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miércoles, 15 de junio de 2016

Sobre las restituciones de los Selk´man

Llevamos diez años hablando de este tema, que arrancamos allá lejos y hace tiempo con esta nota de La Pulseada. En abril, el Museo de La Plata devolvió a la comunidad Selk´man de Tierra del Fuego los restos de cuatro personas que eran parte de sus “colecciones” formadas durante las campañas de exterminio del siglo XIX. Es una etnia que la antropología daba por desaparecida, comenzó a reorganizarse tres décadas atrás, logró reconocimiento y ahora tiene 36.000 hectáreas propias.
Escribí nuevamente sobre el tema, dos notas. En La Pulseada, la historia de los selk´man y cómo se llegó a esta reparación, en un articulo titulado "La extinción de un modelo científico".
Además, en un Dossier especial de la revista Aletehia que compartí recién, sale una crónica de la restitución de restos a la comunidad Selk´man.

martes, 12 de mayo de 2015

Los usurpadores de Abasto

Foto: SADO
Si van a hablar de la propiedad privada, hablemos de los orígenes.
Porque ya sabemos: la propiedad privada, como derecho, la inventaron los primeros en apropiarse algo para sí. Primero pusieron el alambrado, después la ley.Toda propiedad fue pública, comunitaria, de la Pachamama o como quieran llamarla, antes de ser privada.
Hablemos, entonces, de ese punto del mapa que hoy señalamos con números de calles: 520 y 214.
El primero en considerar que esos terrenos ubicados en Abasto eran privados y eran suyos se llamó Alonso Gamíz de Vergara. En 1640 este hombre se convirtió en el propietario de un terreno equivalente a 16 veces el casco urbano de La Plata, que va desde parte de la zona norte de la ciudad hasta Brandsen, incluyendo Abasto.
¿Cuánto pagó por esas tierras?
Nada. Fue una “merced” por los servicios prestados.
¿Qué había hecho?
Servir a Su Magestad, según explica en los pedidos que presenta pidiendo tierras. Había ayudado al castigo de los “indios serrano alzados”, anota también. Sí: porque esta zona no era un desierto inhabitado. Por ejemplo, “La Matanza” no se llama así de casualidad sino por la masacre que condujo Juan de Garay, segundo fundador de Buenos Aires, una ciudad que tampoco se fundó dos veces por obra del azar. Y en esos tiempos había maloneo: los indios resistían a los blancos que traían la propiedad privada.
Alonso Gamíz de Vergara había sido el alguacil mayor (es decir, el jefe de policía) de Pedro Esteban Dávila, el titular de la gobernación de Buenos Aires entre 1631 y 1637 (dicho sea de paso, si hacemos una historia de la tortura en el Río de la Plata, no debemos olvidar que Dávila dispuso en enero de 1637 que “el negro o negra o india que echara la basura en la calle” tendría la “pena de cien azotes, que se darán en el rollo de la plaza pública”. Los blancos hacían lo que querían, claro).
Dávila fue el quinto gobernador de Buenos Aires. El primero que tuvo ese cargo, designado por Felipe III de España, fue Diego de Góngora. Fue cuando el Rey dividió el extenso territorio de la gobernación del Río de la Plata en dos. En ese momento, la gran preocupación de los españoles era el contrabando. La Aduana de Buenos Aires era un colador. Góngora pidió refuerzos extraordinarios para combatir ese problema, pero nunca lo hizo efectivamente.
Un tiempo después, la Corona mandó a un tal Delgado Flores a que lo auditara: "los contrabandistas están en todas partes. He de matar a todos los de esta ciudad", dijo el investigador. Góngora reaccionó recurriendo al notario del Santo Oficio, Juan de Vergara, para que lo condenara por esos dichos.
Este Vergara era el tío de Gamíz de Vergara, el origen de la propiedad privada en Abasto. Y era un hombre con prontuario: no solo era el hombre de la Inquisición, sino además el mayor contrabandista de la zona. Así, en poco tiempo, se convirtió en la persona más rica y poderosa de Buenos Aires, tanto que fue capaz de comprar todos los cargos del Cabildo a perpetuidad, y colocar allí a toda la familia.
Góngora cayó un tiempo después –juzgado a la distancia-, pero Vergara mantuvo el poder fáctico. Céspedes, el cuarto gobernador que tuvo Buenos Aires, se animó a enfrentarlo. No pudo: cuando lo encarceló, el obispo fray Pedro Carranza fue hasta la prisión, forzó la puerta y lo liberó. Pedro Carranza, que hizo temblar al gobernador con un sermón de ex comunión, era el primo de Juan Vergara.
A Céspedes lo sucedieron Pedro Dávila y Don Mendo de la Cueva y Benavidez, que hicieron todo lo contrario a enfrentarse al gran contrabandista. Lo que ocurrió en esos años, dicho en términos de nuestra época, fue una enorme asociación ilícita. Todo está registrado en los documentos de la época:
* El gobernador Dávila otorga tierras a Juan de Vergara. El escribano que firma la merced es… su hermano, Alonso Agreda de Vergara.
* Pedro Dávila nombra alguacil mayor a Alonso Gamíz de Vergara, el hijo del escribano mayor y sobrino del contrabandista.
* El gobernador De la Cueva y Benavidez le otorga más tierras a Juan de Vergara.
* El gobernador De la Cueva y Benavidez le otorga tierras a Alonso Gamiz de Vergara. La firma una vez más es de Alonso Agreda de Vergara, el padre del beneficiario.
Una parte de esas tierras que recibió gratis, “por sus servicios”, el jefe de policía de la Gobernación de Buenos Aires, es el foco de conflicto en estos días en que a quienes luchan por sus derechos se los nombra, con liviandad o mala leche, como usurpadores de la propiedad privada.

martes, 21 de abril de 2015

El primer photoshop de la historia platense

Hace rato andaba con ganas de hacer radio y el amigo Juan Delú me tentó. Por eso, este año todos los lunes voy a andar por el aire de RAP Todo Terreno, en las mañanas de Radio Futura 90.5.
La primera columna fue el 13 de abril. Me preguntaba por donde empezar y me dije: por el principio. Nos remotamos a la fundación. “El primer photoshop de la historia”. ¿Cómo es eso? Si: la primera imagen, la de la inauguración de la ciudad, es un montaje.
La Plata, que pretendía ser la ciudad de la “conciliación nacional”, se inauguró en un contexto de fuertes internas políticas. Por eso, muchos de los principales dirigentes políticos del momento se ausentaron a la inauguración del 19 de noviembre de 1882. ¿Qué hizo Rocha? Trucó la imagen. Le encargó un montaje al fotógrafo Thomas Bradley y luego encargó una litografía al grabador milanés Quincio Cenni, que incluyó a todos los que habían faltando, incluso a él mismo.


Acá podés escuchar la columna:



domingo, 18 de agosto de 2013

Los enigmas del Princesa

El periodismo es apasionante cuando de contar historias se trata. En agosto, el informe de tapa de La Pulseada trata sobre el pasado, el presente y los futuros posibles del "Teatro Princesa", el sitio de la vieja sociedad de Unione e Fratellanza de los italianos. En la crónica entrecruzan los obreros que vinieron a construir la ciudad, personajes entrañables -y discutidos- de la ciudad, el "desierto" de la cultura platense durante el menemismo -y los refugios de quienes resistían-, el fantasma del COU y la especulación inmobiliaria, y mucho más.
La bajada dice así:

Vio nacimientos y muertes. La solidaridad de los italianos que construyeron La Plata y la topadora que motoriza el ordenamiento urbano de la nueva época. Fue un cine masivo, el primer salón de tango platense y un teatro experimental. Un trozo de la historia de la ciudad se condensa en el misterioso edificio de diagonal 74 que ahora se ofrece como una oportunidad inmobiliaria. Personajes, leyendas, escenas y preguntas sobre un sitio que es bastante más que un “lote” en venta.

Y pueden seguir leyendo clikeando acá.

sábado, 20 de octubre de 2012

Así caen los hombres ricos y sus mansiones


A Dani Lorenzo

Cada palacio derruido guarda bajo sus escombros la historia de una familia fastuosa venida a menos, la decadencia de apellidos que nunca se imaginaron rodeados de vivienda popular.
Aunque suele disimularlo con el nombre de un audaz emprendedor uruguayo, en esta historia hay Alveares, Rocas, Uriburus y Patrones.
Bajo ese techo que ya no existe se guardaron títulos nobiliarios, se codearon familias de alta alcurnia y tomaron el té generales genocidas...

