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martes, 22 de noviembre de 2022

Oración para no tener cucarachas

Hace tres días soñé que había una cucaracha en mi casa. Y me dio mucha pena porque yo tengo compuesta una oración para que no entren en la casa. La compuse, por una cuestión casi supersticioso-poética, con la misma estructura métrica que la que santa Teresa de Jesús había compuesto, con todo éxito, para que los piojos no entrasen en los conventos de sus monjas. En el sueño pensé: "Vaya. La oración no sirve, o no la he rezado con fe". Y qué alegría cuando desperté y vi que había sido un mal sueño. Aunque ya la he puesto alguna vez en este cuaderno, aquí está por si alguien la quiere rezar: 

En tu universo tiene 
que haber de todo 
porque para todos eres 
muy generoso. 
Pero, Señor, te lo ruego: 
las cucarachas 
que se busquen otro sitio 
lejos de casa. 
Gracias por tus criaturas, 
de corazón, 
pero que esas no suban 
por mi balcón. 
 Que ellas vayan por un lado 
y yo por otro, 
y cada uno en su casa, 
Tú en la de todos. 

(de NIÑOS AL HOMBRO)

lunes, 20 de abril de 2020

Un poema de Carmelo Guillén

Cuando murió mi padre, tuve un sueño angustioso: yo llevaba su cuerpo desnudo y devorado de metástasis por las calles de una ciudad vacía durante un amanecer que no acababa de romper a día. Me desperté angustiado y con desesperanza.

Pero quince años después he tenido un sueño muy distinto. En una celebración familiar vi de pronto a mi padre que nos servía a todos el vino, pero solo yo lo reconocí. Y estaba joven, como cuando yo era niño y escalaba por sus piernas interminables. Me dio un abrazo tan cálido y tan fragante, tan real, que salí del sueño bendecido y curado del otro sueño para siempre.

Desde entonces le rezo como a un santo y, cuando me angustia el temor de que seamos tan solo átomos, vacío y miedo a la muerte, rememoro ese sueño y su abrazo.

Por eso me ha conmovido tanto este poema que he leído en un libro delicado, íntimo y misterioso de Carmelo Guillén: La vida es lo secreto.

EL TIEMPO QUE HE VIVIDO
El tiempo que he vivido a su lado me basta
para saber que todo: cada cosa que palpo,
o huelo, o miro viva, no tiene consistencia,
que si existe la vida, es después de la vida,
y que la muerte viene a morir hasta aquí,
en las cosas que palpo, o huelo, o miro vivas.

martes, 21 de mayo de 2019

Un sueño, ojalá, premonitorio

Pues resulta que, mientras limpiaba la casa, he recordado de pronto el sueño de anoche: desperté en medio de la noche, solo en tierra extraña, y el cielo era el más límpido que he visto jamás, y podía distinguir a simple vista Júpiter y cuatro de sus satélites y Saturno y sus anillos y la constelación de las Hespérides y la Corona de Ariadna, ¡y cuántas estrellas había en Andrómeda!

Creo que han influido un poco estas dos magníficas fotografías que me había mandado antes mi ahijado Adolfo Martínez Olmedo, a quien auguro un buen futuro como fotógrafo. A ellas debo que en ese sueño me sintiera obsequiado con un cosmos maravilloso desde esta acristalada atmósfera de la Tierra, en una travesía sideral arrolladora y única.

Si supiera con seguridad que, después de la muerte me va a ser dado contemplar con los ojos de los ángeles las extensiones, los secretos y la evolución del cosmos, no me impresionaría tanto la idea de morirme. Morirme ya no sería desvanecerme en el abismo de la nada, sino el lanzamiento a la Maravilla. Me sentiría como cuando me monto en la atracción de la caída libre: me arrepiento de estar allí sentado, pero luego ¡qué sensación maravillosa, casi igual a la que me producían mis hermanos mayores cuando me lanzaban al cielo desde sus brazos fuertes y juveniles!

lunes, 15 de enero de 2018

Mi paisana Claudia Prócula

De los personajes del evangelio siempre me cayó especialmente bien Claudia Prócula, la esposa de Poncio Pilato. Su intervención es exigua, pero noble y con un toque maravilloso: intentó disuadir a su esposo de condenar a Jesús porque había soñado que era un hombre justo. Y el evangelista consideró su intervención digna de figurar en el evangelio.

