Siempre me han interesado mucho los conversos. Hay algo misterioso en sus vidas. De pronto viven un suceso inexplicable que se les graba para siempre y dejan de ser los mismos. Por eso he visto con tanto interés la película de Arratibel, Converso, que recomiendo encarecidamente, porque va directa contra el tabú absurdo y creciente según el cual de religión no se habla y mucho menos de lo que Dios significa para cada uno. En esa película los miembros de la familia del director hablan sin tapujos de algo tan íntimo y valioso como su conversión y su relación personal con Dios; y el director, que es hijo, hermano o cuñado de ellos, lo hace sin manipulaciones y con un amor grande y bello por todos ellos, aunque sin compartir esa creencia, lo que hace su amor aún más bello.
Una de las virtudes de la película es que, además de revelar el misterio de varias almas, reconcilia a la familia mediante el amor y la música.
En un momento emblemático de la película el director y su madre se sinceran. Ella lamenta lo violento que se ponía él cuando los oía hablar de Dios y él explica lo excluido que se sentía de ellos en esos momentos, cómo los veía inmersos en un grupo con unas reglas y dogmas que él no compartía ni entendía. Y entonces la madre le pide perdón y le dice: "Hemos actuado con soberbia".
Perdón si hablo de asuntos tan personales de una familia que no es mía. Lo hago porque el director me invita a ello, y lo hago con toda la simpatía hacia esa familia. Lo que quiero decir es que la madre desarma al hijo con esa petición de perdón. El hijo, si es listo y bueno, que parece serlo, debería preguntarse si no actuó él también con soberbia, es más, si el soberbio era él y no ellos, porque ellos no podían evitar hablar de Dios, que de pronto llenaba sus vidas, y él, en vez de hacer el esfuerzo de entenderlos como eran, reaccionó violentamente contra ese cambio. ¿Habría reaccionado del mismo modo si de pronto todos los miembros de su familia se hubieran vuelto forofos del yoga, el deporte o el alpinismo? Seguramente no, porque lo que en este mundo parece enfermizo o poco moderno o impropio no es el yoga, el deporte o el alpinismo, sino la religión y, más en concreto, la católica.
Me enternece la hermana menor cuando recibe como un chaparrón de agua fría los pensamientos de su hermano, bien intencionados, pero discordes con los de ella, que, no sé por qué, no replica, quizá porque quiere mucho a su hermano mayor o porque no sabe cómo responder o porque cree que es mejor no hacerlo. El caso es que su silencio es tan enternecedor, que, al menos esa es mi impresión, se vienen abajo todos los argumentos del hermano. Y creo que lo mejor es que el hermano lo sabe, lo cual lo honra.
Olé, pues, por el director que tiene la elegancia, la valentía y el arte de afrontar todo eso y llegarnos al corazón y a la cabeza.
Bravo, Arratibel.
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miércoles, 4 de octubre de 2017
jueves, 19 de enero de 2017
Silencio, de Scorsese
Yo había leído a mis veinte años la novela de Endo, en que se basa la película, y me marcó. Pero ahora, al ver la película, compruebo que hay novelas que no mueren dentro de uno.
Esta película es un canto al concepto de dignidad individual traído por los misioneros al mundo oriental, donde el individuo no es un hijo de Dios, sino una ilusión pasajera que volverá a fundirse en un todo incomprensible.
La simpatía y la humanidad de los jesuitas y de los mártires es incompatible con la incomprensión, la indiferencia y el sentido del deber de los funcionarios imperiales encargados de erradicarlos de modo eficaz y venenoso.
La caracterización de los personajes, la ambientación, los diálogos; la impresión que produce la naturaleza con sus paisajes bellos e inocentes en contraste con la crueldad de los martirios, que el director no oculta ni exagera; el miedo que se respira en cada minuto y en cada esquina; el choque de dos culturas hechas y derechas; la conciencia como reducto inconquistable de libertad, esperanza y belleza donde solos están Dios y el individuo; lo religioso como lo más íntimo y libre en el hombre... todo eso hace de esta película de Scorsese una maravilla que recomiendo encarecidamente a quienes amen la historia, el cine, Japón y la belleza de los inocentes.
martes, 14 de junio de 2016
Si Dios quiere, de Edoardo Maria Falcone
Recomiendo encarecidamente la película italiana que se acaba de estrenar Si Dios quiere (Se Dio vuole). Ahora el problema en la familia no es que el hijo salga del armario para decirnos que es homosexual, sino para decirnos que quiere hacerse cura.
La película es tronchante, divertidísima, ingeniosa y profunda.
Una de las claves es esa cita de Battiato, sacada de su magnífica canción Magic shop
"Deduco da una frase del Vangelo che è meglio un imbianchino di Le Corbusier".
Y ese es un mensaje que me encanta: es mejor la bondad que el conocimiento y el poder.
La película es tronchante, divertidísima, ingeniosa y profunda.
Una de las claves es esa cita de Battiato, sacada de su magnífica canción Magic shop
"Deduco da una frase del Vangelo che è meglio un imbianchino di Le Corbusier".
Y ese es un mensaje que me encanta: es mejor la bondad que el conocimiento y el poder.
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Corazón silencioso
Fui ayer con dos filósofos y una filósofa a ver en el cine una película danesa que recomiendo vivamente y que trata en toda su crudeza y desde muchas perspectivas distintas el asunto de la decisión personal de poner fin a la propia vida cuando el deterioro es implacable, inminente y sin posibilidad alguna de curación. ¿Tienen derecho los deudos a impedir que el suicidando acabe con su vida? ¿Y este a exigirles que respeten su decisión? ¿Cómo sabemos que quienes lo apoyan no tienen intereses ocultos? ¿Quién quiere más al suicidando: el que lo ayuda a morir o el que se niega a ello? ¿Debe la ley permitir que cada cual decida con quiénes se quiere suicidar o eso se presta a abusos?
