1. Un rey quería regalar un códice muy valioso, pero no sabía a qué súbdito. "Al más pobre", dijo el ministro de Igualdad. "Al más culto", dijo el de Cultura. "Al más trabajador", dijo el de Trabajo. "Al que te dé la gana", dijo su padre el rey emérito. "Al más guapo", le dijo la hija. "Al más feo, para que tenga alguna alegría", dijo la otra hija. Al final, para no cometer una injusticia, lo echó a suertes y le tocó a uno que estaba en la cárcel por haber atentado contra la vida del rey.
2. Según el positivismo jurídico, lo justo es solo la ley, y no los valores de cada cual. Por ejemplo: “Vengo a devolver el libro con tres días de retraso”, dice usted. El bibliotecario se ajusta las gafas y replica: “Según la ley", y lee con la voz engolada, "cada día de retraso es un año a pan y agua limpiando la celda con la lengua”. Y llama a la policía si usted se niega. ¿No lo dice la ley? Pues, hala, eso es lo justo.