*
La historia empieza con un hacendado de origen español: Luis Castells Sivilla, uno de los hombres que pasó el siglo XIX acumulando tierras y tierras, cuyo árbol genealógico une muchos nombres con linaje, de esos que siempre terminan en la Recoleta.
Castells estaba casado con Tomasa Elisa Uriburu (salteña, de los Uriburu Patrón, portadora de la banda española de Damas Nobles de María Luisa), de cuyo nombre surge el de una zona de la actual periferia platense: Villa Elisa. Cuando su padre Francisco Uriburu propuso crear ese pueblo, La Plata todavía no existía: Villa Elisa era un terreno de unas 800 hectáreas ubicado entre las estancias de Pereyra y Bell, en las Lomas de la Ensenada.
Luis Castells tenía más dinero que su suegro, que tenía bastante. Y le gustaba ostentar esa fortuna hecha sin trabajo: lo hacía con opulentas limosnas de las que cuentan una y mil anécdotas, mostrando las concesiones nobiliarias que había conseguido de la monarquía española –como el título de Marqués con Grandeza-, o con inmensos terrenos como el que abarcaba desde su quinta en Villa Elisa hasta Punta Lara: cerca de cinco mil hectáreas, donde tenía un haras para la cría de purasangre de carreras.
Hay que leer La Bolsa, la novela/estudio social publicado por entregas en La Nación hacia 1891 por José María Miró -con el seudónimo Julián Martel- para conocer a Castells y a su clase, el origen de sus riquezas y la fatalidad de sus caídas: la especulación que movió millones en la Bolsa de Buenos Aires.
Castells se suicidaría en aquella quinta, en el verano de 1897, cuando veía fracasar su proyecto de “Banco Transatlántico”, con sedes en Argentina y Uruguay, y se creía fundido. Su mujer -la del nombre del pueblo- entró al siglo XIX y vivió hasta meses después del festejo del centenario. Para esos años de ostentación, los Castells construyeron un palacete en el otro extremo de su excesivo territorio, sobre el Río de la Plata.
La iniciativa fue de Luis Castells hijo, que seguiría la tradición de unir familias con poder y dinero: en 1912 se casó con Josefina Elena Roca Funes, hija del general genocida Julio Argentino Roca.

*
El responsable de la masacre de pueblos originarios nombrada con el eufemismo de “Conquista del Desierto” fue padrino de la boda y estuvo en más de una oportunidad en el Palacio del camino costanero. Su muerte, a mediados de la década del ´10, fue contemporánea al declive del sector dirigente al que perteneció. El Partido Autonomista se había dividido y el ala antirroquista iba ganando espacios. A ella pertenecía Roque Saénz Peña, impulsor del voto secreto y obligatorio para varones argentinos, que terminó con el sistema electoral que fue la base de la primacía de Roca durante dos décadas. El viejo general llegó a enterarse de la nueva ley, pero no del triunfo del radicalismo popular de Hipólito Yrigoyen en la primera elección presidencial en la que ya no sólo los dueños del país votaban sus autoridades.
La sociedad argentina mutaba, y no sólo políticamente. Las clases medias, además de la ciudadanía política, empezaron a practicar en el siglo XX nuevas formas de descanso y recreo. Comenzó la época de los balnearios.
En esta zona, el primer sitio de recreación fue la Isla Paulino, que tuvo su tiempo de esplendor en los años veinte. Pero algunos empresarios empezaron a mirar también a Punta Lara. En 1922, Martín Taylor gestionó ante el gobierno unas tierras y el permiso para instalar un balneario público, que comenzó con un hotelito llamado “El Primero”. Luego le siguieron otros emprendedores. El palacio ya no estaba solo.

*
En eso llegó Francisco Piria: hijo de inmigrantes italianos, hombre de muchos oficios que amasó su fortuna haciendo remates en Montevideo; alquimista, gran emprendedor. En medio siglo inventó 60 barrios y más de 300 pueblos en Uruguay. También tuvo acciones en el vespertino La Tribuna Popular, el primer diario de ese país que se imprimió en rotativas. Aunque su iniciativa más conocida es la que lleva su nombre: Piriápolis, ciudad fundada en una vasta extensión de campo que iba desde el Cerro Pan de Azúcar hasta el mar, adquirida por el empresario en 1890. Piria construyó primero un castillo, rodeado de fuentes y estatuas, que fue su residencia particular. En 1905 fundó el Hotel Piriápolis, ya imaginando la explotación turística de la costa, y luego se lanzó a la construcción de la rambla y un tren que unía el Pan de Azúcar con el puerto que también financió. Entrada la década del 10 hizo los primeros remates y empezaron a construirse chalets particulares en la flamante Piriápolis. En 1920 comenzó a levantar el Argentino, uno de los hoteles más grandes de Sudamérica, pensado para 1200 huéspedes. Llevó diez años construir ese complejo. Mientras tanto, Piria empezó a soñar del otro lado del Río de la Plata.
En 1926 Piria compró 4.887 hectáreas que habían pertenecido a los Castells Uriburu, incluidos el palacio que mandó a restaurar y 10 kilómetros de costa rioplatense.
Punta Lara fue el sitio de su mayor fracaso. No el único, porque el viejo rematador llegó a ambicionarlo todo, como el Ciudadano Kane, y hasta fundó un partido político para ser presidente, una meta que se diluyó en una candidatura irrisoria de 600 votos.
En el balneario platense imaginó un complejo habitacional, industrial, comercial y especialmente turístico, una nueva Piriápolis, que quedaría trunca.
Llegó a proyectar un plan de caminos y puentes que iba a financiar él mismo, pero no logró ponerse de acuerdo con el Estado local. Apenas llegó a arbolar varias avenidas y un camino que conducía hacia La Plata. Rondaba los 80 años y decidió volver a Montevideo, donde estaba su verdadero Palacio, una obra del arquitecto francés Camille Gardelle que había mandado a construir en 1916 frente a la Plaza Cagancha, con una enorme escalinata de mármol y vitrales imponentes. En ese verdadero “Palacio de Piria” funciona hoy la Corte Suprema de Uruguay. Cruzando el río quedó otra mansión, popularmente conocida con el mismo nombre, que cuenta en escombros el ocaso de una aristocracia agroexportadora y el último sueño fallido del viejo rematador.

*
Vacío. Así quedó el palacio de los Castells al que Piria había incorporado un “Salón de los Espejos”, revestimientos en madera tallada por artistas uruguayos y herrajes de bronce trabajados a mano.
La segunda Piriápolis que no fue, Punta Lara, aspiró por última vez a ser un balneario aristocrático en los años 30, la Década Infame, cuando construyó su sede el Jockey Club, mientras en La Plata volvían las carreras en el hipódromo que habían estado prohibidas durante el yrigoyenismo. En esa Belle Époque del Jockey local, la institución construyó la Iglesia, la comisaría y la unidad sanitaria del pueblo. También se instaló el Círculo de Periodistas –vinculado a la misma aristocracia platense- y el Automóvil Club Argentino.
Los años cuarenta trajeron otra historia, y en tiempos del peronismo Punta Lara se convirtió en un balneario masivo para los trabajadores que llegaban por los nuevos accesos: la diagonal 74 y la ruta 19 que une Villa Elisa con Boca Cerrada. La costa se pobló de recreos sindicales, y más tarde de vivienda popular.
En 1947, pasada una compleja disputa por la herencia, los herederos de Piria donaron el Palacio y algunas hectáreas que lo rodean al Estado provincial para que fuera residencia de los gobernadores. Nunca lo fue. Algún tiempo funcionó como colonia de vacaciones y luego quedó otra vez solo, descascarándose con el viento de río y el paso de la historia.

sábado, 31 de marzo de 2012

Repensar la ciudad cuadrada

"La Plata vista desde el río", por Juan Bertola

 “Aglaura, donde cada habitante está convencido de que vive en un lugar poblado de virtudes y defectos que ya no existen. No hay nada cierto en lo que los habitantes dicen de Aglaura, pero de tanto repetirlo han terminado forjando una ciudad sólida y compacta que sólo tiene consistencia en sus cabezas”
(Italo Calvino, en Las ciudades invisibles)

“En todas las ciudades hay una historia admitida, por lo común lanzada en grageas por el diario más ´representativo´, comentada por las personalidades más o menos importantes y aceptada por el poblador medio. La Plata no es la excepción” (Gabriel Fernández)

“…no está mal imaginar otros relatos posibles, donde Walsh, Yunque, Villafañe o Virus sean parte de la capital cultural, donde la fundación pueda ser contada como una historia de montajes, donde emerja una ciudad capaz de hacerse cargo de sus propios silencios. Acaso sea hora, en fin, de asumir que la ciudad universitaria es también la de las bicicletas, que la cuna de los poetas eximios es también la ciudad del rock, que la creación de la generación del 80 fue también ciudad Eva Perón y que, lejos de cualquier conciliación, La Plata fue diezmada por esa represión sobre la que el festejo del centenario pretendió –y no pudo- desplegar un manto de olvido” (reflexiones finales de Un pasado para La Plata).

En unos días defiendo una tesis que lleva por título "Un pasado para La Plata" y que problematiza los usos del pasado de una ciudad cuyas historias más conocidas fueron escritas en tiempos de dictadura.
Como el conocimiento es libre, la pueden bajar, leer y distribuir, entrando acá.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Recuerdos y olvidos del BIM en la región

El próximo viernes a las 18 horas es el tercer encuentro del ciclo de reflexión y debate "Algo más que un nuevo edificio: un lugar para las memorias", que se realiza en la Facultad de Humanidades de la UNLP (48 entre 6 y 7, Aula E1).
Convocados con el título "Sitios de Memoria ¿Qué? ¿Por qué? ¿Para qué?", participarán cinco que tienen mucho para decir: Héctor Schmucler, Ludmila da Silva Catela, Lila Pastoriza, Gonzalo Conte y Sandra Raggio. 
Aprovecho la invitación para compartir mi propia intervención en el panel inicial de ese ciclo, titulado "Recuerdos y olvidos del BIM en la región", del que también participaron Aníbal Viguera, Daniel Fabián y Matías Manuele.