Me gusta por varias razones: porque es la única gentil, que yo recuerde, que intervino a favor de Jesús; porque ese impulso le vino a través de un sueño; porque todos los personajes que en el evangelio reciben revelaciones a través de sueños me caen simpáticos: san José, los Reyes Magos y Claudia Prócula; porque es una mujer valiente que se opone a una condena elaborada por varones; porque, frente al mundo de leyes manipuladas y juicios amañados por los enemigos de Jesús, ella enarbola el simpecado de un reino que no dominan los hombres, sino los ángeles: el reino de los sueños; y porque, como ha demostrado mi amigo e historiador local Francisco Baquero Luque, era paisana mía, de Cártama, como descubrió él en una lápida hallada en la finca de un lugareño, la cual, por desgracia, fue destruida en una obra.

Es el momento de escribir una novela sobre Claudia Prócula, si es que aún no la hay. ¿Alguien se anima?

Esta noche, cuando me eche a dormir, pensaré en ella y le pediré a los ángeles que me regalen algún sueño revelador y bonito, aunque, al despertar, no me acuerde de él.

martes, 7 de noviembre de 2017

Tener o ver un sueño

Por una gimnasia mal hecha y en frío, me tiene postrado el lumbago. Los sueños de anoche son traducción de ese dolor, como cuando soñé que tenía una piedra en la cara y era mi brazo dormido.

Primero soñé que, tras volver a mi ciudad como un extraño, dormía en una casa deshabitada que no era mía, siempre con miedo de que entrase el dueño y preguntándome cuánta gente había dormido en aquella cama y desde cuándo no cambiaban las sábanas.

Luego me vi sentado a la intemperie en el alféizar de una ventana de hospital en la quinta o sexta planta y tan estrecho, que me he pasado toda la noche a punto de caerme. En la ventana de al lado, una mujer que estaba en mi misma situación saltó al suelo y no le pasó nada; y su hija, que seguía en la ventana, me explicó que su madre ya había saltado de un piso más alto alguna vez y estaba inmunizada. Ni aun así caí en la cuenta de que aquello era un sueño.

Los sueños son tan reales, que a veces los he confundido con mis recuerdos. Otras veces no los he distinguido de la realidad. Un día, por ejemplo, soñé que mis padres habían comprado una estupenda tarta de chocolate y, nada más despertar, fui a la nevera a verla. Y no estaba.

Con razón los griegos no decían "he tenido un sueño", sino "he visto un sueño". ¡Qué bien recoge ese verbo, ver, esa tremenda sensación de que no es mi subconsciente el que está montando toda esa estupenda tramoya onírica, sino que mi alma, trasladada por sus alas divinas a regiones más altas, asiste a maravillas que luego, al despertar, resultan casi siempre incomprensibles para la razón en este mundo sublunar!

lunes, 9 de octubre de 2017

Cosas que se parecen a la muerte

Hoy he soñado que, en un largo pasillo, un soldado joven me tenía que disparar. No había odio en él. Puso el cañón del fusil en mi cabeza y yo notaba cómo dudaba si apretar el gatillo o no. Cerré los ojos en el sueño y entonces desaparecieron él y el pasillo, pero no el contacto del cañón en mi frente. Y yo me decía: "Si esto es un sueño, tendría que haberme despertado ya. ¿Por qué tarda tanto el soldado en dispararme". No sé cuántos segundos reales duró aquel tormento de la inminencia de la muerte. Lo que sí sé es que los segundos en los sueños transcurren de otra manera, y que el pensamiento es más obsesivo y cósmico y consistía en una pregunta angustiosa en la oscuridad: " Esta muerte no va a ser como yo imaginaba. Yo creía que la muerte iba a ser como ese momento en que el cerebro se duerme y se me cae el brazo o se me abre la boca y el pensamiento comienza a introducir elementos surrealistas. Y ahora resulta que va a ser otra cosa: voy a estallar como una supernova. Pero ¿dónde se irá mi información? ¿Desapareceré yo para siempre? ¿Sentiré cómo me vuelan los sesos? ¿Se seguirá moviendo mi cuerpo cuando ya esté descabezado?". Y entonces me desperté en el lugar más agradable del mundo.

