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jueves, 12 de junio de 2014

ASÍ ES ELENA VALENCIANO

Es evidente que, como dijo Max Weber ya en 1919, hay dos tipos de políticos, los que viven “de” la política y los que viven “para” la política. Y hoy día, son muchos  más los que se sirven “de” la política, que los que viven “para” la política. La  política en España ha perdido prácticamente ese carácter de servicio a la sociedad, y ha pasado a ser un simple modus vivendi extremadamente ramplón y vulgar. Apenas si quedan políticos vocacionales que disfruten  y den sentido a su vida ocupándose desinteresadamente de los demás ciudadanos, para solucionar sus problemas ocasionales.

Pero la mayoría está en política porque considera, no sin motivo, que se trata de una profesión excelentemente remunerada, a la que se puede acceder sin mayor esfuerzo, ya que no se necesita formación especial alguna, ni la más mínima experiencia de gestión. Y además, tampoco saben hacer otra cosa. Siendo aún adolescentes, entran en la organización juvenil de alguno de los partidos políticos y, si saben utilizar la lisonja y la adulación y se muestran dóciles y aquiescentes con el jefe, tendrán el triunfo al alcance de la mano y la posibilidad de realizar una  extraordinaria carrera política.

Ofuscados por los oropeles de la política, muchos de los neófitos de esta profesión, abandonan sin más sus estudios. Y si alguno de ellos decide seguir estudiando, lo hará sin lucimiento alguno y tardará más años de la cuenta en finalizar su carrera universitaria. Pero ninguno de ellos hará nada para solucionar su vida al margen de su partido político, buscándose un trabajo que le de seguridad e independencia. A toda costa quieren vivir de la política. No se dan cuenta que la política debiera ser básicamente una misión y se aferran a ella como si fuera una profesión más, susceptible de proporcionar permanentemente unos ingresos cuantiosos y seguros. Y esto es vivir “de” la política y no “para” la política.

Y estos neófitos de la política, si actúan de manera dócil  y disciplinada, aunque sean auténticas medianías, serán celosamente protegidos por los partidos políticos. Y si de verdad  tienen ambición política, llegarán, cómo no, a engrosar el ya abundante elenco de incombustibles y perennes santones de la política. No olvidemos que en nuestros procesos electorales con cierta transcendencia, se utilizan siempre listas cerradas y bloqueadas, para que  los ciudadanos no puedan chafar a ninguno de los candidatos, ya que solamente se les permite optar por uno de los partidos que se presentan a las elecciones.