26 de agosto de 2011.
Intervención de Daniel Badenes

Hace cuatro años, cuando ya estaba en danza el desembarco de la Universidad en el predio, escribí un trabajo sobre el BIM3, en parte recopilando lo poco que se sabía públicamente -por testimonios en sede judicial- sobre el rol del BIM en la dictadura, y en parte lleno de preguntas sobre cómo debía ser ocupado ese lugar.
Tenía la certeza de que, en la adjudicación del lugar a la Universidad (y considerando que, entre otras alternativas, se había pensado en una cárcel), ya teníamos un primer triunfo. Escribía entonces: “la conversión de ese espacio utilizado por pocos y vigilado celosamente, que todavía hoy mantiene su aspecto lúgubre,  en un sitio abierto, transitado y apropiado por unos 20.000 estudiantes y docentes universitarios, da cuenta de una transformación notable”. Una resignificación muy importante, como decía Aníbal al principio. Sobre todo por lo que, particularmente en Argentina, significa cada institución:
- la institución militar representa el gesto adusto, el discurso del orden y la disciplina, el abuso de poder, la muerte, la mancha negra en el mapa.
- las universidades, en cambio, han sido y son un lugar del debate crítico, de la militancia política, ámbitos de civilidad y cierta libertad de pensamiento; espacios sin presencia religiosa y donde la policía no puede entrar fácilmente.
Escribía entonces, allá por 2007:
Desde ya, un Batallón de Infantería y una Facultad de Humanidades suponen imágenes bien diferentes. En eso la iniciativa actual, en tanto sustitución de sentidos, difícilmente fracase. Más esfuerzo requerirá, no obstante, hacer que ese territorio, re-apropiado por actores universitarios y otros grupos de la comunidad, constituya un lugar de memoria. ¿Cómo recordar que allí hubo un centro clandestino? ¿Cómo evocar a quienes convivieron antes allí: víctimas, torturadores, colimbas, vecinos? ¿De qué modo rememorar, a través de un caso, todo lo demás? ¿Cómo, quiénes, para qué? Mil preguntas rondan el proyecto de instituir un “espacio de la memoria” en “51 y 122”.   El primer paso, sí, es hacer que el ex BIM ya no sea un sitio militar. Pero una vez dado, los muchos siguientes deberán cuidar que nadie olvide que lo fue.

En la división de roles de esta mesa me toca comentar brevemente qué fue el BIM3, algo sobre lo que tenemos cierto conocimiento, pero también la perspectiva de conocer mucho más a partir del trabajo del “Programa de Reconstrucción de la Memoria…” que creó esta Facultad, a partir del diálogo con el barrio, con ex colimbas, con sobrevivientes -un trabajo incipiente en el que esperamos que muchos de ustedes se sumen y se involucren.
Quizá por no haber pertenecido al “Circuito Camps”, el B.I.M. 3 no está entre los espacios de la represión más “reconocidos” o visibilizados de la región.
La indagación judicial sobre su rol en la dictadura avanzó bastante recién desde el año pasado, a partir de una causa penal, que incluye otros CCD de la Armada que funcionaron en la zona, que tiene imputados y que se tramita en el juzgado de Corazza[1].

Pienso que se torna relevante y significativo indagar cuál fue el rol del BIM en la dictadura por varias razones (y no porque ahí se mudarán un par de facultades). Una es conocer el rol que cumplió en esta región la Marina, la fuerza que tuvo primero a su cargo tanto las intendencias en la dictadura, como así también el Rectorado de la universidad. Como contaba Daniel Fabián, la institución tuvo una gran influencia en la zona. Y tenía una preeminencia: hubo en la región 10 sedes o dependencias de la Marina, frente a unas 5 del Ejército. En la dictadura, por otra parte, las autoridades navales tuvieron también una participación relevante en la intervención de sindicatos.
La otra razón es la ubicación del predio; dado que la intersección de las avenidas 51 y 122 es casi “la triple frontera”, el punto de encuentro de La Plata con los distritos que obtuvieron su autonomía en 1957, Ensenada y Berisso. Jurisdiccionalmente, el terreno está ubicado en Ensenada, y está a un kilómetro del límite entre ambas ciudades.

El BIM no fue un hito menor en el espacio urbano. Así, por ejemplo, el 14 de febrero de 1975 la organización Montoneros eligió al BIM como blanco de una de sus acciones contra “concentraciones de las Fuerzas Represivas enemigas”[2].
El primer día de la dictadura, el BIM3 estuvo a cargo de cortar la 122 durante la “pinza” que se hizo en la entrada de La Plata. Un día en que se secuestraron decenas de trabajadores de la región. Y a partir de entonces hay que tener en cuenta los operativos diarios de instituciones de la Marina y Prefectura que contaba antes Daniel Fabián.
No vamos a abundar -aquí y ahora- en nombres y detalles, pero varios testimonios en sede judicial dan cuenta de personas que estuvieron secuestradas en las instalaciones del BIM3 (ya en CONADEP, en los juicios por la verdad, en el juicio oral por la Unidad 9).  Incluso, en abril de 2003, una ex policía declaró ante la Cámara Federal haber sido enviada a la Comisaría del Dique a buscar un bebé “que entregó el B.I.M. 3”; de lo que se desprende que pudieron haber ocurrido ahí partos clandestinos.
Está claro que buena parte de las víctimas que pasaron por el BIM3 eran de Berisso y Ensenada, trabajadores de Swift, de Astilleros, etcétera.
También hay que decir que el BIM fue uno de los sitios donde se reclutaban jóvenes para hacer el Servicio Militar Obligatorio, otra referencia fundamental en los imaginarios sobre la disciplina militar y el abuso de autoridad –antes, durante y después de la dictadura- (aunque no eran muchos los platenses que hacían la colimba en el BIM).

Lamentablemente en la posdictadura, el lugar no fue resguardado como prueba judicial, y llegamos a él, ahora, cuando es tierra arrasada. Literalmente: fueron derribadas todas las instalaciones que había en el lugar, la tierra está removida, apenas quedan las garitas abandonadas… Fue muy simbólico encontrar, en nuestra primera inspección ocultar al predio, un disco de vinilo con el título “Dios del olvido”, que pueden ver en la muestra fotográfica que acompaña este ciclo.
En diciembre de 2000 el Estado se desprendió de la propiedad del terreno, que fue comprado por un holding que tenía la idea de instalar un Jumbo (un hipermercado), además de varios cines, un centro comercial y un “patio de comidas”.
La crónica de esos años da cuenta de un espacio disputado, más allá de los intervalos entre cada proyecto. Ese primero refleja el impacto de las políticas privatistas/ mercantilizadoras sobre la organización territorial: tenemos al Estado entregando un gran terreno, lindante al principal parque de la región, a un grupo privado sin mediar siquiera un proyecto.
El proyecto del hipermercado fue resistido por los comerciantes locales, generó una disputa entre La Plata y Ensenada, y finalmente se frustró cuando la Provincia evaluó negativamente el impacto ambiental. En ese contexto no tuvo demasiada repercusión la oposición que también habían planteado organismos de derechos humanos en función del pasado del lugar [3]. Una vez frustrado ese proyecto, en 2004 se propuso la instalación de una alcaidía de alojamiento de presos y varias dependencias policiales. La idea no prosperó, esta vez por objeción del Municipio de Ensenada
Y finalmente, en 2006 la Universidad de La Plata manifestó su intención de utilizar el predio, y al mismo tiempo, la flamante Dirección de Derechos Humanos de Ensenada a cargo de Daniel Fabián propuso constituir también en ese lugar una “Casa de la Memoria”[4].
Cinco años después estamos ante la necesidad de pensar ese desafío. De pensar el BIM como un espacio para las memorias, para políticas de memoria como decía Aníbal.

Hacer del predio un lugar de memoria no es poner una placa por los desaparecidos de la Universidad,  ni conservar las garitas como están, sin más, como si las garitas hablaran por sí mismas.
¿Qué dice, una garita, a un pibe nacido a mediados de los 90?
Tenemos que pensar muchas cosas.
¿Qué puede decir hoy un muro hostil a un vecino del Dique? ¿le hablará del pasado militar, o de sus posibilidades de acceder a la Universidad?
Hay que construir un relato. Hay que recuperar memorias, hay que pensar la historia… En eso corremos con una ventaja: la Facultad de Humanidades sabe, tiene experiencia, tiene una trayectoria.  No se acerca al tema por una moda o porque se lo impone el lugar.
Pero el lugar, ahora, es un buen impulso. Y una excusa para ir más allá. Una oportunidad para volver a pensar La Plata como una región. Para volver a actuar en esa región que la autoproclamada Revolución Libertadora desmembró. Para recuperar la historia de una ciudad que se pensó hacia el río, las historias de una capital que además de universidad creció con frigoríficos, con un astillero gigante, con la petroquímica más grande de América Latina.
Podremos (y debemos, sí) decir que el decano de la facultad en la recuperación democrática estuvo secuestrado en este lugar. Pero tenemos que reconstruir, sobre todo, esas historias de sectores populares que no tuvieron recursos de habeas corpus, ni contactos en el exterior, ni tiempo más allá del trabajo para denunciar la tremenda represión.