Espero que, cuando me muera, despierte en un lugar aún mejor.

domingo, 1 de octubre de 2017

Un sueño, un ángel y Cataluña

Esta noche he soñado dos cosas: que volvían a mi casa las hormigas y que el rey Felipe le daba a Mariano Rajoy varios consejos, uno de los cuales era ser menos funcionario y más representante de lo que España significa.

El primer sueño se debe, supongo, a que ya no sé cómo hacer para echar las hormigas de mi casa, y el segundo se debe, supongo también, a mi preocupación por lo que están pasando en esa parte de mi amada España que es Cataluña.

Un referéndum solo lo puede convocar la persona que representa a todos los afectados por el referéndum. Dado que los afectados por un referéndun a favor de la secesión de Cataluña somos todos los españoles, deberíamos votar todos los españoles. Si Cataluña se separa de España, yo seré extranjero en Cataluña y mi país se verá reducido en territorio, gente y potencial. Por tanto, tengo derecho a decidir.

España es de todos los españoles. No hay territorios de España que sean de unos españoles más que de otros. Siempre me he opuesto de modo furibundo a algún andaluz que otro (por fortuna, pocos) que, contagiado del regionalismo exclusivista de otras comunidades, exige que los puestos de funcionarios de Andalucía sean solo para andaluces y no para los que, por ser mejores, aprueben las oposiciones, sean de de donde sean.

En fin, rezo hoy por España al ángel de España, aquí en una estampita del 19000.

Un abrazo a todos.

lunes, 1 de mayo de 2017

Dos alumnos sueñan conmigo

Como les tengo dicho que yo soy también lo que hago en los sueños de los demás, dos alumnos me han revelado con vergüenza un sueño que han tenido conmigo pero en el que hacían de malos.

El primero es de mi alumna Eco. Ha soñado que allanaba con varios más mi morada y yo no podía echarlos.

El segundo es de Leónidas. Soñó que dejaba yo en la mesa del profesor el dinero recaudado para una excursión y él, aprovechando que salí un momento de clase, me lo quitaba.

Me ha conmovido el sonrojo con que ambos me lo contaron, como si el solo hecho de soñarlo ya los hiciera culpables. Y les he dicho:

-No os preocupéis. Esos sueños demuestran lo buenos que sois, porque soñamos con lo que tememos y nos preocupa y a vosotros os preocupa convertiros en malas personas. Si un sueño en que cometes un delito es para ti una pesadilla, es porque en la realidad eres honrado y bueno y lo que más te horrorizaría es dejar de serlo.

Creo que se han quedado contentos de habérmelo contado.

lunes, 6 de marzo de 2017

Sueño y autoconocimiento

He soñado que estaba a mi cargo un recién nacido que no sé si era mío, de unos huéspedes o de unos desconocidos. No estaba claro su origen, pero sí cuánto lo quería yo. Y he aquí que se lo llevaron unos secuestradores (o unos alenígenas o unos ectoplasmas oníricos materializados o unos espíritus inmundos, que eso estaba menos claro aún) a un mundo paralelo e impenetrable que, de pronto, estaba en mi misma habitación. Al principio me separaba de él un cristal esmerilado a través del cual yo advertía allí al fondo un movimiento vertiginoso, pero salí un momento de la habitación y, al volver, ya no estaba el cristal, sino solo mi habitación, como antes.