Corazón silencioso, de Bille August, trata todas estas cuestiones con delicadeza y demostrando que ninguna de las opciones que uno elija está libre de objeciones y más en esos casos extremos. Los actores actúan tan bien, es tan intensa la acción, el asunto toca tan de lleno el corazón, que, arrastrados por la catarsis, la filósofa y yo nos hartamos de llorar. Al principio yo intentaba disimular, pero ella lo notó y me dio un pañuelo.
Nunca fue caballero de damas tan bien servido.
Gracias.
Corazón silencioso, de Bille August, trata todas estas cuestiones con delicadeza y demostrando que ninguna de las opciones que uno elija está libre de objeciones y más en esos casos extremos. Los actores actúan tan bien, es tan intensa la acción, el asunto toca tan de lleno el corazón, que, arrastrados por la catarsis, la filósofa y yo nos hartamos de llorar. Al principio yo intentaba disimular, pero ella lo notó y me dio un pañuelo.
Nunca fue caballero de damas tan bien servido.
Gracias.
miércoles, 3 de julio de 2013
Un Dios prohibido
Rompo mi silencio estival para recomendar encarecidamente esta película sobrecogedora y luminosa, coral y personal, humana, sin maniqueísmos ni ideologismos, atenta solo al sufrimiento del inocente, pero sin cebarse por ello en el verdugo, a quien trata, a pesar de todo, como a una persona con sus relieves y complejidades.
Conmovedor el mundo interior de Ceferino, el gitano a quien fusilaron por no soltar su rosario; bellísima, además de real, la historia de la anarquista enamorada del seminarista; impactante la intervención de Durruti; y bordados y bellísimos los papeles de los mártires.
Yo conocía ya la historia de los mártires de Barbastro y aún no me puedo creer que en esta España donde es casi tabú citar los miles de religiosos y católicos asesinados por su fe durante la Guerra Civil (¡sin una sola apostasía!) se haya rodado con tanta calidad y belleza y con tantos aciertos históricos una historia tan impresionante.
Lo que hicieron esos muchachos fue una hazaña superior a la conquista del Polo Norte: prefirieron ser buenos a estar vivos, prefirieron la muerte a la oscuridad.
Enhorabuena a Pablo Moreno, el director, por Un Dios prohibido.
Conmovedor el mundo interior de Ceferino, el gitano a quien fusilaron por no soltar su rosario; bellísima, además de real, la historia de la anarquista enamorada del seminarista; impactante la intervención de Durruti; y bordados y bellísimos los papeles de los mártires.
Yo conocía ya la historia de los mártires de Barbastro y aún no me puedo creer que en esta España donde es casi tabú citar los miles de religiosos y católicos asesinados por su fe durante la Guerra Civil (¡sin una sola apostasía!) se haya rodado con tanta calidad y belleza y con tantos aciertos históricos una historia tan impresionante.
Lo que hicieron esos muchachos fue una hazaña superior a la conquista del Polo Norte: prefirieron ser buenos a estar vivos, prefirieron la muerte a la oscuridad.
Enhorabuena a Pablo Moreno, el director, por Un Dios prohibido.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Wall-e
Recomiendo vivamente esta película para quien esté harto de cine pesimista, grosero, incomprensible o sencillamente provocador. Es muy fácil hacer un cine que tenga al menos uno de esos cuatro adjetivos. Lo difícil es hacer Wall-e.
Los hombres de esa película utilizan toda su impresionante tecnología para vegetar, pero Wall-e usa su pobre maquinaria para hacer algo más grande que él mismo. Con un lápiz y un papel, Wall-e escribe la Ilíada; el hombre, usa un papel de oro para limpiarse el trasero, y un lápiz multicolor con música y vibrador para rascarse la oreja.
Wall-e hace grande lo pequeño; el hombre hace pequeño lo grande. Esa es la enseñanza de esa magnífica película.
Wall-e es también el poder redentor y motivador del amor, la inteligencia, el trabajo, el ingenio, la lealtad. No es el prota porque le pasen cosas, sino porque las hace. Si yo hubiera hecho en mi vida la décima parte de lo que ese robot chatarrero hace en la película, habría escrito ya unas memorias.
Que no se la pierda quien quiera ser como Wall-e, quien no se conforme con ser él mismo, sino que quiera ser más que él mismo.
Los hombres de esa película utilizan toda su impresionante tecnología para vegetar, pero Wall-e usa su pobre maquinaria para hacer algo más grande que él mismo. Con un lápiz y un papel, Wall-e escribe la Ilíada; el hombre, usa un papel de oro para limpiarse el trasero, y un lápiz multicolor con música y vibrador para rascarse la oreja.
Wall-e hace grande lo pequeño; el hombre hace pequeño lo grande. Esa es la enseñanza de esa magnífica película.
Wall-e es también el poder redentor y motivador del amor, la inteligencia, el trabajo, el ingenio, la lealtad. No es el prota porque le pasen cosas, sino porque las hace. Si yo hubiera hecho en mi vida la décima parte de lo que ese robot chatarrero hace en la película, habría escrito ya unas memorias.
Que no se la pierda quien quiera ser como Wall-e, quien no se conforme con ser él mismo, sino que quiera ser más que él mismo.
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