A propósito del título de este panel, justamente estos días pensaba cuáles son los olvidos de esta región, y creo que son precisamente esos. En la historia escrita y publicada sobre La Plata, salvo contadísimas excepciones, Berisso y Ensenada nunca existieron, tampoco los diez años de peronismo, el astillero, las luchas sindicales, o incluso más en general: los obreros. La Plata siempre y exclusivamente fue “ciudad universitaria” y “capital de cultura”.
Y es con ese signo que está avanzando la desmilitarización del espacio urbano.
Pienso tan solo en el eje monumental, la traza de la 52.  Decía recién: la ciudad se pensó mirando al río… 1 y 52 era la puerta de entrada imaginada para la ciudad y el eje de las avenidas arboladas contuvo las definiciones monumentales. No sólo los palacios cívicos, la Legislatura, la Municipalidad. Si uno mira esos hitos urbanos durante la mayor parte del siglo XX, el relato empieza en la manzana de la Policía y termina en el Regimiento 7. O mejor dicho, incluyendo 122: en un extremo del eje está el BIM 3 y en el otro, el Regimiento 7. La marina y el ejército.
En ese sentido hoy podemos decir que el tiempo ha cambiado: ese mismo recorrido estará –pronto- teniendo en sus extremos un centro cultural municipal y a la universidad pública. La pregunta entonces es –ahora que podemos influir en sus definiciones- cómo llenamos esos espacios. Si levantaremos edificios y muros sobre el mito de la ciudad ilustrada, de la ciudad sin pueblo, o miraremos ese mundo que los milicos del BIM3 sabían claramente que tenían alrededor, pero (obviamente) lo miramos con otros ojos, con otra voluntad, con la oportunidad histórica de que “la tortilla se vuelva”.
Pensaba entonces: que la memoria de la Universidad de La Plata no sea la memoria de los universitarios de La Plata podría ser nuestro primer compromiso, nuestro segundo triunfo en esta construcción.
Se trata, en fin, de construir esa memoria crítica y esa memoria política de la que hablaba Aníbal al principio, que personalmente celebro, como celebro la apertura de este debate y este espacio de trabajo.



[1] Causa 35/SE del Juzgado Federal N°3 de La Plata (Escuela Naval Río Santiago)
[2] “…en cumplimiento con el hostigamiento a las Concentraciones de las Fuerzas Represivas enemigas, el pelotón de combate Teniente Coronel Oscar Lorenzo Cogorno, de la Organización Montoneros, procedió a bombardear el B.I.M., Batallón de Infantería de Marina, sito en calles 122 y 51. Perón o Muerte. Viva la Patria. Hasta la Victoria Mi General”, dice el comunicado firmado por Montoneros en la “Ciudad Eva Perón”.
[3] En forma simultánea a la discusión de los efectos ambientales y comerciales, en julio de 2001 la agrupación HIJOS-La Plata y la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos presentaron ante la Cámara Federal un recurso de no innovar sobre el predio. Aparecía, acaso por primera vez en la escena pública local, la condición del terreno como ex centro clandestino de detención y torturas. Un comunicado de HIJOS señaló que su uso comercial significaría “destruir, excavar y tapar con un edificio la posibilidad de buscar la existencia de restos que nos permitan construir nuestra historia”, porque “este lugar contiene pruebas y, con ellas, la posibilidad de condenar responsables
[4] Ese mismo año, en la semana del 30º aniversario del último golpe militar, una Coordinadora Juvenil que reunía centralmente agrupaciones estudiantiles de origen peronista, convocó a una marcha de antorchas desde la Plaza San Martín hasta el B.I.M. 3, y juntó firmas “a favor de la expropiación” para que se hiciera un Museo de la Memoria “como el de la ESMA”.

viernes, 26 de agosto de 2011

Memorias y olvidos del BIM3

Ya sé. Tengo el blog medio abandonado. Por primera vez en dos años y pico, pasaron elecciones, represiones, intensos debates políticos y culturales, y acá, ninguna irreverencia. No le echen la culpa a las redes sociales: tampoco aporté ahí, nada. Son muchas las razones. La primera, de hecho, es la escritura. Estoy escribiendo, mucho, pero dejé el formato de posts y de tuits, para abocarme a uno mucho más largo, al que uno se entrega de vez en cuando. Volveré y seré centenares de páginas. Pero no dejen de pasar por acá, no es una apuesta abandonada.

Aprovecho, ahora, para una invitación. Hoy arranca un ciclo de encuentros de reflexión y debate en la Facultad de Humanidades de UNLP, convocada a pensar su futuro en una nueva sede, construida en un predio con un pasado significativo. Hoy, viernes 26, a las 18 horas, en el Aula E1 (Entrepiso), el primer panel que abrirá el debate: "Proyecto de Nueva Facultad: Recuerdos y olvidos del BIM3 en la región".
El programa completo:




domingo, 30 de enero de 2011

B. I. M. 3

Desde que la semana pasada Cristina Fernández, en un acto de la universidad nacional ubicada en Florencio Varela, habló del futuro edificio de la Facultad de Humanidades platense, recibí varias consultas sobre el pasado del predio donde se va a construir, otrora un batallón de infantería donde funcionó un centro clandestino de detención. Hace tres años y pico había hecho un laburo académico sobre su proyección como "sitio de memoria", del que comparto aquí algunos fragmentos. Va primero una reconstrucción parcial de la historia del lugar, y en el siguiente post una reflexión sobre su cambio de identidad. Al que le sirva, que lo use nomás; como todo aquí, es de libre reproducción (en lo posible, citando fuente y sin sacarlo de contexto "a lo El Día").

Un centro clandestino de frontera

“Al otro día me liberaron. En el mismo lugar, en el bosque. Tenían apuro y no se tomaron la molestia de hacer un recorrido más largo. Me largaron justo detrás de la cancha de Estudiantes, donde está el lago. Me dejaron maniatado y vendado, y me dijeron que no me mueva por cinco minutos. Yo tenía un pijama, estaba desnudo... Tenía que regresar a 53, 4 y 5. Les pregunto: tengo que pasar por la Jefatura de Policía, estoy desnudo, me van a agarrar de nuevo. (Contestan) Mira, pibe, si te salvaste de esta, los otros son unos angelitos...” (Juan Carlos Fuello)

“Un dato interesante es que el edificio donde estaba ubicada la peluquería, hasta pocos meses antes de que yo entrara, había servido de morgue, era ahí donde la fuerza de tareas escondía los cuerpos. Me acuerdo de un cabo que iba a la peluquería de Rossi y decía que en ese mismo lugar donde nos estábamos cortando el pelo «hasta hacía poco tiempo había olor a sangre y cuerpos apilados hasta el techo». En ese entonces yo pensaba que (...) nos estaba cargando (...) Ya no estoy tan seguro de que aquel cabo estuviera inventando cuentos”. (Ex conscripto. Faingold, 2006: 110).

“A la noche teníamos muy seguido la visita de Massera (...) Llegaba a la tarde en helicóptero, bajaba en el B.I.M. 3, pasaba al Hospital, saludaba a toda la gente, tomaba mate y después se quedaba ahí. En la época del Beagle, también conocí en el hospital a Astiz” (Testimonio de María Angélica Ayala, ex trabajadora del Hospital Naval, contiguo al B.I.M.)