La única prueba que quedaba de que yo tenía hasta hace poco un niño en brazos era la sensación de haberlo tenido. Llegué a plantearme en el sueño si había sido todo un sueño y me indignaba pensar que todos pondrían en duda mi relato, porque mi única prueba era mi propia sensación de que me había sido arrebatado algo maravilloso. Al final, ni siquiera recordaba qué es lo que me había sido arrebatado.

Me he despertado con angustia y sintiéndome aún despojado.

Esa sensación me es familiar. La conozco desde que tengo memoria. Este sueño no ha hecho sino presentármela de modo narrativo e impactante, pero estoy seguro de que es la misma que les quedó a Adán y Eva cuando fueron arrojados del Edén por aquella espada de fuego.

Soy todo lo feliz que se puede ser en esta vida, pero me falta esa cosa que no sé qué es. Y el sueño me ha hecho ver que tal vez escribo poesía para encontrar el camino al paraíso y volver a tener en mis brazos la maravilla.

martes, 10 de mayo de 2016

Tres sueños de verdad

Soñé anoche que, entre un grupo de poetas o amigos, yo lanzaba al aire una cinta de la que pendían diez papelitos triangulares de colores con diez nombres de poetas y, como una bandada de pájaros unánimes, aquello echó a volar a las alturas hasta que lo perdimos de vista.

También soñé que, en una cripta, nos arrodillábamos (pero, salvo yo, ya no éramos los mismos) y recibíamos de un sacerdote la bendición para no sé qué misión crucial y santa.

Luego me vi con mis hermanos en la casa solariega de mi madre encendiendo la chimenea.

Son tres escenas que, en el sueño, eran la misma historia. A veces los sueños parecen novelas escritas en otro mundo y que el soñante vive como propias; otras veces parecen retazos de futuro. Pero estas tres escenas me parecen cosas que he hecho de veras en la dimensión onírica y que han dejado en mi memoria, en mi experiencia vital, en mi psique las mismas huellas que hubieran dejado de haber pasado en la vigilia. Me parece que esos nombres de poeta han llegado al cielo y que me han dado la bendición para no sé qué cosa que aún me falta por hacer y que, si ahora estoy tan contento, es porque me he calentado al amor de la lumbre con mis seres queridos.

lunes, 18 de enero de 2016

Los "de pronto" de los sueños

Fue el de anoche un sueño plácido, de gente amable y escenas cotidianas en la calle, donde hablábamos unos amigos o familiares mientras saludábamos a conocidos y vecinos que pasaban a nuestro lado. Había frente a nosotros un hombre sentado en un banco o de pie en un portal (eso no lo recuerdo bien) y, de pronto, en lo más apacible del sueño, sacó de no sé dónde un pedazo de pistola y disparó a un guardia civil que pasaba, también de pronto, en coche por la calle y lo mató y salió huyendo.

Que yo recuerde, el sueño terminó así.

Me desperté con la sensación de que el sueño era una premonición o un olvidado recuerdo del pasado, porque tenía todas las características de la realidad: escena cotidiana, sin elementos absurdos ni fantásticos y, de pronto, un elemento inesperado. Después tuve la sensación más bien de que el sueño lo había dirigido un director de cine y que había buscado ese efecto de sorpresa y que todo lo anterior no había sido sino el escenario necesario para el golpe final. Y ahora tengo la sensación de que el sueño, hurgando en el armario de mis miedos, no hace sino reflejar, de un modo que yo ni me esperaba, mi preocupación por la nueva era de terrorismo que según tantos agoreros nos espera durante este siglo.

Supongo que lo más sensato es pensar que en realidad el sueño lo ha elaborado sin ninguna intención mi subconsciente y que soy yo el que luego lo complica todo con las interpretaciones. Pero hay algo en los sueños tan vívido e incomunicable, que, como la poesía o lo sagrado, se resiste a la lógica de esas explicaciones. Ese maravilloso algo me mantiene agradablemente unido a un mundo místico de realidades invisibles y del cual me retira violentamente la vigilia.

viernes, 13 de noviembre de 2015

En el sueño de un amigo

Mi amigo José Julio Cabanillas soñó una vez que yo estaba dando clase y levitaba y conmigo mis alumnos. ¡En tan alto concepto me tiene que en sus sueños escapo a las leyes de la física y, conmigo, quienes me escuchan!

