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martes, 17 de enero de 2012
miércoles, 27 de abril de 2011
La esfinge me tuteaba
Me había enamorado de su caducidad, de sus ojos marcados, del temblor del tejido epitelial, de sus huesos. Presentía el esqueleto gótico debajo de su carne, un esqueleto artesanal. Amaba su decadencia, su condena al envejecimiento. Mi amor se deleitaba en lo que intuía que la edad haría con ella. Me había enamorado de su osteoporosis.
De joven, la llamaban bomboncito. Cuando la veía en algún vídeo, con veinte años –los vídeos de Richard que Pablo conservaba, cerdo nostálgico–, me parecía demasiado saludable.
Con la edad había ganado... ¿espiritualidad? No creo, ni nada parecido: con el tiempo se había hecho más fina. Había perdido tejido adiposo. La edad añadía inteligencia a cada uno de sus gestos.
Desnuda en la cama era ofensivamente carnal. Saliendo de la ducha, verde por la luz de la ventana, su sexualidad tenía un matiz frágil. Verla desnuda era una invitación al carpe diem.
Me echaba a llorar de amor pensando en sus radiografías, y se lo dije a Pablo, pero me contestó que eso ya salía en La montaña mágica. Me fundía en sus huesos cónicos, dulces, tuétanos. En sus manos de hojarasca.
Desnudos en la cama y yo ya no tenía miedo de deleitarme. La esfinge me tuteaba. Tanto me había desviado de mi camino, cualquiera que fuese, que aquí estaba, dentro de ella, haciendo planes para una felicidad futura. Nunca he sido menos yo.
Con la edad había ganado... ¿espiritualidad? No creo, ni nada parecido: con el tiempo se había hecho más fina. Había perdido tejido adiposo. La edad añadía inteligencia a cada uno de sus gestos.
Desnuda en la cama era ofensivamente carnal. Saliendo de la ducha, verde por la luz de la ventana, su sexualidad tenía un matiz frágil. Verla desnuda era una invitación al carpe diem.
Me echaba a llorar de amor pensando en sus radiografías, y se lo dije a Pablo, pero me contestó que eso ya salía en La montaña mágica. Me fundía en sus huesos cónicos, dulces, tuétanos. En sus manos de hojarasca.
Desnudos en la cama y yo ya no tenía miedo de deleitarme. La esfinge me tuteaba. Tanto me había desviado de mi camino, cualquiera que fuese, que aquí estaba, dentro de ella, haciendo planes para una felicidad futura. Nunca he sido menos yo.
Fragmento de la novela Vida de Pablo, de Carlos Pardo (Periférica, 2011)
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jueves, 14 de abril de 2011
Para los años 10 (7 poetas españoles)
"Basándose en la especifidad de los estilos y aboliendo las dicotomías y el epigonismo, así como las perspectivas panorámicas o grupales, Para los años 10 -7 poetas españoles nacidos en los 70- es una antología donde se muestran algunas de las voces más destacadas y novedosas de la poesía española de este principio de siglo y que, a buen seguro, darán que hablar en las próximas décadas, empezando por la actual: la de los años 10. Los poetas incluidos nacieron en los 70, época crucial para el desarrollo de la historia reciente de España, y empiezan a publicar en el cambio de milenio".
Mariano Peyrou
Abraham Gragera
Carlos Pardo
Rafael Espejo
Raúl Alonso
Juan Antonio Bernier
Juan Andrés García Román
Para los años 10 (7 poetas españoles), Juan Carlos Reche, Montevideo, HUM, Colección nomeolvides, 2011
jueves, 25 de junio de 2009
Estuvieron aquí (3): Carlos Pardo
Con Carlos Pardo a mi izquierda y algunos profesores españoles y búlgaros, entre ellos Alejandro, el superviviente de Silistra, durante las Jornadas de Formación en la Nueva Universidad Búlgara de Sofía. En Poison, subsede del encuentro.
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Juan Antonio Bernier
lunes, 5 de mayo de 2008
Los hermosos vencidos
Juan Antonio Bernier, Juan Andrés García Román, Leónidas Montoto, Carlos Pardo, Xavi Guillén
Estos son para mí algunos de los "hermosos vencidos". Todos ellos escriben desde la conciencia del fracaso del lenguaje y de nuestra cultura. Por eso les cuesta tomarse en serio a sí mismos y a la propia poesía. Vencidos. Pero a pesar de todo persisten, aunque con una convicción siempre precaria, en la tarea de leer y concebir nuevos poemas. Por esto me parecen hermosos.
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