Acaso por no haber pertenecido al “Circuito Camps”, el B.I.M. 3 no está entre los centros clandestinos más “reconocidos” de la región. Su ubicación es una particularidad interesante, pues la intersección de las avenidas 51 y 122 es casi un punto de encuentro de La Plata con los distritos de la región que obtuvieron su autonomía hace medio siglo: Ensenada y Berisso. El terreno está ubicado en territorio ensenadense, y a un kilómetro de allí se encuentra el límite entre ambas ciudades.
Nuestro objetivo central no es describir el funcionamiento del B.I.M. 3 durante la dictadura, sino analizar su proyección como sitio de memoria para la ciudad/región. No obstante parece conveniente hacer un repaso, que basaremos en la escasa documentación existente sobre el tema, principalmente en los testimonios brindados en la Justicia Federal desde 1999.
En el B.I.M. 3 habrían estado secuestradas personas que permanecen desaparecidas como Sergio Zurita y Ariel Ricetti, Roberto Fuello, la chilena María Eliana Acosta Velasco, Irma Angela Zucchi, Osvaldo Busetto, Rodolfo Crespo y Hugo Daniel Carzoglio; y también los sobrevivientes Juan Carlos Fuello, Carlos García , José Panettieri y Osvaldo Pachamé, Luis Rivadeneira, Liliana Beatriz Barone, José Luis Barla, Carlos Lucero y Luis Alberto Gómez. Probablemente estas referencias comprenden un porcentaje mínimo de las víctimas que pasaron por dicho centro clandestino.
Uno de los sobrevivientes supone cierta división territorial según la cual “los que éramos de la zona de Berisso y Ensenada, estábamos bajo jurisdicción de Marina” , aunque la constatación de ese criterio requeriría más conocimiento del tema.
Asimismo, si bien no fue el foco de las investigaciones, hay constancia de varios represores que actuaron en el B.I.M. 3, sobre todo a partir de un legajo de CONADEP (3157). El centro clandestino estuvo bajo la responsabilidad del vicealmirante Eduardo René Fracassi durante 1976, del contralmirante Roberto Wulff De La Fuente entre enero de 1977 y febrero de 1978, y del contralmirante Oscar Abriata hasta enero de 1979 –como comandantes de la Infantería de Marina, ascendidos luego a cargos superiores–. También le caben responsabilidades a los vicealmirantes Luis María Mendía, Antonio Vañek, Pedro Antonio Santamaría y Juan José Lombardo, por haberse desempeñado como Comandantes de Operaciones Navales. En la actuación concreta, se ha señalado como “jefe de grupo de tareas” al capitán de Fragata Biglioni (Pato) y mencionado la intervención del capitán de corbeta Galindez (Lobo - Bruto), un cabo primero de Ejército de apellido Aquino (Laucha) y el Mayor Ezequiel Insua .
En abril de 2003, una ex policía declaró ante la Cámara Federal haber sido enviada a la Comisaría del Dique a buscar un bebé “que entregó el B.I.M. 3”, para llevarlo a Casa Cuna; de lo que se desprende que pudieron haber ocurrido allí partos clandestinos como en otros campos de concentración .
Por su parte, una técnica anestesista del Hospital Naval recuerda que la Sala de Oficiales estaba siempre custodiada por un guardia “con un FAL en la mano”, y que “se decía que las paredes hablaban y al principio nosotros no nos dábamos cuenta pero funcionaban micrófonos, y los teléfonos estaban intervenidos”. Vivían “aterrorizados todos los días”. También la Morgue estaba celosamente custodiada: “Se rumoreaba que había cadáveres que no eran los que se nos morían a nosotros”. Según su testimonio, el B.I.M. 3 estaba comunicado con el Hospital Naval: “Debajo del pabellón 5 hay unos túneles que hoy están cerrados. Todo el mundo decía que se comunicaban con el B.I.M. La gente de la noche decía que de las bocas de tormenta salían quejidos, llantos”. También habló de “botines de guerra” al mencionar “cabos y suboficiales que decían que tenían zapatillas o camperas”.
Si se trata de dar cuenta de la dinámica del B.I.M. 3, también es significativo que fue uno de los sitios donde se reclutaban jóvenes para hacer el Servicio Militar Obligatorio. La “colimba” (corre – limpia – barre) constituye un hito fundamental en los imaginarios sobre la disciplina militar y el abuso de autoridad: por esa experiencia pasaron numerosos jóvenes hasta la abolición de su obligatoriedad en 1994, tras el asesinato a golpes de un conscripto.
Un texto de Eduardo Faingold, que revisa su propia historia familiar, alude a su conscripción en la Compañía de Comando y Servicios del B.I.M. 3 en 1979, después de pasar casi tres años fuera del país. Junto al recuerdo de ciertos tiempos de descanso (“tirados en el pasto de atrás de la cantina del BIM 3, comienzo alfajores de maicena, tomando Coca-Cola y fumando particulares y Parisiennes”), admite que había “indicios de que el BIM 3 estaba participando de la guerra sucia” y más de una vez escuchó “a uno de los militares referirse directa o indirectamente a algo que tenía que ver con operaciones represivas que se ejecutaban...” (Faingold, 2006: 110).

La disputa por el espacio
Ya en la Argentina post-dictadura y sin resguardo del lugar como prueba judicial, la Marina descuidó el lugar y en diciembre de 2000 se desprendió de la propiedad del terreno, adquirida por CENCOSUD, un holding empresario de origen chileno. La crónica de estos años da cuenta de un espacio bastante disputado, más allá de los impasses entre cada proyecto. El primero refleja el impacto de las políticas privatistas, desreguladoras y mercantilizadoras sobre la organización territorial: el Estado entrega un gran terreno, lindante al principal parque de la región, a un grupo privado sin mediar siquiera un proyecto.
El holding preveía instalar un hipermercado Jumbo, once cines, un centro comercial y un “patio de comidas”. La iniciativa despertó oposición política en La Plata y el Concejo Deliberante pidió por unanimidad a la Provincia que niegue la habilitación correspondiente. El argumento del perjuicio al comercio local generó tensiones con el Municipio vecino, ya que al mismo tiempo La Plata permitía la instalación de hipermercados en su jurisdicción. Finalmente, el proyecto se frustró cuando la Provincia evaluó negativamente el impacto ambiental.
En forma simultánea a la discusión de los efectos ambientales y comerciales, en julio de 2001 la agrupación HIJOS-La Plata y la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos presentaron ante la Cámara Federal un recurso de no innovar sobre el predio. Aparecía, acaso por primera vez en la escena pública local, la condición del terreno como ex centro clandestino de detención y torturas. Un comunicado de HIJOS señaló que su uso comercial significaría “destruir, excavar y tapar con un edificio la posibilidad de buscar la existencia de restos que nos permitan construir nuestra historia”, porque “este lugar contiene pruebas y, con ellas, la posibilidad de condenar responsables” (citado en una vieja crónica, acá).
Frustrado el proyecto de CENCOSUD, en 2004 se propuso la instalación de una alcaidía de alojamiento de presos y varias dependencias policiales. La idea no prosperó, esta vez por objeción del Municipio de Ensenada (El intendente declaró a la prensa en abril de ese año: “los vecinos del barrio de El Dique (...) están librando una batalla judicial para que se cierre la unidad de detención de menores que funciona en 128 y 45 y que ya tiene un fallo favorable en primera instancia; de modo que esta noticia de que le van a abrir a cinco cuadras una cárcel todavía más grande parece un chiste de mal gusto”). Mientras tanto –y hasta hoy– el espacio permanece deshabitado, aunque por la combinación de paredones, alambres de púa y varias garitas mantiene un aspecto intimidatorio.
En 2006 la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) manifestó su intención de utilizar el predio. Al mismo tiempo, la recién creada Dirección de Derechos Humanos ensenadense propuso constituir allí una “Casa de la Memoria”, en sintonía con un reclamo de varios grupos políticos-juveniles.
Vale recordar que la acción de “construir monumentos, marcas, espacios, respetar y conservar ruinas son procesos que se desarrollan en el tiempo, que implican luchas sociales, que producen (o fracasan en producir) esta semantización de los espacios materiales” (Jelin y Langland, 2003: 3-4), y que estos implican siempre la presencia de agentes activos. Sin ellos, la presencia de monumentos o sitios demarcados es intrascendente (...)
En este caso, la figura del emprendedor de memoria atañería a una Coordinadora Juvenil por la Memoria, integrada por agrupaciones estudiantiles/juveniles, en su mayoría de filiación peronista*. Por otra parte, también el Estado, a través de una dirección municipal, asumirá un rol de emprendedor.
Ambos se vinculan a “tendencias” recientes en el campo de luchas por la memoria de la dictadura. En primer lugar, la emergencia de sujetos juveniles –es decir, otra generación asumiendo el proyecto de rememoración– es propia de mediados de los ´90. De entonces data la formación del grupo H.I.J.O.S. y la inclusión de murgas que transformaron el clima y la estética de las marchas por derechos humanos.
Más nuevo aún es el compromiso activo del sector público en un proyecto de este tipo. Al contrario, existía “una profunda desconfianza por parte de las víctimas y de la mayoría de la población hacia el Estado, culpable de haber frenado las investigaciones y haber ocultado pruebas, además de haberse rehusado a identificar y juzgar a los principales responsables de los crímenes” (Di Cori, en Arfuch, 2002: 94). (...)
El reclamo sobre el B.I.M. 3 se hizo público en la semana del 30º aniversario del último golpe militar. Para el 20 de marzo de 2006, la Coordinadora Juvenil convocó a una marcha de antorchas –una forma de movilización asociada al movimiento universitario, en particular desde los fuertes reclamos de 2001– desde la Plaza San Martín hasta el B.I.M. 3. Demandaba “que los terrenos del Ex Batallón de Infantería de Marina (BIM3) sean recuperados para el pueblo y se conviertan en un Museo de la Memoria en donde todas las generaciones de argentinos tengan siempre presente lo que el terrorismo de estado hizo en nuestro país. Que exista en esta región, una de las más golpeadas en aquellos años, un espacio físico donde siempre esté el recuerdo de nuestros 30.000 compañeros, y que a su vez, con esta iniciativa podamos seguir generando la conciencia necesaria para que nunca más esto vuelva a ocurrir. Así como recuperar la ESMA fue un triunfo de todos continuemos nuestra lucha ahora por recuperar el B.I.M. 3”.
En el relato de los actores involucrados, igual que trasluce el texto citado de la Coordinadora, el acto de la ESMA en 2004 constituía una referencia ineludible:
“En 2005, cuando se hacía conocido que la ESMA iba a ser recuperada como Museo de la Memoria, y se acercaba otro aniversario del golpe (en 2006), nosotros pensamos que estaría piola impulsar una iniciativa que tenga que ver con eso: recuperar los centros clandestinos de detención como Museos de la Memoria, pero hacerlo en todos los lugares...” (Entrevista con Silvina Negrete, coordinadora de Barrios de Pie La Plata, 22 de mayo de 2007)