Lo mejor es que, solo por el amor con que me ha soñado, tiene que ser cierto que yo he levitado o levitaré algún día, porque un sueño tan de amigo no puede quedarse tan solo en un sueño.

Es solo una intuición. También Tolkien intuía que, por haber aumentado la belleza del mundo, por haber incitado a los demás al bien, la creación literaria la haría real Dios algún día.

Si esto fuera cierto, si la belleza y el amor no mueren, como le decía Federico García Lorca a Carlos Morla Lynch, no hay que tener prisa por publicar un buen libro, porque, si lo puede leer sin rubor mi madre, tengo toda la eternidad para disfrutarlo del modo más real y maravilloso posible.

martes, 30 de junio de 2015

Feliz verano

Amigos, además de las coronitas frías con mis amigos y mis hermanos; además de hacer el bestia en la piscina como siempre y hacer de noche en ella el muerto para ver las estrellas; además de reservar las noches para leer mis libros favoritos; además de muchas cosas, todas muy agradables, mi verano va a estar presidido por Ares, Eros, las Musas y Dios, de quien depende todo lo anterior, incluido yo

1. Ares porque voy a hacer deporte
2. Eros porque voy a escribir y a hacer reales poemas de amor
3. Las Musas porque voy a terminar una novela
4. Y Dios porque voy a hablar con él de tú a tú al amanecer, con un café en la mano, mientras todos duermen.

Esas cuatro estrellas quiero que presidan mi verano.

Me acordaré mucho de vosotros y, como cada verano, os invito al claro del bosque donde en sueños celebro una fiesta para todas las personas alegres de buen corazón.

Si no os veo en ese sueño, os saludaré en septiembre.

Recibid mi abrazo y toda mi simpatía.

domingo, 22 de febrero de 2015

Aristóteles rocoso

Anoche, cuando dormía, soñé, bendita ilusión, que el pensamiento de Aristóteles era una estribación rocosa sin árboles ni ríos que yo debía interpretar y conocer. Para mi estupor, yo, que creía entender al Aristóteles de los libros, no me entendía bien con aquel Aristóteles rocoso. Me resbalaba por sus pendientes y siempre estaba a punto de caerme al mar. Aquella caótica e incomprensible materialización del pensamiento me parecía cualquier cosa menos aristotélica.

Me he pasado casi toda la noche intentando no resbalarme barranco abajo hasta el vacío y aún no me he hecho un mapa mental de ese Aristóteles nocturno, onírico, rocoso que me ha sido revelado en sueños y cuyo sentido desconozco.

¿Será que, cuanto más luminoso y razonable nos parece el pensamiento de un filósofo, más oscuros son sus sótanos? ¿O será más bien que Aristóteles quiere decirme algo? ¿Querrá decirme que el pensamiento filosófico, si no tiene poesía, amor, religión, humor, arte, es duro y pétreo? ¿Son los sueños mensajes o son solo chispazos de neuronas que aprovechan que estoy dormido para decirse tonterías?

lunes, 18 de agosto de 2014

He soñado con Federico García Lorca

He soñado que acompañaba a Federico García Lorca por varios sitios que eran uno solo: tan pronto era mi instituto como la casa solariega de mi madre o el centro de Sevilla. Y en un momento dado, cuando el Poeta me sonreía como dicen que sonreía él y me estrechaba la mano para agradecerme no sé qué, me di cuenta de que lo querían matar. Advertí como una realidad física esa amenaza.

Desde entonces todo mi afán era protegerlo, porque yo era el único que lo sabía y podía salvarlo.

El resto del sueño consiste en aparecer él de pronto por aquí o por allá y yo tras él mirando a un lado y a otro buscando sospechosos, hasta que, en mitad del campo, veo una pistola apuntándole y lo empujo cuesta abajo y esta vez lo salvo. La pistola reaparece y lo vuelvo a salvar. Pero la pistola reaparece.

