ahora no surgió en Brasil una reacción popular en defensa de sus intereses, y no será fácil que ocurra porque el partido político que solía representarlos, el PT, está embanderado con las políticas de ajuste. El panorama, así, es sombrío para el proyecto que cobró fuerza hace más de una década en Mar del Plata, cuando la región le dijo no al ALCA y avanzó en su integración. Será un desafío para Daniel Scioli, si se impone en las elecciones, convivir con un Brasil que en lugar de mostrarse como aliado tiene vocación de afianzar otras relaciones. Y si el ganador es Macri, los sueños de un proyecto nacional, popular y latinoamericano quedarán nuevamente en stand by. Ese es el proyecto que el establishment brasileño, Europa y Estados Unidos tienen para la verde-amarela