Esa tarea decidió encarar la regional La Plata de la Coordinadora y, tras explorar varias alternativas, postuló al B.I.M. como predio donde construir ese “Museo de la Memoria”. La ventaja de ese centro radicaba en la voluntad política del Municipio de Ensenada. En contacto con la Dirección de Derechos Humanos creada poco tiempo antes, que ya preparaba un proyecto de expropiación, las agrupaciones juveniles se propusieron para “hacer una iniciativa que magnifique el tema de la difusión (...) Nos comprometimos a instalar el eje en la sociedad” (Silvina Negrete). La modalidad fue la junta de firmas “a favor de la expropiación” del B.I.M. 3 con ese objetivo:
“Hicimos no sé, 50.000 volantes. Me acuerdo que decíamos «es una locura» (...) Salíamos a afichar la ciudad, a hacer un montón de iniciativas cosa de instalar el eje (...) Es como que hasta ese momento en la sociedad todavía había ciertas dudas de que eso realmente había sido un centro clandestino de detención o no (...) Entonces el primer paso fue empezar a impulsar el eje, expandirlo e insertarlo en la sociedad más general, que no quede en la cosa aislada de un grupito de jóvenes o de organismos que tienen la iniciativa” (Silvina Negrete)

En la Municipalidad de Ensenada, no obstante, el plan distaba de constituir un espacio para la memoria exclusivamente. En 2007, el entonces director de Derechos Humanos relataba que
“una vez que se habían rechazado los proyectos de un Hipermercado y de una Alcaldía para la Provincia de Buenos Aires, apostábamos a que ese predio tuviese como fundamento los ejes de educación, producción y cultura. Siempre dentro del marco de la memoria (...) En algún momento se pensó en que esas nueve hectáreas fuesen un parque por la memoria, como lo hay en otros lugares. Nosotros veíamos la necesidad de que no estuviese simplemente como un recreo paisajístico y ambiental, sino que tuviese alguna connotación productiva, que era por lo que en definitiva habían luchado los compañeros en aquella época” (Entrevista con Daniel Fabián, Director de Derechos Humanos de Ensenada, 23 de Mayo de 2007).

En busca de un proyecto que justificara la expropiación dialogaron con diversas instituciones y grupos: “terminó siendo la Universidad el proyecto más potable. Había otros proyectos. Pero el de la Universidad terminó siendo el más potable y además el que convenció al gobierno de la Provincia de Buenos Aires para tomar la iniciativa” .
Finalmente, el 14 de agosto de 2006, en un acto compartido por todas las partes involucradas, el Gobernador Felipe Solá firmó el proyecto para la expropiación del terreno “que prácticamente se lo puede considerar de La Plata porque es al límite”. En la ceremonia, representantes de la Juventud del Movimiento Libres del Sur –entre ellos, Silvina Negrete– entregaron las planillas con más de 3000 firmas recolectadas meses antes. En septiembre las cámaras legislativas aprobaron una ley que hace al predio “de interés público y sujeto a expropiación” .
Todavía, por supuesto, faltaba que se hiciera efectivo el dinero. “Este proyecto no se hace con dos pesos, es por eso que aún nos queda un camino muy largo por recorrer… pero lo empezamos”, afirmó el intendente Mario Secco el 22 de marzo de 2007, cuando presentaron el proyecto de las facultades y la Casa de la Memoria –otra vez, un acto en la semana de un aniversario. Sobre esta iniciativa, algunas reflexiones en el siguiente post.

(*) Para entonces la integraban Jóvenes de Pie, Tercera Posición, La Jauretche, Mancha de Tinta, Vuelta de Obligado, Ana Teresa Diego, GEN, Militancia, Alfabetizadores Universitarios, FJC(CE), Rodolfo Walsh, Argentina Somos Todos, Peronismo desde Abajo, Área de SocioHistoria y CESNA. A nivel universitario, detentaban la conducción de los Centro de Estudiantes de las facultades de Periodismo, y Geofísica y Astronomía. La convocatoria recibió la adhesión, además, de las direcciones de Derechos Humanos de los municipios de Berisso y La Plata, y de la Universidad Nacional de La Plata, la Comisión Provincial por la Memoria, el Director de Derechos Humanos de la Facultad de Periodismo y la Asociación Miguel Bru.

Fuentes y bibliografía citada
- FAINGOLD, Eduardo (2006). Diáspora y exilio. Crónica de una familia argentina. La Plata: Al Margen.
- JELIN, Elizabeth y LANGLAND, Victoria –compiladoras– (2003). Monumentos, memoriales y marcas territoriales. España: Siglo XXI.
- ARFUCH, Leonor –compiladora– (2002). Identidades, sujetos y subjetividades. Buenos Aires: Trama editorial/Prometeo libros.
- Grupo Fahrenheit: Listado de Represores del período 1976 a 1983 en Argentina. En: www.desaparecidos.org
- Ley Provincial Nº 13.561, promulgada por el decreto Nº 2.641 de 2006.
- Testimonio de Gustavo Zurita, hermano de desaparecidos, Juicio por la Verdad, 29 de octubre de 2003.
- Testimonio de Edna Coparoni de Ricetti, madre de desaparecido, docente jubilada, Juicio por la Verdad, 25 de abril de 2001.
- Testimonio de Juan Carlos Fuello, ex desaparecido y hermano de desaparecido, Juicio por la Verdad, 1º de diciembre de 1999.
- Testimonio de José Panettieri, docente universitario, Juicio por la Verdad, 14 de junio de 2000.
- Testimonio de Carlos García, ex desaparecido, Juicio por la Verdad, 10 de octubre de 2001.
- Testimonio de Luis Aníbal Rivadeneira, ex desaparecido, ex delegado gremial de Propulsora Siderúrgica, Juicio por la Verdad, septiembre de 2004.
- Testimonio de José Luis Barla (ex militante del PCT y trabajador de OFA), ex desaparecido, Juicio por la Verdad, 7 de noviembre de 2001.
- Testimonio de Nélida Beatríz Lloyd, ex Policía de la Comisaría 8ª, Juicio por la Verdad, 9 de abril de 2003.
- Testimonio de Marta Angélica Ayala, técnica en anestesia, como personal civil de FF.AA. se desempeñó en el Hospital contiguo al B.I.M. 3, Juicio por la Verdad, 24 de marzo de 1999.
- Declaraciones judiciales del sobreviviente Pablo Díaz, citadas durante el interrogatorio a Jorge Quiroga Furque, Juicio por la Verdad, 4 de Junio de 2003
- Conclusiones provisionales de las Acusaciones Populares. Madrid, 16 de diciembre de 2003.

Sacame de contexto que me gusta

Resulta que hoy me citaron en el diario El Día, acá.
En el final, donde dice:
No es simple “encontrar” al autor de la obra del edificio de calle 48. Algunos estudios mencionan que se gestó en una cátedra de la facultad de Arquitectura y que participaron profesores y alumnos avanzados. “Con el paso del tiempo se convirtió en una suerte de obra anónima”, dice un trabajo de Daniel Badenes.

...repárese en que el citado trabajo (una de las primeras notas que publiqué en La Pulseada, sobre los edificios de la UNLP vinculados a la represión, y que desmentía el "mito de la cárcel" reeditado por El Día más de seis años después) era bastante más explícito:
El proyecto fue mentado por un profesor de Arquitectura, Atilio Sacchi, junto al propio (decano de esa facultad) Dussan Duich. No hubo un concurso público (como en Exactas), ni se contrató a particulares, sino que se encaró desde la propia Dirección de Obras y Planeamiento, "con la participación de la cátedra de Sacchi, y alumnos avanzados de la Facultad, entre los que estaba el actual presidente de la Universidad, Gustavo Aspiazu", según recuerda Morosi. Con el paso del tiempo, se convirtió en una suerte de "obra anónima".

PD: Gustavo Aspiazu antecedió en su cargo a Tauber, y tuvo a Nizán como Director de Planeamiento. Ninguno de éstos menciona, entre tanta reconstrucción histórica conversada con el tradicional matutino, la participación del ex rector en el proyecto. Los tres funcionarios radicales provienen de la Facultad de Arquitectura.

>> La investigación en La Pulseada, "La arquitectura de la represión y la Universidad. El pensamiento encarcelado", acá.