Me he despertado con la sensación de que el asesino tenía más interés en matarlo que fuerzas y oportunidades tenía yo de salvarlo. Y he encendido una vela a la Virgen, de la que tan devoto era el Poeta, para que ahora que tiene superpoderes proteja de las mordazas, de los politicastros, de los tiranuelos, a todos los cantores, profetas, poetas y amigos de la belleza que Dios nos ha encomendado custodiar y aumentar.

Lo mataron hoy un 18 de agosto, pero de 1936.

Me alegro de haberlo salvado tantas veces: una por cada 18 de agosto.

lunes, 30 de septiembre de 2013

El demonio acechándome en sueños

Anoche soñé que una secta satánica me secuestró para que el demonio entrara en mí. Pero el demonio solo podía acceder si yo le abría voluntariamente la puerta. Y yo la tenía bien cerrada. Entonces pusieron ante mis ojos a uno de los míos atado de pies y manos y me amenazaron con matarlo si yo ofrecía resistencia al Maligno.

Obligado a elegir entre salvar el bien cediendo al mal o salvarme del mal a costa de un bien, decidí entonces fingir que había dicho en mi fuero interno que sí a Satanás. Y los satanistas, desconfiados, llamaron a hombres que, más que endemoniados, eran cuerpos dirigidos por demonios.

Estos, tras escrutarme con sus ojos astutos y fríos, dieron su visto bueno, porque yo me convulsionaba, echaba espumarajos, hablaba con voz bronca lenguas extrañas. Sonreían complacidos y deformes, porque se habían reconocido en el infierno de odio y desesperación que por dentro me carcomía. Y entonces me dio por pensar que ellos me habían dado su visto bueno no porque yo desempeñara muy bien el papel de poseso, sino porque realmente estaba poseído y que la mayor prueba de ello era el odio con que de pronto miraba al ser querido que yo había conseguido salvar, porque por su culpa se estaba enseñoreando de todas mis neuronas una bestia más grande que yo..

Y entonces clamé a Dios y le dije: "¿Cómo has permitido que entre en mí el diablo si yo no le dije que sí?". Y tanto grité, que me desperté con mis propios gritos. Recorrí la casa en silencio y sentí que cada una de las personas que amo estaba protegida por un ángel alto y fuerte. Me dormí de nuevo rogando al mío que jamás permitiese que yo por flaqueza, estupidez o maldad tontease lo más mínimo con ese horror vivo que me rondaba.

Espero de veras, ruego, imploro que ese odio viviente nada pueda hacer con un corazón donde solo tenga cabida el Amor.

martes, 10 de septiembre de 2013

Adivinda adivinanza: qué he soñado en realidad esta noche

Posibilidad A:
Soñé que éramos cazadores de estrellas. Incluso teníamos un nombre: lumbreles (supongo que el nombre será una mezcla de lumbre y lebrel).

Lanzábamos la red al cielo y la recogíamos cargadas de estrellas. Eran como rescoldos azules, rojos, verdes, anaranjados, y se encendían aún más si soplábamos sobre ellas. A algunas le salían llamas que se quedaban nadando en el aire como peces en el agua.

Entonces cargábamos las alforjas de nuestros pegasos y subíamos a las montañas. Allí nos aguardaba el Ave Fénix. Llevábamos las estrellas a su nido y en ellas ardíael incienso con que el Ave lo había ido adornando. En medio de ese perfume el Ave se convertía en fuego y se elevaba y sus alas eran inmensas auroras boreales desplegadas.

El nido se había convertido en ceniza. Y en ella nos tumbamos y nos echamos a dormir. Y desperté.

