Mi hermano Daniel, además de poeta y novelista, es el etimólogo más entusiasta y erudito que conozco. Su pasión por las palabras sólo es superada por su bonhomía. Me dijo que en español se conservaba un sufijo de origen prerromano y a mí eso me pareció de lo más curioso. Siempre he sentido atracción por lo poco que de los iberos, esos ancestros nuestros, se sabe. Colecciono palabras iberas (perro, cama, carrasca, barro...) y ahora resulta que de los iberos no nos quedan sólo fósiles verbales, sino sufijos productivos. El sufijo en cuestión es "-ángano" o "-áncano". Por ejemplo: "Péinate esos pelánganos si quieres ligar".
Daniel y yo nos divertimos en colocar el sufijito a diversos sustantivos: "El tiáncano ese es un prenda". "Menuda porquería de palanganángana"
Creo recordar que otro sufijo prerromano era "-orro". Por ejemplo: "¡Qué buenorra está tu prima!"
Le pregunté a mi amigo Felipe, latinista, si había en las fuentes romanas algunas noticias del carácter de los iberos. Me contó que no sé dónde se contaba que en un campamento romano, donde había soldados iberos, a un soldado romano le mandó su capitán que corriera un poco para entrenarse. Cuando los soldados iberos lo vieron correr sin que hubiera enemigos cerca, se lo llevaron a su tienda como si estuviera loco, para que dejara de hacer tonterías. De ahí viene el dicho: "Correr pa' na' es tontería".
De hecho, la costumbre de hacer deporte ha tardado en arraigar en España más que en otros países, porque correr si no es para cazar una liebre no se ha entendido bien aquí nunca.
Recuerdo que mi abuela, toda enlutada y achacosa, se quedó de piedra cuando una sueca de su misma edad, pero vestida de colores y sin achaques, se puso a hacer gimnasia sueca delante de ella para que mi abuela aprendiera a cuidar su salud. Cuando la sueca empezó a dar saltos delante de ella y a abrirse de piernas, mi abuela preguntó en voz baja y muy preocupada si la sueca estaba bien de la cabeza.
Eso sí: mi abuela, con todos sus achaques, su brazo en cabestrillo y sus canas, nos defendió a los siete nietos en cierta ocasión, cuando un tiángano pretendió irrumpir en mi casa con muy malas intenciones.
Abuela, allí donde estés, gracias.
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viernes, 3 de abril de 2015
domingo, 20 de julio de 2008
Escatología y escatología
Por culpa de la pobreza fonética del español, hay dos palabras griegas que, al ser transcritas al español, suenan y se escriben igual: escatá (postrimerías) y escatá (mierda). Eso no ocurre ni en francés ni en inglés y, me figuro, que tampoco en alemán. Como son dos palabras cultas, los cultos casi nunca se ven en la necesidad de aclarar a qué escatología se están refiriendo, porque el contexto habla por sí solo. De todos modos, esta coincidencia fonética sugiera una semejanza semántica: al fin y al cabo, cuando sea el fin del mundo, todo se irá a la mierda.
Siguiendo con lo escatológico (en ambos sentidos), otra coincidencia es el polvo en el sentido de muerte ("Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir") y el polvo en sentido sexual. Aunque el primer sentido se refiere a lo muerto y el segundo al esplendor de la vida, el español, tan dado a la pugna entre espíritu y cuerpo, los ha fundido. Hay un verso inmortal de Góngora que, gracias a esta confusión, hoy admite más lecturas que cuando fue compuesto:
"Polvo serán, mas polvo enamorado".
Me parece una hermosa descripción del hombre llamarlo polvo enamorado.
Estos vaivenes del idioma producen situaciones enojosas. Ya no se puede decir que un mago echó unos polvos mágicos a una princesa o que todos venimos del polvo. Tampoco les puedo decir a mis alumnos que se corran (en el sentido de mover todos a la vez sus respectivas mesas y sillas a un lado). Ya mismo acabaremos diciendo que cuando se corre la voz, lo deja todo perdido.
Cuando yo era niño, todavía se llamaba polla a la gallina joven. Ya no se puede. Me pregunto si los que no se contentaban con llamar pajarito al miembro viril comenzaron a darle el nombre de la gallina joven porque es más grande que un pájaro y porque está empollando un par de huevos.
Y, para acabar como empecé, es curioso que lo escatológico, en ambos sentidos, sea el final de un proceso: el fin de los tiempos y el fin del proceso alimenticio.
Mañana prometo hablar de algo más puro, con más buen gusto.
Siguiendo con lo escatológico (en ambos sentidos), otra coincidencia es el polvo en el sentido de muerte ("Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir") y el polvo en sentido sexual. Aunque el primer sentido se refiere a lo muerto y el segundo al esplendor de la vida, el español, tan dado a la pugna entre espíritu y cuerpo, los ha fundido. Hay un verso inmortal de Góngora que, gracias a esta confusión, hoy admite más lecturas que cuando fue compuesto:
"Polvo serán, mas polvo enamorado".
Me parece una hermosa descripción del hombre llamarlo polvo enamorado.
Estos vaivenes del idioma producen situaciones enojosas. Ya no se puede decir que un mago echó unos polvos mágicos a una princesa o que todos venimos del polvo. Tampoco les puedo decir a mis alumnos que se corran (en el sentido de mover todos a la vez sus respectivas mesas y sillas a un lado). Ya mismo acabaremos diciendo que cuando se corre la voz, lo deja todo perdido.
Cuando yo era niño, todavía se llamaba polla a la gallina joven. Ya no se puede. Me pregunto si los que no se contentaban con llamar pajarito al miembro viril comenzaron a darle el nombre de la gallina joven porque es más grande que un pájaro y porque está empollando un par de huevos.
Y, para acabar como empecé, es curioso que lo escatológico, en ambos sentidos, sea el final de un proceso: el fin de los tiempos y el fin del proceso alimenticio.
Mañana prometo hablar de algo más puro, con más buen gusto.
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