IMAGEN. El Día en 1968 cuando anunciaba el edificio, y tenía más claro el asunto

martes, 14 de diciembre de 2010

Presentación de "La Plata, ciudad inventada"


"...hacer un libro sobre La Plata significaba hacer un poco de justicia

y salir a desdecir los clichés con los cuales comúnmente
se describe y narra a la ciudad. La idea era reconstruir cómo las personas,
sus relatos y visiones singulares del mundo se encuentran y comparten,
por distintos que sean los caminos que elijan (...)
El libro se llenó de amigos, fanatismos, de gente invitando gente que tenía
la otra mitad de una historia como si se tratara de un asado y no de un libro.

(...) La intención tácita de todos los convocados del libro fue hacerle vivir
al lector de qué se trata habitar esta ciudad cuando La Plata tiene escondida
su belleza en un lugar al que no acceden los turistas y que es difícil mostrar"
(fragmentos del prólogo de Celina)

La compilación La ciudad, ciudad inventada tiene 80 autores. La lista incluye músicos, poetas, artistas plásticos, libreros, actores, fotógrafos, periodistas, diseñadores, docentes, arquitectos, ensayistas, realizadores de cine… Ellos son: Gustavo Astarita, Juan Manuel Moretti, Adrián García Bogliano, Sergio Pujol, Daniel Krupa, Anahí Mallol, San Poggio, Marcela Cabutti, Diego Gravinese, Martín Raninqueo, Enzo Oliva, Juan Soto, Helen Zout, Martín Lucesole, Santiago Barrionuevo, Gonzalo Ré, Leo Vaca, Juan L. Bertola, Hernán Rojas, Alberto Sbarra, Igor Galuk, Marcos Archetti, Ezequiel Ortíz, Gustavo Provitina, Jorge Vimercati, Andrés Salinero, Javier Ferreyra, Agustín Sirai, Leandro Aliano, Mora Garese, Pablo David Sánchez, Julia Dron, Gabriel Pérez Raventos, Francisco Ungaro, Fernando Massobrio, Andrés Lavasellli, Julieta Di Marziani, Juan Martín Martínez Zuviría, Pablo Zuccheri, Silvio Zuccheri, Gonzalo Mainoldi, Figurones, Javier Beresiarte, Beatriz Catani, Blas Arrese Igor, Federico Mutinelli, Daniel Badenes, Jorge Muiña, Mariel Zabiuk, Martín E. Graziano, Gabriel Vallejos, Juan Dolce, Matías López Donadío, Febe Chaves, Facundo Bañez, Omar Giménez, Alan Talevi, Maximiliano Costagliola, Eric Schierloh, Eduardo Cejo, Jaquelina Abraham, Pablo Morgante, Marcelo Metayer, Marcelo Rizzo, Gustavo Caso Rosendi, Agustín Masaedo, Juan González Moras, Mario Arteca, Esteban Rodríguez, Kubilai Medina, Lucas Finocchi, Fernando Rickard, Luciano Mutinelli, Sergio Poli, Luz Maggio, Javier Maldonado, Ramiro García Morete, María Eugenia López, Julián Axat y Agustina Cicchetti. El trabajo de compilación fue realizado por Celina Artigas.

El libro se presenta el próximo 16 de diciembre a las 19 horas, en el Galpón de Encomiendas y Equipajes (18 y 71).

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Huellas de ambulantes

[Dentro de unos días hará un año del comienzo de la Muestra Ambulante 5. Dentro de unos días, también, saldrá a la calle La Plata, ciudad inventada, un libro donde 80 autores intentamos contar algo de la ciudad que Rocha no imaginó: la que vive en sus bares, librerías y centros culturales, en sus artistas y en los jóvenes que la pedalean diariamente. "Huellas de ambulantes" es el artículo que escribí para ese libro]


“Variar el sistema que nos rige y cambiar las estructuras clásicas
en cuanto a medios que movieron el arte hasta nuestros días,
romper con los habitáculos, salir y ganar la calle, forman en su todo
la nueva actitud de los agitadores del día y la noche que se proponen
realizar por vez primera una ´revulsión´ que no sea únicamente
formal y estética sino de cambio real de vida”.
E.A. Vigo, 1971

La ciudad cambia todo el tiempo. No sólo difiere de la que imaginaron Rocha o D´Ámico: también es distinta de la que otros quisieron, de la que fue hace cincuenta años, incluso hace diez o cinco. De cada una quedan huellas, imaginarios, fantasmas y ausencias.
Hablar de la experiencia de la Muestra Ambulante requiere usar el plural –las muestras– y hacer algo de historia. De la intervención en el otoño de 1995 al barrio completamente intervenido por artistas la primavera pasada, cambió el territorio y cambió el grupo La Grieta, por obra incluso de la propia Muestra. Acaso el mérito más grande haya sido renovar la búsqueda cada vez, subir la apuesta y no dejar que se convierta en tradición. La Muestra no se reedita: se reinventa, porque sólo así puede desafiar los sentidos una y otra vez.
Sobre la Muestra Ambulante, lo primero que hay que decir es que no es una muestra. En todo caso, son muchas y atípicas muestras –diversas, inconclusas, participativas–. Es una obra colectiva hecha de muchas obras. Es una intervención artística en la ciudad y, también, quizá, sobre todo, una intervención social y política. Lo segundo es que no es ambulante. Ambulantes son sus participantes, invitados a perderse en un barrio. La idea original –que podría concretarse algún día– era que cada vez se hiciera en una zona distinta. Pero llevar el arte a los comercios, a las casas de los vecinos y a otros espacios de la vida cotidiana requiere una confianza que sólo se construye con tiempo y trabajo. Así, la intervención quedó identificada al barrio que habita el grupo que la pensó y la impulsó: Meridiano V, en el sur del casco urbano, donde transcurrieron cinco muestras entre 1995 y 2009.

*
Los espacios artísticos alternativos y las prácticas culturales imprevistas por los mentores de la ciudad perfecta se desarrollan sobre las heridas de una ciudad que quiso ser y no fue y sobre las huellas de una ciudad que fue y ya no es.
Meridiano V, que aún convive con el tufo nostálgico de su pasado ferroviario, fue el territorio de todas las muestras ambulantes realizadas hasta hoy. Desde sus inicios –asociados a una vocación editorial– el grupo La Grieta está vinculado a sus calles. Aún en su época nómada, habitando lugares prestados, la mayoría de los integrantes vivía en ese barrio identificado con la estación provincial del tren, que dejó de circular hace ya 33 años. La relación se consolidó en 2004, cuando se empezó a construir un centro cultural a partir del ruinoso Galpón de Encomiendas y Equipajes, donde hoy se desarrollan talleres y funciona una sala de lectura no convencional, entre otras actividades que se realizan.
En los últimos años, en buena medida gracias a iniciativas autogestionadas, todo el barrio se convirtió en una suerte de zona cultural de la ciudad, con proyectos diversos y potencialmente contradictorios. La Muestra Ambulante es parte de ese imaginario.
Pocos tienen registro de la primera experiencia, allá por 1995. Donde hoy está Ciudad Vieja aún había un almacén de ramos generales, que fue parte de la primera propuesta de la Muestra: sacar el arte de sus lugares convencionales, para llevarlo a la vida cotidiana. De la galería a la verdulería era una de las consignas de la experiencia que transcurrió en un puñado de comercios. Además hubo algunas actividades en la calle y en los andenes de la vieja estación, por entonces abandonada. Meridiano V era un barrio venido a menos, cada vez con menos movimiento. El adoquinado playón de 17 y 71 funcionaba, en la práctica, como una terminal de micros.
Pasó una década hasta las siguientes muestras ambulantes: 2005, 2006, 2007 y 2009 –esta última co-organizada con el colectivo Medio Limón–, que encontraron un barrio distinto, con La Grieta habitando aquel Galpón. La Muestra creció: hubo más artistas, más amigos organizando, más preparación durante el año, más espacios intervenidos. Ya no se trataba de confrontar con el centro sino de discutir el lugar propio. Así surgió la idea de que los vecinos abrieran sus garajes para provocar un reencuentro de lo privado con lo público y poner en tensión sus límites.
Se buscaba recuperar los espacios compartidos, la confianza y la vocación de encuentro, mientras la ciudad mostraba cada vez más rejas, cámaras de seguridad y vecinos en alerta. Se trataba de juzgar a los otros como pares y no con la sospecha propia del olfato policial.