Posibilidad B:
Soñé que tenía que conducir por la ciudad una furgoneta enorme que no cabía en ninguna calle ni en ningún aparcamiento. Y cuando quería frenar, sin querer aceleraba. Para colmo llovía a cántaros y el limpiaparabrisas se había estropeado. Y así me he pasado casi toda la puñetera noche.

lunes, 18 de febrero de 2013

Mis poderes oníricos

Siempre hay un alumno que me dice: "Profe, anoche soñé con usted". Y dado que se atreve a decírmelo, es que el sueño se puede contar y, entonces, me lo cuenta y yo lo anoto en mi memoria, porque me interesa mucho lo que hago en los sueños de otros. En ellos estoy investido de una libertad y de unas capacidades que no tengo en la realidad, pero que suelen ser reveladoras de mi personalidad y de la del soñante y todo en una lógica distinta y misteriosa. Uno no es solo su cuerpo y su mente, sino también lo que en otros suscita. Y donde más suscita es en los sueños.

Lo que mis alumnos no saben es que, cuando aparezco en sus sueños, siempre dejo un mensaje en su subconsciente que no saben poner en pie, pero que ahí queda. Al alumno del tupé, mientras soñaba que yo era un profesor con alas, le dije: "Eres un buen chico, pero respondes muy mal a tu madre. Anda, dale un beso". A la alumna de ojos azules y acné, mientras soñaba que les enseñaba el intelectualismo moral de Sócrates, le chivé una pregunta del examen del día siguiente para que no me suspendiera otra vez. A los mellizos góticos que se sientan al final, mientras soñaban que hacíamos patinaje artístico, les aconsejé que se recortaran un poco el flequillo, porque tienen unos ojos muy bonitos y era una pena que el flequillo siempre les tapara uno. Y a la chica que siempre falta porque le ha salido un trabajo de cajera en el Mercadona, mientras soñaba que yo era un psicópata que mataba gente en un centro comercial, le revelé quién era el anónimo que le había enviado una rosa roja en san Valentín y, desde entonces, están saliendo.

Esta capacidad mía es mucho más que pedagogía onírica. Se trata de un don inmerecido que me ha concedido el Cielo y que pongo a vuestro servicio para lo que sea menester.

Ex corde,
Jesús Cotta Lobato


domingo, 13 de enero de 2013

Matar en sueños

Anoche soñé que derramé una sustancia muy tóxica sobre los guijarros de la vía de un tren en una estación perdida donde yo sabía bien que esperaría durante horas la persona que yo quería matar. No recuerdo quién era ni si la odiaba. Solo sé que la quería matar.

Mi estrategia consistía en que esa sustancia era inodora pero sus efluvios envenenaban el organismo sin remedio. Me parecía esa una manera muy astuta de matar.

Pero me salió mal la trampa, porque he aquí que era mi padre quien había esperado en la estación y quien agonizaba pálido entre gente que intentaba en vano reanimarlo.

Murió a mi lado y por mi culpa. La angustia que desde entonces me domina es demasiado sucia para describirla.

Es la segunda vez, que recuerde, que mato a alguien en sueños.

Aún me sobrecogen sus facciones de cadáver reciente, esa expresión que tiene el Cristo de la Sábana Santa.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Matar en sueños

Anoche maté a un hombre en sueños. Es la primera vez que mato a un semejante.

Recuerdo que, mientras lo mataba, pensaba que me iba a arrepentir, pero una fuerza tremenda dentro de mí, un deseo muy grande de hacer justicia, me empujaba a seguir disparando balas contra el cuerpo de aquel hombre enchaquetado que era, ni más ni menos, que Dorian Gray en su primera versión cinematográfica.

Tras el asesinato salí corriendo por la calle y me monté en una furgoneta, yo que no sé conducir.

Luego me recuerdo muerto de miedo en un bar desde el que podía ver cómo la policía acordonaba la zona y pedía la documentación a la gente.

Me pasé gran parte del sueño dudando si entregarme o no. Remordimientos, miedo y duda me embargaban alternativamente y me hundían en un pozo cada vez más negro.

Aún perdura en mí el horror de haber matado a un hombre para siempre, de haber rebasado una línea que me deshumaniza, que me hacía indigno de los demás, que me convertía, como a Orestes, en un paria a quien todo el mundo rechazaba.

Y lo peor es que ya no podía volver atrás para devolverle a él la vida y a mí la paz.

El infierno debe ser eso.