*
Spegazzini, Ameghino, Korn, Vucetich, Almafuerte: la historia oficial de La Plata se escribió con un puñado de referencias personales y ahí quedó, congelada. Pocos relatos nombran, por ejemplo, a Álvaro Yunque, a John Willliam Cooke o a Edgardo Antonio Vigo, un platense mundialmente reconocido y abrumadoramente ignorado en La Plata. La obra de Vigo fue bastante solitaria, pero sus premisas para revulsionar el arte fueron retomadas por colectivos en los últimos tiempos. Atraviesan la historia del grupo cultural –y político– La Grieta y de su principal intervención artística y política: la Muestra Ambulante. “Si el ARTE DE CONSUMO se ha constituido en una forma de alienación [escribía Vigo en 1971], como contrarréplica, se deberá PROPONER más que HACER. La calle no acepta ideas ni teorías extrañas a ella misma, UN ARTE EN LA CALLE no es sacar lo viejo a tomar sol (acercamiento pedagógico del arte tradicional enclaustrado) ni tampoco armar formas nuevas que disfrazan su ancianidad, sino una NUEVA ACTITUD (lúdica) que concilie todos los elementos inherentes a ella misma”.
Aunque no siempre se lograra, una idea fundamental de la Muestra fue buscar participación más que contemplación. La invitación a pintar objetos propios que se movieran por la muestra –zapatillas, bicis o lo que fuera– o la práctica de cocinar entre muchos en una vereda, son algunas propuestas memorables en ese sentido. Esto conduce, por supuesto, a pensar la cultura más allá de las Bellas Artes. Las muestras ambulantes incluyeron propuestas gastronómicas, juegos en la vereda, una radio itinerante, una televisión comunitaria....
Si desde su primer planteo la Muestra fue más allá del arte validado por la academia y los curadores de galerías, costó más distanciarse de la lógica del espectáculo. Hubo quienes no dejaron de ser artistas-golondrinas, que pasaban por la Muestra como quien atraviesa un peaje. La búsqueda, sin embargo, fue siempre la de generar un lazo distinto entre el artista y el vecino, entre el artista y el visitante e incluso con los organizadores. Compartir los materiales, los gastos y también los diálogos, puso a cada artista o colectivo participante en un lugar de “co-gestión” necesario para suscitar una actitud distinta a la de quien expone en galerías u ofrece un show por contrato.

*
Chicos y viejos; muchos jóvenes. Pintores, músicos, mediadores de lectura, bailarines, luthiers, poetas, fotógrafos, jugueteros, actores, titiriteros, magos. Gente de nuestra ciudad y de otras partes del país. La Muestra se abrió a todos los lenguajes y se construyó con sus mezclas. “Nunca sabemos todo lo que sucede en la Muestra. Por eso también son apasionantes los relatos de lo que cada quien experimenta. La Muestra es un pacto. Establece un marco de confianza que invita a ser parte”, sugería en pocas líneas el inmenso folleto desplegable de la última edición. La dimensión que tomó la experiencia, involucrando casi treinta casas familiares y otros tantos comercios, con unos quinientos artistas y miles de deambulantes participando, hace que haya mil y un relatos.
Lo más interesante de la Muestra es la imposibilidad de conocerla por completo. Ni siquiera para quienes coordinamos la convocatoria es factible. Entonces cobra interés el detalle: cada anécdota, cada creación, cada encuentro. Al fin y al cabo, se trata de una mega propuesta hecha de pequeños trazos. Sin grandes actos ni figuras convocantes. Lo que la distingue es la atmósfera que genera, que posibilita escenas guardadas en la retina de esos espectadores que dejan de ser espectadores.
Al impulsar trabajos colectivos, al ocupar el espacio público de otro modo, al cambiar rutinas del barrio, la Muestra Ambulante también deja huellas. Aquí y allá ocurren situaciones donde se perciben sus rastros.
La Muestra Ambulante está en el baile de fin de año que vuelve a la calle pese al miedo que infunde la tele. Está en la invitación abierta de un fotógrafo a un narrador, o de un músico a un pintor, a compartir un espacio sólo por placer. Está en Meridiano V –destacado ahora en los mapas turísticos con la etiqueta de barrio cultural, gastronomía y ferias– que ya no alberga sólo la melancolía ferroviaria sino también una identidad nueva, donde coexisten prácticas participativas con el imaginario de un San Telmo platense. Está en esas tensiones y en cada intervención que las interroga. Está en el comerciante que vuelve a invitar al artista, más allá del marco de la Muestra; en una partida de truco callejero y en la historieta que conserva el empleado del ciber.
¿Habrá una próxima Muestra Ambulante? Es probable que no. O sí. Pensada una vez más, distinta. O en otro barrio. Organizada por otros. Reinventada. Acaso es eso lo que distingue a la propuesta: la necesidad de rehacerse cada vez, de avanzar sobre unas mismas premisas pero subiendo la apuesta. Entonces no importa si hay Muestra o no. Ni siquiera importa dónde. Lo que interesa es la persistencia vital de esa vocación que permite renovar las búsquedas y provocar nuevos encuentros.

sábado, 29 de mayo de 2010

Qué ciudad

Un cartel provocativo.
Una manzana vacía en el centro de una ciudad apretujada.
El sitio del “viejo mercado”, como todavía se lo nombra a más de 37 años de la demolición del centro de abasto "Buenos Aires", lleva todo ese tiempo disputado sin éxito, y mientras tanto alberga a un precario estacionamiento de un nivel y sin techo, ahí, a pocas cuadras de todo, entre las calles 3, 4, 48 y 49 de La Plata.
En los ´90 se hablaba de hacer cocheras, proyecto propio de un modelo de ciudad y de sociedad donde prima aquella “religión del automóvil” que bien caracterizaba Lewis Mumford.
Ahora hay quienes pretenden que se construya un lujoso hotel 5 estrellas y un centro de convenciones con la iniciativa privada de NH, una cadena internacional que llegó al país en 1999 y ya maneja varios grandes emprendimientos (como el City, a metros de la Plaza de Mayo).

La construcción de un hotel así estaba en la plataforma de campaña de Julio Alak, cuando perdió con Pablo Bruera, aunque el proyecto también cuaja con el perfil de éste, que alguna vez fue parte de la tropa alakista (y hasta se consideró el sucesor natural: “Bruera es agosto”, decían las pintadas).
El negocio no parecía propiciado por el actual Ministro de Justicia, sino por quien encabezó la boleta a nivel provincial: el gobernador Daniel Scioli, que transcurrió toda su campaña en un piso de un hotel NH en la Capital Federal. Oh casualidad, la cadena tiene acciones en el grupo que recibió en concesión por 30 años (y opción a otros quince) el Provincial de Mar del Plata.

De concretarse el proyecto platense, el hotel podrá tener 12 pisos gracias a la reciente sanción de un nuevo Código de Ordenamiento Urbano. La nueva ordenanza fue promovida por el bruerismo y privilegia grandes intereses inmobiliarios, sin pensar un modelo integral de ciudad (algo de eso escribí acá).
Ahí enfrente de la manzana vacía, en 4 y 49, funciona un bar bastante nuevo: Pedro Telmo. Los rumores adjudican su propiedad o parte de ella a los hermanos Bruera, lo que explicaría el frecuente hostigamiento de Control Urbano a otros bares y centros culturales de la zona.

Si tuviera que caracterizar políticamente al gobierno municipal, además de la salida clásica que implica definirlo como “peronista” (cierta vocación de ese movimiento histórico pareciera justificar que sea -como lo es- una bolsa de gatos), utilizaría una metáfora del periodismo: es timermaniano. En los ´70, a la hora de definir su moderno diario La Opinión, Jacobo Timerman enunciaba su fórmula ganadora: en lo cultural, de izquierda; en lo político, de centro; en lo económico, de derecha. Salvando las distancias de contexto, sólo eso podía explicar la convivencia de Adelina de Alaye con Alejandra Sturzenegger en un mismo gabinete, por dar un ejemplo con nombres propios.
La analogía timermaniana se complica en tanto hay toda una "industria de la cultura" en juego, pero a grandes trazos pienso esa cintura de darle el paquete de cultura y educación al frepasismo residual mientras la economía la manejan figuras de la derecha neoliberal. Y sobrevivir en la convivencia de discursos contrapuestos.
Símbolos: una secretaría de derechos humanos, algún atisbo de ambientalismo (los residuos secos en bolsa verde), un puñadito de recursos librados al presupuesto participativo (bandera del progresismo “foromundialista” con gran impulso del PT brasileño y el socialismo rosarino) y, para decir algo cercano, una presencia en la zona de Meridiano V respetuosa de la iniciativa vecinal y de grupos autogestionarios.
Negocios: basta mirar la distribución del presupuesto municipal, juzgar la política de transporte público o analizar el sentido de la reciente reforma del COU, para quitarle cualquier atisbo de progresismo al intendente Bruera.

Pero la cosa patina cuando un símbolo toca el nervio de los negocios. Estoy pensando en la intervención urbana que ilustra este post, que encontré fotografiada en Harto Andar. Por lo que pude averiguar, la gigantografía anónima colgada el martes en la manzana del viejo mercado duró poco más de un día. Los agentes municipales, que acostumbran a “intimar” cuando encuentran una publicidad no permitida, pusieron sus propias manos para sacarla. Y habrían incluso aplicado una multa a los concesionarios del Estacionamiento, de los que resulta inverosímil que tuvieran algo que ver (¿se imaginan a Cáritas exhibiendo ese culo? ¿se imaginan a la Iglesia con ese sentido del humor?...)
La cosa es que el cartel no está más.
Ahí enfrente, en el cocoliche estético de Pedro Telmo, una frase dice que el manicomio está lleno de problemas de fronteras (a propósito, linda y acertada frase). También tienen ese inconveniente quienes gobiernan la ciudad, con el límite que separa la gestión pública de los negocios privados.
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